DÓLAR QUIETO Y TASAS DE INTERÉS SIN IGUAL

Todos los domingos el jefe del Banco Central, Federico Sturzenegger, sale a medir precios en un supermercado de Martínez, el lugar donde vive. Una explicación del operativo es que busca tener un feeling directo y mínimamente sistemático. Otra, ya de entrecasa, es que en el reparto de tareas familiares a la él le toca ir al súper los domingos.
En realidad, cerca de Sturzenegger admiten que esa tarea no agrega gran cosa a los testeos de la entidad, diarios y de fuentes consideradas confiables. ¿Y cuál es el resultado?: según el BCRA, cuentan que está consolidándose la baja de la inflación núcleo, aquella que excluye tarifas y productos de estación.
Por lo que viene, hace falta apelar previamente a una de las definiciones que el diccionario de la Real Academia Española da a la palabra episodio: “Incidente, suceso enlazado con otros que forman un todo o conjunto”, dice. Semejante a hablar de un hecho que no debe ser analizado ni explicado aisladamente, sino como parte de algo más amplio.
Episodio llamó el ex presidente del Banco Nación y PRO de la primera hora Carlos Melconian al salto que la inflación pegará en diciembre. Será un episodio fuerte en cualquier caso, si el índice de precios trepa al 2,8% o hasta el 3% que estiman varios analistas.
Al menos dos partes juegan en el todo de Melconian, arrimadas por él mismo. Una es que en diciembre pegarán de lleno los fuertes aumentos del gas y la electricidad y las subas, entre otras, en combustibles y prepagas; representarían cerca del 2% de la estadística.
La otra dice que aún con ese salto, el promedio del segundo semestre no diferiría demasiado del promedio del primer semestre: ¿empate o escasos cambios en el escenario?
El punto es que el último precedente parecido al supuesto 2,8-3% de diciembre fue el 3,1% de junio del año pasado, o sea, de hace dieciocho meses. Que de ninguna manera permite sostener que estamos igual que entonces, aunque, eso sí, el índice anual terminaría muy próximo al 24%.
Significaría, encima, un nuevo aporte a ese problema serio llamado atraso cambiario. En el año el precio del dólar subiría alrededor de 12,3%, esto es, casi la mitad que la inflación.
Lo que sigue es más de lo mismo: meterse con las cifras y con los resultados de la política antiinflacionaria del Banco Central.
Para empezar, un pantallazo sobre cómo avanzaron las proyecciones de precios en el Relevamiento de Expectativas de Mercado, el REM. Es un sondeo que el Central hace todos los meses entre medio centenar de especialistas de aquí y del exterior y que suele usar para ajustar su programa monetario.
A fines del año pasado, las estimaciones marcaban 21% para todo 2017. En septiembre, viraron al 22%; en octubre al 23 y ahora están en 23,5%. Del punto de arranque al último dato hay una diferencia porcentual que araña el 12%, una medida del modo en que fue creciendo la temperatura de la inflación.
Otra medida consiste en contrastar el 23,5% con la pauta del 12-17% que el Central se había autoimpuesto para 2017. La distancia con el techo de la banda canta 38% y 62% si se toma el promedio.
Este ejercicio revela la magnitud del error que el BCRA cometió al calcular el índice de precios anual. Y el anterior, que su política de altas o altísimas tasas de interés no sirvió al objetivo manifiesto de enderezar las expectativas inflacionarias.
Si la cuestión pasa por culpar al ajuste de las tarifas, debiera suponerse que la entidad lo computó a la hora de definir sus metas. Quizás los combustibles escaparon a su radar, tal cual brota del enojo que a Sturzenegger le provocaron algunos incrementos resueltos por otros funcionarios.
Hay un ejercicio más y de una especie similar. Aparece cuando se cruza la tasa de interés del 28,75% que la entidad fijó hace algunas semanas con el 8-12% de su hipótesis inflacionaria de 2018.
Redondeada y hecha como debe ser hecha, la cuenta arroja una diferencia de 16 puntos porcentuales contra el techo de la banda y una tasa de interés real que está entre las más altas del mundo, o un rédito financiero difícil de encontrar en el mundo.
La primera, obvia conclusión del combo completo remacha un dato ya harto conocido: que el Central sigue sin poner en caja la inflación o, mejor dicho, sin ponerla dónde pretende. Pese a que todo el tiempo fue corriendo el objetivo de llegar al 1% mensual, el REM señala que no lo alcanzará ni en diciembre ni tampoco en los cinco primeros meses de 2018.
Pero aun cuando el relevamiento se clava en mayo, la entidad suelta un pronóstico de su propia cosecha que luce a empecinamiento: “En la segunda mitad del año, dice, el índice se acercaría al 1% mensual”. Es, por ahora, una proyección incomprobable.
Un comentario de estos días, atribuido a fuentes del Gobierno, va en apoyo de Sturzenegger. Sostiene que digeridos los próximos aumentos en luz, gas, agua y el que parece venir para el transporte, hacia abril debiera consolidarse, con todo adentro, una inflación mensual del 1%. Otra vez, el número mágico.
Debiera suponerse,también, que ese 1% tiene incorporados los llamados efectos tarifarios de segunda ronda, los que van primero sobre los costos de producción de las empresas y terminan en los precios finales. Más los imprevisibles, o bastante previsibles, corrimientos de siempre.
En el medio flota un interrogante: ¿volverán a subir los combustibles en enero? Desde el BCRA responden que no existen motivos, pues el precio del petróleo importado y el valor interno del dólar, la dos patas de la ecuación, se han desinflado durante los últimos días. Pero como quien prefiere abrir el paraguas y teme nuevas sorpresas, admiten: “Esta es sólo nuestra impresión”.
Ya previsible, la meta inflacionaria del 8 al 12% correrá la misma suerte que la de este año. Aún así, Sturzenegger ha anticipado que no piensa corregirla y el comentario atribuido a fuentes del Gobierno remata: “Hay que mantenerla, para anclar las expectativas y contener los reclamos salariales”.
Según el REM, las primeras expectativas no parecen precisamente auspiciosas: plantean inflación del 16,6%, cuatro puntos largos por arriba del techo de la banda del Central o el doble del piso. ¿Y qué sería eso de “contener los reclamos salariales”? Suena a pretender demasiado que los sindicatos acepten aumentos del 12% aún con cláusula gatillo.
Lo cierto es que en la receta de Sturzenegger continúa firme la decisión de sostener la tasa de interés del 28,75% cuanto menos hasta abril. Ningún cambio en puerta, aunque ese nivel ya arrastre o vaya a seguir arrastrando aumentos en el costo del crédito, incluido el hipotecario, y fuerce a los bancos a pagar más para retener plazos fijos.
Con préstamos en pesos que crecen al doble de lo que crecen los depósitos, asoma ahí un descalce claro. Puesto en palabras de un banquero: “O insistimos con más tasa para los plazos fijos o encarecemos el financiamiento o empezamos a frenarlo”.
Ultimo dato para este boletín, ahora con lo que de verdad funciona como ancla contra la inflación: los analistas creen que en 2018 el precio del dólar subirá 14%, lo cual es igual a mayor retraso del tipo de cambio. O penúltimo, computando las críticas internas a Sturzenegger, aunque si es por eso tiene una ventaja apreciable: al Presidente le gustan los tipos que van al frente.
El baile que le toca al jefe del Central es un baile complicado y su estilo, también. Pero es la nada misma comparado con el rock frenético que hoy hace bambolear a personajes de una historia nefasta.
Claro que en la música de Sturzenegger suenan la inflación, el atraso cambiario, tasas de interés poco propicias para el despliegue de la economía y rispideces de intramuros. El hombre tiene lo suyo, al fin.

Alcadio Oña

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