EL ÚLTIMO ROUND DE UNA PELEA DESESPERADA PARTE 2ª

A 36 AÑOS DE LA GESTA DE MALVINAS !!!

EL ÚLTIMO ROUND DE UNA PELEA DESESPERADA PARTE 2ª

Sin embargo, cuando llego me encuentro con la gente nuestra que había quedado de guardia. Rápidamente solicitamos que evacuaran a los heridos.

En mi sección hubo dos muertos y tres heridos ,en el grupo de Infantería de Marina que había venido a colocar las minas tuvo más bajas, de uno de esos infantes muerto tuve hasta el final de la guerra su fusil. Cuando cayó herido junto a mí traté de hacerlo reaccionar y me di cuenta qué estaba muerto.

Le saque la chapa de identificación y después el fusil, los cargadores el cinturón, ¡Qué increíble ! en el medio de la pelea me detuve a pensar. Aunque haya sido una fracción de segundos, me puse a pensar que estaba robando.

Enseguida me di cuenta que no era así. Simplemente evitaba que su arma cayera en poder del enemigo, además yo la necesitaba para reemplazar la mía. Después de ese combate yo había quedado, no impresionado, sino qué subestimé la capacidad nuestra.

Qué los Ingleses así no más se hubieran abierto paso entre nosotros. A pesar de la niebla qué jugaba a favor de ellos, me había hecho bajar un poco la moral. Pero eso se me paso completamente el día 8, ese día también fue importante.

El 8 una fracción bastante nutrida de Ingleses se infiltro en Goat Ridge, que es una formación de piedras de unos 15 metros de alto qué esta entre Monte Dos Hermanas y el Harriet. Allí los Ingleses fueron rechazados por la compañía comando del RI 4, acción en la que se destacó el Subteniente Pasotti y el Tte 1º Galoy.

Se les tiro con morteros pesados que estaban al mando del Subteniente Juárez. ¡Eran un espectáculo los morteros pesados! Allí los Ingleses tratan de replegarse y se dan de lleno con una sección que estaba al mando de un compañero mío del Colegio Militar, el Subteniente Giménez Corbalán, también en comisión.

Ellos vuelven a rechazarlos y entonces los Ingleses que abandonan equipos, se dirigen -en un último repliegue- hacia el Monte Dos Hermanas. Allí estábamos nosotros con dos ametralladoras. Teníamos cuatro visores nocturnos muy buenos y les causamos muchas bajas.

Capitan Lopez Paterson

Al día siguiente no encontramos muertos -los Ingleses tenían la costumbre de llevárselos- pero sí encontramos mucha cantidad de material abandonado. Les causamos muchas bajas porque yo, sinceramente los vi caer.

Ese día los castigamos muy duro. Ellos se encontraron de golpe en medio de un fuego cruzado, las ametralladoras de 12,7 de la compañía comando desde el Harriet, la sección de Giménez Corbalán, desde el Goat Ridge, los morteros y nosotros con la ametralladoras desde el otro lado.

Finalmente los hicimos replegarse y cuando termino el repliegue comenzó el clásico fuego de Artillería con que los Ingleses nos hacían escarmentar. Ese fuego continuo y pesado es el que muchas veces nos hacían pensar muchas cosas, nosotros no estábamos acostumbrados a él.

¿Cuántas veces uno ha escuchado decir que un grillo no ha dejado dormir a alguien? Nosotros llegamos a poder dormir, y a tratar de descansar, con tremendo “fondo de batalla” que había pasado a acompañarnos. En esos momentos -en que los morteros seguían cayendo y uno tenía que tratar de descansar sí o sí- pensábamos en muchas cosas: Familia, Buenos Aires, continente.

Pero fundamentalmente, en los que estábamos ahí. En los soldados, en los jefes. En compañeros, en los amigos. El Capitán López Paterson. En algún momento de la batalla tuve que reconocer las cualidades de jefe de López Paterson. Yo…….particularmente, me sobreestimaba. Creía que iba llegar a la isla, “!gritar viva la Patria¡” y empezar a los tiros y que nada me iba a importar, sin embargo, no fue así.

Me di cuenta de que había tenido y que tenía bastante miedo. Y en un momento dije ¿pero estoy temblando como una hoja?. López Paterson me levanto la moral. En ese sentido era el jefe que esquivando “literalmente” granadas de la artillería Inglesa visitaba las posiciones: era el que daba las pilas que hacía falta, el que traía 5 o 6 bufandas para los solados que había conseguido en el pueblo.

El que te conseguía un cajón de municiones. El que te ponía el hombro para que uno pudiera llorar tranquilo, el que conseguía cigarrillos. Por eso digo que es un jefe cabal. Duro, pero humano.

LA HISTORIA CONTADA POR EL SubTte Marcelo Llambias Pravaz

** Extraído de la revista La Guerra de Malvinas ( Pág 639/694 ). Ediciones Fernández Regueira .

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