BUENAS Y REGULARES PARA EL GOBIERNO

Buenas y regulares para el Gobierno

Hay de todo en las apretadas cuentas públicas, de lo bueno medido según los objetivos del Gobierno y de lo no tan bueno o si se quiere peligroso.

Nicolas Dujovne y Federico Sturzenegger en un encuentro del G20 en Washington, en abril. (EFE)

Es una ecuación bien conocida, entre los economistas, que a ciertas alturas el precio de un bien o de un servicio puede derivar en baja del consumo. Sería para el caso el impacto probable del aumento en el gas, aunque las facturas sean pagadas en cuotas.

Pero hay algo más o bastante más que eso en la decisión de no dar marcha atrás con un tarifazo que ronda el 40%. Y se llama ahorro fiscal; si se prefiere, seguir recortando la pesada cuenta de subsidios. Con la energía a la cabeza, el plan de este año prevé que la poda alcance a $40.000 millones.

Achicar el déficit es una consigna que Mauricio Macri ha resuelto mantener contra vientos y mareas y, a la vez, un modo de responderles a quienes reclaman shock. Visto desde ese lugar, el saldo de la movida oficial luce favorable al Gobierno.

De la misma especie son las Letes del Tesoro Nacional que el Ministerio de Finanzas saca en cadena para tapar, justamente, el considerable agujero de las cuentas públicas.

Compiten con las ya famosas Lebac del Banco Central, los pases y las recientes Lelic también del BCRA. Y con los bonos provinciales, ahora decididamente en pesos.

Enfrentados a los costosos efectos de la inestabilidad internacional, todos han decidido jugar en el mercado local. Cada cual según sus planes, sus necesidades y sus urgencias.

La suma de los cada cual remacha otro fenómeno bien conocido aquí: no existe negocio más rentable que el negocio financiero, de corto plazo y prácticamente libre de riesgos. El correlato directo lleva el sello de desaliento a la inversión productiva, pues ante semejante oportunidad arriesgar capital tiene sentido si aparece una alternativa capaz de garantizar una ganancia igual o mayor.

¿Y si hablamos de pesos, de cuántos pesos estaríamos hablando?

– Las Lebac en circulación ya han cruzado la frontera del billón y junto a las Lelic redondean $ 1,4 billón. Traducido a dólares, el stock anda por US$ 60.000 millonesel doble que a comienzos de 2016 cuando el Central manejaba su política monetaria sólo con Lebac.

– Sin contar el paquete en dólares, las Letes del Tesoro Nacional emitidas hasta ahora anotan $ 95.139 millones, de los cuales 79.275 millones son de este año.

– Con un primer paso de $ 30.000 millones en Buenos Aires y otro de $ 2.500 millones en Río Negro, los gobiernos provinciales arrancaron la temporada 2018. Aún en etapa de tanteos hay varios más, como Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

El aumento del costo financiero internacional ha volcado las necesidades de los gobernadores hacia el endeudamiento en pesos. Es que si el año pasado afrontaron tasas en dólares del 7,5 al 9,7%, ahora les tocarían quizás 10% si no más. Demasiado caro y por lo mismo, demasiado peligroso.

También pesa un compromiso que Luis Caputo, el ministro de Finanzas, asumió en Nueva York: por lo que resta del año la Argentina no saldrá al mercado exterior. Previsible, la limitación se traslada a las provincias.

Encima, el Fondo Monetario termina de atizar el fuego: bajó de 2,5 a 2% la proyección de crecimiento, levantó al 19,2% su hipótesis inflacionaria y, tras alertar sobre el déficit del balance de divisas, aconsejó reforzar el ajuste fiscal. Se justifica de sobra que acá la palabra FMI sea considerada mala palabra, pero afuera sus diagnósticos llevan formato de encarecimiento de los préstamos.

Ha quedado claro, nuevamente, que al Fondo debe seguírselo más por sus informes y menos por ciertos gestos ocasionales de su directora. Caben ahí tanto los elogios que Christine Lagarde dedicó en Buenos Aires a la gestión de Macri como su posterior, sospresiva asistencia a un coctel que organizó la embajada argentina en Washington.

Todos los actores del escenario interior pujan en un espacio donde el crédito privado apenas representa 14% del PBI. Es tan pequeño como que en Chile toca 112%; 64% en Bolivia; 62% en Brasil y 54% en Paraguay. Dentro de ese ranking, que también revela la dimensión del ahorro interno, la Argentina está al nivel de Haití y de Camerún.

Dice Guido Lorenzo, economista de la consultora ACM: “La cuestión no pasa por la escasez de financiamiento ni por la liquidez, porque plata hay. El punto es que todo junto derive en tasas de interés aún mayores a las actuales”. Lo cual no sería precisamente una buena noticia para el Gobierno.

El Banco Central acaba de pagar 26,3% anual para las Lebac a 28 días y de renovar vencimientos por $ 512.482 millones. Evidente de toda evidencia, es de lejos el gran protagonista del mercado.

Poco antes, el Tesoro Nacional había pactado 26,47% en una colocación de Letes a 182 días. La provincia de Buenos Aires, 27% de piso por un bono a largo plazo y Río Negro, 27,50% por otro similar.

Casi ni es necesario decir que se trata de tasas de interés reales altísimas, entre las más altas del mundo. Superan en seis o siete puntos al último cálculo inflacionario del 20,3% trazado por los institutos públicos y privados que el BCRA consulta. La brecha se ensanchará si la inflación retrocede desde mayo.

La lista continúa con el 30% de las empresas y el 40% de las familias o bastante arriba del 40%, cuando cargan cuotas de las tarjetas de crédito.

La pregunta cae de madura: ¿cumplirá Federico Sturzenegger la dura advertencia que hizo días atrás, en el sentido de que aumentará la tasa si el índice de precios no baja mucho en mayo? ¿Y qué si después de julio la inflación vuelve a remontar? Además de la seguidilla del transporte, otros ajustes de tarifas asoman en el horizonte cercano.

Un antecedente: a comienzos de enero la entidad que él preside había anticipado algo parecido, si los registros posteriores eran “incompatibles con la trayectoria buscada”, o sea, con la nueva meta del 15%.

El 6,7% que el INDEC marcó para el primer trimestre lució bien incompatible con la meta, pero Sturzenegger no subió la tasa. Y si en algún momento lo intenta, pueden cruzarlo fuerte desde la Jefatura de Gabinete.

Hay de todo en las apretadas cuentas públicas, de lo bueno medido según los objetivos del Gobierno y de lo no tan bueno o si quiere peligroso.

Contra el mismo período del año pasado, durante el primer trimestre el gasto nominal en subsidios cayó 20% y nada menos que 48% en energía, o sea, gas y electricidad. Mucho más en términos reales, pues frente a esas bajas la inflación anual todavía está en 25,4%.

Y si semejantes recortes, sumados a los de 2016 y 2017, caben dentro de la categoría oficial de lo bueno, inquietante es que el siempre empinado costo de los intereses de la deuda hubiese crecido 107%.

Para que se entienda mejor cuánto pesa cada uno: el ahorro en subsidios fue de $ 28.600 millones y el gasto en intereses de $ 60.500 millones, el doble largo.

Es de este mismo boletín que a Caputo aún le falten conseguir cerca US$ 8.000 millones, hasta redondear US$ 30.000 millones en el año. También lo es que esta semana vuelva a colocar bonos en pesos y en dólares, con un detalle: los títulos en pesos rendirán inflación más 4%, una atractiva cláusula gatillo y más intereses a la cuenta de los intereses.

El combo completo explica por qué Macri no dio marcha atrás con el aumento al gas ni renunciará a algunos que figuran en la agenda del ministro de Energía, Juan José Aranguren. Recién cuando haya desactivado las bombas de tiempo del kirchnerismo y cerrado el círculo, podrá decir: “Lo peor ya pasó”. Aunque la polémica siga activa.

 

 

Alcadio Oña, para Clarin 22 de abril de 2018

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