POLÍTICA EXTERIOR: PROGRESISTAS O INTELIGENTES

La política exterior argentina cambió de orientación. Resta saber si hay una consolidación o nuevos cambios en lo que resta del mandato del actual gobierno.

Lo que más ha cambiado son las expectativas, tanto externas como internas. Las dudas sobre el futuro permanecen, un presente aún con incertidumbres, herencias que no dependen del gobierno sino del desencuentro, por ausencia de acuerdos básicos que unan pensamiento estratégico con acción política.

El debate sobre política internacional sigue siendo una cuestión de especialistas que no llega al público. Salvo cuando la discusión se localiza en alguna profunda diferencia ideológica o en una visión insuflada de maniqueísmo. A partir de allí se puede lograr cobertura en los medios de comunicación tanto públicos como digitales.Estamos muchas veces más interesados en la política exterior de otros países que en abrir el debate sobre nuestra propia política. Simpatizamos en el exterior con políticas que no aceptaríamos en nuestro propio territorio, referidas a las libertades individuales y a las condiciones del sistema democrático, por ende a los derechos humanos.

De una visión “progresista” con base regional, pasamos a un nuevo gobierno de enfoque global e “inteligente”, que recibió apoyo y visitas de las grandes potencias occidentales y mantuvo activas las relaciones con China y Rusia.Las sociedad argentina tiene fuertes componentes de dependencia internacional, las políticas están influenciadas por el factor externo, por afinidades político económicas y por sus necesidades estructurales.Justamente por tener tan fuerte condicionamiento económico es que la política exterior requeriría una estrategia múltiple de consenso interno para su validación y aceptación externa.El condicionamiento internacional es parte de nuestra realidad, nos viene de lejos y poco hemos hecho para limitarlo; lo hemos aumentado, no hemos logrado acuerdos democráticos que liguen los temas centrales de largo plazo. A lo sumo esperamos suceder al que gobierna para hacer lo contrario.

No hemos creado un andarivel común de continuidad tanto en el sacrificio como en la prosperidad. Nos hemos convertido en deudores y demandantes. A veces añoramos la historia donde fuimos acreedores y oferentes. Cuando buscamos inversores afuera, ellos se preguntan “cuando repatriarán sus propios capitales depositados en nuestros bancos?” Cuando se observa nuestra pobreza, la pregunta que surge es: que hemos hecho con nuestra productividad y riqueza? La inflación y el gasto público también son parte del diálogo. En el exterior del cual dependemos conocen nuestros defectos, pero también nuestras virtudes. La desconfianza será posible revertirla cuando se perciba que hemos vuelto a confiar en nosotros mismos, no solo por nuestros idearios sino por nuestras propias acciones.Separar la Argentina de sus gobiernos es no asumir nuestras responsabilidades y compromisos. Cuando gobernantes y opositores compiten afuera del país, perdemos todos.

Los intereses permanentes que deberían formar parte de los consensos se transforman en disputa política. Comenzando por nuestra geografía, nos corresponde ejercer el control de nuestro espacio territorial, aéreo y marítimo. También la demografía nos plantea el desafío de restaurar su equilibrio: hemos dejado avanzar espacios vacíos y concentraciones inviables.

La política exterior requiere una articulación indispensable con la política de defensa y seguridad. Las llamadas políticas de estado muchas veces se vuelven sólo formales: consisten en una participación en viajes o comunicación a funcionarios del arco opositor, cuando debiera ser más exhaustivo y profundo ese compromiso de ambas partes.

Los distintos pliegues de la política exterior se manifiestan tanto en Cancillería como en el Ministerio de la Producción. Restan efectividad por la multiplicación de acciones superpuestas, limitan el control y seguimiento eficiente. Para ejemplo sirve analizar el déficit comercial que hemos alcanzamos y no se ven las políticas activas para equilibrarlo. Con solo instruir a las embajadas a ser agentes de venta en el exterior no alcanza. Varios gobiernos han cambiado el área económica internacional de un ministerio a otro sin mayores resultados.En el presente año nuestra política exterior tiene objetivos significativos: la situación de Venezuela por lo que significa en la región, por su alianza con Cuba y por el apoyo de China y Rusia; las elecciones en Brasil, nuestro principal socio en el Mercosur; el Acuerdo con la Unión Europea que por momentos avanza y retrocede por nuevas exigencias y el G20 que es una oportunidad y desafío que el tiempo presente nos está ofreciendo.

JUAN PABLO LOHLÉ

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