TIEMPOS DE GLORIA: 2 DE ABRIL DE 1982. “OPERACIÒN ROSARIO”

TIEMPOS DE GLORIA: 2 DE ABRIL DE 1982. “OPERACIÒN ROSARIO”, CORRIENDO CONTRA EL RELOJ, Y TRAS 149 AÑOS DE PACÌFICA Y DIPLOMÁTICA PACIENCIA, ARGENTINA RESPONDE A SIGLO Y MEDIO DE AGRESIÒN Y USURPACIÒN ARMADA BRITÁNICA

El 20 de julio de 1981 el ministro Ridley informa al canciller lord Carrington respecto a su entrevista con el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Oscar Camilión, y afirmaba “…Si para principios de 1982 la Argentina llega a la conclusión de que el gobierno británico no podìa o no quería negociar seriamente, probablemente hubiera actos de represalia: en primer lugar mediante el retiro de las comunicaciones, el combustible y otras facilidades que proveía; EN SEGUNDO LUGAR MEDIANTE ALGUNA FORMA DE ACCIÒN MILITAR”, cómo y tal cual consta en el Informe Franks.

Los británicos eran concientes que con ya 149 años de ocupación armada de las islas, a punto de cumplirse los 150 años de permanencia continúa, Gran Bretaña podía sentar principios soberanos de permanencia demográfica para con sus colonos, y abriendo así la posibilidad mediante el derecho a la autodereminación, para una independencia de Malvinas, que obviamente se transformaría en un Estado Libre Asociado, o sea una Colonia con otro nombre, pero que seguiría siendo ocupada bajo protección británica, y Argentina perdería todo soberano derecho sobre esos territorios. Desde ya, el entonces presidente de facto de la Nación Argentina, el general don Leopoldo Fortunato Galtieri, no lo iba a permitir.

Luchando contra reloj, la acción argentina para resolver el conflicto se había intensificado desde la decidida posición del gobierno constitucional de doña María Estela Martínez, en 1976, momento en que la paciencia argentina llegó a su límite, llegando nuestro país a correr a cañonazos hasta Port Stanley a un buque usurpador (el incidente del 4 de febrero de 1976 entre el destructor ARA “Almirante Storni” y el buque de investigaciones RRS “Shackleton”), a consecuencia del cual la presión argentina se intensificó, siempre encuadrada en el marco brindado por las Resoluciones 1514, 2065 y 3160 de la ONU, y a las cuales a fines de 1976 se agregó la 31/49, ¡y todas favorables a Argentina!, pero que Gran Bretaña jamás acató.

Sin rodeos de protocolo ni ambigüedades, la posición argentina era legal, firme y sincera, y en febrero de 1982 la administración Galtieri presentó una propuesta definitoria, que concluía la misma afirmando “…Por lo demás, si eso no ocurriera (la pronta resolución del contencioso), la Argentina mantiene el derecho de poner término al funcionamiento de ese mecanìsmo diplomático y de elegir libremente el procedimiento que mejor consulte a sus intereses”.

“Hacia mediados de febrero (de 1982; cuenta el almirante Gualter Allara, comandante de la Flota de Mar de la Armada Argentina) se había finalizado, por parte de un comité de planificación, que había ordenado la Junta Militar y que estaba integrado por el general Garcìa, el almirante Lombardo y el brigadier Plesel, y con el cual nosotros colaborábamos, la tarea de elaborar un plan para la recuperación de las Malvinas, que hasta esa fecha era de carácter preventivo y no tenía ninguna fecha probable de ejecución”. Este plan sentaba su pilar en el grado de adiestramiento de la Fuerza, que al iniciarse el año era bajo debido a que el núcleo de la misma se basaba en personal conscripto de reemplazo, y por lo tanto debía aguardarse hasta el mes de julio de 1982 para estar en condiciones reales de operación; ¡y así se acordó!, y se comunicó a la Junta, que ya en conocimiento de la situación debía fijar la fecha.

En todo caso, aún faltaban no menos de 5 meses para ejecutar el plan, lo que dejaba gran margen de preparación militar, y acción diplomática, ya que recién el 4 de enero de 1983 se cumplían los 150 años de la invasión, usurpación e inmediato asentamiento colonial británico. La única otra opción era la pasividad absoluta, y perder para siempre la posibilidad de hacer valer en los foros y el Derecho Internacional, los soberanos derechos argentinos.

El 2 de Abril de 1982, con el BDT (Buque Desembarco de Tanques ARA “Cabo San Antonio”.

Pero los acontecimientos se precipitaron. A principios de marzo de 1982 se produce el incidente de Georgias del Sur, también ocupadas colonialmente por Gran Bretaña, en que un grupo de chatarreros argentinos contratados por los británicos y autorizados por lo británicos, y que debían desguazar instalaciones balleneras abandonadas en Port Leith, fueron intimados por militares científicos británicos, y luego por autoridades y tropas británicas, para abandonar las islas, aduciendo los colonialistas que los argentinos no se habían registrado ante autoridades migratorias, ¡cosa imposible ya que no había autoridad británica alguna con poder de autorizar eso en Georgias!, y además de ya haber recibido autorización de la Cancillería británica, los argentinos contaban con tarjetas blancas que les permitían operar legalmente en las condiciones que lo hacían.

 

No obstante esto, y sabedores los británicos, con 149 años de experiencia en tratar con pacientes argentinos que siempre se ajustaron a derecho en un pacífico, interminable y vano intento de restitución, de la pasividad argentina, el 23 de marzo, según narra el Informe Franks, que ante cualquier bravuconada argentina jamás iba Argentina a intervenir militarmente, ya que “…los argentinos tratarían de aumentar temperatura, pero detendrían la operación antes de llegar al derramamiento de sangre”.

Obviamente no era así, y curiosamente ese mismo día, en clara defensa de los ciudadanos argentinos que trabajando CON PERMISO BRITÁNICO eran amenazados en Georgias del Sur, y en clara legítima defensa de la agresión que nuestro país sufría desde 1833, se daba inicio a la Operación Rosario. Esa mañana el comandante de operaciones navales, vicealmirante Juan José Lombardo, ordena a los comandantes de la Flota de Mar e Infantería de Marina, contraalmirante Gualter Allara y contraalmirante Carlos Busser respectivamente, “acelerar el planeamiento de la operaciòn en tal forma de estar listos para zarpar en el término de 48 a 72 horas”.

 

Tropas del BIM2 (Batallón de Infantería de Marina 2) desembarcan en Port Stanley, isla Soledad, Malvinas.

Así y todo, los mandos navales pensaban aún que sólo era otra de las tantas operaciones previsoras, que jamás llegaban a ejecutarse, como bien decía el contraalmirante Busser, que “El tema de la captura de Malvinas es un viejo problema que muchas veces se ha analizado en las escuelas de guerra y en los comandos como marco de ejercitaciones y estudios, de modo que para el espíritu de muchos, casi para el de todos, ésta era una más de esas tareas de planificación que, luego de finalizadas, van a descansar a un archivo”.

Pero esta vez había un hombre decidido a aprovechar todas los recursos que Argentina tenía, antes de perder nuestros derechos, el general Galtieri, y esto no sería un ejercicio más, ¡SE IBA A DEFENDER LA PATRIA!!!

El 28 de marzo de 1982 las fuerzas de asalto anfibio se embarcaron en las designadas Fuerzas de Tareas 40 y 20, para intervenir sobre Malvinas y Georgias de Sur. Las tareas asignadas por la Junta eran claras: “un traslado por mar hasta el objetivo y un desembarco de tropas de infanterìa de marina ejecuta la operación en tierra”. El contraalmirante Allara fue designado comandante de la operación, el contraalmirante de Infantería de Marina, Busser fue designado comandante de las fuerzas de asalto; mientras que por Ejército se designó al general Garcìa, comandante del V° Cuerpo de Ejército, como comandante en jefe del ya denominado Teatro de Operaciones Malvinas (que luego se designó Teatro de Operaciones Atlántico Sur).

Las fuerzas argentinas estaban integradas por el portaaviones ARA “25 de Mayo”, y los destructores Tipo 42 ARA “Hércules” y ARA “Santìsima Trinidad”, este último como buque insignia de la operación donde se embarcó Allara; el rompehielos ARA “Almirante Irizar” y el BDT (Buque Desembarco de Tanques) ARA “Cabo San Antonio”, y el submarino tipo GUPPY II ARA “Santa Fe”; y cuyo componente aéreo eran 8 cazabombarderos A-4Q, 4 exploradores antisubmarinos S-2E y 4 helicòpteros SH-3D y 3 SA-316B embarcados en el portaaviones (los Sea King para el asalto anfibio operaron luego desde el rompehielos), 1 SA-330L de Ejército en el rompehielos, y 2 HAS.23 desde los destructores.

El componente de asalto contaba con el Batallón de Infantería de Marina 2 (BIM2), el Batallón de Vehículos Anfibios con blindados LVTP-7 y LARC-5, fracciones de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos, y una compañía reforzada del 25° Regimiento de Infantería de Ejército, con su comandante a cargo, el mítico coronel Mohamed Alì Seineldin; todo ello en la que era ya la FT40.1. Mientras que en la que se constituyó FT 60, conformada por la corbeta tipo A-69 ARA “Guerrico” y el buque polar ARA “Bahía Paraíso”, con un helicóptero SA-316B de Armada y un SA-330L de Ejército operando en este último, y con una compañía de Infantería de Marina y una fracción de Comandos Anfibios, con destino a Georgias del Sur.

La navegación, con pésimas condiciones meteorológicas, se ejecutó lo más cerca posible de la costa para evitar su posible detección por submarinos ingleses, y con rumbo sur, para una vez superado el paralelo Malvinas, a la altura de Isla de los Estados, con la intención de despistar cualquier seguimiento, girar al este para, una vez superado el meridiano Malvinas girar al norte y así llegar al que entonces aún era Port Stanley por rumbo sur, e iniciar el asalto, de madrugada para obtener sorpresa y evitar la presencia de civiles para no producir bajas inocentes ante la posibilidad de resistencia armada del destacamento Royal Marine, de entidad compañía, que había en las islas, y en ese momento contaba con dotación doble, ya que figuraban la partida de 1981 y su relevo de 1982, y así en Malvinas en lugar de 44 efectivos había un total de unos 90, ya que se unieron algunos elementos reservistas de las FIDF (Falklans Island Defence Force), mientras que otros 22 royal marines se habían trasladado a las islas Georgias del Sur. Inicialmente, y de no haber inmediato cambio en la postura británica (que ya se sabía no la iba a haber: no cedieron su usurpación en 149 años, no lo iban a hacer en 5 días…), se pensaba recuperar las islas iniciando el asalto hacia el 3 de abril, pero que debido a la urgencia de la Junta y ante la sospecha, cierta, de que los británicos ya estuviesen alertados de los movimientos argentinos y tomaran acciones preventivas de envergadura (submarinos nucleares, la única arma contra la que la respuesta argentina era de limitada a nula), comprometiendo la operación, se decidió ejecutar un acercamiento directo, con rumbo de aproximación desde el norte, con lo cual se tomó rumbo este para luego converger sobre el objetivo, y así se ganó un día de aproximación.

Desembarco de las tropas de IM

Ya en la tarde del 1 de abril se tuvo la certeza que toda sorpresa se había perdido, debido a ciertas declaraciones políticas y filtraciones de prensa, con lo cual ya se sabìa habrìa resistencia. Sin embargo, los británicos desconocían aún la entidad de la fuerza argentina, y pensando iba a tratarse de un inmediato asalto aéreo, bloquearon la pista del aeropuerto, y distribuyeron a su escaso personal entre éste, el faro (que era uno de los objetivos a batir por los comandos embarcados en el submarino ARA “Santa Fe”), algunos posibles puntos de desembarco, y la casa del gobernador, que se transformó en el núcleo de la resistencia, abandonando el cuartel de Moody Brook, sede de los royal marines.

Inicialmente se iba a tomar el faro y señalizar la playa de desembarco, mientras una sección helitransportada asaltaría la casa del gobernador, pero el accidente del helicóptero SA-330L Puma de Ejército, y la pérdida de sorpresa, generaron que el primer objetivo se salteara, sólo se señalizara la playa de desembarco con los buzos tácticos que desembarcarían del submarino ARA “Santa Fe”, y el asalto helitransportado se suspendiera, reemplazando este último con el desembarco subrepticio de 80 comandos anfibios desde el destructor ARA “Santìsima Trinidad”, ahora redistribuidos entre dos objetivos.

Así, en la oscura noche del 1 de abril de 1982, a las 21:30 horas, el destructor se introdujo en la bahía y las primeras tropas argentinas, buzos tácticos y comandos anfibios, iniciaron el asalto en 21 botes neumáticos, mientras otros comandos se desprendían en kayaks del submarino. Para las 23:30 horas todas las fuerzas especiales argentinas estaban ya en tierra. Mientras los buzos desembarcados del submarino señalizaron y aseguraron la playa de desembarco, los desembarcados del destructor se dividieron en dos grupos, uno a cargo del capitán de corbeta IM (Infantería de Marina) Pedro Ignacio Giachino, y otro a cargo del capitán de corbeta IM Guillermo Sánchez Sabarorts, el segundo tomando rumbo al cuartel de Moody Brook, donde serían apoyados por el grueso de tropas del BIM2 cuando desembarcaran, mientras el primero tomaría rumbo al objetivo blando, la casa del gobernador, donde curiosamente se había ya desplegado el grueso de royal marines, y tanto en número de efectivos como en poder superaban a los soldados argentinos que a cargo de Giachino iban hacia allí.

Ambos objetivos estaban a considerable distancia del punto de desembarco, y separados 8 km entre sí, de modo que ambos subgrupos iniciaron una cautelosa y silenciosa marcha, sumidos en la obscuridad, rumbo a sus objetivos, y prestos al combate. Hacia las 5:30 horas del 2 de Abril de 1982 alcanzaron sus objetivos.

Hacia las 6:30 horas, aún en la oscuridad y cuando apenas despuntaba un casi imperceptible sol en el horizonte, comenzaron los combates. El subgrupo de Sabarots encontró vacío el cuartel Royal Marine, y a lo lejos, de la dirección de la residencia del gobernador, comenzaron a llegar sonidos de disparos, de modo tal que, sin perder tiempo y conociendo la entidad de las fuerzas que debían enfrentar, y de la pequeña sección de Giachino, dividió su grupo en dos secciones y con una de ellas partió rumbo a los disparos, dejando la otra para asegurar el objetivo.

Mientras el combate se intensificaba y Sabarots con sus hombres trataban en tiempo record, aunque imposible, de salvar los 8 km que lo separaban de Moody Brook y Giachino, se iniciaba el desembarco de las fuerzas anfibias del Batallón de Vehículos Anfibios y el BIM2 y el RI25, tanto desde el ARA “Cabo San Antonio” como desde el ARA “Almirante Irizar”, convergiendo estas fuerzas, una vez tocar tierra, sobre Moody Brook, el aeropuerto, la residencia del gobernador y la ciudad.

Los efectivos británicos habían ya abandonado el faro y el aeropuerto, y se replegaron sobre la residencia del gobernador, aunque no todos lograron llegar allí antes que Giachino y sus hombres. Una de estas fracciones británicas que no logró llegar, divisó a la distancia una columna de LVTP-7 con rumbo a Moody Brook, y abrió fuego con un cañón sin retroceso Carl Gustav y ametralladora L-7, logrando alcanzar a un par de vehículos, que resultaron con daños menores y un lesionado, y desde donde los infantes de marina argentinos respondieron con sus armas y, haciendo píe a tierra, apoyados por las ametralladoras de los blindados, comenzaron a converger sobre los tiradores británicos, que sin dudarlo se replegaron, y abandonaron el combate.

A estas alturas Giachino y sus hombres estaban en una situación delicada, superados 2 a 1, y ya comenzando a medir sus municiones, al responder el fuego enemigo y saber que era superado en fuerza, y a espera de los refuerzos que sabía ya venían en camino.

El combate se inició cuando el subgrupo de comandos anfibios de Giachino, tras reconocer la residencia y desplegarse en abanico al frente de ésta, intimó a viva voz, y en perfecto inglés, a que los británicos no ofrezcan resistencia, haciéndoles saber que estaban rodeados, pero recibiendo como única respuesta el fuego británico, que con gran valor y a pesar de saberse perdidos, no iban a deponer las armas sin combatir y causar el mayor número de bajas posible a las tropas argentinas.

El teniente de fragata Diego Fernando Garcìa Quiroga, que secundaba a Giachino, cuenta que “Me pegué a Giachino; el me ordenò: hábleles. Hice una bocina con mis manos y con toda voz grité el mensaje: ‘Mister Hunt (el gobernador), somos marines argentinos, la isla está tomada, los vehìculos anfibios han desembarcado y vienen hacia aquì; hemos cortado su teléfono y le rogamos que salga de la casa solo, desarmado y con las manos en la cabeza, a fin de prevenir mayores desgracias. Le aseguro que su rango y dignidad, asì como la de toda su familia, serán debidamente respetados'”. Al no haber respuesta Garcìa Quiroga repitió el mensaje. Al no haber respuesta Giachino le ordenó “Tírele un granadazo”, y Garcìa Quiroga arrojó una granada que detonó en el jardín. Recién allí los británicos respondieron “Mister Hunt is going to get out”, y pasados dos minutos Garcìa Quiroga repitió el mensaje, recibiendo allí el fuego de ametralladora inglés, e iniciándose el combate.

Capitán de Corbeta IM Pedro Ignaio Giachino

A pesar del fuego británico y la menor entidad de fuerzas con que Giachino contaba, y al ver que los británicos no cesaban el fuego, éste decidió asaltar la propiedad, y temerario encabezó la incursión, logrando ingresar a uno de los edificios y entablar combate en el interior. Arreciando el fuego británico, Garcìa Quiroga le dice a Giachino “Jefe, si no entramos nos cocinan”, a lo que Giachino respondió afirmativamente y saltando desde su posición en un instante estuvo frente a la puerta del gobernador, que a patadas la derribaron, ingresando luego a un largo pasillo. Fue en ese momento que Giaccchino y Garcìa Quiroga fueron alcanzados por las balas enemigas “Sentí que me arrancan el brazo (cuenta Garcìa Quiroga). Fue como un hachazo, luego un empujón leve, indoloro y fuego en el abdomen. Pensé en hablar, no sé que dije, llamé a mi mujer y me caí contra un pequeño cobertizo contra el que se incrustaban las balas.”

En ese momento el cabo 1° enfermero IM Ernesto Urbina, al enterarse que sus jefes cayeron, bajo fuego enemigo corrió a socorrerlos. “Me encontraba cruzando fuego con el enemigo (cuenta Urbina) cuando escuché que alguien pedía un enfermero, llamándome por mi apellido; era el capitán Giachino.., que estaba malherido. Tomé la desición de ir”; “Corrí tres o cuatro pasos y de pronto sentí un golpe en la cintura que me levantó en el aire y caí de espalda”. Los tres marinos quedaron allí, heridos y sin posibilidad de ser rescatados, por hallarse bajo tiro enemigo, durante tres horas, mientras el combate arreciaba en derredor.

Luego de la llegada de refuerzos argentinos del BIM2, pasadas las 7:30 horas, y al ver que ya no tenía sentido resistir, el gobernador establece enlace comunicación radio con el destructor ARA “Santìsima Trinidad”, y pide parlamentar, arreglando un encuentro con los mandos argentinos frente a la iglesia Católica de Port Stanley, y aunque al final se acordó realizar el encuentro en la misma residencia, allí estaba Hunt, vistiendo sus mejores galas en representación a la Corona británica, mientras cesaba el fuego y los tres marinos argentinos heridos eran rescatados y atendidos, participando el propio contraalmirante Busser en esa acción, llegando incluso a entablar un breve diálogo con el muy mal herido Giachino, no obstante lo cual éste fallecería poco después de ser trasladado, en el hospital de Stanley.

El contraalmirante Busser, acompañado por los capitanes IM Roberto Roscoe y Oscár Monnereau, a continuación, desarmados y con una bandera blanca partieron para parlamentar con Hunt, uniéndosele en el camino el vicecomodoro Gilobert de Fuerza Aérea Argentina y, a pesar que el coronel Seineldin también quiso participar del acto, Busser le pidió que no lo haga, ya que “estaba vestido como un comando, con su cara pintarrajeada de negro y con un chaleco cargado de granadas. Su aspecto era lo menos tranquilizador que podía imaginarse. Le dije que por ese motivo no lo llevaba. Él lo comprendió.”

A continuación se produjo el encuentro y la posterior firma de capitulación. Cuenta Busser que “Tuve una extraña sensación, me parecía estar sentado en la butaca de un cine viendo una película con un tema colonial del imperio británico, una película del período colonial inglés en la India”. El despacho del gobernador estaba completamente desordenado por el combate, y cuando Busser intentó estrecharle la mano, Hunt se negó, y no perdió un instante en intimar a los mandos argentinos para que abandonen las islas. Dice Busser que “No pude menos que admirar la sangre fría que demostraba este hombre y el perfecto adiestramiento que tenía para estas situaciones de crisis.” Busser no se anduvo con rodeos, y le respondió a Hunt diciéndole que “Desembarcamos en la misma forma que ustedes lo hicieron en 1833, y mis órdenes son desalojarlo a usted y a las tropas británicas para restituir el territorio a la soberanía argentina”.

Hunt consultó sólo con una mirada a los mayores royal marine Norman y Noot, y éstos asintieron. De inmediato ordenó la rendición de las fuerzas británicas. Hacia las 9:30 horas de ese 2 de Abril de 1982, las islas Malvinas que a pesar de estar bajo ocupación armada extranjera desde hacía casi 150 años nunca dejaron de ser argentinas, volvían a teñirse de Celeste y Blanco patrio. Ese mismo 2 de Abril, consolidada la posición y a pesar de aún haber unos pocos soldados ingleses escondidos, se ordenó despejar la pista del aeropuerto para iniciar el puente aéreo, y de inmediato se inició el repliegue militar argentino, ya que el plan contemplaba sólo mantener al 25° Regimiento de Infantería y algunos elementos de otras armas, solicitando una intervención de la ONU, hasta tanto se resuelva el diferendo como y tal cual exigían las precitadas Resoluciones del organismo internacional, y que siempre habían sido acatadas por Argentina, pero desobedecidas por Gran Bretaña.

La mayoría de los infantes de marina del BIM2 y fuerzas especiales comenzaron a partir rumbo al continente en los aviones argentinos vacío que ya habían transportado carga y personal para establecer la guarnición provisoria; ya al día siguiente los tanques se reembarcaron en el BDT “Cabo San Antonio, y para el día 5 de abril toda la fuerza anfibia había ya abandonado las islas, con los buques navegando en forma separada para evitar ser emboscados en conjunto por algún submarino tipo nuclear enemigo que pudiera haber ya operando en el lugar. El 6 de abril la Fuerza de Tareas estaba ya en la Base Naval Puerto Belgrano. La Operación Rosario había finalizado.

Pero la guerra había comenzado. Tan pronto arribar a puerto la Flota, el contraalmirante Allara recibe la orden de prepararla para enfrentarse al enemigo, ya que la Royal Navy había iniciado su despliegue masivo rumbo al Atlántico Sur. La ONU emitió la Resolución 502 que exigía el retiro total de tropas argentinas de las islas, y el regreso de la Flota británica, algo que Argentina no tenía problema en acatar, para que la ONU intervenga y se resuelva el contencioso de acuerdo a las normativas y Resoluciones dispuestas por esa misma organización (las cuales en su totalidad favorecían la postura Argentina), pero el despliegue británico continuó y se intensificó, y la ONU no hizo ni el menor intento de desplegar una fuerza mediadora. La guerra aún era evitable, pero Argentina debía proteger las islas, e inició el envío masivo de fuerzas para llevar a cabo tal labor y ante la falta de garantías de la ONU. Pero esa ya es otra parte de esta otra historia.

Buenos Aires, 2 de abril de 2018

Arq. José Marcelino García Rozado

Ex Subsecretario de Estado

AREA DEFENSA – ICIMISS – CIMISS

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