EL CENTRO DE LA ESTRATEGIA CHINA DE DESARROLLO SON LAS MANUFACTURAS

El núcleo de la estrategia de desarrollo china está centrado en la industria manufacturera de alta tecnología, en la economía real. De ahí que canalice la mayor parte de las nuevas inversiones hacia el sector industrial y utilice, para ello, recursos provenientes de la economía virtual, encabezados por los del comercio por Internet (e-commerce), que crece 26% por año y es arrastrado por un boom del consumo doméstico que alcanzó a US$6,4 billones en 2017, que serían US$10,2 billones en 2022, el nivel de EE.UU. hoy.
Esta prioridad estratégica se revela en que los créditos para la industria high tech aumentaron 11,34% en 2017 y alcanzaron a US$2,2 billones, en tanto que la inversión de punta en startups de alta tecnología (+56% por año) llegó a US$77.000 millones en los últimos 12 meses (el nivel de EE.UU.).
La inversión extranjera en la industria high tech logró un récord histórico de US$180.000 millones en 2017, y acarreó la creación de 35.652 nuevos establecimientos (greenfield).
La industria high tech creció 10% en 2017, 4 puntos por arriba de la actividad manufacturera en su conjunto, mientras que sus ganancias aumentaron 16,1% anual, 10 puntos más que el resto de la producción manufacturera.
Lo que sucede en la República Popular es un extraordinario ejercicio de “destrucción creadora”, el traslado de la inversión desde los sectores de escasa productividad a los de productividad más elevada.
En los últimos 5 años se han creado en China 21,4 millones de nuevas empresas, más de 4 millones por año, 16.600 por día. Es un experimento único en la historia del capitalismo, que coloca a la República Popular en la vanguardia de la nueva revolución industrial.
Para eso cuenta con una ventaja estratégica decisiva, que es el volumen de información (Big Data) que produce, y que es 60 veces superior al de EE.UU. Esa ventaja surge de disponer de 756 millones de usuarios de Internet, el doble que EE.UU. y la Unión Europea sumados.
Esto es lo que ha convertido a la República Popular en un gigantesco laboratorio viviente de las tecnologías más avanzadas, ante todo Inteligencia artificial (AI); y esto ocurre en el terreno crucial de las innovaciones (nuevos productos, servicios, negocios), no en el de los descubrimientos (inventos), que es el mismo en EE.UU. y en China.
Lo mismo sucede con los robots. El mercado robótico crece 30% anual en China (+17% en el mundo), y representa 69% de las ventas globales, con 35% de las patentes internacionales originadas en la labor de científicos chinos.
Hay que agregar el desarrollo de la “Internet de las Cosas” (IoT), que es un sistema cibernético integrado que vincula a través de chips inteligentes a la sociedad, la naturaleza y los individuos. El mercado chino de IoT ascendió a US$193.000 millones en 2015 y treparía a US$361.000 millones en 2020. Las conexiones inteligentes alcanzaron a 80 millones en 2015 y superarían 360 millones 5 años después.
Este sistema cibernético integrado agregaría al PBI chino —solo en la manufactura— US$736.000 millones en 2030. El mismo sistema abarcó en EE.UU. 40 millones de chips inteligentes en 2015, que serían 150 millones en 2020.
Las patentes internacionales aumentaron 17,4% por año desde 2007, las publicaciones científicas crecieron 22,9% anual, los graduados en ciencias duras eran 1.337.000 en 2002 y alcanzaron 6.081.600 en 2012 (+16,4% anual), en tanto los PhD en física y matemáticas se elevaron 6 veces (eran 80.800 en 2002 y llegaron a 486.500 en 2012).
La celeridad de la “destrucción creadora” se mide por el aumento de la productividad de todos los factores (PTF); y 77% del alza del PBI en 2017 fue obra de la PTF (ese porcentaje ascendió 20% del auge del PBI entre 2000 y 2009).
China dispone de una población de unos 300 millones de personas con niveles de ingresos comparables a los norteamericanos (US$35.000/ US$45.000 anuales), pero que tienen una actitud innovadora, de vuelco al futuro, y una cultura digital superior a la de EE.UU.
Lo que importa en la República Popular es el camino, no las etapas de su extraordinaria trayectoria. Por eso no hay que esperar lo que viene después para ver lo que puede suceder, porque el futuro ya es presente en 300 millones de chinos apasionados por la innovación, que serán 400 millones en 2020 y 1.000 millones en 2030. Para ellos, el futuro ya llegó: está aquí.

Jorge Castro
Clarín

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