DE CADA 7 DÓLARES QUE VAN A INVERSIONES FINANCIERAS, 1 VA A INVERSIONES REALES

Es fuerte la entrada y salida de divisas del país. También la inversión en portafolio. ¿Se invierte para exportar más?

El resultado del sector externo siempre es motivo de atención en la Argentina y más cuando los cambios son a los bandazos dentro de un patrón de comportamiento que no cambió en los últimos años: los períodos de expansión se dan al calor del ingreso de dólares y los de recesión, por la salida.
Hay datos importantes que se conocieron en los últimos días: la deuda pública total aumentó US$18.343 millones (6,7%) en los primeros seis meses del año y el crecimiento más pronunciado fue el de la deuda privada, que llegó a 21,3% del producto bruto interno.
Esa relación, 21,3% del PBI, es la que monitorean los economistas y el Gobierno para afirmar que la deuda pública se ubica en uno de los niveles más bajos de la región y fuera de peligro de caer en cesación de pagos.
En ese bajo nivel de deuda relativa se apoyan los banqueros internacionales para calificar de vedette financiera a la Argentina y hacerla merecedora de recibir créditos desde el exterior. Todo alentado, además, por el hecho de que en EE.UU. las tasas están bajas.
Para el Gobierno la ecuación cierra a la perfección con el esquema de “gradualismo fiscal” que consiste en financiar con préstamos del exterior el rojo de las cuentas públicas.

Mirando los datos oficiales de octubre, el ingreso de capitales por US$824 millones de inversión de portafolio de no residentes, según la consultora ACM, “sería explicado por las elevadas tasas fijadas por el BCRA “mientras que la inversión directa alcanzó los US$120 millones. En otras palabras: “entraron casi US$7 de inversión financiera por cada dólar que ingresó para inversión real”.
Si bien en el corto plazo es difícil separar el carácter “financiero” del “real” (¿cómo se computa si Pampa Energía coloca un bono y los dólares entran para inversiones en el sector eléctrico?), una fotografía del sector externo sigue mostrando la imagen típica de los años de expansión en base al “viento de cola” que le proporciona el contexto internacional. En lo que va del año la compra de dólares por motivo de atesoramiento alcanzó los US$ 17.450 millones, equivalente a 2,7% del PBI y reflejo de que con el dólar barato los argentinos siguen acaparando divisas sin tentarse demasiado por el elevado nivel de las tasas en pesos y aprovechando para viajar al exterior.
El marco se completa con el resultado externo en materia del destino de las importaciones en el que un dólar de cada cuatro va para la adquisición de maquinarias y bienes de capitales y los restantes, para comprar combustibles, autos, motos y bienes de consumo.

En ese punto la discusión se hace más álgida y la respuesta, más difusa:¿Está la Argentina invirtiendo en sectores que le permitan aumentar las exportaciones para generar, a su vez, los dólares necesarios para respaldar el crecimiento por más años?
El país vivió muchos ciclos que los economistas definen como de “stop and go” en los que el consumo interno y la economía crecen de la mano del ingreso de dólares y el aumento de las importaciones y, al tiempo, por la falta de divisas, cae en devaluaciones que afectan el poder de compra de los salarios y derrumban el nivel de actividad económica.
Se vive una época de expansión de la mano del aumento del endeudamiento y de la entrada de divisas para obtener ganancias financieras pero, como adelantó el Presidente, eso es temporal y ese tiempo no sólo es indefinido sino que, básicamente, depende de lo que hagan y decidan desde el exterior.

 

Daniel Fernández Canedo
Clarín,

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