CÓMO SALIR DEL PURO HUMO

Exclusivo: La verdad y sólo la verdad del Putin/Macri

Una falta de respeto de cualquier filibustero que tenga la osadía de dialogar con Rusia y no convoque a Hernando Kleimans. Pero la diplomacia argentina está repleta de mediocres (desde el ampuloso CARI al berreta Mundo K) que han provocado el aislacionismo cultural y económico que condena a estas tierras al cabotaje eterno como premio a su soberbia que la lleva a creer, a pie juntillas, que el mundo está pendiente del tango, el dulce de leche y el colectivo (que tampoco son argentinos). Algo más: a quienes afirman ‘con Rusia no, hay que ir con USA’ es menester recordarles que Donald Trump nos considera menos que a Steve Bannon.

 

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La diplomacia es algo más que fotografías: en la Argentina aún no se entiende.

A quien le caiga: a prepararse porque esto no será breve… Dejaré de lado mi natural modestia. Desde mis antiguas funciones como Director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires en Moscú, inaugurada en 1995 con placa conmemorativa y todo por el gobernador Eduardo Duhalde y cerrada en 1999 por Diego Guelar, por entonces secretario de Relaciones Internacionales del gobernador Carlos Ruckauf, he subrayado la importancia estratégica del vínculo de nuestro país con Rusia.

Fue predicar en medio del desierto o, quizá, luchar contra los molinos de viento. Todas las iniciativas planteadas murieron cuidadosa y silenciosamente en la cajonera del burócrata de turno. Como, además de modesto soy piadoso, no voy a nombrarlos salvo requerimiento en fir me del juez de turno. Pero doy fe que en mi computadora, todavía no hackeada por ningún espía ruso, yacen los originales de dichas propuestas e iniciativas.

Hace unas horas me llamó conmocionado un gran amigo y también ex funcionario de Duhalde. “¡Tenías razón! ¡Sos un visionario! ¿Cómo hiciste para seguir presentando propuestas?”, me dijo.

Nunca entendió que era al revés. A quienes hay que preguntarles cómo hacen para obviar esas propuestas es a los correspondientes dignatarios. Aquellos que, pese a sus elevadas funciones, confunden a “Rosatom” con “Roston”. O afirman que Rusia nos vende… isótopos… (¿?)

Siempre nos hemos distinguido por nuestra ignorancia con respecto a Rusia. Salvo contadísimas excepciones, no hemos tenido representación idónea y experta que permitiera definir caminos, oportunidades, medianos y largos plazos, socios y aliados. En esta oportunidad, pese a las entusiastas referencias de los medios de difusión, el simple repaso de la Declaración Conjunta firmada por Mauricio Macri y Vladimir Putin define el enorme grado fusiforme en que se encuentran nuestras relaciones económicas.

He de referirme estrictamente a relaciones económicas y dejo para la posteridad los eternos enunciados de paz mundial, reformas a la ONU, no proliferación nuclear, etc. Esos postulados pueden rastrearse desde la prehistoria de nuestras modernas relaciones, a partir de la reanudación del vínculo diplomático, en la primera presidencia de Juan Domingo Perón.

Esta declaración, pomposamente denominada “diálogo estratégico” entre ambos países, es un leve correlato de la Declaración Conjunta ruso-argentina sobre cooperación estratégica firmada… en … diciembre de 2008 por los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Dmitrii Medviédiev. El Plan de Acción Estratégico, a su vez, fue instrumentado en septiembre de 2011…

El “Plan” fue integrado por todos los ingredientes que se deseen: atómico, espacial, transporte, energía, biotecnología, finanzas, cultura, deportes… Luego de esa magnífica pieza diplomática, el negocio con Rusia cayó hasta miserables US$ 800 millones este año. Vladímir Putin, en un loable intento por alentar el progreso, habló que en 2017 el giro comercial mejoró en 3,1%…….. ¿Se imaginan cómo cerró en 2016?

La reunión con los empresarios rusos más destacados en el “humilde” Ritz de Moscú, frente a la Plaza Maniezh, que lo separa del Kremlin, pudo haber no existido y nadie se hubiera conmocionado, salvo el robusto Denís Kámyshev, vicepresidente 1ro. del Gazprombank, 3ra. entidad bancaria rusa presta a financiar con US$ 180 millones un hermoso emprendimiento logístico-portuario en Ramallo, provincia de Buenos Aires, que comenzará a ser realidad tras 2 años de penosa lucha burocrática, apenas la señora gobernadora María Eugenia Vidal homologue la correspondiente ordenanza.

En la práctica, ésta es la única inversión de envergadura concreta que ya no está en la imaginación de nadie, sino en la etapa final de la gestión para su inicio. El señor Andréi Gúriev, presidente de Fosagro, un gigante de los fertilizantes, es uno de los más fervorosos auspiciantes de este proyecto ya que le permitiría entregar en directo su mercancía a los productores agrarios argentinos.

La perspectiva de este puerto multimodal (agroindustrial, de combustibles, con cámaras frigoríficas, etc.) es estratégica. Empresa s rusas que están trabajando en Paraguay y en regiones linderas del Brasil, como por ejemplo la sojera “Sodrúzhestvo”, verían con mucho agrado la posibilidad de enviar su soja o la carne paraguaya por el río Paraná aguas abajo, evitando el dificultoso cause del río Uruguay y la saturada Nueva Palmira.

Otro proyecto que sin duda sonó en el desayuno servido en el Ritz (masas, frutas, algo de caviar, tés y cafés) a un costo reservado (una noche en el hotel cuesta casi US$ 4.500…) fue el que desde hace algunos años vienen conversando YPF y Gazprom, el yacimiento de Estación Fernández Oro, en la cuenca neuquina-rionegrina, de ‘tight gas’ (arenas compactas), en esencia también no convencional, pero no ‘shale’. El proceso de su extracción es más seguro que el ‘shale’ pues permite avanzar de manera gradual y controlando los niveles de inversión, que son muy menores que los del ‘shale’ de Vaca Muerta.

En cierta forma, responde al criterio general de Gazprom International, el operador mundial de Gazprom, cuyo consejero y vicepresidente del Directorio del holding, Alexandr Ivánovich Medviédiev, hace años le afirmó a quien suscribe y luego se lo reiteró varias veces al ingeniero Miguel Galuccio cuando éste comandaba YPF, que el gigante gasífero ruso no se dedicaría al ‘shale’ y tampoco a operaciones ‘spot’. Es más, está a punto de concluir la construcción de “Fuerza de Siberia”, un gasoducto de varios miles de kilómetros que desde 2019 transportará anualmente a China casi 40.000 millones de metros cúbicos…

Consignemos, de paso, que desde hace muchos meses Gazprom intenta concretar negociaciones con Chubut para la exploración ‘off shore’ de una presumida continuidad de la cuenca brasileña de Tupí, que se encuentra a 7.000 metros de profundidad y a casi 250 km. de la costa paulista. Según fuentes del Ministerio de Hidrocarburos de Chubut, los técnicos rusos piensan que esta extensión se encuentra mucho más cerca de la costa y a mucho menos profundidad en nuestro Mar Austral.

Pero, mientras las partes, desde 2015, siguen estudiando el “modus operandi” en Estación Fernández Oro, Gazprom ya está extrayendo gas de varios yacimientos en Bolivia. Evo Morales resolvió rápidamente la asociación del gigante ruso con YPFB. En octubre del año pasado Luis Alberto Sánchez, ministro de Hidrocarburos y Energía de Bolivia, acordó en San Petersburgo con la directiva de Gazprom nue vas líneas de trabajo que comprenden el mercadeo conjunto en Argentina y Brasil, además de la explotación (en sociedad con Total, Tecpetrol e YPFB) de los yacimientos de Hincahuasi y Acero y, además, la construcción de plantas de GNL.

La pregunta de rigor aquí sería ¿por qué Gazprom debería esperar una alicaída y prolongada definición con YPF cuando, además de su alianza estratégica con China, tiene ya todo acordado con el principal productor de gas de nuestra región?

Sin embargo, en la reunión no estuvieron presentes los verdaderos interesados en participar en el sector hidrocarburífero argentino, mejor dicho en la industria del petróleo y del gas. Se trata de las empresas rusas productoras de todo tipo de equipos para la industria, con calidad internacional, bajos precios y amplia e inmediata financiación (ya explicaré este punto). En la Argentina ya existe una muy buena experiencia con equipos rusos (“son un fierro”, dicen en la Patagonia). Además, en Chubut ya funciona una empresa rusa, Novomet, productora de bombas eléctricas de sumersión, que además conservan la presión de las capas. Su mercadería es muy reclamada por las empresas del sector.

Otra empresa de este perfil, el Grupo Eriell, una compañía de servicios para la construcción de torres y la reparación de su equipo promovida por el Gazprombank, llegó a suscribir en 2015 un convenio para iniciar la coproducción con AIESA, empresa subsidiaria de YPF que se ocupa de este tipo de equipos. Lo mismo ocurrió entre AIESA y REP Holding, firmantes de un convenio para la provisión de equipamiento energético ruso para YPF.

Ninguno de esos convenios tuvo andadura ulterior. Hoy, Eriell trabaja sólidamente en Bolivia…

Luego de casi 2 años de gestión, Transneft-Diascan firmó con la neuquina BM Inspecciones un convenio para el trabajo conjunto en el diagnóstico y escaneo de los ductos de petróleo y gas en nuestro país y en los países limítrofes. Con última generación tecnológica, esta asociación podría sentar una muy seria competencia para la monopólica germano-holandesa Rozen, por ahora única en este imprescindible trabajo.

Es decir, estas deberían haber sido las empresas que se sentaran en el desayuno del Ritz. Ni las gigantes petroleras Lukoil y Rosneft y ni la misma Gazprom desplegaron en la mesa planes concretos de trabajo y mucho menos recibieron de la parte argentina indicaciones, sugerencias, pedidos, encomiendas o propuestas de implementación operativa inmediatas. Ya podemos decir que el intento de la filial norteamericana de Luk oil por financiar a la quebrada Oil no dio resultado. Por otra parte, desde el mismo inicio Lukoil-Moscú negó todo tipo de negociación con el grupo de Cristóbal López o de Ignacio Rosner.

No se sentaron. Nada para anunciar…

En energía atómica, Rusia sin duda es una de las grandes potencias mundiales. La Argentina es una de las economías emergentes con mejor desarrollo en la industria nuclear. Prima facie parecieran existir condiciones muy favorables para proyectos compartidos. Las vagas e imprecisas afirmaciones de algunos altos dignatarios argentinos no se condicen con lo determinado en la declaración conjunta (a propósito, quisiera saber qué medio argentino la publicó en su totalidad). En el correspondiente parágrafo, se dice que es materia de negociación en este campo “el ciclo de combustible nuclear, la generación eléctrica nuclear, la preparación y elevación de la calificación de especialistas, la utilización de tecnologías nucleares y radiactivas en el ámbito de la medicina y la industria”.

 

Desde hace varios años en el país funciona una representación formal de Rosatom, el holding ruso que nuclea a toda la industria atómica de aquel país. Hasta ahora, salvo las negociaciones producto del deambular por ámbitos oficiales, no se han producido hechos de fuste en este terreno. Ahí sigue pendiente la oferta rusa para construir la quinta central nuclear, para trabajar junto con el INVAP en el desarrollo de reactores de nueva generación, o para proveer equipos para tratamientos médicos.

Un panorama similar podemos dibujar en otros campos neurálgicos, como la biotecnología de acá para allá, la inseminación artificial también de acá para allá, ídem con tecnologías de innovación en el cultivo de soja o en el desarrollo de la siembra directa.

Retomo ahora el tema de la financiación. El gobierno ruso creó la Agencia Federal de Garantías de Créditos de Exportación e Inversiones (EXIAR), soportada tanto por el VEB (Banco para el Desarrollo y Asuntos Económicos Exteriores) como por el Roseximbank. EXIAR, con representación formal en la Argentina, tiene como objetivo financiar emprendimientos conjuntos donde la parte rusa aporta equipamiento o tecnología o se incluye como inversora. Tiene un funcionamiento dinámico, diferente de otros pesados bancos estatales rusos y cuenta con fondos propios para emprendimientos de tamaño mediano.

Pese a los denodados esfuerzos del representante de EXIAR en la Argentina, todavía no ha habido bancos nativos que se ofrezcan como partners de estas líneas de financiación. ¿Cómo se supone que ambos países van a estructurar una creciente corriente comercial si no existen los correspondientes instrumentos financieros que funcionen en conjunción?

 

Voy a obviar detalles de frustradas negociaciones porque esto se está haciendo demasiado extenso. Pero este panorama de inmensas y frustradas posibilidades se repite hasta el infinito en todos los campos.

¿Por qué? ¿Qué hacer?, como diría Lenin…

En primerísimo lugar potenciar y hacer efectivo y eficiente un instrumento creado durante la visita del ministro de Economía, José Ber Gelbard, a Moscú en 1974: la Comisión Intergubernamental Económico-Financiera y Científico-Tecnológica. En criollo, la “Comisión Mixta”. Es imprescindible el funcionamiento permanente de la Secretaría Binacional, a la que la Argentina nunca integró, como órgano coordinador y de control de todas las tratativas que se han generado y se generarán entre empresas privadas y/o estatales. Conviene puntualizar que ambas economías nacionales apena s están saliendo de la estatización absoluta y, por lo tanto, se hace necesaria la existencia de un organismo como la Secretaría Binacional.

Enseguida, elevar los Consejos Empresarios argentino-ruso y ruso-argentino a la categoría de Cámaras Binacionales, con todos los derechos y atribuciones que estas entidades tienen: gestiones, lobby, aranceles, seguimiento, etc. Estas Cámaras, en conjunto con la Secretaría Binacional permanente de la “Comisión Mixta”, podrán preparar verdaderos vademécums sectoriales y estudios estadísticos que agilicen y fidelicen las acciones empresarias.

El único estudio estadístico serio en este plano fue el que dirigió a principios de siglo el entonces embajador argentino en Rusia y espléndido economista Juan Carlos Sánchez Arnau, en conjunto con el Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias rusa. Aunque ya absolutamente desactualizado, la metodología utilizada en él hacen de ese trabajo un elemento esencial para su reproducción y utilización.

Por último, convertir a nuestra embajada en Rusia en un auténtico mostrador de negocios. Cambiar su estructura formal por una que responda a los nuevos tiempos y a las necesidades de nuestro país. No es suficiente con el anuncio de creación de una agregaduría agrícola-industrial en Moscú, que acaba de hacer el presidente Macri. La embajada debe disponer de varias secciones o departamentos: agrícola, industrial, tecnológica, científica y financiera.

Si queremos volver a los niveles de la década del ’80 del siglo pasado, un giro comercial de US$ 5.000 millones al año, no podemos pensar que lo lograremos con commodities agropecuarias. La Argentina no está en condiciones de proveer alimentos masivos al mercado ruso, ya saturado con su propia producción. El camino pasa por la transferencia de tecnologías de nuestra agroindustria, absolutamente requeridas por el mercado ruso. Tanto en carnes como en productos agrarios.

Los rusos lo tienen claro y por eso ofrecen a cambio tecnologías y equipamientos industriales.

Con un buen armado interfinanzas, algo que el Gazprombank, el VTB o el Banco de Ahorros, por nombrar los principales bancos rusos, propusieron en diferentes momentos y ante diferentes instancias, estas dos puntas de ofertas y demandas se armonizarán sin dudas. En 1996, Roque Fernández y Tatiana Paramónova suscribieron un hermoso convenio entre ambos Bancos Centrales que abría la puerta para este entramado financiero. Durmió el sueño de los justos hasta que en 2006, creo, Rusia lo denunció.

Fin. Hay muchos elementos de juicio en este extensísimo análisis (modestia aparte, como dije) y hay otros muchos que no se presentaron aquí por razones de espacio. Todos, sin excepción, confirman el viejo mito de que la Argentina y Rusia están hechos para complementarse y conforman una de las excepcionales posibles asociaciones económicas sin contraposiciones. Sin entrar a considerar ningún aspecto político que presione o distorsiones esta afirmación.

También puede ser que no nos interese un negocio más rotundo y prolongado con Moscú.

De todas maneras hay que aclararlo, para no seguir gastando pólvora en chimangos. Ni planificar idílicos programas y planes cuando no existe el correspondiente pie de acción.

Pero, como dijo en su momento el notable y pintoresco Víktor Chernomyrdin, un ex primer ministro de Borís Ieltsin, ya fallecido, “quisimos hacer lo mejor y nos salió como siempre”…

Por HERNANDO KLEIMANS

Periodista. Estudió Relaciones Económicas Internacionales en la Universidad Patrice Lumumba, de Moscú. Fue director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires en Rusia.

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