INFLACIÓN, DÓLAR, TASAS: ¿QUÉ FALTA?

Tocando varios puntos sensibles a la vez

Descripción: Descripción: Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, en la presentación del informe de Política Monetaria del organismo, en enero. (Germán Garcia Adrasti)

Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, en la presentación del informe de Política Monetaria del organismo, en enero. (Germán Garcia Adrasti)

Se sabe, o debiera saberse: en la economía, como en tantas cuestiones complejas, cuando uno toca puntos sensibles está tocando varios puntos sensibles a la vez. Siempre existe el riesgo de equivocarse, pero el riesgo crece si quienes mueven las piezas no han evaluado bien los encadenamientos que siguen a cada movida, si actúan sin un plan explícito y además operan descoordinadamente.

La secuencia viene a cuento, en principio, de un error temprano con las metas de inflación, nada menos que con un instrumento considerado clave dentro del tablero oficial. Mario Quintana, el vicejefe de Gabinete, acaba de admitirlo solo que cargándole la factura entera a Alfonso Prat-Gay, entonces ministro de Hacienda y funcionario del mismo gobierno que Quintana integraba e integra.

Dijo, días atrás: “Eso (la equivocación) nos generó una inconsistencia desde el momento cero. Eran metas incumplibles”. Y aunque sus palabras hubiesen sonado a sorpresa y media, se trató de un disparo destinado a alguien que nunca le reconoció cualidades de economista y con el que chocaba tupido. Fue, si se prefiere, un modo de gambetear el problema.

Pero ocurrió efectivamente lo que Quintana afirma: Prat-Gay había fijado la pauta de 2016 entre 20 y 25%, o en el 22,5% promedio, y la inflación resultó del 41%. Contra el promedio, diferencia de 18,5 puntos porcentuales.

Hubo ahí una falla de origen que el ex ministro compartió con analistas de peso en el Banco Central. Calcularon que los precios habían seguido la trepada previa del dólar blue y que, por lo tanto, gran parte de la fuerte devaluación de ese año ya estaba descontada. Nada de eso sucedió: o minimizaron el impacto del ajuste cambiario o ignoraron hábitos aquí arraigados o existieron quienes descuidaron otros flancos. O todo junto.

Ahora, 2017: meta del 14,5% promedio versus inflación del 24,8% y diferencia de 10,3 puntos. Vale aclarar que si el 14,5% venía desde los tiempos de Prat-Gay, el titular del Central, Federico Sturzenegger, no sólo lo ratificó sino que además acomodó su política monetaria a esa pauta. Una pifiada de al menos dos.

Este año fue el año del cambio. Sturzenegger había resuelto mantener el 10% promedio original, pero cuando aún no había terminado 2017, el 28 de diciembre, la Jefatura de Gabinete o el propio Quintana le impusieron un 15%. Es la falta de coordinación que casi cinco meses después admite el Presidente.

Y si inflación arroja el 25% que algunos consultores han empezado a proyectar, habría una brecha de 10 puntos respecto de la meta corregida. Claro que ahora la “inconsistencia” iría a la cuenta de Quintana.

Mejor sería decir, la inconsistencia y lo que acompañó a la inconsistencia: la corrida detrás de la corrida del dólar hasta alcanzarlo cuando tocaba 25 pesos; el efecto sobre los precios de una devaluación bastante mayor a la pretendida; la tasa del BCRA en el 40% y, al fin, la historia conocida. Un índice del 25% sería similar al 24,8% del año pasado.

Siempre, antes y durante, pesaron los tarifazos, los combustibles y diversos aumentos regulados por el Gobierno. Pero si eso es cierto y debió ser medido rigurosamente, también lo es que al cabo de estos tres años la brecha acumulada entre objetivos e inflación real orillaría los 39 puntos porcentuales. Demasiado grande, para una estrategia que de entrada apuntó a poner los precios en caja.

No es la pregunta del millón, sino a esta altura una pregunta obvia: ¿qué hará el Gobierno con la meta del 5% planeada para el año próximo? Excusa de ocasión, el ministro Dujovne acaba de sostener: “La meta es una meta, no un pronóstico. Es una forma de organizarnos”. ¿Una forma de organizarse a partir de un supuesto sistemáticamente erróneo?

Otra parecida, a propósito del tembladeral: “Dimos una muestra de que funcionamos todos juntos para llevar tranquilidad”. Y una más, ahora del ministro de Finanzas sobre el resultado de un bono de $ 73.249 millones que Luis Caputo sacó de apuro: “La reacción de los inversores muestra de alguna manera que cuando uno está haciendo las cosas bien no hay que preocuparse más de la cuenta”.

La cuenta, o al menos ciertas cuentas, revelan que el Central gastó una montaña de divisas para contener al dólar y contenerlo luego de que hubiese escalado 32% desde el 28 de diciembre. También, que debió convalidar beneficios a los bancos y garantizar un rendimiento del 40%, para renovar el impresionante paquete de $ 617.000 millones de Lebac que vencía el martes pasado. ¿A costos como éstos llamará Caputo “hacer las cosas bien”?

Sturzenegger se sumó al coro de comentarios con unos prematuros y llamativos. Tras dar por “superada” la tormenta cambiaria, agregó: “Encauzar la inflación vuelve a ser el objetivo del BCRA”. Reconoció además que el mercado había forzado la devaluación.

Traducidas linealmente, sus palabras dirían varias cosas juntas. Una: se desatendió nada menos que la inflación, justo aquello que según la Carta Orgánica es la misión principal de la entidad. Otra: así haya sido verdad que le impusieron un cambio de planes, también lo es que quienes sacaban provecho de las oportunidades financieras no van a resignar nuevas oportunidades. Y menos los que perdieron plata.

Hubo otra noticia, semejante a un campanazo, el famoso supermartes: el 2,7% del índice de precios de abril y el 25,5% de los últimos doce meses. Pero era tanta la expectativa puesta en la conexión Lebac-dólar, que la noticia quedó relegada casi a un segundo plano.

Algo parecido ocurrió con números en más de un sentido picantes de la Dirección de Estadística porteña. Como que desde abril del año pasado el costo del gas subió 92,7% y 67,5% el de la electricidad; que las frutas aumentaron 38,4%, un 34,9% el transporte de cargas por carreteras y 34,5% los alquileres.

Evidente: el nuevo envión inflacionario le pasará por arriba a los incrementos salariales ya pactados y acentuará las demandas de aquellos gremios que aún no acordaron. Una veintena ya cerró en torno del 15%% pretendido por el Gobierno, varios con bonos o extras no remunerativos y todos con cláusulas de revisión que, según los casos, caen en septiembre, diciembre o enero de 2019. Entre ellos, Bancarios, Construcción, Petroleros, la UTA y Luz y Fuerza.

Si no sucede antes de lo programado, ya puede descontarse que llegado el momento todas las cláusulas de revisión serán activadas. Y también que quienes aún no han arreglado irán por más del 15%. Allí hay sindicatos fuertes, como Camioneros, Alimentación, Sanidad y Estatales, con los ruidos de los docentes incorporados.

Por la parte que les toca, los gobernadores ya tienen su propio extra. Y el ministro Jorge Triaca, una pulseada que pinta complicada.

Estuvo claro siempre que el 15% jugaba el papel de ancla antiinflacionaria. Consecuencia de la crisis y al amparo de la realidad, los reclamos salariales difíciles de frenar harán su aporte al cuadro general.

Casi no hace falta decir que la devaluación corrige buena parte del atraso cambiario y, por lo mismo, que saca una piedra grande del camino. Desde luego, siempre y cuando ese avance no sea comido por la inflación.

La otra cara de la moneda muestra un ajuste en cadena que caerá sobre aquellos, la enorme mayoría, que ven el partido desde la tribuna. Se sabe: nunca una devaluación sale gratis, sobre todo para las capas de menores recursos, ni viene sin costos políticos.

Dujovne adelantó que el temblor resentirá la actividad económica, algo tan previsible como señalar que eso se irá viendo en hechos. Y Sturzenegger anticipó una temporada de tasas de interés altas, cuando afirmó: “Una política monetaria laxa lleva a más inflación”.

El combo completo explica por qué el Gobierno negocia a todo vapor con el FMI, les pide los gobernadores compartir esfuerzos y busca calmar las aguas de todas las formas posibles. Falta conocer capítulos, pero se volvió a probar que cuando uno toca puntos sensibles toca otros también sensibles.

Alcadio Oña – 19 de mayo de 2018

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