PARIDAD, IGUALDADY FIN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO, ASOMA UN NUEVO MUNDO

Una marcha a favor de la legalización del aborto.

Hace un siglo, las primeras sufragistas feministas tuvieron que encadenarse a las rejas de los Parlamentos para que la sociedad escuchara sus reclamos. Sus detractores decían que eran feas, malas y agresivas. Hace 20 años, las defensoras de los derechos de las mujeres eran más bien académicas, intelectuales o militantes políticas y sociales, generalmente de izquierda. Pero algo ha cambiado radicalmente desde entonces. El establishment se ha vuelto feminista.

Elegantes ejecutivas de corporaciones globales de tailleur y taco aguja, dueñas de empresas, directoras de organismos multilaterales y hasta ministras y funcionarias de gobiernos de todo signo, como las de Cambiemos, se han convertido al catecismo de la paridad, la igualdad de derechos y el fin de la violencia de género. ¿Estaremos a las puertas de un mundo en el que el poder por fin se vista de mujer, con otros valores e ideales?

En los primeros meses del año, el Women 20, la rama femenina del G20, liderado en Argentina por la diputada del Pro y empresaria vitivinícola Susana Balbo y la empresaria sojera Andrea Grobocopatel, realizó foros en todo el país para elaborar las propuestas que se presentarán a los principales jefes de Estado cuando se reúnan aquí en noviembre. Participé de ese proceso y del cierre multitudinario en el hermosísimo Palacio San Martín. En mi grupo, dedicado a cómo alcanzar la paridad en el sector público, hubo total acuerdo en proponer cupos del 50% para los más altos cargos en los Poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo. También se aprobó la creación de un observatorio de la paridad, dependiente de la Presidencia, para monitorear los avances y presentar ante la sociedad anualmente una radiografía de la conformación por género de todos los ministerios y empresas estatales, del primer al último puesto.

A los pocos días partí a Panamá a la Conferencia Hemisférica de Mujeres Líderes organizada por la poderosa Americas Society de Nueva York. Esta institución, fundada por David Rockefeller, reúne en su consejo directivo a los empresarios y empresarias más influyentes del continente. Su presidenta y CEO, Susan Segal, es una exitosa banquera y gran articuladora política. Hace seis años decidió lanzar esta iniciativa feminista para alentar a las más jóvenes a no detenerse hasta llegar a los máximos puestos de conducción. Al abrir la conferencia, repleta de ejecutivas de América Central, señaló que todavía la brecha es enorme. “Las mujeres sólo encabezan 23 de las 500 compañías de la lista Fortune”, señaló. “Representan apenas el 16% de los cargos en directorios corporativos en Estados Unidos y el 5% en América Latina”.

Nuestra anfitriona, Pilar Arosemena, ex embajadora de Panamá en Francia, señaló con orgullo que en su país se aprobó una ley de cupo para que el 30% de los directorios de empresas públicas y empresas que cotizan en la Bolsa estén integrados por mujeres. Tomé nota para proponer acá una ley similar.

A mi turno, conté que en Argentina el presidente Macri había hecho propia la agenda de las mujeres: “Al inaugurar las sesiones del Congreso, anunció que enviará una ley para garantizar a las mujeres igual pago por igual trabajo; dijo que extenderá la licencia por paternidad de los hombres; que está muy preocupado por la epidemia de embarazos adolescentes; y que permitirá, como lo hizo, que el Parlamento, por primera vez en la historia, debata una ley de despenalización del aborto”. El auditorio aplaudió boquiabierto.

De regreso, encontré el Centro Cultural Recoleta pintado con llamativos rostros femeninos estilo pop. “Mujeres arriba y acá”, proclama la exposición aún en cartel. A los pocos días me convocaron para el inminente lanzamiento de WINN, Women In the News Network (Mujeres en las Noticias), un iniciativa nacida en Argentina que quiere extenderse por toda Latinoamérica, para fortalecer la presencia de las mujeres periodistas en las redacciones. Referentes.network es una organización creada por jóvenes para subsanar la escasa presencia de expertas femeninas en paneles, artículos periodísticos y eventos. Ya tienen una base de datos con 500 nombres para que no sigan diciendo: “Es que no hay especialistas mujeres en este tema.” El feminismo está de moda, y muchos varones ya apoyan la causa. Pero no todos. La otra tarde, el taxista se quejó porque habían cortado la calle Arenales que justo pasa debajo de un shopping de Palermo. Celebraban el festival “Mujeres en Alto por la diversidad”. “¿No sé qué más quieren?”, protestó el chofer.

Queremos que nuestros novios y esposos no nos maten ni por celos ni por odio y menos por amor. Queremos que nuestras hijas no sean violadas y no se embaracen a los 12, 13 ó 18 años por falta de educación y oportunidades. Como tenemos más años de educación básica y universitaria, y obtenemos los mejores promedios, aspiramos a ocupar los cargos más altos y mejor pagos. Y queremos, además, compartir con los varones el cuidado de nuestros hijos y padres mayores, para que tener familias y sociedades sanas afectivamente no sea el sacrificio de las mujeres. A los empleadores les decimos que el trabajo full-life se acabó en el siglo 21. Si el cargo exige 14 horas diarias y viajes como algo normal, que la tarea se comparta entre dos personas. Queremos ser madres, empleadas y profesionales destacadas, pero también queremos tiempo para cultivar nuestro espíritu, cuidar nuestro cuerpo y nuestros afectos y vivir con más felicidad. ¿Será mucho pedir? Miren que lo deseamos para todas y todos, por el bien de la sociedad. Sin distinciones de género.

María Eugenia Estenssoro es periodista y ex senadora.

 

Clarín,

30 de Abril de 2018

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