DEVALUACIÓN. Y DÓLARES PARA TODOS Y TODAS

Sigo pensando, como dije el mismo día en el blog, que esta devaluación – o “corrección en el tipo de cambio”, como dice mi amigo Artemio López – es el “sinceramiento” de una realidad económica resultado de decisiones que se tomaron, y de algunas que se dejaron de tomar, desde hace por lo menos seis años. Y, por supuesto, de la estructura productiva argentina. Sobre todo eso, se ha escrito y debatido mucho, por economistas de buen nivel teórico, y hasta por quienes tenían experiencia práctica de gestión, con distintas ideologías. Si quieren algunos pantallazos, de divulgación, cliqueen en la categoría economía del blog. Para algo más técnico, pero siempre accesible al lego que está dispuesto a esforzarse un poquito, recomiendo Finanzas Públicas, Estructura Desequilibrada (yo también tengo mi ideología, cómo no) y Economista Serial Crónico (para no exagerar).

En cuanto a esta devaluación en sí, es demasiado pronto para evaluarla. Lo que se nota en la ausencia de análisis en profundidad en la blogosfera (igual, el tucumano Ricardo hace un resumen muy bueno), y en la pobreza de las declaraciones de los voceros oficialistas y opositores. Como todos tienen asesores que saben de economía, está claro que nadie está en condiciones de hacer predicciones más o menos razonables.

Atención: estoy hablando del manejo, o desmanejo, de las consecuencias de la devaluación, la tarea fundamental del gobierno. Que va a producir un salto en los precios, parecido y mayor al que se produjo en diciembre, eso lo podemos predecir con seguridad,porque ya está ocurriendo (en rubros distintos. El del mes pasado fue sobre todo en alimentos. Ahora empieza con los electrodomésticos. Si visitan alguna casa importante – por ejemplo Rodó, donde compré ayer – verán que las etiquetas con los precios están arrancadas. Natural: todo se fabrica en China; algunos, se ensamblan acá).

Que, a la larga, no se va a producir una modificación importante en las relaciones de precios entre los factores de la economía, también lo podemos predecir, porque tenemos la experiencia de tres décadas de devaluaciones más o menos continuas, antes de 1991. Ni siquiera la Gran Devaluación del 2002, después de 10 años de Convertibilidad, logró cambios permanentes, como lo estamos comprobando.

¿Por qué entonces se permitió la devaluación, se preguntará algún lector inocente, si queda? ¿El gobierno quería favorecer en esta ocasión a los productores rurales de la pampa húmeda, en su mayoría enconados opositores, a los de los cultivos regionales, algunos oficialistas y otros no, y, en general, a todos los que tienen stock para exportar, incluyendo tal vez Cargill, Bunge y Dreyfus?

No lo creo. En mi opinión, lo hizo porque no tuvo otro remedio. En general, esa es la razón por la que todos los gobiernos, en todos los países, aceptan devaluar: porque ya no pueden sostener el valor de su moneda. Ningún Estado quiere recibir menos bienes por los billetes que él mismo emite, pero a veces tiene que aceptarlo. Recordaba en ese posteo del jueves que le pasó a Inglaterra tres veces, en la Gran Depresión, en 1967 y en 1992, para dar un ejemplo.

Son los costos de la inflación – aunque no sea nac&pop, parece, hablar de esos temas – y/o de la falta de competitividad. Peor es no poder devaluar cuando eso sucede, por estar atado a una moneda ajena, como nos pasó a nosotros a fines de los ´90 y a algunos países europeos ahora.

Pero, como dije, es temprano para profundizar en el análisis de cómo se va manejar esta devaluación en particular, y no soy yo el que tengo las herramientas técnicas para hacerlo. Creo, sí, que puedo aportar algunas observaciones, sobre el manejo político.

Por ahora, el asunto es una lucha de discursos. En esto, el gobierno nacional corre con una gran desventaja: el “relato” populista – que ha elegido deliberadamente – no sólo necesita que sea una historia de Buenos contra Malos, sino que además da un valor desmedido a la pelea del momento, que se cuenta como la Gran Batalla donde se enfrentan esos dos bandos. Entonces, tiene que retroceder en chancletas. Como decía un comentarista “Antes de ayer la devaluación era un golpe de mercado y hoy “el tipo de cambio se encuentra alineado con el programa económico del gobierno” “.

Que Página 12, el vocero intelectual del centro izquierda oficialista y nave insignia del Sr. Szpolski, haya dedicado su nota de tapa del día siguiente a la devaluación al cambio de grilla de los canales de Cablevisión, es revelador… y patético. Hay también un malestar en parte de la militancia K, pero también es temprano para saber si va a tener expresión política o no. Lo que sí se puede decir – hay consenso de la mayoría de los oficialistas en eso – es que el gobierno debe encarar la comunicación como un tema estratégico. Además de la gestión, claro.

Porque el punto decisivo será cómo se maneja la recomposición salarial y de las jubilaciones frente al salto inflacionario, a lo que hace referencia ese posteo de Artemio que enlacé arriba. No todos los argentinos, por cierto, son empresarios, trabajadores con convenio o jubilados. Pero estos últimos dos grupos son lo bastante numerosos para que el nivel de la actividad económica, por ende también los ingresos de los que no lo son, dependa de ellos. De aquí a marzo, será la prueba de fuego.

La oposición la tiene más fácil, en apariencia: sólo necesita repetir que todo lo que hace el gobierno está mal, es corrupto y/o torpe. Puede omitir en el juicio comparar ésta, por ejemplo, con la devaluación que acompañó a la salida de la tablita de Martínez de Hoz, la del final del Plan Primavera de Alfonsín, o como se manejó la de 2002 (donde estuvieron hoy opositores y hoy oficialistas, pero esa es otra historia). Después de todo, su tarea no es gobernar sino oponerse.

Ahora, … eso es así por un plazo muy corto. En pocos meses, se hará visible que en la oposición hay distintos proyectos políticos, cada uno con la necesidad de convencer a los votantes que es el que puede gobernar mejor. Que no es una tarea sencilla, lo demostraron los resultados del año 2011.

Pueden apostar, lo están haciendo, a que el humor social contra el gobierno, si se mantiene y extiende. les facilite la tarea. Pero no le da “chapa” de gobernante. La trayectoria de la Dra. Carrió es elocuente al respecto.

Me interesa señalar en ese plano una muestra de la capacidad de reacción de este gobierno, a la que hago mención en el título, y en el bonito video de arriba donde aparece esa extraña pareja: Jorge Capitanich y Axel Kicillof. Donde anuncian que “autorizan a personas físicas a comprar divisas para fines de atesoramiento y bajan a 20% el anticipo del impuesto a las Ganancias“.

Sobre esta medida en sí, y la forma – hasta ahora muy confusa – en que se va a implentar – voy a escribir más adelante. (Por ahora, me arriesgo con una predicción: el lunes no pasará mucho; y seguirá habiendo – al menos hasta que no se tomen otras medidas – un dólar “blue”, cuyo precio estará entre $ 11.- y $ 13.-).

Puedo estar muy equivocado, pero ese no es el punto. Frente a una situación que es una derrota simbólica, el gobierno, mientras sus voceros todavía repiten pavadas, se da cuenta que debe producir hechos. Pueden ser acertados, o no; pueden significar – creo que es así – aceptar una realidad que no es la que se pretendía. Pero muestran la condición básica de un gobierno: Asumir la realidad, y gobernar. Sonará sectario, pero tengo que decir que es una cualidad peronista.

Por Abel Baldomero Fernández

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