INFORME RESERVADO – CONSULTORA DE ANALISIS POLITICO

La inflación, escollo para Macri

El gobierno del presidente Mauricio Macri recupera imagen con los debates sobre la Justicia y el aborto. Pero la inflación es lo que más preocupa a los argentinos. Con la baja de la pobreza, el jefe de Estado transmitió certezas. La escena tuvo lugar el último miércoles en la quinta de Olivos. Desde allí dio el presidente un mensaje que el gobierno quiere fijar como una verdad ante los argentinos: que el camino elegido para la economía es el “correcto”, algo que se puede verificar en estadísticas ahora más confiables del INDEC, como el descenso de la pobreza y la desocupación.

Ese mensaje presidencial viene siendo reiterado desde la reunión del gabinete nacional realizada a puertas cerradas en febrero pasado en Chapadmalal. ¿Por qué el gobierno insiste tanto con esa idea? Porque percibe que en la sociedad –y no sólo en el “círculo rojo”- hay dudas al respecto. Por ende, los responsables de la comunicación oficial llegaron a la conclusión de que no hacen efecto las declaraciones de buena voluntad.

La metáfora del “crecimiento invisible” que había elaborado el propio Macri ante el Congreso el primero de marzo fue contraproducente, ya que propagó la imagen de un gobierno apegado en exceso a los fríos números macroeconómicos. Las encuestas reflejan que la mayoría responsabiliza a la actual gestión por la situación económica. Mientras que, en forma paralela, los sondeos comenzaron a reflejar –por primera vez- que la mayoría de los consultados responsabiliza al actual gobierno, en detrimento del anterior, por la situación que atraviesa la economía.

El blindaje de la “herencia recibida” se ve perforado, en este marco, por la persistencia del fenómeno inflacionario. El presidente, que está informado de esos sondeos por los funcionarios que se encargan de monitorear la opinión pública, definió no pararse en el lugar de la negación, como sucedió con frecuencia en la historia nacional, sino en el sitio del que reconoce el problema. Por eso admitió el viernes que la inflación “pegó un rebote” a raíz del ajuste de las tarifas, que fue fuerte en marzo.

Como también la oposición consume encuestas, sus dirigentes saben que seis de cada diez consultados califica como negativa a la política económica del gobierno y ponen el dedo en la llaga. Subidos a ese tren, algunos sectores cometen el error de poner en duda los números del INDEC, en la búsqueda de generalizar la impresión de que “a Macri no le interesan los pobres”. Pero el oficialismo viene de redondear uno de los mejores tramos de gestión desde las últimas elecciones, al poder mostrar números positivos por primera vez en meses.

Entre ellos figuran el indicador de pobreza, que bajó tres puntos en su última medición; la actividad viene de registrar una mejora del 4% interanual; en tanto que la industria anotó un crecimiento del 8% y la venta de autos redondeó el mejor primer trimestre de la historia. Sin embargo, hay otro indicador que también viene tocando un récord. Y esto preocupa especialmente a los industriales, porque es una variable que se suele disparar en momentos en que el tipo de cambio muestra algún nivel de debilidad competitiva.

Se trata del déficit de la balanza comercial, que se disparó hasta los u$s1.900 millones entre enero y febrero, un rojo siete veces superior al de igual lapso del año pasado. Las importaciones, en tanto, totalizaron casi u$s10.950 millones, anotando un récord histórico para un primer bimestre. Estas cifras fueron el marco de la dura contienda que mantuvieron la UIA y el gobierno: desde la cúpula de la entidad hicieron un fuerte reclamo por el salto importador y por la presión impositiva, que terminan impactando en la producción nacional.

Desde el Ministerio de Producción tratan hasta el día de hoy de desactivar la teoría de la “invasión importadora”, alegando que se viene de un largo período con restricciones y que una proporción importante (cerca del 70%) son bienes de capital o insumos para la industria. Y agregan que el problema no está tanto en lo que compra la Argentina al mundo sino en la baja performance exportadora.

Desde un amplio abanico de sectores productivos afirman que los problemas para hacer frente a la competencia importada y pelear en las góndolas del exterior es una realidad. El consenso entre los industriales es que el avance del dólar, que se apreció cerca de un 17% en los últimos tres meses y casi 30% en doce meses, se va diluyendo frente a la suba del costo argentino, esa pesada “mochila” que incluye presión impositiva, costos laborales y logísticos y demás variables.

“Pese al techo impuesto en las paritarias y a los tarifazos, el gobierno tiene cada vez más dificultades para cumplir con la recalculada meta inflacionaria del 15%. Ahora, los mercados pronosticaron una inflación del 20,3% para este año y un crecimiento económico menor al esperado. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que realiza el Banco Central en base a las previsiones de consultoras privadas, analistas extranjeros y centros de estudios, la proyección de inflación se incrementó 0,4 punto porcentual respecto a febrero pasado.”

La inflación núcleo esperada para el 2018 aumentó 1 punto porcentual respecto a la medición de febrero pasado, al pasar de 17,1 a 18,1 por ciento, de acuerdo con el relevamiento. En tanto, la expectativa de crecimiento económico se redujo 0,2 punto porcentual respecto al relevamiento de febrero, al caer desde 2,7 a 2,5 por ciento, mientras que se elevó ligeramente el crecimiento esperado para 2019, a 3,1 por ciento.

El REM es seguimiento sistemático de los principales pronósticos macroeconómicos de corto y mediano plazo que habitualmente realizan analistas especializados, locales y extranjeros, sobre la evolución de variables seleccionadas de la economía argentina. Se relevan las expectativas sobre los precios minoristas, la tasa de política monetaria del BCRA, el tipo de cambio nominal, la actividad económica y el resultado primario del sector público nacional no financiero.

En base a la proyección del mercado, la inflación del corriente año se ubicaría 5,3 puntos porcentuales por encima de la meta del 15 por ciento fijada por las autoridades para 2018. En lo que respecta a la tasa de política monetaria, que en la actualidad se ubica en 27,25 por ciento, los analistas de mercado proyectan para abril que la tasa se mantendrá en ese guarismo y que de cara al futuro se podrá dar “un sendero de reducción gradual hasta 22,5 por ciento a fines de 2018”.

Para el dólar, el REM proyectó para los próximos seis meses un rango de entre 20,4 y 21,6 pesos por cada unidad de la divisa estadounidense, mientras que para fines de 2018 se espera un precio de 22,5 pesos, con una corrección al alza para prácticamente en todos los períodos relevados respecto de la encuesta previa. Vale recordar que el gobierno fijó sus metas de inflación en 10% para 2019 (4,3 puntos porcentuales menos que la proyectada por el mercado) y 5% para 2020 (cinco puntos porcentuales menos que lo informado por el REM).”

  • El escenario político en el interior

 No habrá, al menos por ahora, foto grupal con todos los gobernadores. En la Casa Rosada están convencidos de que el inicio de la segunda mitad del mandato de Macri y la campaña presidencial que se avecina son dos incentivos para que los jefes provinciales empiecen a ponerse mucho más revoltosos de lo que fueron hasta ahora. Con esa radiografía, juntar a todos -razonan desde el oficialismo- no es conveniente.

Es el argumento que esgrimen en el gobierno para explicar la ronda de encuentros que el jefe de Estado mantendrá, y por separado, con los gobernadores, a los que convocará por región. Con la mira fija en las elecciones del próximo año en las que Macri buscará ser reelecto. Ayer se reunió con el misionero Hugo Passalacqua, y siguen en la lista sus pares Gustavo Valdés, Gildo Insfrán y Domingo Peppo, de Corrientes, Formosa y Chaco, respectivamente.

La seguidilla de encuentros previstos por el gobierno se da en medio del todavía incierto intento del peronismo por reconvertirse e impulsar algún candidato en condiciones de darle pelea al oficialismo. El problema de los gobernadores es el mismo de estos últimos dos años: la vigencia de un sector del PJ aún alineado detrás del kirchnerismo. En especial en la provincia de Buenos Aires. El gobierno, por el contrario, ya definió puertas adentro que Macri va a pelear por la reelección.

Pero a diferencia del año pasado, el macrismo sigue con atención el termómetro social y político en el interior del país para delinear la estrategia electoral del 2019. En las últimas legislativas, la figura del jefe de Estado fue esencial para triunfos en provincias como Córdoba, Salta o Santa Fe. En algunas de ellas, cambió el escenario y en el oficialismo se empiezan a convencer de ahora el panorama podría ser otro. En parte por el desgaste de la gestión, traducido en la magra situación económica y social y en los tropiezos de algunos funcionarios.

En ese sentido, hay distritos en los que el oficialismo aún no logra hacer pie, como Santiago del Estero, Misiones, Formosa, Río Negro o San Juan, provincias dominadas por gobernadores del PJ de alta consideración social. En San Juan, por ejemplo, la figura de Sergio Uñac desluce las posibilidades del diputado Eduardo Cáceres, el referente provincial de Cambiemos. Sergio Whisky, otro de los integrantes del bloque oficial de la Cámara baja, tampoco termina de levantar en Río Negro. En Tucumán hay exceso de internas.

En Santiago del Estero, Cambiemos está acéfalo. El año pasado hubo un ofrecimiento formal a Margarita Barrientos para presentarla como candidata a gobernadora. Rechazó la invitación. En las últimas semanas, la dirigente social se mostró mucho más abierta a ingresar formalmente a la política partidaria. Con excepción de los distritos gobernadores por el oficialismo, que van a unificar el calendario electoral -Horacio Rodríguez Larreta debe primero modificar la ley vigente-, el resto de las provincias tiene previsto por ahora desdoblar el cronograma de elecciones.

Es producto de la dispersión del PJ. El gobierno ambiciona con un escenario opositor del peronismo partido al menos en dos. Un candidato K y otro que represente a los gobernadores, o a una buena parte de ellos, como Juan Manuel Urtubey. Pero quienes al principio se ilusionaron con la foto de gobernadores peronistas mezclados con los senadores nacionales, todos con los dedos en “V” y cantando la marcha en algún salón de Gualeguaychú, deberán acomodarse a una situación más modesta.

La llamada, en un principio, “cumbre del peronismo federal” devino a una menos ambiciosa “reunión entre senadores para coordinar temas de agenda”. La cita es hoy y, por ahora, el único gobernador que pasará a estrechar las manos será el anfitrión, Gustavo Bordet. La idea del cónclave entrerriano surgió después de que el kirchnerismo más el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá; Hugo Moyano; el titular del PJ bonaerense Gustavo Menéndez; y el presidente del PJ nacional, el sanjuanino José Luis Gioja, convergieran en el “Encuentro de la Militancia”, en la bonita localidad puntana de La Pedrera.

Gualeguaychú asomó como un contrapeso al incipiente armado peronista con sello kirchnerista. El jefe del bloque Argentina Federal, el senador Miguel Ángel Pichetto, y sus pares, el salteño Rodolfo Urtubey, el cordobés Carlos Caserio, Omar Perotti (Santa Fe) y el entrerriano Pedro Guastavino coincidieron en la necesidad de contar con una agenda política propia que reforzara la identidad de este polo justicialista, opositor a Cambiemos y muy distinto al kirchnerismo.

El primer paso se daría en Entre Ríos, con la presentación de una revista doctrinaria y con la presencia de gobernadores y senadores, para seguir con distintas cumbres y actividades en otras provincias. Pero Uñac, avisó que no iría; el pampeano Carlos Verna dijo lo mismo; el resto de los gobernadores no se dieron por enterado. Días atrás, el gobernador Juan Manuel Urtubey también se bajaba: “Es una reunión del bloque de senadores con la dirigencia de Entre Ríos y me parece bueno que se vayan dando esos espacios de encuentro y discusión, ya que coincido con Miguel en que el peronismo tiene que proponer algo superador”, dijo el salteño.

Los gobernadores peronistas, aunque distantes de los K, tampoco quieren aparecer tan temprano alineados a un grupo huérfano de cacique indiscutible. Se mueven cautos. Varios de ellos (Uñac, Bordet, Verna, Lucía Corpacci) enviaron a ministros, secretarios e intendentes a La Pedrera. “Bordet puede reelegir, igual Uñac, son jóvenes; Urtubey no tiene reelección por lo que se ve obligado a jugar fuera de la gobernación. Hoy la mayoría de los gobernadores peronistas concentran sus esfuerzos en las gestiones y electoralmente piensan en retener sus provincias. Muy temprano para jugar las fichas presidenciales”, comentan en el PJ.

El grupo de Pichetto, confió un operador del sector, apunta a construir un peronismo que en 2019 pueda ofrecer candidaturas “equilibradas, capaces de ser votadas por una parte de quienes eligieron a Cambiemos en 2015, poderosas para un ballotage”. Mencionan a Sergio Massa, José Manuel de la Sota y también a Urtubey. “Yo aspiro a una gran primaria, donde participen todos”, enfatizó Gioja, marcando su preferencia por otro camino al apuntado por los senadores peronistas.

  • Cornejo y el futuro de los radicales

Lo que están viviendo los radicales dentro de Cambiemos es más para el diván que para la mesa de negociación política. Y si se trata de mendocinos, más aún, porque tienen a Alfredo Cornejo como presidente del partido a nivel nacional y, por lo tanto, la figura más expuesta de la UCR y a la que hay que cuidar, ubicar y defender de cualquier vendaval, interno o externo. ¿Qué pasa si no logran “colocar” en un puesto de poder al gobernador mendocino que no tiene reelección?

Los más desinformados encuentran fácil, cómodo y buen tema de conversación meter a Cornejo en la fórmula presidencial, acompañando como candidato a vicepresidente a Macri que, tal como puede observarse, ya está en campaña por la reelección. Pero el gobernador de Mendoza no será candidato a vicepresidente de Macri por muchos motivos, pero fundamentalmente por uno: porque quién ocupe ese lugar en la fórmula lo decidirá Macri y no será Cornejo. Los más conservadores sostienen que podría hasta ser la mismísima Gabriela Michetti, de rol indefinido y hasta muchas veces torpe, pero sin pretensiones (al menos que se puedan hacer realidad) para sí.

Será una mujer, una vez más. Eso no lo decide la política, es prioridad de Macri y de Jaime Durán Barba. La fórmula presidencial es parte de la “marca” a “venderle” al electorado y son pocos los que en la política manejan ese lenguaje como sí parece saber hacerlo el presidente, tal como lo demostró en su discurso de inicio del año legislativo. Otra hipótesis, dicen, será Carolina Stanley, si es que consigue consolidar la baja de la pobreza y, con eso, levanta el perfil en función de datos duros palpables.

¿Y Lilita? Dicen que Elisa Carrió no lo blanquea, pero se entusiasma, aunque en la Casa Rosada pierden el sueño antes esa idea. Lo dirá la sociedad en las encuestas previas. El que sintonice con la gente de manera más directa y, centralmente, que no genere su rechazo, ocupará la vicepresidencia. De paso, si tiene peso político o sabe conducir el Senado, será muy bueno. En la UCR lo ponen a Cornejo en lo más alto que pueden para ver qué les toca. Saben que un ministerio es poco para quien preside la principal fuerza territorial que tiene Cambiemos.

Pero también saben que el país se tiñó de amarillo en lugares insólitos, por mérito más de las formas del discurso que usa el macrismo y de la gestión, que de la existencia de comités en cada lugar. A Cornejo se lo ve como un gestor. El contrapeso -irónicamente para los radicales, acostumbrados a la “rosca”- es que también se lo identifica como “muy político”. Esto último lo llevó a lo primero, pero tiene que mostrarse más como gestor que como rosquero. Pero no podrá sumar gestores que le respondan en todo el país si no rosquea. Gran encrucijada.

En su entorno hay una serie de apuestas en torno a qué será de Cornejo en 2019. Quienes lo conocen sabe que es incapaz de tomarse un año sabático de la política. Por eso quienes lo quieren ver activo imaginan estos caminos: Como diputado nacional, sólo si le aseguran la presidencia de la Cámara de Diputados”, en lugar de Emilio Monzó cuyo mandato vence el año próximo.  Desde allí podría ser útil no solo a Macri, sino al frente Cambiemos y, además, a los radicales que coordina.

Son muchos los radicales y macristas que imaginan al mendocino haciendo movimientos de muñeca política en el Ministerio de Interior. Los radicales quisieran que conserve la estructura que le armaron a Rogelio Frigerio, que incluye lo político, la obra pública y las viviendas. Los macristas lo restringen a lo político, dejando el tema de las obras públicas para otra cartera más afín al presidente. Lo ven a Cornejo provincia por provincia conquistando adherentes a un espacio cuyo futuro depende de que todos sigan llevándose más o menos bien. Pedro nadie se anima a pronosticar la salida de Frigerio ya que este no quiere ser candidato a gobernador por Entre Ríos. Futuro incierto para él y la UCR.

  • Panorama electoral cordobés 

El escenario electoral para los comicios a gobernador en Córdoba del año próximo empieza a lucir muy interesante ya que, como suele ocurrir en este distrito, se adelantan de las elecciones presidenciales y en esta oportunidad el gobernador Juan Schiaretti exhibe muchas más razones, sabiendo lo bien que mide el presidente entre sus comprovincianos. Y no quiere perder la provincia bajo ningún concepto pese a que lo une a Macri una muy buena relación personal de años.

 “Seguramente, a Macri le debe dar más garantías y tranquilidad Schiaretti que alguno de los suyos. Pero también es una realidad que al presidente no le va a gustar perder en Córdoba después de sacar más de 45 puntos el año pasado y más de 70 en 2015. No puede hacerse el distraído con su candidato, porque el que vota último será él. No puede dar malos ejemplos, porque los va a necesitar a todos”, dicen en esa provincia.

“El mejor candidato para tener enfrente es Ramón Mestre. En las últimas semanas, asomó la cabeza por el reclamo de los fondos y sacó rédito de eso, pero Macri no lo va a elegir. No hay un funcionario en Buenos Aires que hable bien de él. Y eso juega a favor de nosotros, porque Mestre no tiene margen para no ser candidato. Está lanzado y será difícil que le digan que ‘no’. Si lo fuerzan a jugar, Cambiemos corre el riesgo de ir a una interna o partirse, y ahí ganamos nosotros”, dice el gobernador.

 “Va a ser una elección provincial compleja: será palo y palo”. Con ese horizonte y la certeza de que el gobernador irá por su tercer período no consecutivo, el PJ ya puso sobre la mesa su programa para quedarse en el poder hasta 2023. El inédito plan de obras de infraestructura que comenzará a rendir frutos desde finales de este año, tanto en la Capital como en el interior, es el pilar del proyecto reeleccionista.

Desde lo fiscal, en la Cuenta de Inversión de 2017 se ve con claridad ese objetivo. La Provincia congeló el gasto corriente. Eso le permitió ahorrar más que en 2016 y destinar parte de esos recursos a obras. Al mismo tiempo, el Estado aceleró la toma de deuda, que se incrementó un 70 por ciento en un año para dejar un stock consolidado de 48.550 millones de pesos a finales del año último.

Mientras arrecian las críticas opositoras por este salto en el endeudamiento, el ministro de Finanzas, Osvaldo Giordano, lo minimiza y contragolpea con un argumento que se escuchará cada vez más fuerte a medida que se acerque la fecha de los comicios: “Tomamos más deuda porque la Nación no manda los fondos que comprometió para obras. El plan de infraestructura es prioridad y no se detendrá”.

En el plano político y electoral, la estrategia de UPC también está a la vista. La denominada “doble candidatura” (que los candidatos a gobernador y el vice también lideren las listas de legisladores provinciales) está a punto de aprobarse y con escaso debate en la Unicameral. Así, el menú electoral sumará ofertas en 2019. La atomización jugará en contra de Cambiemos, que poco tiene para cuestionar, ya que ese mismo sistema rige desde 1995 en la Capital y fue clave, por ejemplo, para la reelección mestrista de 2015.

El combo del PJ se completa con más fondos públicos y privados para el financiamiento de las campañas. Abre la tranquera y le sirve pasto tierno al ganado. Una tentación difícil de resistir. En materia de fondos, en realidad, lo que se hará es habilitar el blanqueo de una mayor cantidad de dinero destinado al proselitismo. Hay decenas de empresas, buena parte de las principales proveedoras del Estado, que en cada turno electoral nutren con dinero un aceitado círculo que no sólo beneficia a los oficialismos.

El rol del peronismo cordobés en el rearmado nacional del PJ aporta asimismo un elemento inquietante. Schiaretti decidió colocar sus valores en el sector del paño reservado para el peronismo federal. Ese espacio, que se apoya en la liga de gobernadores, no se pondrá colorado si en 2019 termina partiendo a la oposición y ayudando, con esa postura, a Macri en su idea de repetir en la Casa Rosada. Sin candidatos fuertes para mostrar, su mayor convicción pasa por tomar un camino alternativo al kirchnerismo. ¿Qué dirá José Manuel de la Sota al respecto?

 

06/04/2018

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