EL PUENTE

“Así se confirma que no es imposible encontrar razones para encontrarse y que “la unidad es superior al conflicto”. Esta fue la respuesta de Francisco a la Carta de salutación que un grupo de argentinos, muchos ellos conocidos y comprometidos de uno y otro lado de la grieta, le hicieran llegar con motivo del quinto aniversario de su Pontificado.

Unidad y conflicto. La grieta es la evidencia de la ausencia de unidad. El conflicto, sin unidad que lo resuelva, agiganta la grieta. La política del odio usa el conflicto para consolidar la grieta. La grieta consolida territorios y quien ha logrado el territorio mayor, entiende que necesita de la grieta para consolidar su poder. Eso es lo que nos demuestran los actores de los dos principales territorios. No estamos viviendo en la cultura de la unidad sino en la de dominio, de la búsqueda de dominio, que es su contrario.

El oficialismo es titular del mayor territorio político del presente. Cristina Kirchner es titular del mayor territorio de todos aquellos territorios que no son propiedad del oficialismo. El oficialismo y Cristina Kirchner, avivan el conflicto con la finalidad de preservar sus territorios. Preservar los territorios implica, sin cultura de unidad, agrandar la grieta. En eso estamos. ¿Cómo salir?

Primero, si hay algo en que los argentinos no podemos ponernos de acuerdo es acerca del pasado. Nuestros héroes y los villanos de los otros, dibujan un pasado en el que ora somos víctimas ora victimarios. Y si nosotros no lo somos, entonces lo son nuestros héroes. Que da igual.

Esas grietas, básicamente la lectura de la hechos de los que no vivieron cada parte de la historia, parten nuestra historia. Y esas lecturas multiplicadas agigantan la historia sin solución a la vista. ¿Hay cargas adicionales? Sí.

Las grietas sucesivas han vivido y viven en esa condición que, según Tomas Abraham, nos hizo ser “el único país del mundo que tuvo una avalancha inmigratoria en los niveles que registró la Argentina y eso provocó un caos identitario”( Entrevista en La Nación). Caos identitario. Rechazo a la historia común, al hogar común. ¿Cómo construir Nación?

Al decir de J. Ortega y Gasset “la Nación es un proyecto sugestivo de vida en común”. Caos identitario y grieta, son dos problemas que, sustentados en el pasado, nos condicionan de manera extraordinaria en cada presente.

Las heridas, las grietas, se curan con azúcar y la sal las revive. Son pocos, mínimos, los que han echado azúcar en la grieta del presente; y muchos, muchísimos, los que esparcen sal en ella. De ambos lados, unos desde arriba, los del poder cuando lo tienen; otros desde abajo cuando desalojados.

Sin embargo la Carta a la que Francisco respondió, es mucho más que un hecho protocolar; ha sido una cucharada de azúcar, levemente esparcida, que debemos celebrar. Se trata sólo un acto, no se ha formado una corriente, es apenas un ejemplo. Pero sí es una demostración de que algo es posible a pesar que, con el mero transcurso del tiempo, si nada hacemos el azúcar se torna más y más improbable.

Todos sabemos que fácilmente se disuelve el azúcar. La grieta es acumulativa. Pero, como dijo Francisco y esta Carta demuestra, “no es imposible encontrar razones para encontrarse”. Encuentro. La palabra “encuentro”, etimológicamente significa “salir a buscar”. Nadie encuentra lo que no busca. La Cultura del Encuentro, que predica Francisco, es el ejercicio de la búsqueda de lo que queremos encontrar. Y en el caso de la superación de la grieta es la búsqueda de puentes para unificar territorios.

El envase de este hecho, promovido por Juan Grabois y José Ignacio López, entre otros, es una carta a Francisco al cumplirse cinco años de su pontificado. El contenido es la firma de un documento redactado en común de personas con responsabilidades y trayectorias procedentes de ambos lados de la grieta y un mensaje poderoso: “Gracias por lo que has hecho y haces” “sabemos (que tu visita) se producirá cuando sientas que es el mejor momento y confiamos en vos” “te acompañamos con cariño y confianza”. Fueron al encuentro de quienes querían celebrar el quinto año de pontificado y que apreciaban los mensajes y las acciones de Francisco. Los valores como punto de encuentro.

Lo que más importa es el gesto y el coraje de María Eugenia Vidal acompañada de Verónica Magario; de Esteban Bullrich junto a Juan Grabois; de Gabriela Michetti con Pablo Moyano; de Pino Solanas y Jaime Campos, presidente de la Asociación Empresaria Argentina; de Hugo Yasky, Juan Carlos Schmid, Héctor Daer, entre otros muchos dirigentes políticos, sindicales, empresariales que confluyeron con los valores que el Papa sostiene y testimonia. No olvidar que entre los que no firman se destacaron Marcos Peña y Cristina Kirchner. Pero sí lo hicieron José Torello, que es Jefe de asesores de Mauricio; y por lo menos dos de los ex Jefes de Gabinete de Cristina. ¿Marcos y Cristina, pudiendo hacerlo, decidieron quedar en evidencia?

Fue una carta plural dirigida a un líder moral universal a quien aquí se lo condenada mediáticamente, día tras día, por una campaña difamatoria diseñada por algunos estrategas de la política oficial.

En ese marco es que hay que destacar la decisión de dirigentes del PRO de compartir un reconocimiento a Francisco. Valioso. Valiente.

La medida del valor y la valentía de los funcionarios del PRO que firmaron es que, al tiempo que ellos gestaban esta esperanza con esa carta de sentir y sentido común, la usina mediática de la Jefatura de Gabinete, por ejemplo, mediante la apasionada obediencia debida del periodista Alfredo Leuco, contaminaba el ambiente con su mensaje de odio y difamación especialmente preparado para el quinto aniversario del papado. Claro que la ignorancia no es pecado.

La Carta fue azúcar para la herida. ¿Por qué tenemos la herida del presente la que es hija de un largo período?

Póngalo del derecho o del revés, la grieta, el desamor, el conflicto son hijos inevitables de una economía estancada y crecientemente injusta, que enferma a la sociedad toda.

Sálvese quién pueda. Fuga de capitales. Estancamiento. Crecimiento escandaloso de la pobreza. No hay otra cosa que desencuentro en cada una de esas reacciones. Vivimos un proceso de concentración económica que agiganta la contradicción social. El capital fugado es el ahorro que no se destina a la acumulación de capital para acrecentar la productividad, crear trabajo. El estancamiento es consecuencia de la fuga y de la concentración. Y el resultado es el crecimiento de la pobreza, la erosión patética de la base de la estructura social.

Podemos tratar de escaparnos de ese contexto repitiendo en el vacío frases más que huecas: “lo peor ya pasó” o “hace siete trimestres que crecemos”. Un esfuerzo inútil. ¿Vale algo escapar de la reflexión acerca de los problemas reales?

Hay que recordar, tener presente, que la fuga de capitales continúa a 20 mil millones de dólares año y ese es el mismo ritmo al que empujaba a la fuga del desastre de Cristina Elisabet Fernández. Desastre y desconfianza. ¿Y ahora?

La pobreza ¿no es acaso lo peor que nos está pasando?¿ qué importa un punto de porcentaje menos, cuando la inmensa mayoría de los pobres arrastran generaciones viviendo en esa condición? No es cierto que lo peor pasó porque la pobreza escandalosa esta aquí y ahora y golpea la puerta, sin que nada ocurra, hace años.

El PBI por habitante está hoy en los niveles de 2011. ¿Hay alguna duda que no crecemos? Tal vez recuperamos. Es algo. Pero ¿por qué insistir en no decir la verdad?

¿Qué relación hay entre la grieta presente y el estancamiento de largo plazo de nuestra economía? En otros términos ¿cuándo comenzó la decadencia?

El concepto de decadencia tiene sentido sólo si, en la memoria, existe un tiempo previo de progreso. ¿Cuándo se detuvo la Argentina?¿Dónde está nuestro último recuerdo de progreso, de vitalidad colectiva?

Ese, el de comienzo de la decadencia, es uno de los ejes de nuestro profundo desacuerdo. ¿Cuándo y cómo fijar la fecha de extinción del progreso?

Para dar mi opinión me apoyo en dos pilares. El primero es hablar de los tiempos que he vivido. El segundo observar el desarrollo de la democracia como proyecto de libertad, igualdad y fraternidad. Las tres cosas.

Mi tiempo fue de dictaduras y derrocamientos, de lucha armada quimérica alimentada de desprecio por la vida; y de represión genocida. También vivimos tiempos breves, intercalados, de libertad y progreso en todas las dimensiones de la vida social. Tiempos superpuestos.

En mi historia, la vivida, no terminaron su período gobiernos constitucionales peronistas y también gobiernos constitucionales no peronistas. La Constitución no fue la regla ni siquiera desde 1983 ya que Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa no pudieron concluir sus mandatos.

Un indicador robusto de la decadencia es la dinámica del número de personas que viven en la pobreza medida como la medimos en nuestro país: el alcanzar o no a disponer de un mínimo de bienes. Es una medida limitada que, en todo caso, al mejorar la medición, nos llevaría a incrementar el número de afectados.

La igualdad o el camino hacia ella, se extravió hace 45 años. El número de argentinos en condiciones de pobreza ha crecido a la tasa de interés compuesto de 7,1 por ciento anual. El total de la población se multiplicó por 2 y el número de personas pobres por 16. Una fábrica de pobres. Incomoda recordarlo. Y a pesar de decirlo, una y otra vez, no encontramos respuesta proporcionada al tamaño del fracaso colectivo.

Si eliminar la pobreza, como incluso ha señalado Mauricio Macri, es la clave de “cualquier progreso”, entonces es evidente que la decadencia se desencadenó cuando la pobreza comenzó a crecer vertiginosamente, cualquiera haya sido el proyecto económico que se haya practicado en los últimos 45 años. Programas diferentes en lo que hicieron, pero a mi criterio, idénticamente iguales – todos – en lo que no hicieron. Lo que no hicieron, que es lo que tienen en común, es lo que generó el estancamiento y la pobreza.

En ese marco la “fraternidad”, el proyecto sugestivo de vida en común, se transformó en lo contrario. En el lugar de la fraternidad hoy está la grieta social que se expande. Edgard Morin, el gran pensador francés, señalaba que siendo contradictorias libertad e igualdad, la manera de sostener a las dos era el ejercicio de la fraternidad. La fraternidad es una condición necesaria de una democracia vigorosa. ¿Cómo imaginar una democracia plena sin ella?

Somos muchos los que reconocemos que la sombra de la decadencia está instalada en nuestra sociedad. Pero somos muchos menos los que coincidimos en un exacto momento histórico en que se terminó el progreso.

La grieta histórica se agiganta en el presente cuando el territorio de cada uno es definido a partir de la fecha en la que cada uno entiende en que se terminó el progreso. El pasado nos divide.

Y como cada etapa tiene personajes e ideas dominantes diferentes, aunque los resultados sean mas o menos los mismos, la proyección del pasado sobre el presente anula cualquier posibilidad de fraternidad.

Anclados en el pasado devoramos el presente y reducimos cualquier posibilidad del futuro. Y el futuro es el lugar donde vamos a vivir. Es increíble que no podamos pensar acerca de él.

El pasado nos divide. El presente es la grieta. Y la gran y la única, posibilidad de escapar de ella es debatir acerca de la construcción del futuro. El primer paso es pensar el presente con humildad. Y salir a la búsqueda. La cultura del Encuentro pasa, aquí y ahora, por la agenda del futuro.

Primero contestarnos con honestidad la pregunta ¿Cómo estamos hoy? A pesar que Macri señala que quiere ser juzgado por la reducción de la pobreza (pero nos informa que tardará 20 años y para entonces difícilmente pueda ser juzgado) hoy el 60 por ciento de los encuestados, mayores de 16 años, considera que su gobierno beneficia a los “ricos y a las empresas”. Lo señala la última encuesta de Raúl Aragón.

El 71 por ciento considera que Macri no avanza en dirección a “pobreza cero”. ¿Acaso hay un programa de la dimensión necesaria para lograrlo? Macri es la continuidad del subsidio, la ayuda, la negación de la condición de trabajo. Es la continuidad del kirchnerismo. Sin duda con mucho mayor empeño. Con mejores actitudes. Con más sensibilidad. Hay que escuchar a Grabois para luego juzgar el asistencialismo de Macri que, según sus palabras, resulta de mayor calidad que el previo. Pero igual es asistencialismo. Manutención prolija de la grieta.

El 71 por ciento considera que no está trabajando para cerrar la grieta o unir a los argentinos. Y esto se refiere a la dinámica del odio que ahora se centra en Francisco. La militancia periódistica de J. Fernández Díaz, H. Leuco, L. Di Marco, etc.

Y – una buena al menos – 57,3 considera que es exitosa la lucha contra el narcotráfico. En verdad este es un enorme logro, tanto la convicción de tantos argentinos como el fundamento de las evidencias de progreso. Y ni hablar si lo comparamos con el período anterior. Sólo recordemos la “efedrina” que, como en tantas otras cuestiones, a pesar del sencillo acceso a la información nadie tiró de la soga para cazar los peces gordos que los hay . ¿Quién la exportó?

Pero a pesar de estos desencantos, por compromisos no cumplidos, el 45 por ciento que es muchísimo, considera positivamente al Presidente. Un dato que confirma el tamaño del territorio PRO en la grieta. Pero también es un dato esperanzador porque lo habilita para que cumpla un papel protagónico positivo. Dispone de una enorme capacidad de convocatoria. ¿Querrá?

Mientras tanto la realidad económica nos informa de una economía que, este año, tendrá una tasa de crecimiento menor a la informada hace apenas unos meses; y la tasa de inflación, con los datos del último mes, nos informa de una resistencia a la desaceleración. En ese contexto el Banco Central ha comunicado, de manera sibilina, que finalmente retornamos al método del ancla cambiaria. ¿Todo vuelve? Otra presencia del pasado que nos ciega.

La única vía de escape del eterno retorno es debatir el futuro. La agenda del futuro, dada las bases de la decadencia en la que estamos instalados, tiene dos ejes principales, prioritarios y además urgentes. Urgentes porque nada consistente se ha hecho en los últimos 45 años para atacar las causas de ambos males. ¿Cuáles?

El primero es la pobreza. Requiere de un combate, consensuado y organizado, para terminar, aquí y ahora, con las condiciones de vida de miseria de los niños menores de 14 años. La mitad de los menores de 14 años son pobres. Es impostergable terminar con esa condición de vida. Sin ellos no hay futuro. ¿Imaginamos nuestra sociedad 20 años vista?

El segundo es un proceso de mega inversión reproductiva. Eso no se logra sin una política consensuada y de largo plazo para la captura de inversiones. ¿Somos conscientes de la absoluta carencia de un ritmo de inversión capaz de responder a nuestras necesidades y de la ausencia de una política mínima para revertir esa situación?

Objetivos sin enemigos. Sólo hay que consensuar el cómo para los que sobran ejemplos de éxito. Miremos cómo y qué hacen en el mundo.

Esos dos ejes pueden conformar el puente que permita cruzar la grieta. Francisco nos invita a crear puentes.

Es hora de que lo escuchemos

Carlos Leyba

Época, 18-3

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