ESTADOS UNIDOS: BOOM DE INVERSIONES EN CAPITAL INTANGIBLE

Más de 60% de la inversión en EE.UU. se realiza en “capital intangible” (investigación y desarrollo/I&D, diseños, reorganización empresaria, formación de capital humano) y solo el resto es inversión en capital fijo o hundido (activos físicos).
Esto es lo que ha sucedido en los últimos 15 años; y el resultado es que el valor de las empresas no depende ya del stock de capital físico, sino de los activos intangibles (ideas). Apple cotiza en US$900.000 millones, pero el capital fijo o hundido no supera US$70.000 millones.
La totalidad del valor de Apple es hoy diseño, software, y marca. La empresa de Steve Jobs cotiza según el valor de sus ideas. Su valuación aumentó 15% en 2017, 40% en 2016, y más de 1.000% en la década pasada.
La emergencia de la nueva revolución industrial a partir de 2004 ha coincidido en EE.UU. con la tasa de inversión más baja de los últimos 70 años (12,9% del PBI en 2016).
Esto provocó un verdadero colapso de productividad, que aumentó solo 1,2% por año entre 2009 y 2016, y se hundió a 0,2% anual el año pasado, con una tasa negativa de -0,3% anual entre el 2° semestre de 2015 e igual fecha un año después.
El derrumbe de la productividad estadounidense experimentado en los últimos 10 años, está directamente vinculado, en relación de causa-efecto, a la bajísima tasa de inversión lograda en este período.
Este es el punto crítico, verdaderamente decisivo, que frena el pleno despliegue de la nueva revolución industrial en EE.UU.; y por extensión — se trata de la primera economía del mundo y el país-frontera del sistema por definición —también en el mundo.
El tema de la productividad en el sistema capitalista no es de carácter técnico. La tecnología es solo un ingrediente del cambio histórico-estructural provocado por las sucesivas revoluciones industriales.
Para que se desate todo el potencial de productividad implícito en la nueva revolución industrial es preciso modificar la totalidad de la estructura productiva, incluyendo las actitudes sociales y culturales de la fuerza de trabajo y de la sociedad en su conjunto (la superestructura). No hay determinismo tecnológico en la acumulación capitalista.
Por eso la nueva revolución industrial requiere una elevadísima tasa de inversión, necesariamente de largo plazo (15/20 años de duración); y EE.UU. dispone hoy de la tasa de inversión más baja desde la Segunda Guerra Mundial.
Los sectores de punta de la economía norteamericana (la constelación empresaria identificada con la combinación S&P500 + Nasdaq) tienen un nivel de productividad extremadamente elevado de 3,5% por año, mientras que el segmento retrasado (70% del universo emprendedor de EE.UU.) solo ofrece un alza de 0,3% anual. Hay más de 3 puntos de diferencia entre los 2 sectores.
El predominio del “capital intangible” en la inversión de EE.UU. indica que la economía estadounidense se ha convertido en un mecanismo de acumulación fundado en el conocimiento, en el que se tornan irrelevantes tanto el capital como el trabajo; y asume una prioridad estratégica abrumadora la “inteligencia colectiva” (conocimiento acumulado multiplicado por el número de protagonistas).
El fenómeno que se despliega a la vista en EE.UU. es un sistema poscapitalista —en el sentido histórico estricto del término—, o no capitalista, sustentado en la búsqueda incesante de lo nuevo y sorprendente, de lo intrínsecamente cualitativo.
El retraso tecnológico de 70% de la economía norteamericana revela que la tasa de inversión en “capital intangible” de los sectores de punta es insuficiente, y que no está en condiciones de desatar la nueva revolución industrial.
Esta carencia adquiere mayor significado porque el cambio tecnológico de la 4ª revolución industrial es cualitativamente más rápido y profundo que en cualquiera de las 3 transformaciones anteriores.
Esto hace que el costo económico, social y humano que experimentan los sectores rezagados sea mucho mayor que en cualquier otra etapa de la historia, porque se amplía cada vez más la brecha de productividad entre los sectores de punta y el mundo del retraso.
El boom de productividad que se aproxima depende exclusivamente del drástico aumento de la tasa de inversión en “capital intangible” que realicen las empresas de la sigla S&P500 + Nasdaq en los próximos 2 años.
El presidente Donald Trump sancionaría antes de fin de año el mayor recorte de impuestos de la historia norteamericana desde la década del 80 (gobierno de Ronald Reagan), que ya ha sido aprobado por las dos Cámaras del Congreso con el voto de las mayorías republicanas (la tasa de ganancias corporativas se reduce de 35% a 20%, e implica un estímulo a la demanda de más de US$2 billones en 10 años).
La amplitud del aumento de la tasa de inversión que se espera adelanta lo que ha sucedido en Wall Street a partir del 8 de noviembre, y que implica 52 alzas récords sucesivas en ese periodo.

 

Jorge Castro

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