LA GRIETA, ASÍ EN LA VIDA COMO EN LA BIBLIA

La mentada grieta en nuestro país tiene carácter político y social. Políticamente –a lo largo de nuestra historia- se refleja en los intentos hegemónicos que hacen del adversario un enemigo que debe ser sometido. Las reyertas políticas actuales tienen su raíz en esa intolerancia atávica. Desde los dos lados de la grieta.
Pero a nivel social –donde se hace sentir dolorosamente- la grieta tiene responsabilidades no equiparables en absoluto: quien tiene mayores posibilidades de educación, de acceso a determinados bienes y al poder, tiene mayor responsabilidad.
Quien está dentro de los incluidos del sistema tiene mayor responsabilidad que los excluidos. Porque la violencia –aunque a veces interesadamente se quiera mostrar lo contrario- comienza siempre desde el que tiene más poder y, por eso, puede “darse el lujo” de excluir.
Pero básicamente, lo que subyace debajo de la mentada grieta es el odio, el desprecio y la intolerancia. Aquí la vida se refleja en la Biblia. Uno de los mitos bíblicos más conocidos es la saga de Caín y Abel, los hermanos arquetípicos. El mito dice que Caín era agricultor y Abel era pastor. Es decir que eran personas de diferente cultura: los agricultores eran una cultura que había logrado dominar la tierra y por lo tanto comienzan con asentamientos urbanos estables y generan una cultura particular que, en la época en que se redacta el texto, representaba la cultura central. Mientras que Abel refleja la cultura periférica: los pastores eran personas que iban de un lugar a otro, siempre en la periferia de las ciudades, sospechados de ser ladrones y deshonestos.
La saga dice que la violencia empieza desde la cultura central hacia la periferia. Y no al revés. A Caín le molestaba que su hermano tuviera diferente cultura: es decir que viva de manera diferente. Y por esa intolerancia surge en su corazón la violencia que termina en la muerte de su hermano. La violencia –en la Biblia y en la vida- no surge de la periferia, como superficialmente se sugiere a veces desde diversos sectores de opinión. Surge del pensamiento excluyente. El origen se encuentra en ese modo de valorar a las personas que las cataloga- por ejemplo- en “normales” y en “bestias”.
¿Cómo salir de esta violencia? El mismo texto bíblico da alguna pista. Dice que Caín una vez expulsado de la presencia de Dios va errante hasta que funda una ciudad y tiene un hijo. A los dos los llama igual: Henoc. La raíz de esa palabra en hebreo está emparentada con la palabra educación. Pareciera que luego de tanta violencia Caín descubre que el remedio a la violencia es la educación. La educación –en la Biblia y en la vida- es un antídoto contra la violencia y sobre todo contra el origen de la violencia que es el desprecio al que piensa diferente, vive diferente, se divierte diferente, reza diferente.
Muchas veces se dice que la gente que vive en la periferia necesita educación. No estoy tan seguro de que solo ellos. Tal vez una de las primeras y fundamentales tareas de nuestra sociedad sea educar a Caín.
Rafael Velasco es sacerdote jesuita

Se el primero en comentar en "LA GRIETA, ASÍ EN LA VIDA COMO EN LA BIBLIA"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*