2017 MEDIO AMBIENTE

Para que tome conciencia de nuestra SERIA Y PREOCUPANTE realidad ambiental

El progreso económico de un país y fundamentalmente su competitividad con el resto depende en buena parte de sus recursos naturales, de los niveles educativos de su población, de la competencia técnica, de la habilidad de los hombres de empresas, de la cohesión social, de la organización económica y de la estabilidad política

En nuestro país deberíamos tener un mejor conocimiento histórico de las cuestiones geográficas pendientes para poder resolver nuestros problemas domésticos.

La despoblación de las zonas agrícolas, el rápido crecimiento de los suburbios, la migración interna buscando mejores oportunidades, la inmigración, el agotamiento de los recursos naturales, la contaminación del aire, de las napas friáticas y de los distintos cursos de agua, la erosión del suelo, el incumplimiento de la ley 26.190 sancionada en 2006 que fijaba como meta que un 8% de la generación eléctrica nacional debía provenir de fuentes limpias para 2016 (casi una década después ese porcentaje apenas alcanza el 1,4%) son realidades que deben ser conocidas y entendidas por todos los habitantes de nuestro bendito suelo para que respalden activamente todos los esfuerzos tendientes a su solución.
Tenemos un extenso territorio con baja densidad poblacional y pesimamente distribuidos los inmigrantes (fundamentalmente los de los países vecinos).

La distribución de la población en La Argentina es muy desigual, teniendo zonas virtualmente vacías. ¿Por qué está o no está la gente allí?; y la que está, ¿cómo está?

A esta realidad le debemos agregar un inadmisible estado de pobreza en el marco de una ausente política poblacional y de medio ambiente.

El desarrollo suele tener repercusiones muy considerables sobre las personas, que es preciso promover o rectificar. En unos casos, por la forma de vivir a que obliga, sobre todo, cuando da lugar a migraciones internas de la población rural (del campo a los núcleos urbanos) la cual generalmente afecta su escala de valores priorizando con desmedida importancia lo material, todo lo cual aumenta los riesgos en el orden moral…, porque rica o pobre, cada comunidad posee una cultura de origen (usos y costumbres) recibida de sus mayores; instituciones y manifestaciones artísticas y culturales que en muchas oportunidades sacrifican para achicar las desigualdades sociales, combatir la discriminación y sentirse capaz de ser por sí mismos agentes responsables de su mejora material y de su progreso, junto a la ilusión de vivir con mayor libertad y de gozar de los medios y facilidades que ofrecen los centros urbanos … y terminan lamentablemente desintegrando la estructura social-provincial al emigrar huyendo de un ambiente considerado estrecho y sin expectativas (aventura esta en la que está poseída la presente generación)…

En una sociedad fragmentada como la nuestra, es natural que la dispersión se plasme en una constelación de minorías. Esa atomización de la sociedad solo se puede afrontar con un PROYECTO DE PAÍS, que implique la comprensión de los problemas y la capacidad y posibilidad CONSENSUADA para solucionarlos.

Analizando los desórdenes sociales y las crisis en las escuelas, pero también en diversas organizaciones populares, es posible sostener que está ocurriendo un estallido de algunos espacios que puede leerse como relativa apropiación desordenada y descontrolada de espacios geosociales como consecuencia de la ausencia de reglas de juego; y cuando no hay reglas de juego (ni capacidad para imponerlas), hay violencia, corrupción e intranquilidad social.
Nuestro medio ambiente. La naturaleza diariamente nos manda señales en su idioma…, para entenderla solo tenemos que contemplarla y escucharla, poner todos nuestros sentidos (vista, oído y olfato) a su servicio, y luego HACER ALGO.
¿Qué vemos? Que unos 205 millones de hectáreas que alberga a cerca del 10% de la población argentina, está en riesgo de transformarse en desierto si no se toman medidas para detener ese proceso.

Piense que los bosques abastecen los acuíferos, controlan inundaciones, producen oxígeno y sirven de hábitat para la fauna, además de proteger los suelos del arrastre del viento…

Que el 80% de nuestro suelo está dedicado a actividades agrícolas, ganaderas y forestales, y que la erosión del mismo, sea por efectos eólicos o hídricos, avanza a un promedio de 650 mil hectáreas por año, según el Centro de Estudios para América Latina (Cepal).

El deterioro en la zona pampeana de los niveles de materia orgánica es notoria, al igual que la carencia de un nutriente como el Fósforo. Hace unos años, ese déficit se reducía a una pequeña área: hoy, abarca hasta el centro de las provincias de Córdoba y Santa Fe.

Que el 85% de los bosques en llanuras y sierras del norte de la provincia de Córdoba están completamente destruidas. Téngase en cuenta para interpretar la gravedad de nuestra realidad que la media internacional de pérdidas de bosques es del 15%, y en Córdoba se perdió casi el 85%. Las causas de esa destrucción están directamente relacionadas con la expansión de la frontera agropecuaria, en especial por el cultivo de soja, que ocasionó entre otros problemas, la desaparición del quebracho colorado.

Asociando la contaminación con el progreso, idea esta que instalan muchos dirigentes políticos, vemos y olemos hoy que las principales cuencas acuíferas que surtían y surten de agua potable a nuestra población, se hallan contaminadas de distintas formas entre las cuales, las más difundidas son las que derivan de verter en sus cauces, líquidos cloacales o industriales que poseen contaminantes inorgánicos y químicos muy diversos sin tratamiento previo, lo que hace que sean los seres humanos y los distintos animales que abrevan en esos cursos de agua los que terminen absorbiéndolos por vía directa o indirecta, poniendo en serio peligro su salud.

Observamos también que la deforestación es una de las causas comprobadas en la Argentina de generación de gases de efecto invernadero

Ni que hablar de la tala indiscriminada y la pérdida por incendios de la cubierta vegetal que nos provee el oxígeno que respiramos (véase lo que está pasando en los últimos años en Campo de Mayo, pulmón natural de la CABA y el conurbano), tan esencial para la subsistencia de los seres vivos

¿Sabía usted que en nuestro país se perdieron en los últimos diez años tres millones de hectáreas por la deforestación?
Que en la actualidad los bosques nativos rondan los 55 millones de hectáreas, habiendo unas 31 millones de hectáreas potenciales para desarrollar los bosques implantados.

En 1990 teníamos 34,7 millones de hectáreas de bosques naturales que hoy se han reducido a 27,11 millones, lo que implica que en 25 años perdimos el 22% de bosques…

Los argentinos supimos tener durante años al IFONA (Instituto Forestal Nacional) que supo distribuir fondos no retornables para la implantación de bosques. En los años 90 se disolvió sustituyéndose por una ley 25.080 prorrogada ese año hasta 2019 por la ley 26.432.

Esta norma legal fija un aporte no retornable de hasta el 80% del costo de la implantación para montes de hasta 300 hectáreas. La cifra disminuye al 20% hasta 500 hectáreas, pero los fondos no llegan para atender la ley, y los pequeños y medianos forestadores han dejado de plantar.

El balance entre lo que hoy se tala y lo que se repone, es negativo.

El 75% del territorio nacional, que hospeda al 30% de la población, representa la mayor superficie árida, semiárida y subhúmeda seca de América Latina..

La consecuencia lógica es que el suelo, agredido por numerosas fuentes de contaminación ambiental (chimeneas, motores a explosión, basurales, ríos y otros espejos de agua en estado de descomposición) nos muestre desde hace tiempo sus efectos: la desertificación (avance de arena esterilizando tierras fértiles) afecta en la actualidad al 75% del territorio argentino (Patagonia, 80 millones de hectáreas; chaco semiárido, 32 millones de has.; la puna, 8 millones de has.; valles áridos del Noroeste y sierras secas centrales, 15 millones de has.; Cuyo, 20 millones).
Están sujetas a procesos erosivos, 60 millones de has. y cada año se agregan 650.000 has. con distintos grados de erosión. Los glaciares patagónicos perdieron en los últimos 50 años 129 Km . (5% de sus 17.500 kilómetros cuadrados) por efectos geológicos, glaciológicos y climáticos.

Si nos sentáramos en una de las márgenes del río Matanza o del Riachuelo, podríamos ver y oler su lamentable situación producto de la inoperancia o falta de interés de los gobiernos desde hace muchos años por el resguardo del medio ambiente (de las 23.000 empresas que existen en esa cuenca con posibilidades de ser contaminantes, solo se han inspeccionado 9.000); ni qué hablar si analizáramos la del río Reconquista, verdadera cloaca acuática a cielo abierto en donde la basura flotante y los metales pesados que irresponsablemente las industrias químicas arrojan sin ningún control, son cosas de todos los días. Piense que en proximidades de esa cuenca, aproximadamente 12.000 industrias están instaladas y alrededor de 4.500.000 personas viven en ella en forma más que precaria. ¿Quiere saber lo que está pasando en la cuenca del Luján, o en la del arroyo Morón, o en la del arroyo Pinazo, o en la del rio Salado, o en la costa del Rio de la Plata desde Dock Sud hasta La Plata, o en San Juan, en las márgenes de los ríos Potrerillos, Jáchal, Blanco, Palca y Las Taguas contaminados con cientos de litros de solución cianurada, etc.?

Nuestras ciudades, con todo su cemento, desarrollo tecnológico e industrial necesitan imperiosamente un planeamiento forestal para mejorar su calidad de vida, porque el árbol cumple una función ambiental muy importante en la captura de gases que no son saludables para la vida humana, filtra partículas en suspensión, atenúa ruidos, y tiene un efecto favorable incluso desde el punto de vista psicológico, generando ecosistemas más agradables.

El censo de arbolado urbano realizado hace unos cuatro/cinco años atrás en la ciudad de Buenos Aires determinó que el bosque urbano porteño estaba integrado por unos 372.625 árboles en las calles (casi uno por cada 8 habitantes; es la relación mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud – OMS- para los ambientes urbanos; . Barcelona tiene 1 árbol cada 10 habitantes; Curitiba tiene 1 árbol cada 12; Nueva York 1 cada 14) Especies plantadas: fresno americano (143.405), plátano (34.338), tilo (17.284), jacarandá (10.975), ficus (23.707) y el crespón (10.184) son las principales especies plantadas existiendo otras en cantidades menos significativas como el palo borracho, el pindó, el palto y el níspero .

La calidad de las maderas argentinas y las vastas extensiones para establecer esa actividad hacen de la actividad forestal un sector atractivo, pero lamentablemente poco desarrollado en el país.
No obstante, nuestras posibilidades están intactas. Si protegemos nuestra tierra, identificamos y difundimos buenas prácticas agroambientales a través de los distintos organismos ambientales nos permitirá seguramente preservar nuestros paisajes con su flora y su fauna y la salud de nuestra población. Esta es una responsabilidad del Estado argentino

PARA PENSAR: La Argentina cuenta con al menos 31 millones de hectáreas para forestar, mientras que Chile con solo 2 millones de hectáreas forestadas es líder mundial y exporta más de u$s 6.000 millones de productos forestales por año.

Por Dios, no vengan con cosas ajenas
O que el país se termina;
El sol de julio ilumina
A quienes honren su raza,
Compatriotas, ¡cuidemos la casa,
Que es toda nuestra Argentina!

Me parece que estas son algunas de las cosas que debemos retomar porque hasta donde yo sé y pruebo en este ensayo, en nuestro país no hay intención ni voluntad política para cambiar esta preocupante situación

Buenos Aires, Diciembre de 2017
Hugo César Renes

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