LAS INVERSIONES DESATAN UNA ETAPA DE GRAN CONFLICTIVIDAD

La nueva revolución industrial es la informatización completa de la manufactura y los servicios que se realiza a través de tres tecnologías fundamentales: Inteligencia artificial (AI), Internet de las Cosas (IoT), y robotización. Por su importancia histórica,en este nuevo ciclo de la acumulación el capitalismo, define su orientación en el siglo XXI, centrado en EE.UU. y China, las dos superpotencias de la época.
EE.UU., la mayor y más avanzada economía del mundo, adelanta el futuro. La manufactura norteamericana dispone hoy de 1 robot por cada 1.000 trabajadores; y multiplicará esa proporción 4 o 5 veces en los próximos 10 años.
Acemoglu y Restrepo han establecido (NBER/WP / 23.285) que por cada robot que se instala sobre la base de los 1.000 trabajadores actuales, el nivel de empleo se reduce 0,18/0,34 puntos porcentuales y los salarios reales disminuyen 0,25% / 0,5%.
El efecto de la robotización en el empleo es el siguiente: 47% de los puestos de trabajo norteamericanos pueden ser robotizados en los próximos 20 años, mientras llegarían a 57% en los países de la OCDE.
Si la economía de EE.UU. crece 4% por año o más en 2018, como todo indica que va a ocurrir por el boom de inversiones desatado por Donald Trump, estas proyecciones pueden aumentar 30%/40% al crecer por encima de los niveles actuales (+3,2% anual en los últimos 3 trimestres).
Las trasnacionales europeas (25% del total mundial) han comprometido nuevas inversiones por más de US$250.000 millones en 2018; y las empresas norteamericanas—grandes, medianas y pequeñas— han anunciado inversiones de capital por US$450.000 millones en enero de este año.
Apple, la mayor compañía del mundo, invertirá US$350.000 millones en los próximos 5 años; y UNCTAD (organismo de Naciones Unidas para el comercio y desarrollo) señaló esta semana que las trasnacionales estadounidenses, que responden por 50% de la inversión mundial (25% ubicada en territorio estadounidense y 25% en el mundo), repatriarían más de US$2 billones en 2018. La repatriación exige el pago de un impuesto de 15,5% por única vez si se trata de capitales líquidos y de 8% si son ilíquidos.
La UNCTAD agrega que los capitales repatriados se invertirán fundamentalmente en los sectores capital intensivos, porque el nuevo régimen prevé la completa deducción de todas las inversiones en bienes de capital que se realicen dentro del primer año.
Las compañías trasnacionales de EE.UU. tienen en el exterior una cifra que la UNCTAD estima en US$3,2 billones. Por lo tanto, el vuelco de su inversión al mercado domestico norteamericano implica una modificación irreversible de las corrientes del comercio internacional, centrado esencialmente en las empresas trasnacionales (44% de esas firmas son estadounidenses).
EE.UU. tiene una situación de pleno empleo (4,1% de desocupación), por lo que el boom de inversiones acarrea necesariamente un alza significativa de los salarios reales (+2,5% anual en enero), e implica un impulso más que proporcional a la robotización.
El cambio histórico que implica la nueva revolución industrial en el capitalismo se funda en una revolución tecnológica que va más allá de Internet, que es la “nube” o cloud computing, y que ya ha ocasionado una verdadera explosión de productividad (+ de 30% en los últimos 5 años), a pesar de que se encuentra sólo en su fase inicial.
De ahí que el costo de los robots disminuya 20% por año o más, mientras que multiplican su flexibilidad y autonomía a través de la Inteligencia artificial (AI). El número de robots industriales en el mundo asciende hoy a 1,5/1,7 millones de unidades, que serían 4/6 millones en 2030, sobre todo en China y EE.UU.
La regla establecida por Acemoglu y Restrepo es que a medida que aumenta la productividad robótica, crece el número de trabajadores desplazados, que pasan de 3 a 6 trabajadores por cada robot agregado.
En este momento en EE.UU. hay más de 4 millones de empleos manufactureros ofrecidos que no son cubiertos por el mercado al carecer la economía norteamericana del número de trabajadores suficientemente calificados para hacerlo.
Hay un retraso notorio de la fuerza de trabajo estadounidensefrente a la celeridad adquirida por la revolución tecnológica; y este dato crucial se revela cuando la nueva revolución industrial comienza a desplegar todo su extraordinario potencial debido al boom de inversiones desatado en EE.UU. por el recorte de impuestos de Donald Trump.
Todas las tendencia se aceleran y todos los plazos se acortan en EE.UU., y por ende en el mundo. Por eso, lo previsible ahora en la economía norteamericana es que el boom de inversiones que está en marcha se transforme en un boom de productividad; y que todo esto ocurra mientras la sociedad estadounidense experimenta un incremento cualitativo de la conflictividad, debido a la quiebra generalizada del statu quo (la denominada “destrucción creadora”), y a un aumento significativo, más allá de todas las previsiones, del desplazamiento del empleo.
Todo en el capitalismo nace de la competencia. Y en términos políticos, de la conflictividad.
“La guerra es la madre de todas las cosas”, dice Heráclito.

Jorge Castro
Clarín

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