EL 24 DE MAYO DE 1810, Y LA JUNTA DE GOBIERNO QUE DURÓ MENOS DE UN DÍA

La historia Argentina ha estado signada desde sus inicios por una constante de marchas y contramarchas que se han ido repitiendo a lo largo de todo su desarrollo, y que a veces, nos da la impresión de estar eternamente predestinados a dar vueltas en círculos.

Un ejemplo curioso de ello -y que muy poco se recuerda- es el de aquella junta del 24 de Mayo de 1810, que quizás podría observársela como una especie de Déjà vu pero a la inversa, cuando analizamos la historia desde una distancia temporal considerable.

Para la primera década del siglo XIX, Europa se encontraba jaqueada por Napoleón y España había sido invadida por Francia, poniendo en el trono español a José Bonaparte, hermano de Napoleón. Esa crisis mundial dejaba aún más indefenso y a la deriva el futuro de las colonias españolas en América, acelerando los procesos de emancipación en toda la región suramericana que ya venían gestándose desde hacía un tiempo. España e Inglaterra, hasta ese entonces enemigas, debieron aliarse ante el acecho napoleónico.

El hecho disparador para que los revolucionarios de Buenos Aires inicien acciones -aunque ya venían preparándose desde abril- fue la noticia llegada el 13 de mayo respecto a la ocupación francesa de Sevilla y Andalucía, y la consecuente disolución de la Junta Central de Sevilla que había sido organizada para poder gobernar a España como se pudiera. Aquel desgastado y viejo “Imperio dónde no se ponía el sol” había quedado acéfalo, dividido políticamente, carente de un verdadero gobierno y en manos del Rey José Bonaparte.

El Virrey Cisneros en Buenos Aires, retrasó las noticias oficiales provenientes de España desde el 13 hasta el 18 de Mayo, y al darlas, dijo que solo estaba dispuesto a entregar el mando si se conformaba una junta de representantes de todo el virreinato y en nombre de Fernando VII.

Aprovechando el desarrollo de la aceleración de esos hechos que generaron la oportunidad tan esperada, los patriotas consideraron que había llegado el tiempo de poner manos a la obra. Así, en los próximos días se van produciendo los primeros acontecimientos de nuestra revolución de Mayo.

El día 18 de mayo Belgrano y Saavedra solicitaron al alcalde Lezica un Cabildo abierto para elegir una Junta, pero el virrey no lo aceptó.

En consecuencia el día 19 de mayo Rodríguez propuso que destituyeran a Cisneros, aunque la oficialidad todavía no se había resuelto al respecto.

El día 20 de mayo el Virrey Cisneros convoca a la oficialidad para consultarles acerca de la situación y Cornelio Saavedra le respondió que al no haber ya gobierno con autoridad en España, el virrey tampoco disponía de autoridad sobre la colonia y que consecuentemente, el ejército ya no le respondería.

Ante estos hechos, los revolucionarios junto con la oficialidad se hacen cargo de la situación e insistieron nuevamente a Cisneros por intermedio de Rodríguez y Castelli para que se llamara a un cabildo abierto. Mientras, proseguían las reuniones de Saavedra y los oficiales en la casa de Rodríguez (situada en las actuales calles de Pte. Perón y San Martín) y en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, manteniéndose a su vez a la tropa apresta a las órdenes. Pero ésta y el pueblo todavía no estaban del todo informados acerca de lo que estaba ocurriendo.

Definitivamente, el día 22 de mayo se reunió el cabildo abierto. Los agentes de una comisión formada por parte de los revolucionarios hicieron propaganda para que el pueblo criollo y la tropa rodearan el Cabildo. Paso y Castelli pronunciaron elocuentes discursos, quedando posteriormente consensuado que el Virrey cesaría en sus funciones, y que el cabildo nombraría una Junta de gobierno provisoria.

El día 23 de mayo Cisneros escribió a Montevideo comentando que lo habían declarado cesante en forma ilegal y ordenó que no se obedeciese a la junta que se nombraría.

El día 24 de mayo el cabildo abierto nombró una junta moderadora, en un intento conciliador, compuesta por cuatro vocales: José Inchaurregui, Castelli, el Dr. Solá y Saavedra, bajo la presidencia de Cisneros. Y ese mismo día, a las tres de la tarde, juraron los integrantes de ese nuevo gobierno.

Pero la junta nombrada no era lo que los grupos revolucionarios deseaban dado que no se sentían conforme de que el virrey Cisneros conservara, no tanto el poder político que última instancia sería fagocitado por los revolucionarios, sino algo aún más importante: el mando de las armas .

Inmediatamente se reunieron en la casa de Peña alrededor de las ocho de la noche. Tanto en los cuarteles como en las calles los ánimos se iban caldeando. Los ciudadanos se dirigieron hacia el cuartel de Patricios que constituía el punto de reunión y de expresión de la época, y se establecieron en conferencia permanente junto con los oficiales del cuerpo y otros militares debatiendo irritadamente la forma en que debía encaminarse la situación. La gran mayoría estaba a favor de que las armas reparasen el engaño que se acababa de sufrir .

Finalmente los revolucionarios decidieron que la misma debía disolverse. Por la noche Castelli y Rodríguez visitaron a Cisneros, y es el propio Castelli quien se encarga de transmitirle la última advertencia al ex virrey diciéndole: “Una parte del pueblo no está satisfecha con que V.S. mantenga el mando de las armas, y pide su absoluta separación. Hay peligro de conmoción como que en el cuartel de patricios gritan descaradamente algunos oficiales y paisanos” . Esa misma noche del día 24, a las diez, la junta renunció en pleno.

Durante las últimas horas que quedaban del día 24 y la madrugada del día 25, en la casa de Peña quedó aprobada una lista realizada por Beruti con los nombres de las personas que integrarían la nueva Junta, y la cual se repartiría al pueblo en la mañana siguiente.

Solo unas escasas siete horas había durado aquella junta del día 24, desde su jura producida a las tres de la tarde, hasta su renuncia a las diez de la noche. Menos de un día.

Comenzaba así una nueva etapa en la historia de los argentinos, aunque no menos turbulenta. La historia en sí, como una entidad tan dinámica y en eterno movimiento cuan si fuera el propio mar o el universo mismo. La historia como síntesis y al mismo tiempo como desarrollo inacabable de la existencia humana. La historia como un camino sin fin que nunca concluirá, ni hacia atrás ni hacia adelante, ni en tiempo ni en espacio, solo marcada por la fugaz biología de todo ser viviente y entre ellos el género humano.

Por Darío Oscar García Pérez*

(*) Escritor, investigador, periodista y ensayista. Investigador acreditado en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de la República Argentina.

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