LOS QUINTILES MÁS BAJOS DE INGRESOS DE LA POBLACIÓN INCREMENTARON SU ACCESO A LA UNIVERSIDAD ENTRE 2008 Y 2015

Los miles de estudiantes que Vidal no ve

En contraste con los dichos de la gobernadora, un estudio de la Universidad Pedagógica Nacional muestra que el 31 por ciento de los alumnos universitarios del Gran Buenos Aires pertenece al 40 por ciento más pobre de la sociedad. En 2015 eran 99 mil personas.

“¿Es equidad que hayamos poblado la provincia de universidades, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega?”, dijo Vidal.

Los números del sistema universitario desmienten a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien cuestionó la creación de universidades públicas en el conurbano “porque todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”. De hecho, fue justamente con la puesta en marcha de esas casas de estudios en las últimas décadas que pudieron ingresar al sistema educativo superior alumnos que son la primera generación de universitarios en sus familias. Un estudio del Observatorio Educativo de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe) muestra que entre 2008 y 2015 la representación de los dos quintiles de más bajos ingresos en la universidad pública creció ampliamente por sobre el promedio: los prejuicios contenidos en la mirada de Vidal invisibilizan a más de 41 mil nuevos estudiantes del conurbano bonaerense provenientes de sectores populares.

El relevamiento del Observatorio Educativo de la Unipe desmonta tanto el exabrupto de la gobernadora como el que había expresado pocos años antes Mauricio Macri (“¿qué es esto de universidades por todos lados?”). El informe indica que, si bien los estudiantes que provienen de los sectores populares están subrepresentados en la matrícula universitaria, lejos se encuentran de no formar parte del sistema educativo superior e incluso su participación logró crecer en los últimos años.

El estudio se basa en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (Indec) y destaca que para 2015 en el Gran Buenos Aires el 31 por ciento del total de estudiantes universitarios pertenecía al 40 por ciento más pobre de la sociedad, con un total de 99 mil personas. El informe señala que, si se observa el panorama a partir de 2008, cuando inicia la última oleada de creación de universidades nacionales en partidos del Gran Buenos Aires (las anteriores fueron en el interior), sobresalen tres fenómenos.

En primer lugar, el total de personas que asisten a universidades públicas creció un 39 por ciento entre 2008 y 2015. La matrícula tuvo un “significativo” aumento, que superó ampliamente el ritmo de crecimiento de la población argentina (menor al 2 por ciento anual).

Y si este crecimiento se mira dividiendo a la sociedad por quintiles de ingreso (en cinco grupos que contienen cada uno un 20 por ciento de la sociedad, siendo el quintil 5 el del 20 por ciento más rico y el quintil 1 el del 20 por ciento más pobre) se ve que ese incremento fue más intenso en los quintiles de ingresos más bajos. Entre 2008 y 2015, la cantidad de estudiantes de bajos ingresos en el total de inscriptos al sistema universitario creció un 47 por ciento para el quintil 1 y un 95 por ciento para el quintil 2. Eso implicó más de 41 mil nuevos estudiantes universitarios en el conurbano bonaerense de hogares de sectores populares. Como referencia, el quintil 2 representa a sectores clase media-baja, cuyos ingresos superan por poco la canasta básica.

En el mismo lapso y en la misma región, los quintiles más altos, el 4 y el 5, crecieron un 28 y un 21 por ciento, respectivamente, en la matrícula universitaria.

Hijos de trabajadores

En la misma línea, el estudio de las doctoras en Antropología Social Laura Colabella y Patricia Vargas muestra el impacto social de la creación de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), en el partido bonaerense de Florencio Varela. En su trabajo describen el origen social de los estudiantes de la UNAJ, creada en 2009. “Una abrumadora mayoría (de los alumnos) son hijos de antiguos trabajadores rurales de la caña de azúcar, el algodón, el tabaco y la yerba mate, migrantes internos o de países limítrofes, y obreros urbanos, metalúrgicos, de la construcción, de las fuerzas de seguridad, de Gendarmería, Policía, Prefectura y Fuerzas Armadas; y que, en muy buena medida, se iniciaron en el mundo del trabajo en la niñez, mientras sus madres suelen ser amas de casa o empleadas domésticas”.

Pero la política de creación de universidades no sólo hizo crecer el acceso de los sectores bajos y medio-bajos a la universidad, sino también a todos los grupos sociales, incluidos los estratos más ricos. Según el estudio de la Unipe, en los quintiles 4 y 5 la cantidad de estudiantes se incrementó más del 20 por ciento. El informe indica que “esto probablemente expresa cómo la nueva oferta académica del territorio se transformó, no solo en una puerta de ingreso para nuevos sectores a la universidad, sino también en una oportunidad transversal para los distintos grupos sociales que eligen asistir a las universidades públicas”.

El estudio concluye que el sistema de educación superior cuenta con “gran vitalidad, con ofertas que se despliegan en sentido vertical (presencia de posgrados) y horizontal (tipos de carreras, diversidad de territorios) y con un dinamismo en la demanda que atraviesa a las distintas clases sociales”.

Además, pronostica que esa demanda probablemente siga en aumento por diversos factores “ya que, si bien las proyecciones de población no marcan un crecimiento demográfico futuro, tanto el desarrollo de la obligatoriedad del nivel secundario como las aspiraciones de movilidad social ascendente, la renovada demanda de calificaciones laborales, y el paradigma de educación para toda la vida seguirán perfilando crecientes niveles de acceso a la educación superior”.

Uno de los coautores del estudio, el sociólogo Leandro Bottinelli, observó que estos datos liquidan otro mito, el que dice que la universidad es un gasto “pro ricos”. “Es la idea de que la universidad pública es un simple subsidio del Estado a los más ricos, que serían los únicos que la usan. Pero las estadísticas muestran que cada vez más jóvenes de otros sectores sociales acceden, por lo que es una inversión cada vez más progresiva”.

En referencia a la propuesta de Vidal de que sería mejor apostar a la educación inicial, Bottinelli dijo a PáginaI12: “No debería aplicarse la lógica de la frazada corta. Esa era una recomendación típica del Banco Mundial de los años 90: privatizar la educación superior e invertir esos recursos en educación inicial. Por suerte, Argentina no recorrió ese camino. Hizo las dos cosas: logró expandir la educación inicial e invirtió en educación universitaria. Es real que la inversión en el nivel inicial mejora mucho la trayectoria de los estudiantes, pero usarlo como argumento para no invertir en universidades es un absurdo”.

Informe: Inés Fornassero

 

Página 12,

01 de junio de 2018

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