JOSÉ DE SAN MARTÍN – BATALLA DE MAIPU

“Al grano, Las Heras, al grano. Derrotamos a los godos y vamos al Perú”

El combate se libró el 05/04/1818, pero antes José de San Martín le dijo a su ayudante John Thomond O’Brien: “Qué brutos son estos godos. (El general Mariano) Osorio es más torpe de lo que yo pensaba. El triunfo de este día es nuestro. El sol por testigo”.

Jose de San Martín y Bernardo O’Higgins luego de Maipú.

De los 23 países independientes de América Latina, 18 fueron antes colonias de Españolas y, en “efecto dominó”, casi todos (Cuba no, por ejemplo), en un período similar, comenzaron sus procesos emancipatorios.

La Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Venezuela y Colombia, comenzaron sus procesos en 1810, en un proceso iniciado por Simón Bolívar y José de San Martín, sin vínculo alguno entre ellos, podría llegar a dudarse de esta afirmación pues ambos pertenecían a la “Logia Lautaro”.

La guerra de la Independencia de Chile se extendió por más de 10 años, entre el 1813 y 1827, y se dividió en diversos períodos como la campaña de “la Patria Vieja”, “la Patria Nueva”, “la campaña de Chiloé” y “la naval del Pacífico”.

La liberación chilena comenzó con un intento desordenado de José Miguel Carrera y Bernard o O’Higgins, y una campaña militar brillante de José de San Martín acompañado por O’Higgins, mientras Carrera se hacía mercenario en la Provincia de Buenos Aires.

Todo comenzó con la toma de Concepción y Talcahuano, y culminó el 14/01/1832 con la batalla de las lagunas de Epulafquen, cuando los hermanos Pincheira, líderes de una montonera monárquica, quedaron fuera de combate.

Antes, la Batalla de Maipú, sucedida casi en el medio del conflicto de emancipación, fue una de las más destacadas porque marcó un antes y un después.

Maipú fue la última de las batallas del período ubicado entre la 1ra. y la 2da. campaña al sur de Chile, etapa conocida como “el intento de reconquista realista”, que incluyó los enfrentamientos en Quechereguas, Talca, Cancha Rayada y Requinoa. Todas ellas en la ‘Campaña de la Patria Nueva’, período que fue desde la victoria de Chacabuco (12/02/1817) a la renuncia de Bernardo O’Higgins (28/01/1823).

San Martín había atravesado la Cordillera de los Andes, derrotado a los españoles en Chacabuco, y sorprendido en Cancha Rayada (el 19/03/1817), donde fue herido O’Higgins.

Los ánimos estaban por el suelo. Sin embargo, fue clave el rol del ex secretario personal de José Miguel Carrera, Manuel Javier Rodríguez y Erdoíza.

Durante el período de “la Reconquista española”, él fue guerrillero, espía y principal figura de la resistencia, devenido en leyenda popular.

Durante la ‘Patria Nueva’, tras la derrota de Rancagua, Rodríguez conspiró para deponer del cargo de director supremo a Bernardo O’Higgins. Él reapareció en la escena pública tras Cancha Rayada, cuando se creyó que O’Higgins estaba muerto, asumiendo brevemente como director supremo interino en Santiago, y logró evitar el desbande general patriota, consiguió reclutar soldados y reorganizar las fuerzas. Dejó su pu esto una vez que se supo que O’Higgins no había muerto, y luego de la victoria en Maipú, fue detenido por O’Higgins, y asesinado de un balazo por la espalda en las cercanías de Til-til mientras lo trasladaban a la cárcel de Quillota.

El nuevo ejército patriota eran 4.900 tropas y 21 cañones, en gran parte rescatado por Juan Gualberto Gregorio de Las Heras de Cancha Rayada, donde había logrado salvar a la mitad de los soldados.

Las Heras había tenido ya un desempeño importantísimo en Chacabuco aunque en el Sitio de Talcahuano, perdió la mitad de sus hombres en un asalto desastrozo, consecuencia de que O’Higgins escuchó a quien era su asesor, el mariscal Miguel Brayer.

San Martín ajustó, más tarde, cuentas con el mariscal Brayer, cuando lo trató de “cagón” porque invocando una vieja herida de guerra no quiso ir al combate. “Señor genera l, el último tambor del ejército unido tiene más honor que usted”, le dijo después de Cancha Rayada, cuando llegó a Santiago aconsejando la rendición.

Del otro lado, el español Mariano Osorio, gobernador de Chile y encargado de destruir ‘la Patria Vieja’, tenía más de 5000 hombres y 12 cañones.

Los patriotas se instalaron en el llano de Maipú, cerca de Santiago. San Martín dividió sus tropas en 3 cuerpos, formados en dos líneas:

· el ala derecha al mando de Las Heras,

· el ala izquierda al mando de Rudecindo Alvarado, comandante del Batallón Cazadores de Los Andes y del Regimiento de Granaderos a Caballo, quien más tarde sería Gran Mariscal del Perú; y

· la reserva, a cargo de Hilarión de la Quintana.

El mando general de la Infantería estuvo a cargo de Antonio Go nzález Balcarce.

Ver video Sorpresa de Cancha Rayada (IV)

Ver video Batalla de Maipú (V)

Los españoles resistieron el 1er. ataque, y se lanzaron contra el ala izquierda, haciéndola retroceder en forma desordenad. Pero la artillería y la caballería patriota lograron equilibrar la situación, y dispersar a la caballería española, dejando sin cobertura a la infantería y artillería.

San Martín decidió dar el golpe final con un “movimiento oblicuo”, a cargo de la reserva.

El “movimiento oblicuo” es una maniobra que inventó el general Epaminondas, de Tebas, triunfador sobre Esparta y consiste en atacar en diagonal, con todo lo que cuenta, sobre el flanco más débil del contrincante. Napoleón Bonaparte utilizó ese recurso.

En Tebas, la idea de una línea de ataque descompensada u “orden oblicuo”, y la reversión del orden de colocación de las tropas fueron innovaciones de Epaminondas, inventor de la táctica militar de rechazar uno de los dos flancos.

O’Higgins, con su herida abierta, aportó 1.000 hombres a sus órdenes. O’Higgins, había escuchado en Santiago el duelo de artillería, y se dirigió hacia el campo de batalla con los coroneles Manuel Rodríguez, Tomás Vicuña y Ramón de Arriagada. Llegaron cuando los españoles se replegaban hacia la hacienda de Espejo, participando del final del combate.

Según San Martín, “jamás se vio una resistencia más vigorosa, más firme y más tenaz”.

Las cifras del combate fueron abrumadoras para los españoles: más de 1.000 muertos, 2.500 prisioneros, incluyendo a todo su Estado Mayor.

Osorio había huido del campo de batalla, pero el bravo general José Ordóñez -quien habia sido compañero de armas de San Martín en la batalla de Bailén- batalló hasta el último cartucho. Al final se rindió, con sus colaboradores, los generales Antonio Morgado y Joaquín Primo de Rivera. Junto a ellos también declinaron las armas los sobrevivientes del Burgos, el temible regimiento que marchaba al combate con sus banderas enarboladas al viento y sus consignas. “Aquí está el Burgos. 18 batallas ganadas. Ninguna perdida. Viva el rey”.

En Maipú perdieron el invicto.

La llegada de O’Higgins al galope, con el brazo vendado, fue un golpe motivacional y ambos generales celebraron la victoria con el abrazo de Maipú, que no fue tal porque O’Higgins tenía herido su brazo derecho.

Maipú quebró para siempre el nervio militar del ejército español en Sudamérica, y llev ó a sus fuerzas a un progresivo desánimo que culminaría con la batalla de Boyacá y Ayacucho.

En el parte militar, San Martín no dio demasiadas explicaciones sobre su táctica. Las Heras se lo reprochó, pero San Martín le respondió: “Si digo algo más van a gritar por ahí que quiero compararme con Napoleón o Epaminondas…. Al grano, Las Heras, al grano. Hemos derrotado a los godos para siempre y vamos al Perú“.

San Martín fue generoso en la victoria. Un asistente le trajo la mochila de Osorio. Allí había cartas escritas por hacendados chilenos después de Cancha Rayada sometiéndose al general español. San Martín ordenó quemarlas: “Que nunca se sepa lo que ellos desearon a espaldas de la causa americana… no vale la pena matarlos, que vivan para disfrutar de su libertad”.

Sorpresa de Cancha Rayada (IV)

 


Batalla de Maipú (V)

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