FUTBOL Y QUIMERA. POLÍTICA Y UTOPÍA.

Los dirigentes políticos para ser aceptados como líderes populares, entre otras tangentes, siempre han confesado una pasión futbolística, verdadera o falsa. Pasión que con el paso del tiempo, con la profesionalización o el merchandising, ha logrado cruzar todas las clases sociales.

Sin exagerar, la aspiración de muchos padres es tener un hijo crack y, ¿por qué no? una hija estrella. Ha quedado derogado aquello de “m´hijo el doctor”.

Se trata del éxito y que la progenie disfrute las mieles de la fama, el dinero, la buena vida. No de todos, pero está en los sueños de muchos.

La política, antes, conectaba con el público, entre otras cosas, con el futbol que ahora, además, representa sueños de progenie. Los políticos necesitan ser parte del futbol para completarse.

Ser dirigente de futbol es un escalón de la política. Lo es para empresarios como Mauricio Macri o Carlos Heller; o para otra dimensión a la vida sindical, Hugo Moyano o Luis Barrionuevo. O para consolidar poder como es el caso de Aníbal Fernández o Daniel Angelicci.

Ninguno se detiene en el futbol. Es un trampolín. Banqueros y empresarios buscan el control de esas organizaciones para alimentar sus aspiraciones (y popularidad) políticas para complementar su poder económico.

Es que el futbol pasó de entretenimiento y deporte a adhesión de multitudes. La política pesca en las multitudes. No para “pensar el país” o para hacer pedagogía de una visión de Patria. No, no.

Van a las tribunas a sumar votos. Sin votos no hay poder. Y sin poder – el poco que le queda al Estado en la globalización – no hay política.

¿Qué aprenden en ese pasaje iniciático del futbol? Hasta no hace tanto se entrenaban en las luchas universitarias y en ellas el debate era por las visiones del todo; las nefastas interrupciones de la precaria democracia se gestaban en los cuarteles. El futbol paga en términos de popularidad y entonces comienza el cachondeo con Marcelo Tinelli. Tendremos un hombre de estado … público. No confundir con un “hombre de Estado” que el futbol, ni por asomo, puede formar. El futbol forma equipos para ganarle a otros. La política No. Constituye equipos con la misión de que ganen todos.

El futbol ha puesto potencia de multitudes en una oleada de insultos, desagradables y estúpidos, dirigidos al Presidente.

Los sociólogos reflexionan origen y consecuencias. Los periodistas deportivos han dialogado con nuestro Presidente, un hombre del futbol, por el futbol y tal vez, para el futbol.

Sebastián Fest, en La Nación (26/2), logró definiciones de Mauricio Macri. Fest cita a Mauricio: “todo lo que sabe de política lo aprendió en el futbol, de que la política no le enseñó nada nuevo”… si Grondona “ se hubiera dedicado a la política, no habría habido Perón, Evita, ni Yrigoyen. Estaríamos hablando de Grondona”. ¿Qué tal?

Los periodistas asocian a Grondona con un “capo mafia” y no con un líder de “la política” (menos mal) a la manera de los creadores del radicalismo y el peronismo.

Cuando Mauricio dice “política” – si su modelo, como parece, es Grondona – seguramente dice “habilidad para lograr, mantener y usar el poder”.En este contexto “poder” es más sustantivo que verbo.

En el futbol el “verbo” lo ponen los DT y los jugadores. Pero en política “el verbo” (poder hacer las cosas) requiere ideales, visión, estrategia, planes que, en el futbol, no se conjugan como si en la política que se ocupa de la Nación.

La política va por el Bien Común, el futbol por el triunfo de uno de los contrincantes. Las lógicas no son iguales. No es lo mismo querer ganar que querer el Bien Común.

Los intelectuales del macrismo, que los hay, deberían prestar atención a estas definiciones.

¿Será que así el como el mejor negocio futbolístico son las divisiones inferiores; participar en las organizaciones del futbol será el mejor modo de formar esa clase de dirigentes que el país necesita?

¿Es el pasaje iniciático de los nuevos dirigentes por los clubes de todo el país la clave del cambio? ¿Ahí está el semillero? ¿No hay nada más que aprender? ¿El modelo de éxito – ¿ es el estilo Grondona, el sabio del “todo pasa”, aquel que no le hacía asco a nada? – consolidarse adentro aliado con bases externas?

¿Es ésta una lección de pragmatismo que demuele esa pérdida de tiempo de intelectuales provocando el pensamiento de las políticas públicas?

No es una broma. La “fuente futbol” del equipo PRO es importante. La vieja SIDE fue confiada a un hombre del futbol; el Señor Díaz Gilligan estaba vinculado a un compra-venta de jugadores; el ministro de modernización trabajó en Boca, diputados, candidatos, etc. Mucho futbol.

Futbol es “equipo”. Y Mauricio tiene una convicción. No un programa en sentido estricto. Su convicción es futbolera: cree tener el “el mejor equipo de la historia”. Equipo que hasta ahora no ha hecho goles… a favor.

Carlos Menem buscó otros semilleros de éxito, cantantes, deporte acuático, etc. Ambos, Menem y Macri, tuvieron algo de griegos a la mitad. Aplicaron “corpore sano”, imprescindible para el buen futbol, la náutica, el canto.

Sin programa, en la charla con La Nación, Mauricio reveló su sueño. Seguramente podrá seguir otro período por ausencia del contrincante. Un triunfo por default consolidando su fuerza política. Tal vez engulla al radicalismo de Yrigoyen y demuela al peronismo de Juan y Eva. No será Grondona, pero si hace lo antedicho, concretará su presagio sobre el Jefe del futbol.

Dijo Macri “ser presidente de Boca fue mas difícil que presidir la Argentina”. Todos dicen que en “el Club” le fue bárbaro. Así que deberíamos confiar que en esto, que es más fácil para él, le irá bárbaro aquí también.

Obvio las condiciones climáticas pueden generar una derrota en futbol. Pero eso no es nada comparado con si te toca una sequía. Y puede que alguna condición externa te afecte. Pero en futbol no te mata la suba de la tasa de interés o la complejidad de los mercados, la debilidad de Brasil, la manifestación de los ganaderos franceses o la política proteccionista de Donald Trump.

Es obvio que el Presidente lo sabe. Pero no sabemos que le pudo haber enseñado el futbol acerca de eso. El dice que la política no le enseñó nada.

Lo que si está en su cabeza es un sueño. Macri le dijo al periodista que su sueño es que la Argentina “en 15 años sea como Canadá o Australia”.

Todos alguna vez escuchamos la frustración de haber sido alguna vez “como Canadá o como Australia” y haberlo, supuestamente, dejado de ser. Muchos economistas serios, me acuerdo de Héctor Dieguez de la primera camada de discípulos de Julio H. G. Olivera y de sus notas sobre este tema que tanto ha ocupado a profesionales y que conforma una suerte de melodía de frustración. Y ahora es un entusiasmo PRO.

Hace ya un año Mauricio nos informó que la pobreza sería derrotada en 20 años. Para volver al número de pobres de 1974, en 20 años, tendríamos que reducir la pobreza 13 por ciento cada año.

Sin ese logro no podríamos ser “como Canadá o Australia” así creciéramos vertiginosamente.

Crecer generando o manteniendo pobreza, no nos hace como Canadá o Australia.

Para ponerlo claro. Imaginemos que somos 9 personas corriendo tomados todos de la mano. Unos son mas lentas que otras. Cuatro de cada lado y en el medio el más veloz empujando. La velocidad está limitada por la de los más lentos. Y si el propósito es que todos lleguen, la velocidad será menor que la del más veloz.

Si los pobres, los que corren lento, tienen que avanzar 13 por ciento por año para terminar con la pobreza, imagine la velocidad necesaria de los ligeros.

Si ocurriera el 13 por ciento de reducción anual, en 20 años podría dejar la pobreza en menos 1 millón de personas. Retornar a lo que alguna vez fuimos.

En materia social el mejor futuro es volver al pasado. La lógica de un país decadente, el que aun somos, implica que, para romper esa condena, hay que terminar con la pobreza aunque sea, como aspira Macri, en 20 años.

Esos números hablan que, en materia de estructura social, educativa y laboral, tenemos que salir de un pantano.

Ahora Macri nos dice que en 15 años tenemos que ser como Canadá o Australia. Hoy nuestro PBI por habitante es el 19 por ciento del de Canadá y el 16 por ciento del de Australia.

El ministro Nicolás Dujovne y el propio Macri, se proponen crecer el 3 por ciento durante veinte años. En términos por habitante esa tasa se reduce a 2 por ciento. A ese ritmo, y suponiendo que Australia y Canadá no crezcan, en 15 años tendremos un PBI por habitante que será … el 26 por ciento del de Canadá y el 22 del de Australia.

El ideal de Mauricio es incompatible con la estrategia de Dujovne.

Es que para aproximarnos a esos países en 15 años hay que crecer al 13 por ciento anual por habitante. Más que el doble que China por habitante. Y tenemos que hacerlo bajando la pobreza.

No contamos con “super” recursos de trabajo (mire las estadísticas educativas) y tampoco con “super” recursos naturales. Según el Banco Mundial nuestro capital natural por habitante es de US$ 16.185 y menor que el de Chile (55.113), Brasil (36.978), Uruguay (22.001), Paraguay ( 21.358) o Bolivia que tiene US$ 17.527. Australia dispone recursos naturales por habitante de US$ 180.792 y Canadá US$ 54.438.

No es cuestión de bajar las aspiraciones. Sino de pensar la estrategia para lograrlas.

No somos el país del ganado y de las mieses, ni tampoco el de la minería.

Perdimos el liderazgo social y educativo en la región.

Y fugamos el excedente de capital y lo seguimos haciendo.

Conclusión, hace falta más que “la política” que enseña el futbol, que no es poca cosa, para superar esas carencias.

La lógica del futbol ha demostrado que sirve para correr con un tenedor a los taitas de la política. Eso es verdad.

Para construir un país noble, serio, vida buena para todos, la escasez nos condiciona, falta un plan y un consenso. Más plan y más consenso cuanto mayores sean las aspiraciones.

Eso no lo enseña el futbol “para ganar”; sino la Política del Bien Común. ¿Dónde se aprende que quimera no es Utopía?

Carlos Leyba

Se el primero en comentar en "FUTBOL Y QUIMERA. POLÍTICA Y UTOPÍA."

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*