¿QUÉ LES PASA A LOS PARTIDOS POLÍTICOS?

¿Qué les pasa a los partidos políticos?; ¿sufren simplemente el mal general del sistema de partidos en casi todo Occidente, que corroe su energía e impulsa su disolución?
Pero sabemos que las explicaciones deterministas no debilitan las responsabilidades individuales ni de cada institución política, porque sino no existiría el recuerdo en la historia de quienes se plantaron frente a las que parecían fuerzas incontrovertibles, y tuvieron razón.
Y sabemos también que la “buena cintura” es un atributo de la buena política, pero que no puede confundirse con no tener columna vertebral y abandonarse a las tentaciones del oportunismo. Siempre hay proyectos individuales en un proyecto colectivo, pero si no hay proyecto colectivo compartido sólo quedan los individuales, que dinamitan las para entonces vacías instituciones políticas.
Tenemos pymes políticas a la medida de cada dirigente, y eso alcanza para construir un buen intendente y hasta un buen gobernador, pero carecemos de empresas-partido que se adapten a la escala nacional, y no meramente estructuras formales carentes de un proyecto global. Para lograr esto hay que sumar muchas voluntades, militancia de proyecto y no de facción, disciplina, usinas de ideas, liderazgos en que la gente se sienta incluida. Se adapta mejor al contexto actual la frivolidad política personalista, apoyada en la sola denuncia del contrincante y en la demagogia, vehiculizada en el desplante mediático y mesiánico.
En un país donde la política fue paulatinamente abaratada desde 1930 por el predominio de uno u otro interés sectorial -el gobierno predominante de las corporaciones: empresaria, sindical, profesional, iglesia, militar, o acuerdos o rencillas entre ellas-, es indispensable reconstruir la política, como mediadora de los intereses parciales y constructora de un proyecto global societario. Y para ello, las alianzas son un instrumento eficaz, pero no sirven para disimular la pobreza programática de los integrantes.
Hoy los principales partidos de derecha e izquierda en Occidente tienden al centro, quizás porque es determinante de su suerte el peso del voto de los integrantes de la clase media, que no quiere revoluciones (y los más pobres comparten, con resentimiento, las aspiraciones de aquellos).
Pero ser centrista implica aprovechar de los extremos las virtudes y no los defectos. El principal motivo de la crisis y decadencia de los partidos no es ni ideológico ni económico, es social: viven la paradoja social en un mundo en que disminuyen los pobres y aumenta la desigualdad (y entre nosotros han aumentado los dos parámetros), y hay que recordar que la desigualdad tiene algunas consecuencias distintas a la mera pobreza en la sociedad moderna; por ejemplo, exacerba la violencia colectiva o de pequeños grupos o individual, acentúa el rencor y la envidia, nadie quiere ser postergado; es un precio de la democracia y de la difusión de derechos.
Esa sociedad a la par se ha hecho mucho más heterogénea dentro de las mismas clases sociales, lo cual genera intereses distintos. No es tan sencilla como antes la estructura de la sociedad: minoría de ciudadanos, nobles, terratenientes, o grandes empresarios, frente a la mayoría de esclavos, siervos, o proletarios, según las épocas. Le fue demasiado fácil conquistar su lugar en el mundo a la sociedad de este país, lo cual generó algunos de los rasgos ciclotímicos que tiene, y ahora mira, perpleja, que lo que antes favorecía el papel de “niña mimada de la historia” ya no funciona más.
Hoy el cuadro global es que el país político está dividido en dos sectores irreconciliables, juego en que el capital político que predominantemente tienen los dos sectores son meramente los vicios y debilidades del antagonista. Los demás miran el juego. Y la confrontación binaria es antigua en nuestra historia, y dificulta discutir los problemas reales.
Entendamos que la realización de los partidos no es llegar a un futuro ideal, sino la convicción de estar en camino a ello; y entendamos también lo que nos canta Serrat en los versos de Antonio Machado: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

Se el primero en comentar en "¿QUÉ LES PASA A LOS PARTIDOS POLÍTICOS?"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*