EN CAMPAÑA

Una periodista, ahora columnista, de La Nación afirmó que, dado que sacerdotes y obispos argentinos “creen” (dijo esa palabra) en la “Teología del Pueblo”, entonces hay un “antipueblo” contra el cual esa teología militaría.
¿Se puede ser tan audaz y tan poco consciente de la propia ignorancia?
Laura di Marco (que escaló fama gracias a una biografía política del PRO y de Mauricio Macri) a pesar de no conocer – lo que es evidente – de qué se trata la “Teología del Pueblo”, con alegría, deduce que debe haber un “antipueblo” al que ella ha descubierto en los “gestos del Papa”.
Según la periodista ese antipueblo, para el Papa (agrega a los curas villeros) son Mauricio Macri y Sebastián Piñera, el presidente electo de Chile.
Me detengo en esto, a pesar que es un tema demasiado pequeño, porque más allá de la ignorancia sobre la materia, todas las palabras de di Marco obedecen a una campaña cuyo propósito manifiesto es atacar la figura del Papa.
Esencialmente porque Francisco ha puesto en palabras llanas lo que ha sido desde siempre la tradición doctrinaria de la Iglesia, más allá de la fidelidad de sus dignatarios al mensaje y más allá de la existencia o inexistencia de los ejemplos de vida. Francisco ha dado en su vida sacerdotal testimonios personales y ha tenido una fidelidad incuestionable a la Doctrina que, básicamente, no es un trayecto sencillo de recorrer.
¿Cuál es esa tradición doctrinaria? En primer lugar el derecho de todas las personas a ganar su pan con el trabajo. El trabajo es la concreción de la contribución del hombre a la Creación. Y el pan es lo esencial para sostener la dignidad de la vida.
Una organización de la sociedad que, en la práctica, impida el derecho a trabajar o a obtener el pan que dignifica, es una organización injusta; y la primera tarea de quienes la conducen es reparar esa injusticia.
Hay muchas más cuestiones que hacen a la Doctrina Social. Pero esta es lo esencial. Si hay pobreza, ya que no indigencia, entonces el pan, que en la pobreza se recibe, no alcanza a sostener la dignidad de la vida; y si no hay trabajo entonces se está privando al hombre del derecho a contribuir a la Creación. De aquí se desprende todo. ¿Puede cumplirse ese mandato cercenando la libertad? De ninguna manera.
Lograr pan y trabajo en el seno de la libertad, que es tal en el marco de la paz, es el norte que marca la doctrina. Cuando decimos paz decimos libertad. No hay paz sin ella.
La periodista dice, en la entrevista, que el Papa, los obispos, los curas villeros son “anticapitalistas”. Otra vez la ignorancia.
La Doctrina desde siempre condenó a cualquier sistema cuando este cercena la libertad, el pan, el trabajo.
El comunismo real suprimió la libertad y nunca se puso en marcha en dirección a ella.
El capitalismo real muchas veces, cuando mantuvo la libertad, se puso en marcha en pos del pan y del trabajo. El ciclo histórico del Estado de Bienestar fue el del capitalismo en marcha en pos del pan y del trabajo y hubo avances extraordinarios en ese campo.
Nuestro país tuvo períodos en los que hubo pasos sostenidos, en el marco de la libertad, hacia la concreción de pan y trabajo para todos.
Tuvimos períodos de cercenamiento de las libertades que, en todos los casos, se declararon “transitorios”, pero hasta 1974 – diría desde principios del SXX – la marcha en pos de pan y trabajo, si no progresó al menos no se abandonó.
En 1974 la pobreza en la Argentina no superaba al 4 por ciento de la población y el Coeficiente de Gini que mide “la igualdad de la distribución” era de 0,33 lo que hoy es aproximadamente el coeficiente de los países nórdicos.
El trabajo, consistentemente con estos datos, era una oportunidad y el desempleo estaba en el orden del 3 por ciento, si bien alguna vez había superado el 7, más allá de la crisis mundial de los 30.
Desde 1975 comenzó una ruptura y una crisis sistémica, en adelante el número de pobres creció sistemáticamente al 7,1 por ciento anual; el Coeficiente de Gini alcanzó los valores típicos de América Latina y el desempleo llegó al 20 por ciento y ahora, bien medido, se encuentra en el entorno del 10 por ciento.
El deterioro de la productividad social de esta etapa del capitalismo en la Argentina es evidente.
La presencia de los curas villeros y la conciencia de la Iglesia en términos doctrinarios no puede ser sino una denuncia de la falta de pan y de trabajo y de la dureza destemplada de los criterios de distribución.
Una pobreza estructural del 30 por ciento es el producto de una falla sistémica y no de una catástrofe natural.
La Iglesia, el Papa, las personas de buena voluntad no pueden permanecer en silencio. Voces de la Iglesia no se silenciaron en todo este período de 40 años de decadencia.
Fueron años de Dictadura, de radicalismo, de peronismo menemista, de alianza de peronistas y radicales, de peronistas duhaldistas y kirchneristas en todas sus versiones, y son estos años de PRO, de Cambiemos que agrupa peronistas, radicales, liberales. No ha habido diferencias en el espectro político argentino. Y la crítica, el llamado de atención de la Iglesia, es para todos porque es para llamar la atención de la radical inmoralidad de la situación.
La Iglesia, el Papa, los curas, desde el terreno del sufrimiento, muestran, son testimonio, las llagas de la sociedad para que sean curadas.
Néstor Kirchner y Cristina persiguieron al Cardenal Bergoglio cuando anunciaba la condena a la injusticia y a la corrupción. Y lo mismo están haciendo hoy los voceros de Jaime Duran Barba en esta campaña “anti Francisco” que lleva a los extremos el PRO y sus periodistas como la señora Di Marco.
¿Por qué la ferocidad de la campaña mediática? Para entenderlo hay que observar que la economía no es una fuente de energía política para el PRO. Lo que tiene que crecer no crece como necesita el PRO que crezca; y lo que tiene que bajar no baja como necesita Mauricio Macri que lo haga.
La intensidad de esos movimientos es necesaria para que las promesas del PRO y Macri, se cumplan; y para que las expectativas de los simpatizantes y votantes se nutran.
Los optimistas, que los hay pero cada vez menos, ven en el estancamiento debilitado del PBI un signo de recuperación, y en la tasa de inflación, que no cede pero no aumenta, una muestra que la estabilidad está por venir.
Los pesimistas, que abundan, en lo que hay ven que “la cosa” no arranca: ni verdadera recuperación ni sostenida estabilidad.
Las encuestasseñalan que, en economía, los optimistas son menos y los pesimistas más.
Los datos y percepción colectiva van en la misma dirección. No es bueno para los que gobiernan y tampoco para los gobernados.
En esas condiciones los que gobiernan –un clásico – “asustados” montan maniobras distractivas. No es la primera vez.
Cuando Arturo Frondizi conducía, tironeado por chirinadas militares, un día complicado los diarios titularon catástrofe la aparición y desaparición, de submarinos en el Río de la plata.
Verdad o mentira, la opinión pública consumió la noticia y el debate fue: verdad, mentira o por qué.
Perdió espacio lo que preocupaba al gobierno que esperaba la cosecha de buenas noticias.
Hoy, bajo la conducción intelectual y mediática de Jaime Duran Barba – el “José López Rega” de Mauricio – se ha desatado una campaña mediática de distracción sobre dos ejes: el Papa “peronista” y la corrupción sindical.
La corrupción K pasó a segundo plano. Puede que la Justicia se encargue de ella. Lo dudo. Difícilmente ocurra una condena definitiva durante la presidencia de Mauricio.
Más allá de la Justicia para más del 70 por ciento de los ciudadanos la corrupción K está demostrada. Fueron definitivos “los bolsos de López”. Difícilmente se revierta. Y el “robaron pero hicieron” tampoco funcionara porque los males estructurales, pobreza y desindustrialización, están ahí y sin duda estaban antes de Macri: 30 por ciento de pobreza y déficit industrial promedio de los últimos años K en 30 mil millones de dólares. En todo caso “no hicieron y … no todos … pero muchos robaron”. Claro.
Hasta el triunfo de Octubre, la corrupción K fue el telón de fondo.
Se atribuye a Juan Perón “no se preocupe m´hijo que los que vienen detrás nos harán buenos”.
La corrupción K aceptada por la inmensa mayoría, que no necesita confirmación judicial, diluyó la posibilidad de esa comparación a favor de los K.
Más allá del desastre económico de CFK y la dilapidación de oportunidades de Néstor, no hay manera que el kirchnerismo pueda reivindicarse con el 70 por ciento de la población: pocos ignoran las fortunas súbitas que parieron con el dolor de la sociedad y la dilapidación de oportunidades.
La corrupción impide que el kirchnerismo pueda ganar un balotaje; y la negación de la corrupción del kirchnerismo no tienen posibilidad de ganar en primera vuelta. Una ventaja política para el PRO.
Sin embargo los males de la economía del presente impiden que la mayoría de los argentinos crean que el gobierno está haciendo las cosas bien.
Nadie duda que el auto estaba tirado en la carretera meneándose al borde del precipicio. Así llegó el “equipo” de auxilio de Macri. Impidió el incendio de la máquina. Impidió que se cayera por la barranca. Pero sigue ahí detenido y a la intemperie. No pueden ponerlo en marcha. Y la invariancia de la situación, por el solo hecho de permanecer estanca, la agrava.
Los intereses de la deuda externa (deuda tomada para paliar el déficit fiscal) anulan el ahorro que implicó la quita de subsidios. El ingreso de dólares financieros o producto del endeudamiento, provocaron que el impulso mínimo de la economía se convirtiera en un déficit comercial record y unos 40 mil millones de dólares de déficit en el comercio externo de la industria.
Los intentos de reparación han generado otros daños. Es que el “equipo” tiene fallas de diagnóstico y de terapéutica.
La consecuencia es que, ante la imposibilidad “estructural” (en la estructura de la cabeza PRO) de corregir una mala política económica – que mina la confianza en el gobierno – , y la falta de novedad de marketing que sería cultivar la corrupción K, se ha pasado a una maniobra destructiva, como dijimos antes, montada en dos ejes.
El primero de sus ejes es la atribución al Santo Padre Francisco de ser el promotor y operador de la “unidad de todos los peronistas, sean, quienes sean, con Cristina y los impresentables” para derrotar al gobiernode Mauricio Macri.
El portavoz de esa campaña es el periodista y académico de Letras, Jorge Fernández Díaz, acompañado por la biógrafa del Presidente, Laura Di Marco, la que hizo su propio aporte “teológico” en Intratables. Mi Dios.
Son varios los artículos del columnista Fernández de La Nación destinados a tratar de demoler la figura del Papa.
No hace falta mucha perspicacia para identificar el origen de la campaña que no es otro que el odio militante que, a Francisco y a la Iglesia, profesa Jaime Duran Barba y el equipo que lo acompaña para asesorar y ser ojos, oídos y cerebro de Mauricio.
La “data” que expone Jorge Fernández Díaz para difamar al Papa es una conversación con el que fuera Jefe de Gabinete de Néstor y de Cristina Kirchner, Alberto Fernández, le habría dicho que ese fue el mensaje que recibió de Francisco en una entrevista que dice haber tenido en el Vaticano.
Fernández Díaz, en radio Mitre, “exigió que la Iglesia” desmienta a Alberto Fernández. Porque Jorge Fernández “respeta y le cree” a Alberto Fernández.
Jorge lo respeta a Alberto y Alberto la volvió a querer a Cristina. Todos Fernández. ¿Le creemos?
No soy amigo de Francisco. Pero tengo larga amistad con quienes lo frecuentan. Tres personalidades distinguidas y honestas del sindicalismo y de la política, que han estado con él más de una vez desde que Francisco ejerce la Cátedra de Pedro. Ellos jamás hicieron público el contenido de sus conversaciones. Nadie honesto lo hubiera hecho a sabiendo con quién habían hablado.
Francisco ya avisó que no tiene voceros; y a algunos de los que así se presentaron, por la decisión de Su Santidad, ya no les atienden el teléfono en el Vaticano.
Una de las personas que realmente frecuentan a Francisco, con el que acabo de hablar, no tiene constancia de esa reunión de Alberto Fernández con el Papa.
Y si la hubiera habido, no es justo, digno, ni necesario poner en boca del Papa las ideas, conceptos, propósitos de un político que, como es lógico, está tratando de escalar posiciones. Algunos se suben a esa sotana para figurar. No es lo mismo decir “con Pepito y Cachito pensamos la necesaria unidad de todo el peronismo” que decir “el Papa me lo dijo”: esa vocería inventada abre puertas, redime faltas.
Para Jorge Fernández y los que lo convocan, es una maniobra destinada a minar la imagen del Papa, metiéndolo en una coctelera de personajes menores, y de esa manera minar mediáticamente el valor y estatura de su palabra.
Esto empezó en radio Mitre, siguió con las notas de Jorge Fernández en La Nación, la nota de Di Marco en la misma “tribuna de doctrina” y se coronó en Intratables el viernes. Cartón lleno: voz, letra, imagen.
La Cátedra de Francisco, sobrevuela estas miserias, se ha ocupado de los problemas de esta fase del capitalismo y ha destacado aquellos en los que debemos poner mayor atención antes que sea demasiado tarde. Uno es la urgencia de la cuestión ecológica y el otro es el tema de la exclusión y de la desigualdad.
Justamente el Foro de Davos, porque el que pasó Macri, centró sus preocupaciones en esos mismos andariveles: allí la Cátedra de Pedro es escuchada y respetada. Por eso, la desigualdad y la exclusión, figuraron en la agenda de Davos como los mayores riesgos para la estabilidad de la economía mundial.
El Papa, como todos los Papas desde León XIII, han planteado la necesidad que los Estados arbitren las fuerzas sociales para el “desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre”. Es un mandato.
Y esa palabra no se puede silenciar más allá que, la “auto referencialidad” de la pequeña política argentina, la quiera convertir en agua para el molino de la cosecha electoral o agua para ahogar la conciencia de una situación local compleja.
Pero, por ejemplo, aún en la conciencia de un mega millonario como Warren Buffett lo motiva a decir “si Usted pertenece al 1 por ciento del mundo que disfruta, quiere decir que tiene que hacer algo para el otro 99 por ciento”. Hacer algo.
El Papa – a todos los países, incluido éste – nos está diciendo eso a todos, los que se ocupan de eso y a los que no se ocupan.
¿Esa voz es la que preocupa a Duran Barba y a Fernández Díaz? ¿Por qué la desnaturalizan y hacen campaña anti Francisco para desviar la atención de los problemas sociales que él nos motiva a resolver?
Los Fernández, cada uno en su papel, se encargan de distraer para no discutir el real mensaje de los documentos y los mensajes del Papa.
La otra maniobra distractiva, la segunda, es el uso de la corrupción evidente de algunos sindicalistas, que debe ser como todas resuelta en la Justicia, lo que también creo difícil, aunque ya están condenados varios como Pedraza.
La cuestión criminal, delictiva y policial es eso. No es una cuestión política. Y está muy bien que el Ejecutivo, con todos los organismos de control e inspección de los que dispone, realice todas las investigaciones administrativas que correspondan y que presente todas las denuncias que considere probadas o probables. Y que deje actuar a la Justicia. Y que el mismo criterio lo aplique a todas las grandes organizaciones. Hay denuncias de tipo penal que afectan, por ejemplo, a grandes empresas algunas simpatizantes del gobierno (y de todos los gobiernos). También ellas deben ser investigadas – cabe la sede administrativa – para transparentar la vida pública.
¿Qué están haciendo los órganos públicos para abrir esos casos en sede administrativa y revisar los contratos, por ejemplo, de obras o concesiones, y así eliminar la sospecha injusta o la violación de la ley amparada en el poder económico?
El gobierno debe avanzar en esa indagación sea del sindicalismo o de las grandes empresas; y nadie se debe sentir agraviado por una investigación que bien puede ser la consagración de una buena conducta o la calificación para una condena.
No anticipemos el juicio. Nos desmerece anticipar el juicio y no profundizar la investigación en todos los terrenos.
Pero esos dos ejes “distractivos” y de marketing, desvían el punto central del área económica que, por cierto, no es todo aunque a todo lo condiciona.
Sería una contribución muy grande si el gobierno, con toda su indiscutible influencia en la conformación de la agenda periodística, convocara a que se interrogará, en el campo de la libre opinión, la respuesta a si es acertada la política macro que estamos llevando a cabo o si está claro el proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas que encara este gobierno.
¿No hay alternativa a la tasa de interés como herramienta antiinflacionaria cuyo uso demostró ineficiencia y – en términos académicos – no se compadece en una economía que está lejos del recalentamiento?
¿Es producto de un análisis estratégico profundo sostener la apreciación del peso y proponer como pilares de nuestro crecimiento futuro, el litio, el viento, el sol, el shale gas y el turismo? Son afirmaciones del Presidente.
Si la inflación es un problema la tasa de interés ya demostró su insuficiencia. Si el crecimiento es un objetivo ¿cómo sostener que esos son los pilares?
La política y hasta los propósitos (¿cómo llamarlos?) del gobierno a esta hora han sido ineficaces y, proyectadas al futuro, son insuficientes y por lo tanto erróneas, y generan más peligro que oportunidad.
Y las palabras de la oposición no ayudan al presente y están vacías de futuro. No existe tal cosa como oposición, que merezca el nombre de tal, si no puede articular una propuesta merecedora de ese nombre.
Pero los responsables del presente es el Presidente y su equipo, y por eso habría que recordarles aquello de Hamlet “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas en tu filosofía”. ¿Mucho?

Carlos Leyba

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