ARGENTINA-JAPON: 120 AÑOS DE COMERCIO, GUERRA, TINTOREROS Y TANGO

El 3 de febrero de 1898, siendo presidente José Evaristo Uriburu, la Argentina firmó uno de sus acuerdos internacionales más trascendentes, el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” con el Japón, doce años después de que en 1886 llegara a estas tierras el primer inmigrante de esa nación insular asiática, Kinzo Makino, un marinero de un barco británico que naufragó en estas costas y que optó por radicarse en Córdoba, casarse con Amalia Rodrígues, homónima de la luego gran cantante portuguesa, y convertirse en maquinista de los ferrocarriles.
Un poco más de tres años después, en septiembre de 1901, siendo presidente Julio Argentino Roca, se concretaron los primeros avances en la materia aunque ya el 25 de agosto de 1899 la “Fragata Sarmiento” de la Armada Argentina había atracado en el puerto de Yokohama, en la bahía de Tokio, como parte de su primer viaje de instrucción al mando del comandante Onofre Betbeder cuando, por entonces, según el censo de 1895, había ya diez japoneses radicados en este país.
En 1902 el gobierno nipón nombró un representante ante el gobierno argentino en tanto que la administración del presidente Roca, de activa presencia internacional, sobre todo de resultas del paso por la cancillería de Luis María Drago, abrió un consulado en Tokio en circunstancias en que el país afrontaba un serio conflicto fronterizo con Chile, de buenas relaciones con Rusia, por entonces enemiga del Japón.
Ante una eventual guerra con Chile el gobierno argentino había adquirido dos acorazados en astilleros de Génova, los denominados “Moreno” y “Rivadavia”, pero como las cosas se precipitaron entre rusos y nipones, el presidente Roca optó por entregarlos a la marina japonesa a cambio de que las autoridades de ese país le cedieran otros dos que habían encargado en el mismo lugar pero que no iban a estar a tiempo para el inminente conflicto en el Extremo Oriente.
Así, cuando el 7 de enero de 1904, en el puerto de Génova, las autoridades argentinas entregaron las naves a sus pares japoneses, nació la gran amistad entre los dos países, consolidada por el rol decisivo de ambas naves para derrotar a la flota rusa; naves en las cuales había tripulantes argentinos y hasta un notable observador como el capitán y luego almirante Manuel Tomás Domecq García, nacido en el Paraguay, epónimo del astillero que lleva su nombre, ministro de Marina del presidente Máximo Marcelo Torcuato de Alvear y padre del submarinismo en la Argentina.
De resultas de ello en 1908 se inició la corriente inmigratoria de japoneses en la Argentina de oriundos de Okinawa, uno de los cuales, en 1914, inició la apertura de tintorerías entre sus coterráneos, las que se expandieron por el Área Metropolitana de Buenos Aires durante más de medio siglo al punto de que los términos japonés y tintorero se convirtieron en casi sinónimos en el habla popular, aunque también muchos se dedicaron a las florerías y a la agricultura.
En 1905, bajo la presidencia de Manuel Quintana, se inauguró la embajada argentina en la Cipango de Marco Polo, relaciones sólo interrumpidas entre 1944 y 1952 a raíz de la Segunda Guerra Mundial, y que siempre tuvieron una gran cordialidad junto con el inmutable agradecimiento japonés al decisivo apoyo brindado por nuestro país que facilitara su victoria en la guerra ruso-japonesa.
Pero, además de las grandes victorias navales de Port Arthur y Sushima, también una cuestión cultural fue decisiva para el afecto entre ambos pueblos: el tango del que en 1913, en el Armenonville de París, se enamorase el barón Tsunayoshi Megata, recordado por Luis Alposta y Edmundo Rivero en su canción “A la Megata”, en homenaje a quién durante los años 1920 abriera en Tokio la primera academia de la música popular porteña.
Los argentinos hoy maduros, en la década de los años 1950 pudimos escuchar a diario por las emisoras radiales o asistir a sus representaciones públicas a la bella e inolvidable cantante nipona Ranko Fujisawa, llegada escapando del horror de la guerra, devenida en vocalista de Aníbal Troilo, quién luego regresó a su país donde falleciera en 2013; país en el que actuaron a lo largo de muchos años orquestan argentinas como las de Francisco Canaro y Horacio Salgán.
Actualmente viven en el Japón unos 4.500 argentinos y en la Argentina unos 54.000 japoneses, además de los descendientes de los viejos inmigrantes, aunque luego de la recuperación económica nipona y su actual situación de cuarta economía planetaria detrás de China, los Estados Unidos de América y la India, hizo que concluyese la emigración masiva de las primeras décadas del Siglo XX, a pesar del tratado bilateral de migración firmado en 1964 durante la presidencia de Arturo Umberto Illia.
Desde el inicio de las relaciones en la Argentina se generó un gusto por la comida y la moda japonesa y se produjo un proceso de importaciones que con el correr de las décadas se convirtió en la instalación de industrias y comercios y, más tarde, de grandes emprendimientos como los de la industria automotriz, cuyas inversiones alcanzan los 1.694 millones de dólares estadounidenses.
En la actualidad la Argentina es el quinto exportador latinoamericano al Japón las que en 2016 alcanzaron a u$s 663 millones, un 15,3 por ciento más que en 2015, correspondiendo el 26,1% a “minerales” y un 20,3% a “animales vivos y productos del reino animal” mientras las importaciones, en el mismo 2016, llegaron a u$s 953 millones, un 22,1% menos que en 2015 siendo el principal rubro el de “máquinas y aparatos, material eléctrico y sus partes” con el 43,7%, seguido por “material de transporte” con el 22,4%.
En 1961 el presidente argentino Arturo Frondizi viajó al Japón acompañado de dirigentes empresarios y se firmó un nuevo acuerdo de amistad y comercio; en 1998 lo hizo el entonces primer mandatario Carlos Saúl Menem en busca de inversiones; y en 2017 el actual jefe de estado Mauricio Macri se encontró en Tokio con el emperador Akihito como parte de la ratificación de la “Alianza Estratégica” anunciada en la ciudad de Buenos Aires anunciada un año antes; tanto Akihito como su padre y antecesor Hirohito, también visitaron oportunamente la Argentina en varias oportunidades el marco de la relación que, en lo formal, se iniciara 120 años atrás.

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