LA OPINIÓN DE PERÓN SOBRE EL FMI – PARA NUESTROS LEGISLADORES NACIONALES.

Yo podría hacer inmediatamente un empréstito, pero tendría que bajar la cabeza, como Presidente de los argentinos, lo que significaría que toda la Argentina baje la cabeza.
No, señores, nosotros no vamos a hacer empréstitos. Si es necesario vamos a gastar menos en cosas superfluas. Todo lo que quieran, pero empréstitos no; empréstitos no vamos a realizar.
Vamos a conquistar la riqueza con nuestro trabajo y, si es menester, con nuestro sacrificio, pero no recurriremos al usurero. Ese camino lo conocen todos muy bien. ¡Pobre del que cae en manos del usurero! Pobre del país que cae en manos de los actuales usureros, porque esos le sacan no sólo el dinero, sino la independencia, la libertad y la dignidad”.

Tte. Gral. Juan Domingo Perón

Según “La Gazeta” Perón explicaba que: “En casi todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las lamentaciones”

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, enseguida, destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del equipo del gobierno para investigar a este”monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Breton Woods. El resultado de este informe fue claro y preciso: en síntesis, se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda.

La política de las “áreas monetarias”, después del abandono del patrón oro, ha sido fructífera en acontecimientos donde siempre el negocio ha estado de por medio. Mediante diversas maneras de deformar la realidad, se ha conformado ya una larga historia a través del “área esterlina” como el “área dólar” y, aunque el pretexto fuera dar respaldo indirecto a las monedas de los países pobres de reservas de oro, en realidad de verdad, verdad todo ha sido una nueva forma de especular con la buena fe de los demás.

Hasta después de la Primera Guerra Mundial existió el “área esterlina”, que cobijó a numerosas monedas merced al oro de Inglaterra, que la guerra fue llevando paulatinamente hacia Fort Knox, hasta el extremo de que Gran Bretaña se vio en un grave problema para sostener su área monetaria. Lo intentó hacer fundando el Banco Central de Inglaterra y declarando a renglón seguido que, si antes el área esterlina estaba garantizada por el oro de Inglaterra, ahora lo estaba por el imperio inglés.

Pero resulta que Estados Unidos en el ínterin había acumulado casi el 80% del oro del mundo y dicta su famosa Ley Fiduciaria que establecía que quien presente un dólar en el Banco de la Reserva Federal recibiría su equivalente en oro. Esta promesa, aunque jamás se cumplió, tuvo la suficiente atracción natural como para forzar hacia el nacimiento del “área dólar”. Es así como, desde ese momento, el dólar pasa a ser la moneda de cambio en el mundo occidental, en tanto la esterlina deja de serlo.

Desde entonces, así como antes todas las semanas, desde la Torre de Londres, los ingleses anunciaban el valor oficial del oro, frente al pueblo y de viva voz, Wall Street se encargó de reemplazarlos en silencio y desde sus oficinas de la quinta Avenida, fijando el valor de la Onza Troy por el dólar americano sobrevalorado, con un precio político que, no obedeciendo a la ley de oferta y la demanda en el mercado áureo-internacional, les permitiera cobrar un Royalty en todas las operaciones en que interviniera esta moneda de cambio.

Poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la pérdida de gran parte de la reserva oro de los Estados Unidos amenazaban gravemente la existencia del “área dólar”, gravedad que sigue aumentando con los gastos de posguerra, con lo que USA se colocaba en situación parecida a la de Inglaterra después de la guerra anterior si alguna Nación conseguía la formación de esa reserva. En consecuencia era preciso crear el instrumento necesario para consolidar el”área dólar”. El Fondo Monetario internacional fue la solución. En él participarían la mayoría de los países occidentales, comprometidos mediante una larga contribución al fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se fijaría no solo la política monetaria, sino también los factores que directa o indirectamente estuvieran ligados a la economía de los asociados. La realidad después se encargó de ir mucho más allá, como podemos ver ahora, cuando llega la hora de los lamentos.

He aquí alguna de las razones, aparte de muchas otras, por las cuales el Gobierno Justicialista de la República Argentina no se adhirió al fondo Monetario Internacional. Para nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijábamos en el país, como también, nosotros establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias. Para el intercambio internacional recurrimos al truque y así nuestra moneda real fueron nuestras mercaderías. Ante el falseo permanente de la realidad monetaria internacional y las maniobras de todo tipo a que se prestaba el insidioso sistema creado, no había más recurso que hacerlo así o dejarse robar impunemente.

Ha pasado el tiempo, y en casi todos los países adheridos al famoso Fondo monetario Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las lamentaciones. Este fondo, creado según decían para estabilizar y consolidar las monedas del ”Mundo libre”, no ha hecho sino envilecerlas en la mayor medida.

Mientras tanto, los Estados Unidos se encargaban, a través de sus empresas y capitales, de apropiarse de las fuentes de riqueza en todos los países donde los tontos o los cipayos le daban lugar, merced a su dólar ficticiamente valorizado con referencia a las envilecidas monedas de los demás.”

Juan Domingo Perón (1967)

· Para la Secretaría de Políticas Económicas y Sociales de la CGT, la historia de Perón y el FMI

El Fondo Monetario Internacional estuvo profundamente involucrado en la Argentina durante muchos años, y en la década del ´90 del siglo XX nuestro país operó de manera prácticamente continua bajo los auspicios y estrecho seguimiento de un programa respaldado por el FMI. Con la restauración neoliberal que actualmente existe en la Argentina reaparece nuevamente la posibilidad de su presencia en el control y diseño de políticas económicas y sociales. Ello nos lleva a recordar la definida actitud que sostuvo Perón sobre el FMI.

Por Jorge Francisco Cholvis Semanario “Trabajo y Economía”* 29 de julio de 2016.

El Fondo Monetario Internacional estuvo profundamente involucrado en la Argentina durante muchos años, y en la década del ´90 del siglo XX nuestro país operó de manera prácticamente continua bajo los auspicios y estrecho seguimiento de un programa respaldado por el FMI.
Con la restauración neoliberal que actualmente existe en la Argentina reaparece nuevamente la posibilidad de su presencia en el control y diseño de políticas económicas y sociales.

Ello nos lleva a recordar la definida actitud que sostuvo Perón sobre el FMI.

Comencemos por señalar que la Argentina no asistió a los Acuerdos de Bretton Woods, pues no formaba parte de las Naciones Unidas y asociadas que participaban en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, cuando entró en esa condición mediante la declaración de guerra a Alemania y Japón, el gobierno militar que presidía el general Edelmiro J. Farrel por el decreto-ley Nº 3.185, del 31 de enero de 1946 (B. O., 26/VI/46), adopta una decisión favorable a los resultados de dicha reunión, “no obstante las restricciones” para los derechos del país “que, en materia financiera, estos acuerdos presuponen”; y según los considerados del mencionado decreto, resuelve adherir “a las conclusiones de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas realizada en Bretton Woods en el mes de julio de 1944 (art.1º) y dispone que “por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto se efectuarán las gestiones necesarias para la incorporación de la República al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento” (art.2º).

Dicho decreto-ley se dicta unos días antes de las elecciones del 24 de febrero de 1946.

Cumpliendo con principios constitucionales necesarios para dar legalidad a los decretos-leyes dictados por el gobierno militar, el nuevo gobierno constitucional presidido por el general Perón al poco tiempo de asumir envío el mencionado decretoley para su consideración por el Congreso de la Nación, junto con otros sancionados por el gobierno de facto.

La decisión del Presidente de la República tuvo entrada en el H. Senado de la Nación el 5 de julio de 1946, “sometiendo a su conocimiento los decretos y tratados originados en el Departamento de Relaciones Exterior y Culto, cuyas copias fehacientes se acompañan juntamente con la correspondiente nómina, que fueran dictados o autorizados por el Poder Ejecutivo Nacional surgido de la revolución del 4 de junio de 1943” (D. ses. Sen., 1946, 7ª Reunión- 6ª Ses. Ord., del 10 de julio de 1946, tomo I, pág. 152; v, D. ses. Dip., 1946, pág.160; el decreto Nº 3.185 del año 1946 está en el legajo Nº 2 – Dir. Gral. Asuntos Económicos, D ses Sen., 1946, Tomo I, pág. 154).

A esos efectos, el senador Diego L. Molinari y otros senadores habían presentado un proyecto por el cual se daba sanción con fuerza de la ley a las normas dictadas por el Poder Ejecutivo de facto, en el período que va desde el 4 de junio de 1943 al 3 de junio de 1946 (v. D. ses. Sen., 1946, Tomo I, pág. 147).

La Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado emitió despacho aconsejando su aprobación y que se sancione con fuerza de ley este proyecto, que incluía la nómina de los decretos originados en el Ministerio de Relaciones Exterior y Culto (D. ses. Sen., 1946, tomo II, 37ª-Reunión 32º Ses. Ord., pág. 154).

El Decreto Nº 3.185/46 fue agregado en el art. 1º del proyecto de ley, ap. Nº 420 (v. pág. 166, D. ses. Sen.; debate en pág. 185 y votación en pág.188).

La sanción del Senado quedó demorada en la Cámara de Diputados, y no se tenía decisión del Congreso.

Es en este estado de situación cuando el 22 de julio de 1948 el Presidente Perón expresamente pone a consideración del Congreso otro proyecto de ley por el cual solicita se deje sin efecto la adhesión a las conclusiones de la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods, y la incorporación al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, pues “estima que estos organismos, mientras conserven su actual estructura, no se hallan en condiciones de cumplir con las finalidades de reorganización financiera internacional para las cuales fueron creados y por ello el Poder Ejecutivo considera que debe dejarse sin efecto la adhesión expresada por el ante citado decreto/ley 3.185/46”. (v. D. Ses. Dip., 1948, tomo 3, pág. 2100).

El proyecto fue girado a la Comisión Especial Revisora de Decretos Leyes, y esta lo toma en consideración para el dictamen que emite sobre la Orden del Día Nº 191, referida a la ratificación de Decretos-leyes del período de facto con origen en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto; tan es así que si bien aconseja en general su aprobación y señala que continuarán en vigencia los decretos-leyes que transcriben en su texto y expresamente excluye al Decreto-ley Nº 3.185/46 (v. D. ses Dip., 1949, tomo 6, reunión 50º, del 29 de sep. de 1949, pág. 4870; Dictamen en pág. 4914).

Vuelto el proyecto al Senado, este cuerpo le dio sanción el día 30 del mismo mes y se convirtió en la Ley Nº 13.891 (B. O., 15 XII, 49).

Por tanto, la Argentina por decisión soberana del Presidente Perón y del Congreso de la Nación, permaneció fuera del F. M. I. y otros organismos financieros internacionales, y así sostuvo los objetivos preambulares de la Constitución Nacional de 1949: independencia económica, soberanía política y justicia social.

Ello ocurre hasta el año 1955 en que se produce el golpe de Estado que derroca al gobierno constitucional, se abroga la Constitución y se dejan de lado las políticas que ésta amparaba.

Por tanto, en relación a esta cuestión es necesario remarcar que no fue por olvido o desidia que Argentina durante el período 1946/1955 no se incorporó a los organismos financieros internacionales; sino todo lo contrario: fue por una definición política expresa de sus poderes de gobierno.

Siguiendo recomendaciones imperativas del Plan Prebish fueron las autoridades de facto, quienes solicitaron el ingreso de la Argentina al F.M.I y al Banco Mundial.
Se adhirió entonces a los Acuerdos de Bretton Woods, que Perón consideraba un engaño (Conf., Alain Rouquié, “Poder militar y sociedad política en Argentina”, Emece Editores, Buenos Aires, 1981, págs. 131/133).

Según se reconoce e invoca en el mencionado plan, pese a las presiones internacionales que se ejercieron para lograr nuestra adhesión, en esa época “la Argentina es el único país de América Latina que no participa de estas instituciones” (v. Capítulo IX, 4, del “plan”).

Fue por Decreto-ley Nº 7.103, del 19 de abril de 1956 -uno de los firmantes y propulsores era Krieger Vasena, entonces ministro de Hacienda de Aramburu-, que el gobierno de facto inicia los trámites para obtener el ingreso de la República Argentina a ambas instituciones.

Es el 31 de agosto de ese año que mediante el Decreto-ley Nº 15.970 (B.O., 12. IX.56) se dispuso formalmente la adhesión, asignando carácter de ley nacional al Convenio Constitutivo del F.M.I, y se efectiviza el ingreso de la Argentina.

Desde ese momento se operó un cambio total en nuestra política económica. La Nación
quedaba rendida ante los intereses financieros orquestados por esos organismos.

Ello lo denunció entonces Arturo Enrique Sampay.

La primera operación se efectúa también por el gobierno de facto en el año 1957.

Esa nueva relación que la Argentina institucionalizaba con los organismos financieros internacionales fue lo que les permitió a estos dar al país sus contundentes recomendaciones.

“La Argentina ingresa así en la última escala de los países subdesarrollados, en los que la asistencia técnica de los organismos internacionales termina configurando una verdadera intervención extranjera” (Arturo Jauretche, “El retorno al coloniaje. La segunda década infame: de Prebish a Krieger Vasena”, Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1969, pág. 99).

Años después Perón ratifica la posición que sostuvo desde un principio y que fue una constante en su pensamiento político.

En 1967 expresó que “en casi todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar lamentaciones.

Cuando en 1945 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del presidente del F. M. I., que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, enseguida, destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del gobierno para investigar a este “monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Brettón Woods.

El resultado de este informe fue claro y preciso: en síntesis, se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo” (del libro “La economía social según Juan D. Perón- 1947/1974”, compilado por Juan J. Balati, Editorial de Belgrano).

Perón advierte un escenario con notoria presencia del F.M.I. como promotor de la ortodoxia económica del gran capital financiero internacional, y de gendarme de las políticas económicas de los países de alto desarrollo.

Durante 1970, en una entrevista que difundía prensa del Partido Justicialista Perón ratifica su opinión sobre los acuerdos de Bretton Woods y el sistema financiero internacional, y advertía que “nosotros dejamos el país en 1955 sin deuda externa. Repatriamos toda la deuda”, y cuando el gobierno de Aramburu ingresa en esos organismos financieros internacionales, “desde ese momento el que gobierna la República Argentina es el F.M.I.”.

La concepción de Perón en defensa de nuestra soberanía forma parte de su testamento político que hallamos en su discurso ante la Asamblea legislativa el 1º de mayo de 1974, pocos días antes de morir, es así que allí señaló los temas esenciales del accionar político: liberación o dependencia, el año 2000 nos hallará unidos o dominados.

“Nuestra tarea común es la liberación”.

2. Después, salvo muy contados y breves períodos y hasta bien entrado el siglo XXI, tanto gobiernos constitucionales como gobiernos de facto que se fueron intercalando en el devenir institucional de la República Argentina, dieron continuidad a relaciones y condicionalidades que ellas implicaban.

De tal modo, la Nación continúo su trayecto al ritmo que le fijaban las “Cartas de Intención” y los “Memorandos de Entendimiento”. Sobre la base de dichos instrumentos el F.M.I. asume una función de co-redacción y vigilancia del cumplimiento de los programas económicos de “ajuste”.

El país por esas vías sufrió una limitación sustancial en el ejercicio de su soberanía, al perder la decisión nacional en la confección y ejecución de programas económicos.

El FMI, el Banco Mundial y otros organismos financieros internacionales están dominados por intereses financieros y comerciales de los países industrializados más ricos lo que se refleja en la política de esas entidades.

La función del FMI, apuntó a imponer políticas económicas coloniales a países de América Latina, Asia y África, y asegurar un permanente drenaje de riquezas desde estos países hacia el mundo desarrollado.

Asume el rol de fiscal de los intereses globales de la comunidad financiera internacional.

Sus órganos de conducción ven al mundo a través de los ojos de la comunidad financiera y como “las decisiones de cualquier institución reflejan naturalmente las perspectivas e intereses de los que toman las decisiones, no sorprende que las políticas de las instituciones económicas internacionales demasiado a menudo se ajusten en función de intereses comerciales y financieros de los países industrializados avanzados” (Joseph E. Stiglitz, “El malestar en la globalización”, 1º ed., 2002, pág.49).

Como es sabido que “por sus frutos los conocerás”, y retornando al pensamiento de Perón, podemos afirmar que las reformas posteriores que se le hizo a la estructura orgánica de dichas instituciones financieras luego de su creación -que no podemos analizar en este artículo-, como su ulterior funcionamiento en esta realidad “globalizada” del mundo contemporáneo, tampoco dieron resultados en favor de un mundo mejor y más justo.

No pueden caber dudas sobre el rotundo fracaso de esas políticas económicas; y que ello no fue por “errores” en su aplicación sino por su trama perjudicial a los intereses de los países que deben luchar por lograr su desarrollo.

La influencia del F.M.I. no fue la misma en todas partes y en todas las épocas: aplica máxima presión en aquellos casos en que los países han agotado sus facilidades de pago y crédito, lo que les impone una mayor necesidad de refinanciación; cuanto mayor es su dependencia de la financiación exterior se agiganta su vulnerabilidad a los programas de estabilización impuestos por el F.M.I.

Pero la situación llega a ser terminal si los sectores dirigentes no logran articular una alternativa de poder efectivo nacional que pueda sostener políticas socioeconómicas acordes a las posibilidades e intereses de la Nación.

No puede resignarse la soberanía nacional, tanto en el plano político como en el económico.

El F.M.I. fue gran parte del problema.

• De la Secretaría de Políticas Económicas y Sociales de la CGT. http://www.trabajoyeconomia.com.ar/

· 19 de abril de 1956: Ingreso de la Argentina al FMI

Un día como hoy, pero en 1956, Argentina, por iniciativa del presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, ingresó al Fondo Monetario Internacional, contrayendo así su primer préstamo con dicho organismo internacional. La incorporación argentina fue recomendada por el entonces asesor del gobierno, Dr. Raúl Presbich, quien en su “Informe preliminar acerca de la situación económica”, instó a que la Argentina se endeudara con el exterior.

“Hay dos serias confusiones en cuanto al empréstito exterior. Primero, que no hace falta; y segundo, que compromete la soberanía nacional (…) Creo que el capital privado extranjero (…) podrá estimular poderosamente el desarrollo económico argentino. ” (1).

Por el decreto–ley Nº 7103, de fecha 19 de abril de 1956, se dispuso que se inicien los trámites necesarios para obtener el ingreso de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. En años anteriores, el ex presidente Juan Domingo Perón se negó terminantemente a ingresar a ellos, asegurando que dichas instituciones eran un instrumento de sometimiento de los países centrales para imponer políticas a los países periféricos. Diez años después de la decisión de Aramburu, Perón reafirmó su postura desde el exilio en los siguientes términos:“Advertí que en él –el FMI- participarían la mayoría de los países occidentales, comprometidos mediante una larga contribución al Fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se fijaría no sólo la política monetaria, sino también los factores que directa o indirectamente estuvieran ligados a la economía de los asociados (…) He aquí alguna de las razones, aparte de muchas otras, por las cuales el gobierno justicialista de la República Argentina no se adhirió al Fondo Monetario Internacional. Para nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijábamos en el país, como también, nosotros establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias (…) Ha pasado el tiempo, y en casi todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las lamentaciones. Este fondo, creado según decían para estabilizar y consolidar las monedas del “mundo libre”, no ha hecho sino envilecerlas en la mayor medida.”(2)

La política económica desarrollada desde 1955 desmanteló los principales mecanismos forjados por el proyecto peronista. Los protagonistas de la autodenominada “Revolución Libertadora” encararon la desnacionalización de los depósitos bancarios, la eliminación del control estatal sobre el comercio exterior, la terminación de los tipos de cambio selectivos, y la derogación de la Constitución Nacional sancionada en 1949, entre otras cuestiones. Siendo que las medidas político-económicas eran perjudiciales para las grandes mayorías, la cúpula militar decidió acompañar la reconversión económica con la inhabilitación del Partido Justicialista, la prohibición de toda propaganda, la clausura de periódicos, la intervención de sindicatos, encarcelamientos, torturas y fusilados. (3)

Al concluir el gobierno de Aramburu, la deuda externa alcanzo los 1051 millones de dólares. Ese fue el saldo correspondiente al comienzo de la sumisión de nuestra política económica a los dictados de los organismos internacionales. A partir de abril de 1956, se inauguró una etapa nueva en Argentina, la cual evidenció, en años venideros, que una política económica al servicio de sectores privilegiados, acordada con organismos internacionales, se correlaciona indefectiblemente con mayor endeudamiento externo.

(1) PREBISCH, Raúl: “Informe preliminar sobre la situación económica”. Ed. de Secretaría de Prensa de la Presidencia de la Nación. Buenos Aires, 1955.

(2) PERÓN, Juan Domingo. Mensaje enviado desde el exilio: Madrid, 1967.

(3) Se hace referencia a la fallida insurrección contra la dictadura del Teniente General Pedro Eugenio Aramburu. La sublevación fue encabezada por el General Juan José Valle,

Fuentes: La Gazeta, Secretaría de Políticas Económicas y Sociales de la CGT, Museo de la Deuda Externa Argentina (UBA).

Buenos Aires, 10 de mayo de 2018

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