BM: “UNA REFORMA PREVISIONAL ES UNA DECISIÓN POLÍTICA”, O ES UN DERECHO ADQUIRIDO Y POLÍTICAMENTE CORRECTO.

BM : “Una reforma previsional es una decisión política”, o es un derecho adquirido y políticamente correcto.

“La Argentina tiene un nivel de protección muy alto en la región”, asegura Rafael Rofman, economista del Banco Mundial. Esta afirmación ¿contradice todos los estándares y las demandas de la Iglesia desde “Populorum Progresium” a la fecha?

“El problema es cómo dar la mayor y mejor cobertura en condiciones fiscales que sean manejables”, dice Rofman.

“La Argentina tiene un nivel de protección de los más altos de América Latina. En términos de cobertura, de los más altos del mundo tanto en adultos mayores como entre los niños y también son buenos los niveles de beneficio con relación a los salarios u otros indicadores y en la magnitud del gasto, en torno del 12/13% del PBI”, dice Rafael Rofman, Líder del Programa Argentina, Paraguay y Uruguay en Protección Social del Banco Mundial. Sin embargo, cuando se contrapone esos indicadores con el 28% de pobreza, 12 millones de personas, según los últimos datos oficiales, responde que “eso sucede porque hay problemas estructurales que van más más allá de la protección social”.

Y explica que “la protección social es una herramienta importante pero no la única ni la solución a la pobreza. Entre los adultos mayores la pobreza es muy baja y eso se explica por las jubilaciones, mientras entre la gente más joven los ingresos no provienen de transferencias sociales sino son los ingresos laborales. Y el mercado laboral da ingresos que en muchos casos no alcanzan para salir de la pobreza.

Hoy, el sistema previsional nacional tiene 12 millones de aportantes y los jubilados que hicieron los aportes completos o casi completos rondan los 4 millones. Es una relación más que aceptable entre aportantes y beneficiarios contributivos. Sin embargo, el gasto es mayor por beneficios, legítimos, pero otorgados sin respaldo de aportes y contribuciones.

¿Esos beneficios no deberían estar a cargo de rentas generales y no del régimen previsional?

—En general, la política social no debería ser pensada como compartimientos estancos para determinados grupos en particular. Argentina, como tantos otros países, tiene el problema de cómo asegurar ingresos adecuados a los grupos de población que no están en el mercado de trabajo. Por eso está la AUH…

Insisto: ¿no debería estar separado del sistema previsional y que esos beneficios sociales — legítimos— estén a cargo de rentas generales u otras partidas del Presupuesto para no afectar las jubilaciones?

—El sistema previsional nunca fue pensado ni lo fue como contributivo puro…

Sí, fue estructurado como contributivo, donde hubo moratorias para los empleadores que no pagaron los aportes retenidos, e incluso el Estado tomó para sí los fondos superavitarios del sistema…

—El Estado creó el sistema previsional porque quiere que las personas adultas mayores que no están más en el mercado de trabajo pasen a recibir algún ingreso que reemplace el salario. Y ahí viene la discusión de si debe ser proporcional, de qué magnitud, alcance… Lo que el Estado debe discutir es cómo hace para dar ingresos a la mayor cantidad de población, a la que lo necesita, a la población que quiere cubrir y cómo hacer para financiarlo. Argentina tiene un sistema en el que la principal fuente de financiamiento ha sido históricamente la contribución de los trabajadores efectivos. Nunca fue exclusiva, siempre hubo mezcla entre aportes y contribuciones y transferencias del Estado. Nunca hubo una regla pura. De todos modos, el Estado no debería preocuparse por separar las cuentas sino por brindar los servicios. Y si la política del Estado es proteger a los adultos mayores, entonces debe ver de dónde salen los fondos para adelante esa protección.

Pero el valor del bono compensador por el cambio de la fórmula previsional fue distinto y con tope según cómo se jubiló la persona, sin contemplar las necesidades.

—Es una visión política, legítima, válida… Se la puede discutir, pero fue una decisión de política pública. Nuevamente, el problema es cómo dar la mayor y mejor cobertura en condiciones fiscales que sean manejables.

Ahora se piensa discutir una reforma previsional… —El tema es decidir qué política de cobertura, alcance, se quiere implementar y con qué recursos se cuenta para llevarla adelante, y eso implica la transferencia de recursos de un grupo a otro.

Entonces, más que una reforma previsional, la discusión es más amplia…

—Parecería razonable que esa discusión trate de tener una mirada abarcadora de todas estas cuestiones y tomar colectivamente una decisión de consenso.

Se habla mucho de seguir el modelo previsional chileno pero las prestaciones son muy bajas. ¿Es así?

—Chile tiene niveles de beneficios bajos con relación a Argentina, en promedio en torno del 40% del salario, en parte porque el trabajador aporta el 10% y no hay contribución del empleador. Justamente en Chile se está discutiendo cómo introducir una contribución patronal, pero está en discusión. El sistema es muy duro en cuanto a respetar el principio contributivo. Entonces hay poca contribución y pocos beneficios.

¿Y los aportes voluntarios?

—Es para generar mecanismos de ahorro individual de largo plazo para que la gente pueda aumentar su beneficio futuro, y eso existe en casi todo el mundo, en distintas modalidades. Es una buena idea porque también son activos financieros que pueden financiar proyectos de largo plazo. En general, no suelen tener un impacto muy importante en el beneficio porque es poca la gente que lo toma y es poco el ahorro que la gente hace.

No obstante, y ante la observación que aún está pendiente la devolución de los ahorros voluntarios en las ex AFJP, Rofman admitió que la experiencia financiera de la Argentina no ayuda a este tipo de ahorro voluntario porque requiere “mucha confianza en el sistema a largo plazo”.

¿El Banco Mundial promueve que la reforma que se avecina tenga ciertas características, como hizo, por ejemplo, el FMI en favor del cambio de la fórmula de modalidad previsional?

–El Banco Mundial no promueve, acompaña a los gobiernos en las reformas que están haciendo. Las reformas como la previsional son opciones políticas. Algunos países prefieren tener beneficios muy bajos y menor costo fiscal, y utilizar los recursos para otras cosas. Otros eligen beneficios más altos y costos fiscales superiores, y poco espacio para otras políticas. Y ambas cosas son legítimas. Las decisiones las tienen que tomar los que fueron elegidos para tomarlas, con diálogo y consensos.

Concluida aquí la nota de Ismael Bermúdez, quedan a discutir algunas cuestiones básicas respecto de los planteos/definiciones de Rafael Rofman, aquí vertidas, y la primera es que si bien según el BM y su líder del programa de protección social regional “La Argentina tiene un nivel de protección de los más altos de América Latina. En términos de cobertura, de los más altos del mundo tanto en adultos mayores como entre los niños y también son buenos los niveles de beneficio con relación a los salarios u otros indicadores y en la magnitud del gasto, en torno del 12/13% del PBI”, éste no analiza que el país perdió en los últimos 40 años cerca de un 35% del nivel de protección que tenía en épocas pasadas.

Y esto sucedió porque el PBI argentino en ese mismo período de tiempo decreció en términos reales casi en esa misma proporción y porque las administraciones –desde Martínez de Hoz, a la fecha- fueron atentando contra la “Previsión Social Argentina”, en forma continua y descarada. Pasamos de aportes obrero/patronales pactados y convertidos en ley dándole prioridad a una vejez digna y una niñez bien atendida. No solo para obreros y trabajadores, sino también para empresarios (cajas de jubilaciones patronales ricas y bien administradas) y autónomos; a reducciones de aportes patronales como “sistemas de abaratamiento de los costos laborales”, totalmente falaces y mentirosos que fueron obligando a mayores aportes estatales via impuestos y coparticipaciones.

Esto que sucediera permanentemente en estos últimos 40 años, terminó desfinanciando el sistema previsional argentino hasta darle letra a aquellos voceros de la “privatización del sistema previsional de los ‘90” que terminó en un rotundo fracaso y que condenó a miles de argentinos que se jubilaron por el sistema de AFJP a paupérrimos ingresos mensuales que no alcanzaban a cubrir ni el 18% del ingreso mínimo para la subsistencia. Ingresando así en el decenio ya no de pobreza sino de indigencia.

El anterior gobierno –por motivos que poco tuvieron que ver con la “justicia social”, y mucho con la necesidad de utilizar el Fondo Solidario de Garantía –FSG- para cubrir necesidades del Tesoro o de los Gastos Corrientes- (al igual que el actual gobierno) estatizó el sistema de AFJP devolviéndole a los adultos mayores y a la niñez ciertos parámetros mínimos que son los que Rofman considera de los “más altos de América Latina…en términos de cobertura, de los más altos del mundo…”, siendo éstos como ya dijéramos una “Caja” a la que recurren los gobiernos, y por lo tanto una “caja que es desfinanciada” con cada manotazo que le pegan los funcionarios de turno; los del anterior y los de éste gobierno.

Si Argentina volviere a los estándares jubilatorios del tercer cuarto del siglo XX, o a aquel que la Doctrina de la Iglesia propusiere en “Populorum Progreisum”,este ingreso del jubilado promedio debiera aumentar hasta llegar al 82% móvil que se viene reclamando desde hace ya casi 30 años, y al cual el sistema financiero, así como el de la Patria Contratista y los postulados del FMI y en menor medida los del BM proponen hoy con la “sanata” de que no es “sustentable un sistema previsional que permita vivir dignamente a los ancianos”, por lo que estiran la edad en la gran mayoría de los casos (Argentina propone y ha reformado la legislación para elevarla a los 65 años a las mujeres y a 70 los varones “por ahora en forma optativa”), o como sucede y se pretende suceda en nuestro país no superar el techo del 45% del salario medio de la población.

Este “verdadero castigo a la ancianidad” que proponen los organismos internacionales y el sistema capitalista desenfrenado que manda hoy en el mundo occidental, atenta no solo contra el sistema previsional solidario de reparto, sino contra el propio sistema capitalista, pues si la ancianidad deja de consumir, y ésta crece en forma exponencial porque se alarga el período de vida útil de los seres humanos, y se reprime el aumento de la natalidad en occidente (salvo América Latina y Africa), el propio “mercado de consumidores se resiente y disminuye el ingreso de beneficios al sistema capitalista”.

O sea en pocas palabras y en forma gráfica, atentar –como propone el capitalismo salvaje o a ultranza- contra un sistema previsional de alto ingreso y coberturas de excelencia, es atentar contra el propio sistema capitalista… porque se achica el “mercado de consumidores” , y por lo tanto se autodestruye el sistema de Capitalismo Occidental…

¡Deberán ir pensándolo aquellos gurúes que proponen dicho capitalismo feroz, a ultranza o salvaje…”están matando la gallina e los huevos de oro”! Por lo menos, como decía un reconocido ex árbitro futbolero argentino…”¡así lo veo yo!”

FUENTE:

Ismael Bermúdez

 

Buenos Aires, 29 de marzo de 2018

Arq,. José Marcelino García Rozado

Ex Subsecretario de Estado

1973/1976 y 1989/1993

 

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