LUCES Y SOMBRAS DE LA GIRA PRESIDENCIAL

La gira que el Presidente Macri llevó a cabo la última semana puede analizarse desde una triple perspectiva.

La primera es que este viaje, como los anteriores, es encomiable porque apunta a reposicionar a Argentina en un lugar que jamás debió abandonar en el concierto internacional: el de las naciones razonables. Aquellas que defienden sus intereses a través del diálogo; las que escuchan las razones del otro y exponen las suyas. Las que no buscan hacer didáctica con la humanidad ni declaman teorías exóticas. En ese sentido, Macri va realizando una tarea consistente y a largo plazo: la de volver a ser confiable.

Tantas veces, desde el golpe militar de 1976, nuestro país ha variado de posiciones que, por más buena fe que se empeñe, muchos de los demás actores internacionales aún dudan.

Pero en estos días hizo una buena cosecha: en menos de una semana se entrevistó con tres, de las cuatro –el faltante es Xi- figuras que no sólo son jefes de estado sino líderes mundiales.

La segunda perspectiva enciende una luz amarilla. Este gobierno, piensa, o pensó, como todos los que lo precedieron, que por obra y gracia de las visiones y talentos fundacionales que creen portar, recibirían la ayuda económica del mundo de lo público y las inversiones de lo privado. Sin remontarnos más allá de la restauración democrática de 1983 hay un hilo conductor que va desde la reunión entre Alfonsín y Felipe González, cuando éste lo mandó al FMI a solucionar el desastre económico heredado del Proceso hasta la “lluvia de dólares” de inversión directa que pronosticó Macri pasando por la solicitud de un Plan Marshall que Néstor Kirchner le hizo a Bush (Monterrey 2004) o los 20 mil millones de dólares de los chinos. Demasiada repetición del error para no pensar que existe un ADN argentino que nos lleva a imaginar que lo externo es una suerte de hermanita de la caridad. Una conducta conocedora de cómo funciona el mundo moderno, nos llevaría a pensar que la lluvia de inversiones productivas requiere de algunas precondiciones: intangibilidad del derecho de propiedad y por ende una justicia independiente; una macroeconomía ordenada –déficits manejables, inflación civilizada, un tipo de cambio realista o aún subvaluado (como el que permitió modernamente el boom chino y el actual despegue de las economías del Asia Pacífico); y un ambiente político y social aceptablemente armonioso que asegure la continuidad del rumbo más allá de las administraciones de turno. Esas son tareas que nos competen exclusivamente a los argentinos. Y si no las encaramos, seguiremos esperando, como en el film de Berlanga, que llegue Mr. Marshall.

Veamos la tercera perspectiva. Muy auspiciosa la entrevista con Putin por ser la más prometedora a futuro para negocios mutuos. Las opiniones del Presidente ruso, por el particular entrelazamiento entre la política y la economía en su país, hacen que tengan peso en sus empresarios al momento de invertir fuera de sus fronteras. Davos es una feria de vanidades cuyo único fin es el de facilitar el intercambio personal entre figuras internacionales –políticos y, también, del espectáculo. En un mundo donde el multilateralismo está siendo desvalorizado no es poco pero no es suficiente. No es un lugar apropiado para tomar ninguna decisión de negocios seria. Finalmente la parada parisina, que lleva a preguntarnos ¿quién asesora al Presidente? Creemos que el Canciller Jorge Faurie, seguramente no. A un hombre que ha estado destinado muchos años en Europa –en Portugal con los Kirchner y en Francia con Macri- no se le pudo haber escapado cuál iba a ser la respuesta de Macron ante el petitorio de un acuerdo con la Unión Europea. Es más, lo había anunciado días antes en una reunión con productores ganaderos franceses cuyo desarrollo fue bien interesante y, quizás, entre otros objetivos, fue el de evitar a nuestro Presidente un paso en falso. Negociando desde 1995, con más de 20 reuniones extraordinarias e incontables ordinarias, lo que ahora se promete es un “acuerdo político” para marzo… o sea nada. Es más, a esta altura de los acontecimientos, pareciera que el mejor acuerdo con la UE, es un no acuerdo. Por la sencilla razón de que contendría cláusulas leoninas para nuestros intereses. El “no” de Macron nos salió caro: Suez y el reflotamiento del proyecto de la construcción de las lanchas que había sido, acertadamente, cancelado por esta misma administración.

Este fin de la gira es una pena. Un fin anunciado, la posición negativa de Francia, acompañada entre otros por Polonia e Irlanda, y sobre la cual se puso los focos como la estrella del viaje, opacó dos datos muy valiosos. La posibilidad de negocios importantes con Rusia a futuro y la actualidad del orgullo de un nuevo triunfo del INVAP que vendió un reactor, con fines pacíficos, a Holanda superando a los oferentes surcoreanos y franceses.

Mais cést la vie…

Rodolfo H Gil

Ex Embajador

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