¿STURZE, TIME OUT?

¿STURZE, TIME OUT?

Quintana avisa: Warning que se viene Werning

El vicejefe de Gabinete, Mario Quintana (el monje negro detrás de MM), aventaja políticamente a sus rivales en la interna oficial debido a su cualidad de ser “seguidor como perro de sulky”: Alfonso Prat Gay, Carlos Melconián y Alberto Abad, entre los principales pesos pesados que lo enfrentaron, no sólo terminaron afuera del gobierno, sino que el ex Farmacity hasta influyó los reemplazos. Ahora que el sello de gradualista del que se fue apropiando cuenta con el espaldarazo explícito del FMI y casi seguramente tendrá el visto bueno del Morgan Stanley Capital Investment (MSCI), para ascender de la categoría de fronterizos, que compartimos con Croacia, Kuwait, Nigeria y Panamá, a emergentes, codeándonos con los vecinos continentales Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, va por más. El próximo blanco en la mira telescópica es Federico Sturzenegger, orondo por estos días al haber sido sus políticas elogiadas por la jefa máxima de los auditores multinacionales, Christine Lagarde. Astuto, el número 2 de Marcos Peña y 1 de los informantes económicos presidenciales quiere aprovechar que a Sturze le quedó la alfombra tendida para un eventual retiro triunfal y prepara il sorpasso. Sabedor también de que el próximo objetivo de la Casa Rosada es que el Congreso saque las reformas en la ley del mercado de capitales, que de hecho desconcentrarán del Banco Central el manejo casi monopólico de los portafolios de inversión, apadrina a un ex lobo estepario de Wall Street que hizo carrera en el Morgan neoyorkino y fue repatriado por Prat Gay para la causa de Cambiemos, Vladimir Werning, a fin de situarlo en la pole position de la carrera hacia Reconquista 266. Ya le fue bien ubicando en Afip a alguien de su confianza, Leandro Cuccioli. Rápido para los mandados, el hombre.

Mario Quintana, tecnócrata con enemigos tanto adentro como afuera del macrismo.

El medio término inicial del gobierno finalizó en diciembre pasado, pero la línea divisoria de la reestructuración financiera alineada con el ajuste fiscal se tuvo que desplazar a junio venidero, que es cuando la calificación internacional del riesgo-país afrontará el que venía siendo postergado cruce de ser fronteriza a emergente.

El espaldarazo acaba de dárselo la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, quien evaluó en declaraciones al diario La Nación que en los dos prim

eros años del gobierno de Mauricio Macri “las autoridades argentinas han logrado mucho en política monetaria, en la reorganización del gasto público, reducción de la presión impositiva, libre competencia, desarrollo de talento y reducción del gasto innecesario en algunos sectores”.

Christine Lagarde, burócrata profesional, bajo sospecha desde el ‘caso Tapié’, ella intenta ser políticamente correcta, siempre.

Hubo un implícito reconocimiento público a la gestión del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en el ordenamiento de las cuentas del Estado, pero otro, ya más explícito, al rol que desempeñó el Banco Central en hacer bailar en la cuerda floja la política monetaria mientras el gobierno aplicaba con idas y vueltas reformas debido a la resistencia política y social que se le fue oponiendo.

De aquel circunspecto Federico Sturzenegger que en diciembre último daba la cara junto a colegas que responden a la Jefatura de Gabinete, con el propio Marcos Peña en el centro de la mesa, cuando admitían implícitamente que las metas de inflación se les habían ido de las manos, a este momento que se florea con los elogios de la jefa de la brigada multinacional de auditores, el común denominador parece ser el fin de un ciclo, si bien ahora se le presenta por delante una puerta grande para dar las hurrascuando hace algunos meses la perspectiva parecía ser una traumática salida, al es tilo de figuras del área como Alfonso Prat Gay, de Carlos Melconián y hasta la reciente del mismo Alberto Abad.

Para bien y para mal, detrás de las bambalinas de este reacomodamiento en el comando económico oficial se alargó la sombra del vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, quien originalmente tenía la misión de oficiar de ojos y oídos presidenciales (como definiera su labor el propio Macri) en todos los rincones del Poder Ejecutivo Nacional, pero su hiperactividad y ambiciones políticas lo llevaron a “pasarse de la raya” y convertirse en una especie de interventor ad hoc de las decisiones de los que en realidad debía controlar que cumplieran las directivas.

Hoy en la hoja de ruta de los ministros la consigna pasa por eludir la estación Quintana cada vez que se proponen encarar iniciativas que les competen sin tener que dar parte previamente al coordinador.

El ex Farmacity no cosecha simpatías ni solidaridades del gabinete y hasta por ahí nomás de su inmediato superior, Peña, a quien irrita cuando se corta solo. Es, por lo tanto, un bocatto di cardinale para la oposición, que lo puso en mira legislativa.

Federico Sturzenegger y Nicolás Dujovne: Las contradicciones del PRO.

Tenaz, acomete con fruición espacios de poder que considera estratégicos para conquistarlos, y así como finalmente pudo lograr el desplazamiento de Alberto Abad de la cúpula de la AFIP y que se nombrara en su lugar a un ingeniero industrial con un MBA de Stanford, Leandro Cuccioli, quien venía desempeñándose como escudero de Luis Caputo en el Ministerio de Finanzas y a quien Macri dispensó como elogio “saber jugar en equipo”, justamente el cuestionamiento que le hacían al hombre que, si bien con idas y venidas, siempre estuvo en la cresta de la agencia fiscal desde 2002.

La otra cabecera de playa crucial para Quintana es el Banco Central, aunque ahí el hueso sería más duro de roer. Pero se le encendió la lamparita cuando “desde arriba” le recomendaron a un analista económico que había trabajado 22 años en JP Morgan manejando operaciones con títulos públicos de América Latina y fue repatriado por Prat Gay, con quien se conocieron en Nueva York, cuando asumió como ministro de Hacienda y Finanzas.

La carta oculta

Tras el despido de su mentor y el desdoblamiento de la cartera, a Vladimir Werning, de perfil técnico y recatado, hubiera quedado huérfano si otro de sus ex compañeros de ruta en el Morgan, Toto Caputo, no le hubiese dado conchabo en Finanzas. Así funcionó hasta que Quintana empezó a llamarlo seguido, lo nombró asesor y luego lo ubicó en el organigrama de la Jefatura de Gabinete como subsecretario de Coordinación Económica, una posición expectante para proyectarlo en algún momento hacia al Banco Central, como vicepresidente, director o lo que fuera, que lo posicionara como reemplazo casi natural de Sturzenegger cuando a éste le soltara la mano el Presidente, como se presumía que iba a suceder en la segunda parte del mandato.

No era necesario vendérselo demasiado a Macri, quien ya tenía referencias de sus blasones en Wall Street, pero sí hacer conocer en la interna del gobierno sus fundamentals “gradualistas” en cuanto a la fijación de metas para concretar las reformas económicas y a su expertise  en los mercados financieros internacionales. Varias plumas amigas de la pauta se prestaron.

De este modo, Quintana asumió el padrinazgo de quien había arribado como ahijado de Prat Gay y lo ve como candidato potable para ubicar en el Banco Central, aunque dependerá, primero que nada, de que Caputo salga ileso de la rendición de cuentas parlamentaria por lo de sus vinculaciones offshore, que la oposición intentará lo más posible hacerla parecer a una interpelación. Y luego está el embate de Comodoro Py. Es que, en el peor de los resultados, Werning sería casi un sucesor a la mano para Caputo.

El Presidente se puso entre ceja y ceja conseguir que Argentina salga de la categoría de fronterizo y sea aceptado como emergente en la consideración del Morgan Stanley Capital Investment (MSCI), que desparrama por el mundo 100 mil índices diarios sobre acciones, bonos y hedge funds.

Vladimir Werning, estrella del Quintana Team (en este caso, un producto de la escudería de Alfonso Prat-Gay ¿terminará como ‘Toto’ Caputo?).

Desde esa nueva calificación de riesgo puede aspirar a que los grandes fondos internacionales queden habilitados a comprar acciones de empresas argentinas en la plaza local. El comentario en la City es que ya hay US$ 1.370 millones esperando la luz verde global.

La activación de la reforma a la ley de mercado de capitales, largamente adormilada en las comisiones legislativas, será también determinante para que las regulaciones asignadas por el kichnerismo a la Comisión Nacional de Valores dejen de ser un obstáculo, en principio, para que las empresas del Merval incluyan a nuestras Bolsas cuando planean ampliar el capital mediante emisiones en el exterior, y para que se aliente, a la vez, la participación de firmas de menor envergadura en las pizarras bursátiles vernáculas.

El mercado de capitales en Argentina quedará en condiciones de arrancar cuando el MSCI dé la esperada calificación de país como emergente y el proyecto de ley que lo reforma salga aprobado el Congreso.

Para ese momento, Quintana apuesta a que su crédito Werning quede en lista de espera en Reconquista 266, aunque en principio sea como director, para propalar 2 mensajes:

-Que haberse cargado a Abad y poner un hombre suyo en Afip no fue por una bala perdida, y

-Que los mercados tomen nota de que un candidato del palo que le responde, y conoce los códigos de Wall Street, como Werning, merodea el puente de mando del Banco Central para cuando Argentina sea considerada emergente, tenga las regulaciones alineadas al resto de los mercados y el actual timonel salga saludado por la fanfarria con todos los honores.

 

Por RUBÉN CHORNY

Periodista. Columnista de Urgente24.

 

 

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