LA REPUBLICA, LOS HONESTOS Y EL EJERCICIO DE LA FUNCION PUBLICA

En estos dias asistimos a la decision del Poder Ejecutivo de prohibir el parentesco de los funcionarios en los cargos del gobierno, lo que otorga un viento esperanzador en el logro de la transparencia en la gestion, a contrapelo de la corruptela nepotista que atento contra la credibilidad publica de muchos gobiernos.
Pero el tema que motiva estas lineas es el aporte de una reflexion sobre la reduccion de los cargos politicos, en la teoria del beneficio de lo creible, y los caminos para encontrar soluciones practicas en el muy dificil armado de los equipos de gobierno, que deben enfrentar el gatopardismo de una planta permanente, resabio de muchas decadas anteriores, que se convierte en una suerte de maquina de impedir, refugiada en el historico privilegio del estatuto de la funcion publica, que la torna inamovible y muy dificil de involucrarla en un proyecto de gobierno que pretende erradicar el facilismo y potenciar la sensatez en la gestion.
Absolutamente todos los gobiernos que tuvo nuestro pais convocaron a ciudadanos creibles por sus antecedentes y trayectoria a sumarse a la tarea de integrar sus equipos de gestion.
Y vuelvo entonces, desde la misma historia, a no ocuparme de los corruptos, que se aprovecharon de sus cargos para su beneficio personal y, delinquieron publica y eticamente ante la sociedad.
Si al merecido rescate de los honestos.
Aquellos que salieron de la facilidad de la queja por las falencias y tremendos errores que nos precipitaron en la decadencia que convirtio aquella Argentina rica y culta que asombro al mundo en esta, pobre mendicante y culturosa que lo es como nunca fue.
Ellos recibieron el desafio de pensar en su eventual posibilidad de sumar su trabajo honrado a la dificil, muy dificil tarea de gobernar nuestro pais, y asi poner un grano de arena en la posibilidad de participar de nuestra historia.
Concientes y responsables de la absoluta incompatibilidad, formal y etica, entre el ejercicio de la funcion publica y la actividad privada, dejaron sus negocios, estudios, empresas y todo lo que habian desarrollado y logrado hasta alli, y cruzaron la linea divisoria, y, con verdadera vocacion de trabajo, se sumaron a la barca para enfrentar el mar, enorme mar de temas y problemas que implicaba una gestion que pretendia el exito en sus resultados.
Acertaron en sus decisiones y humanamente se equivocaron en otras, enfrentando a la platea y a la tribuna que nunca tolero errores, en el facilsmo de ejercer una critica inobjetable pero civicamente cruel en el desconocimiento absoluto de la responsabilidad de decidir en una gestion de gobierno.
Y asi, los honestos cumplieron con su deber civico y moral, y, cuando volvieron a sus casas, al fin de la gestion, encontraron devastados los temas que habian abandonado cuando decidieron sumarse al gobierno que habia confiado en ellos.
Y entonces, con la misma decencia que signo sus vidas, volvieron a remontar la montaña de lo perdido y a trabajar para recuperarlo.
Y esta sociedad facilista que desgraciadamente hemos llegado a conformar, no solamente los ignoro, sino que los signo con el injusto estigma de confundirlos con los corruptos que tuvieron esos gobiernos, ignorando que la gestion de los honestos jamas rozo ocasiones de manchar sus nombres y sus trayectorias.
Y entonces los honestos de siempre valoraron su experiencia publica como una de las mas intelectualmente enriquecedoras de sus vidas, pero, ante ese demerito social, se juramentaron en no volver nunca mas a la funcion publica.
Finalmente, ante estas decisiones de estos ultimos dias:
Que paso con los honestos de todos los tiempos y gobiernos?
Y ahora, que pasara con quienes, convocados por sus valores, y reconocidos por ser numeros uno en sus actividades, creyeron en la epopeya del desafio del gran cambio en la Republica, y dejaron todo para integrar los dificiles equipos del gobierno?
Y, pese al corto tiempo, que encontraran como realidad de los asuntos que dejaron de lado?
Queda el guante del desafio para encontrar las justas soluciones a este problema, pues, en la justicia de la intencion de reducir los gastos de la gestion, tambien se debera pensar en el rescate de los muy valiosos honestos, que creyeron y siguen creyendo en las posibilidades y valores de la Republica, la que fue, la que es, y la que sera.

Jose Maria De Lorenzis

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