SI, LA CRISIS TAMBIÉN VA A PEGAR FUERTE EN DEFENSA

Con los últimos acontecimientos económicos y financieros que se desarrollaron en el país en las ultimas semanas, prácticamente no hubo sector que no se haya alzado con diagnósticos y proyecciones sobre los efectos de la subida del dolar, el cambio de condiciones para el financiamiento internacional y la espalda que tiene la Argentina para endeudarse o realizar desembolso en dolares.

La situación de la Defensa Nacional no escapa a este escenario de crisis implicando que haya que poner nuevamente la lupa sobre su estado y sobre aquellas -pocas- iniciativas que surgen desde el Ministerio de Defensa para cambiar la suerte del sector.

El clima político dentro de la cartera de defensa se mantiene gélido desde finales del año pasado. Entre la tragedia del ARA San Juan y la torpeza política para administrar la crisis, las iniciativas surgidas en el seno de la triada de funcionarios que manejan los designios de las políticas de defensa (flanqueados siempre por una troupe de asesores y ex militares devenidos en funcionarios) tendieron a una suerte de apresuramiento.

Si bien es cierto que la presión de la política y la propia opinión publica que se había posado sobre las acciones especificas del ministro generaban una necesidad imperiosa de publicitar cambios y transformaciones en la órbita de la defensa, también es cierto que las medidas plasmadas en las entrevistas y mensajes dados por Oscar Aguad rozaron con lo absurdo. Se ha hablado de ciberdefensa, conflictos híbridos y sistemas tripulados remotamente ignorando que al día de hoy las Fuerzas Armadas argentinas no están siquiera preparadas para mantener un conflicto convencional.

La crisis actual puede alzarse ahora con las pocas medidas que puedan llegar a ser superadoras para el ámbito y acelerar algunas cuantas pulsiones intestinas para generar un achicamiento de la estructura militar. Es claro, el hilo puede cortarse por el lado mas fino, y la Defensa Nacional desde hace años tiene comparativamente un peso especifico bastante menor que otras carteras. También es claro que una situación de crisis implica que todo ámbito del estado (y del mundo privado) comience a observar limitaciones presupuestarias importantes que terminarán por hacer mella en la operatividad y su modernización.

No podemos hacer futurologia, pero si podemos analizar ciertas cuestiones tangibles: la Argentina no ha transferido grandes beneficios a su instrumento militar durante épocas de crecimiento, pero si ha cercenado capacidades en momentos de colapso. Hoy, con unas Fuerzas Armadas al limite se vuelve a entrar en un momento que puede ser critico para el sector.

Si hablamos de algunas probabilidades o tendencias, es esperable que se apresure una re estructuración de las fuerzas, una limitación de sus capacidades primarias y una disminución de recursos para administrar. En algunos ámbitos esto puede determinar el corte de planes de inversión y de incorporación de sistemas de armas nuevos, al igual que una transferencia de activos hacia otros ámbitos del estado o del mundo privado. Estas mismas cuestiones ya vienen siendo objeto de criticas internas y externas a razón de que ya vienen siendo implementadas dentro de las estructuras de las fuerzas: en algunas brigadas ya se han recortado horas de vuelo, se han archivado planes de modernización y tambien se han suspendido negociaciones avanzadas para contar con nuevos sistemas de armas. El corolario con la nueva situación de crisis económica (de la cual Defensa nunca ha salido desde hace muchos años) viene de la mano del contexto de posible ajuste general, que solamente podría generar una mayor pulsión para adelantar recortes.

Un escenario así colisionaría con las cantidades de editoriales en medios masivos y específicos que han llamado al Estado Nacional a ocuparse de un sector olvidado. No ha habido texto que no aclamara la necesidad de recapitalizar al sector, el cual ademas de ser un instrumento obligado para cualquier estado, puede ser un gran traccionador de divisas y mano de obra en un ambiente estratégico internacional bastante volatil.

Hay que decirlo de todas maneras: es poco probable que la suerte de la Defensa Nacional cambie positivamente en un contexto como el actual. En todo caso se necesitarán ideas novedosas, disruptivas y una especial atencion del sistema político argentino, mal acostumbrado al corto plazo e incapaz de pensar estratégicamente al país.

El tiempo dirá si la situación mejorará para el sector, o si, como ha sucedido durante los últimos 30 años, sera la primera en mostrar los síntomas de nuestras cíclicas crisis.

ZONA MILITAR – Mariano Gonzalez Lacroix

Madrid, 10 mayo, 2018

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