JUBILACIONES: ¿EL HUEVO O LA GALLINA?

Jubilaciones: ¿el huevo o la gallina?

Basavilbaso, Peña y Triaca

¿Quien puso primero el huevo o la gallina? El problema de la jubilación se debe a la cada vez menor cantidad de aportantes al sistema o bien a la desidia de los funcionarios y las de las administraciones oficiales que dilapidaron los fondos del sistema. Un poco y un poco.

Durante toda la década pasada los gobiernos populistas apelaron con decisión imperial de los fondos de la ANSES, de la misma manera que le vaciaban los bolsillos al Banco Nación y al Banco Provincia. El pretexto era que la mentada estrategia de financiación del déficit fiscal se basaba en los fondos de esas entidades y no con deuda externa. Los encargados de los fondos actuaron como fieles seguidores. El tema es que la ANSES, que en su momento era “terra incógnita”, un agujero sin contaduría a la vista últimamente está marcando sus límites y tuvo que ampararse en normas y ley. El dilema de la jubilación no es patrimonio de la Argentina, que por suerte estiró los plazos para aquellos que todavía tienen proyectos y vida activa.

Recientemente, con gran reprobación social, se pusieron en marcha reducciones de los aportes patronales. El objetivo fue crear condiciones para ofrecer más empleo a los que no tienen. Pero la decisión le quitó más capacidad al sistema, lo agravó, se puso en peligro todo porque, para poder sostenerse, tendrá que recurrir a otros fondos estatales y no a los propios. Una deuda que no podrá enfrentar. Europa está en problemas y paga, en algunos casos con cuentagotas, acumulando una deuda estatal de grandes dimensiones. En España el asunto es grave.

Todo cambia para mejor en Alemania y en los países nórdicos. En Japón, cada ciudad y además cada gran zona de la capital se ocupa – según informes públicos- en gran medida con fondos oficiales de las necesidades del sector pasivo y de institutos médicos que colaboran con la salud de los mayores. Es el otro lado del mundo, claro.

Según los estudios especializados, sin embargo, Argentina ofrece un panorama mejor que el de los otros países latinoamericanos: en nuestro país los aportes legales son del 26 % de los salarios, en tanto en Chile es del 10 % a cargo del trabajador, no el que le pone la carga en el hombro.

La gran incógnita es amplia y diversa para los especialistas de estos días, donde la población sólo se ocupa de los cotidiano y la agobiante inflación y gordura tarifaria. El futuro de la jubilación corre parejo con la automatización: los robots quitarán puestos de trabajo y, por lo tanto, habrá menos fondos para repartir entre los que se merecen.

El sistema previsional que supo tener tiempos buenos como también malísimos, representa un poquito más del 7 % del Producto Bruto en la Argentina. Pero los egresos trepan al 11,7%. En números concretos: hay más de 11 millones de aportantes y 8,3 millones de jubilados y pensionados, incluyendo. Todo se oscureció más con moratorias populistas que sumaron cerca de 2 millones y medio de personas sin pensar de dónde saldrían los recursos. Sin duda, el futuro dependerá que el mercado negro de trabajo (40 % del total) ingrese a la economía real y aporte todo lo que las crisis han saqueado.

Por Daniel Muchnik

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