PENSAMIENTO Y ACCIÓN

El pensamiento tradicional distinguió dos conceptos, el del filósofo y el del político, que podemos interpretar como funciones o roles.
Es función del filósofo unificar la pluralidad de las opiniones de la época y trascender la discordancia de las concepciones en conflicto. Es una convocatoria a la inteligencia.
Y es función del político señalizar el camino de los medios más aptos para el logro de los objetivos, o como la llamaron los antiguos, la decisión “prudencial” de la sabiduría política. Es un llamado a la voluntad. (1)
En el pasado, ha sido más habitual asignar estas funciones, en cierto modo con exclusividad, a la “persona” del filósofo o del político. En la actualidad, dentro de un contexto democrático y participativo, se considera que esos roles pueden ser ejercidos por una misma persona, uno u otro o ambos, en forma simultánea o alternada, en diferentes grados…Por ejemplo: Gandhi fue al mismo tiempo filósofo y político. Y también esos roles pueden ser compartidos grupal o comunitariamente (podemos co-pensar, co-decidir, consensuar, etc.
Con frecuencia se ha visto más el antagonismo entre filósofos y políticos, y no su relación complementaria. Ambas partes suelen dejarse llevar por prejuicios: “ los filósofos piensan pero no hacen”, “los políticos sólo saben hablar, pero no son creíbles”… Estas antinomias deben ser superadas.
Para la construcción de una Nación se necesita de hombres y mujeres de pensamiento que esclarezcan y fundamenten un Modelo (una constelación de valores que le den sentido a la Nación que queremos) y hombres y mujeres de acción que realicen un Proyecto (la construcción de esa Nación). Sin Modelo o sin Proyecto, toda acción política no deja de ser simple programa electoral efímero.
La tarea consiste en la elaboración de una síntesis éticamente deseable y fácticamente posible. Allí, las personalidades de acción sabrán traducir en realidades los enunciados de los pensadores, y a la vez elaborarán experiencias sociales que nutrirán las reflexiones de aquéllos, en un encuentro fecundo entre “discurso de la historicidad” y “praxis del proceso social”. En el Modelo hay una semilla del Proyecto y el Proyecto es una crisálida del Modelo.
Resulta claro, por tanto, que en cierto sentido toda Filosofía es Filosofía Política, habida cuenta de la índole esencialmente política de la condición humana, y que toda Política, a su vez, supone un concepto de esa condición humana y una Filosofía que la fundamente y le dé sentido. En la práctica, el filósofo no puede eludir alguna forma de compromiso político, y el político no puede desentenderse de alguna concepción filosófica del hombre
Los temas propios de la Filosofía no son abstractos: surgen de los problemas de la vida de la comunidad. De ahí que Hanah Arendt acentúe el concepto del hombre como animal político y de la vida pública como vida comunitaria, en contra del individualismo y enfatice la vida activa (praxis social) en contra de la simple “contemplación no comprometida del espectáculo político”.
Del mismo modo, un genuino proyecto político no es el diseño de un Estado ideal, y los hombres al servicio de éste; eso sería colectivismo. La finalidad de toda comunidad política es el mutuo perfeccionamiento de sus miembros: de las personas, de todas las personas, de cada persona.
Los “pensadores” pueden traer sus posiciones ideológicas, pero al entrar a la arena política no gozan de privilegios: deben legitimar el valor de sus argumentos a través del diálogo y el cotejo con la experiencia.
Hay que cuidarse, en especial, de los no comprometidos, que “reflexionan” pero no nos dicen cómo actuar: generalmente, temen la participación ciudadana, no confían en el pueblo ni se identifican con él.
Por otro lado, con los criterios de una reciente “ingeniería social” supuestamente “científica”, atada a prejuicios economicistas, de algún modo se considera a los ciudadanos como partículas dentro del “mecanismo social”. Se pierde el sentido básico de la vida social: que los ciudadanos como personas e integrantes de un pueblo, sean quienes decidan a través de representates genuinos, lo que es justo y conveniente para todos.De igual modo, el Estado no es una Empresa que provee servicios a cambio del voto de electores vistos como “consumidores dentro del Mercado político”, según la ley de costo – beneficio.

Ideología y pragmatismo

En el juego de la política, entre la cadena interminable de las críticas que los partidos se intercambian mutuamente, sucede con más frecuencia que, mientras unos recriminan a otros que son “pura ideología” sin arraigo práctico y concreto y que “sus teorías son utópicas” alejadas de la realidad, los atacados responden a sus adversarios tildándolos de “pragmáticos puros” sin respaldo teórico, ensayistas de un manejo simplemente “táctico”, carente de modelo y de objetivos a largo plazo, sin la visión del estadista.
¿Cuál es la respuesta a la opción entre Contenido ideológico y Acción programática?
En primer lugar, el uso del término “contenido ideológico”, aunque frecuente, es equívoco y peligroso. Porque, en sentido estricto, “ideología” remite a una construcción intelectual que un sector determinado elabora como justificación de sus intereses, presumiendo ser una explicación excluyente de los procesos de la realidad social, pero sin demostración racional, por lo cual es dogmática y prejuiciosa. Sus seguidores no admiten diálogo ni revisión, y les sirve de respuesta automática ante toda duda o conflicto. La ideología “tranquiliza” y “anestesia”, pero impide todo cambio y permite que todo siga igual, pues así lo quieren, según ellos, “las leyes inexorables de la Historia”… Tal la ideología liberal, la marxista, etc.
Es preferible hablar no de ideología sino de “principios” o de “doctrina”, entendiendo por ello el conjunto de conceptos, criterios y actitudes que surgen de la toma de conciencia de la condición humana y de sus necesidades, sobre la cuales se pueda fundamentar una existencia verdaderamente “humana”.
En el polo opuesto a las ideologías está el Pragmatismo, que le da prevalencia a la acción y a la gestión y descuida o minimiza el valor del ideario que contextualiza y le da sentido a la acción. En una Empresa, esta cuestión no se plantea; ya está definida de antemano: simplemente ganar dinero; pero en un Gobierno se requieren un Modelo y un Proyecto. Los partidos “pragmáticos” creen esto irrelevante, Y además, lo ven un desgaste improductivo. “si no ganamos las elecciones, ¿de qué valió tanto esfuerzo”. Y luego, si tienen la sorpresa de ganar, se apresuran por cubrir puestos a la ligera e “implementar acciones”. Parecen olvidar que, para elegir el colectivo al que subir, antes hay que saber adónde se quiere ir. Y así se convierten en ensayistas crónicos Loa “parches” perpetuos). Los gurúes pueden ser útiles para ganar elecciones, pero no para gobernar.

Esta hora nos impone elaborar una acción programática que responda a las necesidades específicas de la época histórica que se atraviesa, sobre la base de los principios enunciados. La necesaria integración dialéctica de ambos conceptos (pensamiento y acción) sugerirá la superación de la antinomia, más aparente que real.

Hugo Polcan
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(1) Cfr: Mandrioni H.D.(1990) Buenos Aires , Edit. Guadalupe. El presente artículo en gran parte está extractado de Política para todos (M.A,Espeche Gil – H.Polcan y otros ) Edit. SB 2011.

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