SAN MARTÍN: LOS 240 AÑOS DE SU NACIMIENTO FUERON IGNORADOS EN LA ARGENTINA PERO RECORDADOS EN WEST POINT

El pasado 25 de febrero se cumplieron 240 años del nacimiento del general José Francisco de San Martín, el gran luchador por las independencias de la Argentina, Chile, Perú y Bolivia, aunque en esta última haya participado de manera indirecta al dar su apoyo a la gesta que concluyera el mariscal Antonio José de Sucre.
A San Martín se le han aplicado impactantes apodos como “El padre de la patria” o “El santo de la espada” en razón de sus decisivos logros para concluir con el proceso de guerras libertarias que se llevaban adelante en el sur del continente americano expulsando, definitivamente, a los colonialistas españoles.
Sin embargo, como ha sucedido con frecuencia en el mundo entero donde predominan las tergiversaciones y los ocultamientos por parte de las historias elaboradas por los sectores dominantes, a San Martín se le ha tratado de esconder su condición de mestizo ya que era hijo natural del español Diego de Alvear y de la aborigen guaraní Rosa Guarú.
Ese tema, que fue debidamente esclarecido por el historiador Hugo Chumbita, nos muestra a un prócer que por razones sociales fue adoptado por los españoles Juan de San Martín y Gregoria Matorras pero al que su padre genético pagó sus estudios en el Viejo Mundo donde desarrolló sus condiciones de estratega hasta ser de los más reconocidos de la historia.
Pero nunca perdió el reconocimiento a su origen materno por lo que los aborígenes fueron permanentemente reconocidos por él a lo largo de su vida como que, entre otras cosas, fue un profundo lector de los “Comentarios reales” del Inca Garcilaso de la Vega, obra cuya reedición pidió en vano por lo que se trata de una deuda que aún se le tiene.
Bien ello fue recordado por el canónigo Miguel Calixto Del Corro, rector de la Universidad de Córdoba y uno de los habituales contertulios de los encuentros que San Martín organizaba en la también cordobesa localidad de Saldán para exponer sus ideas y escuchar los comentarios que se le hacían con vistas al futuro de los pueblos de la región.
Una región para la que pensó, al igual que Martín Miguel de Güemes, en la conveniencia de la propuesta de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano de instalar una monarquía constitucional encabezada por el inca Juan Bautista Túpac Amaru, el hermano menor de Condorcanqui, conocido como Túpac Amaru II, asesinado en 1781 tras una rebelión anticolonialista.
Tampoco se menciona habitualmente que el Ejército Libertador que atravesó la Cordillera de los Andes y que liberó a Chile y Perú estaba integrado en una buena proporción por aborígenes de la región, a los que ahora se denuesta, y por ex esclavos afro y descendientes de los mismos, entre los que se recuerdan al capitán Andrés Ibáñez y al sargento José Cipriano Campana.
Su paso por Londres hizo que también tuviese una noción clara de la necesidad del desarrollo industrial al que impulsó particularmente durante su período como gobernador de la provincia de Cuyo mientras se preparaba el Cruce de los Antes para lo cual contó con el aporte valioso de Antonio Álvarez Condarco y del presbítero José Luis Bertrand, castellanizado como Beltrán.
Una política que había favorecido el director supremo José Antonio Álvarez Jonte, impulsor de la industrialización de los abastecimientos militares, pero que ya San Martín, en Saldán, había conversado con el futuro ministro de Economía argentino Mariano Antonio Fragueiro Del Corro, autor de la efímera y luego escondida constitución económica de 1853.
Consciente de que las autoridades argentinas, desde Buenos Aires, no iban a apoyar la conclusión de la campaña libertadora fue que cedió la conducción de la misma al gran colombiano Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar quién, no casualmente, contaba con el respaldo del gobierno afro-americano de Haití.
Tras su breve paso como “Protector” del Perú, al que declarara independiente, y luego de disgustarse con la marcha de las cosas en la Argentina regresó a Europa definitivamente en 1824, salvo un efímero regreso a su patria en 1829, en circunstancias en que en Bélgica, donde residía, se preparaba la separación de lo que hoy es esa nación, de los Países Bajos.
Precisamente los belgas le ofrecieron la comandancia de su ejército independentista cosa que no aceptó, aunque les reconoció sus derechos, ya que no podía ignorar que había sido asilado por el rey de los Países Bajos cuando fuera expulsado a raíz de sus ideas de avanzada, subversivas, por el despótico rey Carlos de Anjou quién le hizo secuestrar su documentación.
Condecorado por sus autoridades visitó Escocia, recorrió Inglaterra y también Italia pero en 1830 se produjo la revolución burguesa en Francia encabezada por Luis Felipe de Orleans y el nuevo monarca le abrió las puertas de su país al que San Martín regresó para residir durante los últimos 20 años de su gloriosa vida.
Estando allí recorrió los campos de Waterloo, donde Napoleón Bonaparte perdiera su última batalla, la que estudió; en 1837 fue convocado por Luis Felipe para analizar la situación americana, y en 1840 el monarca lo hizo participar de los homenajes a la memoria del mismo Napoleón I con motivo de la repatriación de sus restos.
Son algunas de los aspectos muy poco conocidos de la vida de José de San Martín a quién, a 240 años de su nacimiento, se optó por no recordarlo en su patria pero, curiosamente, por considerárselo uno de los más importantes estrategas de la historia de la humanidad, sí fue homenajeado ese día en West Point, la Academia Militar de los Estados Unidos de América.

Por Fernando Del Corro
Alainet 28-2

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