ENTREGAR VIDAS PARA RESOLVER PROBLEMAS ES RESIGNARNOS

Creo que es muy positivo que podamos debatir el tema del aborto. Mi posición a favor de la vida no es confesional (religiosa) sino científica y ética. Soy pro vida, y con una gran responsabilidad sobre los que no pueden representarse a sí mismos, débiles o vulnerables. Mi intención es aumentar y profundizar el debate desde mis creencias y responsabilidades legislativas para con mis electores y en general con toda la ciudadanía.
El aborto no es la discontinuidad de un proceso, sino la terminación definitiva de este, la gestación de un ser humano, un niño, sin capacidad de ser corregido. El aborto termina una vida. Este es un hecho que no solo es respaldado en nuestra Constitución sino también por el Tratado de San José de Costa Rica. Científicamente, como lo expresará el médico, ateo y presidente de Uruguay, país adelantado en materia social, Tabaré Vazquez, en los fundamentos de su veto a la ley de despenalización del aborto en aquel país, en 2008, expresó “Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser.”
Con la convicción de que el aborto termina una vida, la pregunta es por qué no optamos por otro camino para resolver un problema social. Uno escucha decir que hay 500.000 abortos al año en la Argentina. Lo que en realidad también hay, son 500.000 embarazos no deseados que buscan resolverse a través del aborto como única medida. La causa y no la consecuencia, debería ser el foco. Si no existe la causa, no existe el efecto; la prevención genera la inexistencia de la causa y el efecto consecuente. Es esta visión la que me ha llevado a ser un fanático de la educación, y a oponerme a la simplificación en la resolución de nuestro problemas.
La prevención, la educación sexual, el acompañamiento a las madres, la mejora de la ley de adopción son caminos más humanos, socialmente solidarios y que fortalecerán a nuestra comunidad.
En este tema, instituciones como la Iglesia Católica, por ejemplo, deben hacer una autocrítica. No podemos seguir criticando la enfermedad y a su vez los remedios. La prevención debe ser un trabajo de todos y la Iglesia, por su influencia y posicionamiento social, debe ser un actor fundamental en esta temática. No hay solución posible si se genera un dilema moral ante la contingencia del embarazo no deseado. Debemos encontrar entonces la mejor forma de evitar el problema o solucionarlo, pero sin escindir a la persona o a parte de la sociedad, de sus visiones culturales como tampoco de sus creencias íntimas.
El Estado también debe continuar y fortalecer su presencia, tanto en la etapa de prevención –como se ha indicado- con educación sexual en las escuelas y también en el acompañamiento, una vez que el embarazo existe. Citando nuevamente al presidente Vázquez: “Se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia.”
Cuando una sociedad esta dispuesta a pagar con vidas la resolución de sus problemas, se lastima, se empobrece. Entregar vidas humanas para resolver problemas es resignarnos a que no podemos encontrar otras soluciones, seguramente más trabajosas y esforzadas, pero que redundan en una sociedad mejor. Ese debe ser el camino a elegir. Trabajando juntos en reducir y eliminar las causas de este mal que nos aqueja, construiremos una sociedad mejor para nuestros hijos y para medio millón de argentinos que año a año dejan su vida por esta causa, por nuestra incapacidad.

Esteban Bullrich

Se el primero en comentar en "ENTREGAR VIDAS PARA RESOLVER PROBLEMAS ES RESIGNARNOS"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*