QUINTANA SE ATRIBUYÓ VÍA LIBRE A STURZE

Pese al autogol con las tasas, el ‘Peña´s team’ alza la copa

Ἂν ἔτι μίαν μάχην νικήσωμεν, ἀπολώλαμεν” (“Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”), fue la reflexión en griego del rey de Epiro cuando regresaba con su ejército diezmado después de haber vencido a los romanos en Talento. El vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, que se precia a sí mismo de dilecto autodidacta de la política, parece haber aprendido el antónimo de la frase de Pirro y aprovechó los corrillos en la cena de CIPPEC para darle forma ganadora a la aplastante derrota que le infringieran “los mercados” a la política que le impuso en el Día de los Inocentes de 2017 al Banco Central de Federico Sturzenegger, de relajar las metas de inflación, bajar la tasa de interés y dejar escapar al dólar. “Le vamos a dar vía libre para que suba la tasa”,afirman que dijo quienes lo oyeron anticipar tendenciosamente lo que sucedería al día siguiente en la reunión de gabinete. Su superior, Marcos Peña, salió a relativizar esos resultados y a ratificar que seguirá la política tarifaria, pese a la creciente oposición que cundió en todo el arco político, incluidos los socios radicales de Cambiemos y Lilita Carrió, pero que el gobierno trabaja en bajar la inflación. Y la señal fue que le reintegraron el marcado monetario de la cancha a Sturze, tras haberle mandado para atrás y hacerle perder un año en lo que venía haciendo. Vuelve la Casa Rosada a alinearse con las expectativas (de ganancia) de la City y del Fondo Monetario Internacional (de IPC y PBI), de modo que se reanuda la nueva versión del carry trade para aceitar el financiamiento de los múltiples déficits, lo cual habría que agradecer al vía libre al BCRA que Quintana, en rueda informal, afirmó haber concedido.

Una copa que parece ganada por penales pero que algunso festejan. Habrá que esperar para conocer la verdad.

“La Copa / la Copa
se mira y no se toca”.
Cántico futbolero que Mauricio Macri conoce bien,
Marcos Peña quizá no tanto pero una Copa es una Copa.

 Más allá de las diferencias que los separa la visión de estrategia antiinflacionaria, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el vicejefe y monje negro Mario Quintana compartieron con el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, la representación del Poder Ejecutivo Nacional en la 15° cena anual de recaudación de fondos de CIPPEC, en La Rural.

Se entremezclaron con más de 1.200 asistentes, entre colegas del gobierno, dirigentes políticos, sindicales, empresarios y diplomáticos en un evento federal, con la presencia de 12 gobernadores, más de 20 intendentes y más de 50 legisladores. Y hasta el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, cuya relación con la Casa Rosada no pasa por su mejor momento.

La entidad anfitriona no consiguió desplazar el foco de atención de la caliente coyuntura en los círculos del poder y situar en primer plano las ideas y propuestas sobre las transformaciones globales que se están dando en el plano político, económico, social y ambiental que viene trabajando junto a los 140 centros de política pública que integran el T20, a fin de presentarlas a los mandatarios del G20.

Todavía retumbaba la advertencia lanzada públicamente por Sturzenegger de que subirá la tasa si no cede la inflación, con la Jefatura de Gabinete como clara destinataria, cuando el coordinador económico Mario Quintana intentó dar vuelta la bala y “operar” prensa en la mesa donde habían acomodado a dos periodistas. Sonriente y con impostada inocencia deslizó a modo de comentario: “Le dimos vía libre (desde la Casa Rosada) al Banco Central para que aplique el remedio monetario contra la inflación”, asegurar los testigos haberle escucharon decir.

La reunión de gabinete de la mañana siguiente le dio forma a esa presunta concesión graciable a Sturze de la mesa coordinadora de la economía que funciona en la órbita del jefe de ministros, Marcos PeñaLos miembros del Poder Ejcutivo habian estado analizando el escéptico informe del Fondo Monetario Internacional sobre las metas de inflación y crecimiento  que ya había corregido el gobierno a fines de diciembre, cuando decidió imponerle al Banco Central que bajara la tasa de interés y echara vuelo a la masa monetaria.

El FMI subió su previsión de precios al 19,2% para 2018 y redujo la de alza del PBI del 2,5 a 2%, pero recomendó “adoptar políticas que aumenten el ahorro nacional, a saber, continuar reduciendo el déficit fiscal y mantener las tasas de interés reales positivas“, según las declaraciones formuladas por el jefe de la División de América del Sur II del Fondo Monetario Internacional y jefe de misión para Argentina, Roberto Cardarelli, a la periodista Liliana Franco, de ámbito.com.

Fue a partir de los fundamentals externos, como las Perspectivas sobre la Economía Mundial (WEO, World Economic Outlook), difundidas en Washington, en la víspera del comienzo de Asamblea de Primavera del FMI y el Banco Mundial, que la reunión de gabinete nacional consumó el vía libre al BCRA que se adjudicó Quintana en la cena de CIPPEC.

Christine Lagarde a Mauricio Macri: “Adoptar políticas que aumenten el ahorro nacional, a saber, continuar reduciendo el déficit fiscal y mantener las tasas de interés reales positivas”.

Menuda gracia le habrá hecho a Sturzenegger que le tome un año más alcanzar el objetivo que se había propuesto para 2018, y aun así quedar muy por encima de la meta planteada por el Banco Central para el próximo año, que tras el ajuste de diciembre pasado había quedado fijada en 10%.

Según la encuesta mensual que realiza Focus Economics Consensus Forecast LatinFocus, donde se vuelcan las previsiones de 40 consultoras, fondos y bancos, se espera una aceleración de la inflación, que recién comenzaría a bajar a partir del 2do semestre, y a partir de 2019 descendería al escalón de 14,5%.

Gradualismo del gradualismo

Al término del cónclave interministerial, Peña ratificó que, pese a todo, siguen con la pauta del 15% de inflación, aunque aclaró que no se trata de una imposición, sino que “sirve para orientar la velocidad de la baja“. Tampoco lo definió como un pronóstico ni un compromiso, sino como “un orientador en términos de las políticas económicas”.

Transcurrida la experiencia de 3 meses de jolgorio monetario, con una expansión superior al 30%, tarifazos, devaluación, aumentos en los combustibles, inflación en ascenso y tasas a contramano en descenso, le devuelven a Sturze la misión de marcarles la cancha a los precios a través de las tasas, a fin de continuar trabajando para “seguir cumpliendo la meta de l 15%” anual de inflación, según sostuvo Peña al cabo de la reunión, con lo que aseguró que, “a partir de los indicadores de mayo, vamos a ver una merma muy significativa”. 

De este modo, en realidad, vuelven a alinearse los planetas de las expectativas del mercado (REM) con las metas reintegradas al Banco Central que cuentan con la anuencia del FMI, y así, todos juntos, brindar el marco para la reanudación del carry trade con la tasa positiva versus la paridad cambiaria estable y el tic-tac de la inflación sonando fuerte pero debajo de la ganancia concedida a los financistas de los múltiples déficits que caracterizan a la gestión económica de Mauricio Macri.

Nicolás Dujovne: Las cuentas no cierran.

Mientras tanto, la Casa Rosada insiste con mantener en las correcciones tarifarias como pilar del cronograma de reducción del rojo fiscal, para arribar a 1,2 puntos del 3,2% actual, cuando desde el FMI le reclaman “mayores recortes en el gasto para lograr alcanzar la meta de déficit primario y dejar lugar a mayores reducciones en la presión fiscal”. Es así como el Fondo, al igual que en otras oportunidades, vuelve a recomendar un ajuste en las cuentas públicas.

Decidida a tomar cartas en el asunto, la diputada Lilita Carrió quiere poner a funcionar al Congreso en el control de las empresas energéticasreceptoras del fuerte incremento tarifario, como lo eran de los subsidios económicos, a lo que Peña no se pudo negar, por más que haya descalificadola ofensiva que desde el Senado impulsa la ex Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, para retrotraer las tarifas, concebida más como bandera política que como objetivo social en sí mismo.

Aunque la gestión de Mauricio Macri prefiera subir cargas tributarias por sobre reducir las erogaciones de su administración para atacar el déficit fiscal, y endeudarse antes que aplicar una sintonía fina en las exportaciones, organismos multilaterales como el Banco Mundial le recuerdan que, para ser un país normal y conseguir el grado de inversión (investiment grade) en un plazo de 10 años, “debería tener un superávit primario de casi 7,5 puntos,mientras que para mantener su actual nivel de endeudamiento debería llevarlo a casi 6 puntos”.

De modo que el ejercicio resulta absolutamente inviable si se tiene en cuenta el compromiso de Macri de dejar al término del mandato un déficit de 1,2 punto, en caso de que se cumpla el programa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Dada la experiencia del primer medio término presidencial y que para 2019 se prevé como muy complicado lograr ajustar un punto más el rojo, a esta altura no sería demasiado aventurado vaticinar que las cuentas no cierran.

El desinfle de las expectativas que despierta la economía macrista lo expresa bien claro el párrafo que le dedica el FMI a la Argentina: “El crecimiento se espera que se modere desde el 2,9% en 2017 a 2% en 2018 (0,5 punto porcentual menos que en el WEO de octubre), debido al efecto de la sequía en la producción agrícola, como también por la necesidad de ajustes en el plano fiscal y monetario para mejorar la sostenibilidad de las finanzas públicas y reducir la elevada inflación”.

En la misma dirección, el BM quiere someter a debate, como parte de las actividades de la reunión de Primavera que comparte con el FMI, el último informe titulado “Ajuste Fiscal en América Latina y el Caribe: ¿Costos en el corto plazo beneficios en largo plazo?”, que trata acerca de si “los ajustes fiscales graduales, al contrario de los ajustes de shock, tienen costos más bajos en términos de pérdidas del producto”.

Trae a colación que los ajustes por shock eran comunes en América Latina y el Caribe en las décadas del 80 y del 90 como consecuencia de las crisis de deuda, pero desde los 2000 “han tendido a escasear hasta desaparecer”.

Como el organismo denomina shock a ajustes mayores al 8% del gasto en un año y graduales a recortes del 4% durante cuatro años, el programa del Gobierno argentino tampoco encaja en la ecuación porque representa un achique de poco más del 3% anual (y estaría por verse si esta vez no se recalcula), que equivale a 1 punto del PBI.

Tras el recorte en las previsiones de crecimiento, el FMI espera que se recupere gradualmente hasta 3,3% en el mediano plazo y de hecho, para 2019 estima un 3,2%.

La contraindicación de ese modelito de escalera para el PBI es la inclinación importadora d e la economía nacional, con lo que el equipamiento que requieren las inversiones van a parar directamente, como déficit externo, a la cuenta corriente del balance de pagos que, con la defección de las exportaciones, crea una dependencia excesiva del ahorro (endeudamiento) externo, como ya se tuvo como muestra con el resultado final de 2017.

 

 

Por RUBÉN CHORNY

Periodista.

Buenos Aires, 18 de abril de 2018

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