MAYO DEL 68: LA IRREVERENCIA COMO MOTOR DEL CAMBIO SOCIAL

Con personalidades que estuvieron en las barricadas, se realizó un conversatorio sobre una de las revueltas más importantes del siglo XX.

El movimiento surgido en París a fines de los años 60, tuvo un carácter más cultural que político, según la opinión del cineasta y productor Marin Karmitz, especialmente invitado por la UNTREF para participar del conversatorio El Mayo Francés del 68 en primera persona. “Cuestionó una serie de prácticas en la escuela, en la universidad y para los intelectuales”, aseguró sobre el tema uno de los protagonistas de la revuelta francesa durante la jornada realizada en la Sede Rectorado Centro y coordinada por Diana Wechsler, directora del Departamento de Arte y Cultura.

Karmitz relató que él y otros compañeros fueron a buscar a Jean Paul Sartre y lo llevaron a la fábrica de Renault. “Queríamos que hablara con los inmigrantes. Los franceses trabajaban en condiciones más favorables y ellos eran explotados. Él tomó la palabra y se produjo una alianza”, señaló el gestor cultural francés. “El Mayo Francés nos enseñó que los ciudadanos podíamos tomar la historia en nuestras propias manos”, agregó.

El filósofo Tomás Abraham, testigo de los hechos, compartió sus impresiones al ver por primera vez a un grupo de estudiantes manifestándose en las calles, que se rebelaban contra una educación anquilosada. “Me llamó la atención el tono enérgico con el que hablaban, no era un discurso comunista, trotskista, ni siquiera anarquista, era simplemente distinto”, recordó.

Uno de los aspectos más interesantes de la insurrección fue su carácter festivo. Como contó Abraham, el tuteo se había extendido entre hijos, padres, estudiantes y profesores. Era la primera vez que los jóvenes no se vestían como los mayores y se hablaba de Vietnam, de lo que pasaba con el rock y el cine. “En mí dejó una huella: la importancia de la irreverencia seria”, resumió.

La rebelión de estos jóvenes derivó en la mayor huelga que tuvo Francia en su historia, 30 días de cese de actividades que pusieron en jaque al gobierno de Charles de Gaulle. De acuerdo a Tomás Abraham, cuando Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes estudiantiles, propuso volver a las fábricas y las aulas, fue para demostrar que la sociedad podía funcionar sin la patronal, las autoridades políticas o los viejos académicos.

Para el historiador Eduardo Jozami, el significado del Mayo Francés se expresa mejor en el grafiti que en las lecturas más ideológicas y elaboradas. “Después cada grupo político se ocupó de meter en su corsé aquello que pasó”, enfatizó. El historiador también rescató la figura de Sartre, el referente del existencialismo, y de otros pensadores como André Gorz y Herbert Marcuse, que les brindaron su apoyo a los estudiantes. “Firmaron un manifiesto en el que declaraban que lo importante, más que los objetivos, era la expresión de rechazo a todas las instituciones de la sociedad para abrir un nuevo camino”, indicó.

Como evaluaron los presentes, la revuelta no solo se centró en lo que sucedía con la educación, la vida sindical y las normas laborales, sino que instaló otros temas como los derechos de la mujer, de los migrantes y la cuestión ecológica. “Tuvo un efecto democratizador indiscutible”, dijo Jozami.

Fue además un momento en el que, como apuntó Karmitz, los franceses comenzaron a trabajar sobre la memoria. “El gobierno de De Gaulle se esforzó por esconder la colaboración con los nazis; los jóvenes del 68 fuimos los que empezamos a cuestionarnos ese pasado”, remarcó.

Mariano Mestman, especialista en arte político, comentó las conexiones de París con Argentina. Para él, la unidad entre artistas y trabajadores en el plano local se plasmó por aquella época en la vanguardia plástica rosarina y porteña, que culminó en la obra Tucumán Arde. Mestman también mencionó a escritores como Rodolfo Walsh y Horacio Verbitsky, a cargo del periódico de la CGT de los Argentinos. Pero sobre todo se detuvo en el Grupo Cine Liberación comandado por Pino Solanas y Osvaldo Getino, y su vinculación con el cine del Mayo Francés. Como mostró a la concurrencia, en el film Camaradas, de Karmitz, se reproducen algunas escenas de la película La hora de los hornos relativas a la toma de fábricas y la autogestión, una de las expresiones de combatividad que asumió la clase trabajadora por aquellos años.

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