OJO DE HALCÓN….

Introducción y Resumen Ejecutivo

Hace muy pocas semanas el gobierno del Presidente Macri superó –al menos por ahora- una conmocionante crisis cambiaria.

Más allá de factores coyunturales tanto de orden doméstico como otros de orden internacional -no despreciables- que confluyeron para desatarla, lo cierto es que la profundidad de la crisis cambiaria resultó de la conjunción de inconsistencias y debilidades de naturaleza tanto económica como política que se fueron acumulando a lo largo de los más de dos primeros años de gestión de la actual administración.

La crisis cambiaria afortunadamente se contuvo antes de que se transformara en una bancaria y en una de deuda pública. La misma le costó al Banco Central, en un período de 30 días, la pérdida de unos u$s 8.650 millones (14%) de las reservas internacionales brutas y una devaluación de casi el 22% en el mismo lapso y que resultó del orden del 40% respecto de fines de 2017 y del 59% respecto de un año atrás. Nuestra moneda, además, se depreció desde comienzos de año mucho más que todas las del resto de las economías emergentes: el doble que la lira turca, unas tres veces más que el real, seis más que el rublo, casi más de ocho veces que el peso chileno y de diez veces más que el peso mexicano. Los títulos públicos argentinos también cayeron, para llevar el riesgo argentino a casi 500 puntos básicos.

Una crisis cambiaria, aunque no menor, volvió a poner todo al desnudo y sobre el tapete.

En lo político, el gobierno tuvo conciencia desde el comienzo de su gestión, que su condición de minoría parlamentaria y de limitado control territorial, lo colocaban en la necesidad de implementar una política gradualista en materia económica. En nuestra opinión, aun cuando hubiera contado con mayorías parlamentarias, las condiciones sociales hubieran hecho impracticable una política de shock, como lo reclamaban algunos influyentes “formadores de opinión”, profesionales y políticos.

Pero, al verificar rápidamente que las condiciones del financiamiento externo para transitar dicha decisión de política le resultaban muy favorables, las autoridades dilataron las correcciones, especialmente en el terreno fiscal, a la par que se proponían metas incompatibles con esa ralentización. En los hechos se menospreció la magnitud y complejidad de los problemas, rigideces y desequilibrios de todo orden en lo económico, lo social y lo político, que debían  encararse para colocar al país en una senda de crecimiento, desarrollo y progreso sustentables, amén del tiempo requerido para ello. Volvió, en cambio y en poco tiempo, a predominar el acopio de capital electoral para el medio término y, muy prematuramente, para la eventual reelección.
La dimensión de los niveles de pobreza, de desempleo y, en particular, de empleos precarios y de muy baja productividad, la inflación elevada y persistente, la fuerte concentración sectorial que exhiben numerosas actividades económicas, la cartelización y “mafialización” de muchas otras tanto en el terreno empresario como sindical y profesional, las rigideces del mercado formal de trabajo, el desequilibrio insostenible del sistema previsional, la pérdida continua de competitividad internacional y el estancamiento de las exportaciones, la presión fiscal asociada a un gasto público creciente y extremadamente rígido y fuertemente indexado, la caída de la inversión privada a niveles que ni siquiera alcanzan para reponer el desgaste del stock de capital, las deficiencias de infraestructuras básicas, la degradación secular de las instituciones educativas, sanitarias, judiciales, etc., la difundida cultura de la dádiva y la prebenda, son muy sintéticamente algunos de los numerosos problemas y desafíos, aún no resueltos, que enfrenta nuestra sociedad y que exigen de esfuerzos colectivos de larga maduración.

En cambio, se despreció el eventual valor de acuerdos o consensos marco con otros integrantes del arco político y social que permitieran ampliar la base de sustentación de un gobierno asentado en una organización política novedosa, como condición necesaria aunque no suficiente, para avanzar en el cúmulo de reformas que el país requiere. Asimismo se menospreció también el problema que, en el fondo, significa una oposición fragmentada y sin ideas ni propuestas claras, más allá de la ambición de poder y, en ciertos sectores, del revanchismo.

En lo económico, el gobierno parece haber subestimado la vulnerabilidad macroeconómica que implicaba asentar buena parte de su estrategia antiinflacionaria, monetaria y fiscal en el endeudamiento público, supuestamente transicional, que lo sometía insoslayablemente a los humores de los mercados financieros y a decisiones externas no controlables.

Una visión excesivamente monetarista de la inflación y, consecuentemente, del rol disciplinador de la tasa de interés, incentivaron la entrada masiva de capitales de corto plazo, que contribuían a engrosar las reservas internacionales del Banco Central sobre bases sujetas a alta volatilidad, debido a la contrapartida exigida para neutralizar el efecto monetario expansivo del mencionado ingreso de capitales financieros: la emisión de deuda remunerada por el BCRA (Lebac), engrosando el denominado déficit cuasi fiscal.

En un contexto donde la inflación –por diferentes motivos no sólo monetarios- se ha resistido a bajar, la conjunción de todos esos ingredientes dio lugar a una fuerte apreciación real del tipo de cambio y a un incremento acelerado del déficit en la cuenta corriente del balance de pagos.

La crítica corrida cambiaria reveló la endeblez de un andamiaje basado en la confianza de los mercados financieros para financiar la transición. Como en otras experiencias históricas por las que transitó el país en varias oportunidades, bastaron manifestaciones públicas de conflictos internos dentro de la coalición de gobierno más impericias, dudas y contramarchas en el manejo monetario, cambiario y fiscal, para que –ante un cambio de tendencias en las finanzas internacionales- la confianza se debilitara, se acelerara la huida de capitales, se cerraran las puertas del financiamiento del mercado y el “modelo” entrara en crisis.

En la misma línea, la crisis también se encargó de demostrar la endeblez, en la Argentina, del uso concentrado de la tasa de interés como herramienta omnipotente para equilibrar la economía. Los hechos mostraron que dicho instrumento -hasta cierto punto- resulta eficaz para controlar el tipo de cambio pero tiene escasa eficacia para controlar la inflación vía “enfriamiento” de la actividad económica. La raquítica dimensión del mercado financiero formal, donde el total de préstamosbancarios apenas pasa del 12% del PBI y de los que un 54% son diversos créditos al consumo (incluyendo los hipotecarios para la compra de viviendas) 1, es –en nuestra apreciación- un
indicador clave de lo afirmado.

Adicionalmente también fue subestimado el efecto nocivo de la dispersión en el sistema de responsabilidades y de concepciones sobre el funcionamiento de la economía nacional, para la toma de decisiones de orden económico financiero.

La recurrencia al auxilio financiero del FMI, finalmente, no es –en nuestra opinión- ni buena ni mala. Ha sido la única solución que tenía a su alcance el gobierno, ante la doble aceleración que enfrentaba: la de su debilitamiento político posterior a su triunfo electoral de medio término y la del concomitante cierre del financiamiento internacional privado. En definitiva ha sido un reconocimiento –duro y arriesgado- de que el gobierno, solo, no contaba con la fuerza ni los recursos para encarar más profunda y rápidamente el saneamiento de las finanzas públicas y la eventual recuperación de la competitividad y, de esta manera, restablecer las condiciones de
credibilidad para las fuentes de financiamiento e inversión privadas.

1) Las negociaciones con el FMI, sus condiciones y su resultado en términos de alcance material del apoyo financiero que se obtenga. Dada la historia y antecedentes de las numerosas negociaciones de acuerdos “stand by” por parte del país (y también de otras naciones) lo único que entendemos está hoy claro –a través de una lectura cuidadosa de los 1)

Fuente: BCRA, Cuadros Estandarizados de Series Estadísticas, Principales Activos de las Entidades Financieras.
Datos al 22/05/2018.
2 Desde 1958 (1er. Acuerdo stand by) el país firmó 19 acuerdos stand-by, 6 convenios compensatorios por caída de
exportaciones y 1 acuerdo denominado “oil facility”rituales técnicos del organismo- es que el apoyo financiero del Fondo indefectiblementedemandará, en forma estricta, que todas las metas converjan a los objetivos de bajar la
inflación, el déficit fiscal y al restablecer el equilibrio en la cuenta corriente del balance de pagos y de los flujos de financiamiento privados, muy probablemente de un modo más acelerado de lo que originalmente tenía previsto el gobierno. Para lo cual requerirá: i) que lasmetas fiscales y monetarias se expresen fundamentalmente en términos nominales, más queen relación con el PBI; ii) que las metas fiscales estén esencialmente referidas al déficit total
y no sólo al primario u operativo; iii) que las metas monetarias estén referidas a lo que se denomina “crédito interno neto del Banco Central”, entendido como la diferencia entre la variación  de reservas internacionales y la del financiamiento del BC al gobierno y al sistema financie ro; iv) que el tipo de cambio flote para, en cada momento, ubicarse en niveles compatibles con la convergencia de los objetivos monetarios, fiscales y de balance de pagos.
2) a) Las medidas para controlar o minimizar el traslado a precios (pass-through) de la devaluación.
b) La evolución del tipo de cambio en un mercado sensibilizado, volátil y muy sujeto a los vaivenes internacionales, y las políticas que -en el marco del acuerdo con el Fondopermitan mantener la “ganancia” de competitividad producida por la depreciación cambiaria.

c) Los efectos a corto y mediano plazo de la culminación del conflicto tarifario, cuyas derivaciones en el terreno político y fiscal, aún difíciles de pronosticar.
d) La capacidad del Banco Central para implementar un canje (swap) de su deuda remunerada de corto plazo (Lebac) por instrumentos de mayor duración, que ayuden a alivianar tensiones monetarias y cambiarias.
3) La señales sobre la verdadera disposición del gobierno a incorporar la dimensión política a su sistema de gestión, entendida como una mecánica de negociación -y no un contrato de adhesión- para transitar el proceso de aceleración de ajustes macroeconómicos emergente de la crisis, con un grado importante de control de la conflictividad que el mismo habrá de generar.
4) La credibilidad de los mercados en la capacidad del gobierno para ordenar y conducir de manera sostenible la resolución de la crisis y, en particular, en su capacidad para generar expectativas y condiciones positivas respecto de sus posibilidades de ganar las elecciones generales de 2019.
En la Primera Sección se analiza la evolución de la performance fiscal anualizad y medida en pesos constantes. En especial se presta atención a los efectos de la devaluación sobre el comportamiento fiscal de los meses venideros.

En la Segunda Sección se describe la evolución comparativa entre tres precios claves de la economía: la tasa de interés, el tipo de cambio y el nivel general de precios al consumidor. Se pone, aquí, especial énfasis en destacar el cambio de tendencia en la relación entre ambos, sus consecuencias y, particularmente, en las de la fuerte devaluación reciente sobre otras variables deorden no fiscal.
En la Tercera y Cuarta Sección se observan los movimientos de los pasivos remunerados delmBanco Central (especialmente las Lebac) y su relación con las reservas internacionales brutas y los de los principales agregados monetarios, que expresan aproximadamente el comportamientoreal de la oferta y la demanda de liquidez.

PRIMERA SECCIÓN – La Performance Fiscal en Términos Reales
Al cabo del primer cuatrimestre del año en curso, la performance fiscal primaria (u operativa) anual –o sea la del período mayo ‟17/abril ‟18 respecto de mayo ‟16/ abril ‟17- valuada en moneda constante mantuvo la tendencia a mejorar, que se venía evidenciando desde comienzos de año. Tal como puede observarse en el Cuadro I, ello se refleja en el renglón correspondiente al “Resultado Primario”. En el período anual terminado en abril último dicho Resultado cayó en casi en un 9,8% y siguió mostrando una tasa real creciente negativa de variación a lo largo de las
sucesivas mediciones anuales, que hemos realizado desde el inicio del ejercicio fiscal en curso.

cuadro I

El mejoramiento del resultado operativo anualizado, valuado a precios constantes, se originó en una caída de los gastos primarios reales (-5,3%) superior a la también registrada en los ingresos reales (-4,5%). Al respecto, debe señalarse que dicha relación entre ingresos totales y gastos primarios, considerados ambos en moneda constante, se viene verificando de manera continua a lo largo del año.

Sin embargo debe advertirse que, a pesar de la aseveración anterior, una observación detallada de la evolución de dichos componentes del resultado primario, muestra que los ingresos totales reales han estado cayendo a un ritmo superior al de los gastos primarios reales. Al respecto habrá que mantener un cuidadoso seguimiento de esta diferente aceleración de dichos constituyentes de la performance fiscal, ya que de continuar la tendencia apuntada podría revertirse la mejora registrada en el resultado operativo en moneda constante.

De todas formas, cumplido el primer cuatrimestre, se mantuvieron algunas de las características de la reducción del gasto en valores reales, que ya se habían venido observando hasta marzo pasado: 1) las prestaciones sociales (jubilaciones, pensiones, AUH y otros subsidios sociales) continuaron mostrando un incremento en valores reales, aunque levemente desacelerado; 2) la reducción en moneda constante de los subsidios económicos (electricidad, gas, transporte público) continuó acentuándose y 3) la misma observación se extiende a la caída en el valor real
de las transferencias a provincias y de los gastos de capital. La reducción de estos últimos respondería no sólo a una mayor eficiencia en las contrataciones, sino también a un traslado no menor de dichos gastos a las provincias. Al respecto debe apuntarse que los ingresos de las provincias por coparticipación han aumentado  ignificativamente a partir del fallo de la CSJ que restituyó el descuento que se les hacía con destino a la ANSES.
El peso relativo de los salarios más las prestaciones sociales (subsidios sociales + jubilaciones y pensiones) continúa mostrando una tendencia levemente creciente que, al finalizar el primer cuatrimestre, ya había superado el 70% del gasto primario, tal como se observa en el cuadro II.

cuadro II

La participación de los subsidios económicos dentro de los gastos primarios mantuvo la tendencia declinante ya iniciada en 2016 Ello resulta concordante con la política de adecuación tarifaria de los servicios públicos, sostenida por la creciente eliminación de los subsidios económicos al gas, la electricidad, el agua y el transporte público, esencialmente concentrados en el AMBA3

. Como se mencionó en la Introducción, el reciente conflicto político legal que suscitó la reinstalación de las actualizaciones tarifarias -postergadas durante el proceso electoral de 2017- si bien quedó resuelto en el terreno administrativo con el veto presidencial, en rigor ha dejado el tema con interrogantes respecto de la viabilidad, alcances y consecuencias de la política a aplicarse en el futuro.

cuadra III

La reducción de los subsidios económicos siguió siendo el principal factor de mejoramiento de la performance fiscal primaria u operativa, pero como se verá más abajo, tanto el cambio de escenario doméstico como el internacional pueden afectar de manera importante la evolución del déficit operativo.

El resultado financiero o déficit total del gobierno nacional medido en moneda constante, continuó aumentando en términos reales. Pero dicho incremento resultó llamativamente más atenuado de lo que venía mostrando la serie anual hasta el mes de marzo pasado. En efecto, la tasa de incremento del déficit total real bajó del 9,4% registrado a marzo pasado a un 1,7% al cierre de abril.

Ello, lamentablemente, fue el resultado puramente aritmético de la combinación del atraso cambiario con el fuerte salto que experimentó el rubro correspondiente al pago de intereses en el período mayo ‟16/ abril ‟17 en comparación con el crecimiento de los intereses pagados en el lapso comprendido entre mayo ‟17 y abril ‟18, y no a un menor endeudamiento ni a una sustancial rebaja en la tasa de interés de la deuda del gobierno nacional.

La devaluación resultante de la crisis cambiaria junto con la inflación necesariamente resultante de su traslado a precios, constituirán factores importantes de incidencia sobre la performance fiscal de los meses venideros. Aun cuando todavía resulta prematuro dimensionar con precisión el resultado neto del juego de fuerzas que influirán en los resultados fiscales, una evaluación de orden cualitativo de sus efectos y consecuencias, permite deducir primariamente que:

 La fuerte suba del tipo de cambio aumentará la carga de intereses valuados en pesos
sobre el total de la deuda contraída en moneda extranjera.
 La combinación de la devaluación más la suba del precio internacional del barril de
petróleo de los últimos meses (12%) de alguna manera afectarán el resultado primario por
su incidencia en el rubro correspondiente a los subsidios económicos (en particular los
relacionados con la energía). Algunas estimaciones serias ubican en el orden de los u$s
1.500 millones el costo fiscal directo de ambos factores para lo que falta de 20184
, que seguramente será muy difícil que el gobierno pueda trasladar a los consumidores, al
menos en un plazo corto.
 Por efecto directo de la devaluación se incrementará la recaudación correspondiente a los
derechos de exportación aún vigentes (soja) y los aranceles de importación y, como
consecuencia de la mayor inflación, también la de algunos tributos, especialmente el
IVA.
 La inflación resultante de la devaluación se reflejará automáticamente en los gastos
relativos al sistema previsional y a algunos componentes de los subsidios sociales, que
están legalmente indexados.
 En cambio, el muy probable menor nivel de actividad, especialmente por el impacto de la
devaluación en el consumo interno, hará caer la recaudación por IVA y por aranceles de
importación. A ello –aunque ajena a la devaluación- habrá que añadir el efecto
contractivo sobre la actividad de la peor sequía en décadas y sus consecuencias sobre la
recaudación.
 En el corto plazo, disminuirá la necesidad de financiamiento en moneda extranjera.

SEGUNDA SECCIÓN – Tasa de Interés, Tipo de cambio y Nivel General de Precios
El Cuadro IV permite seguir la evolución comparativa entre la tasa de interés en pesos (Interés Capitalizado5), el tipo de cambio (Indice de Tipo de Cambio) y el nivel general de precios (IPC) desde la eliminación del “cepo cambiario” y liberación del mercado de cambios con la asunción del gobierno del Presidente Macri, hasta el presente.

Para el período total analizado, culminado el último 15 de mayo, la tasa de interés capitalizada continuó manteniéndose por encima de la evolución de las otras dos variables. En efecto, la tasa de interés capitalizada tuvo un crecimiento del 96%, contra un 91,2% en los precios al consumidor y un 80,2% en el tipo de cambio.

Ello significó que, en un plazo de 29 meses, la tasa de interés acumulada o efectiva superara en apenas un 2,4% al crecimiento de los precios, pero en casi un 9% al alza del tipo de cambio.

Ahora bien, cuando la comparación se reduce al período anual mayo „17/mayo‟18, el tipo de cambio registra una suba del 58,8%, la tasa de interés capitalizada un 29,8% y los precios al consumidor un 27,4%.

Finalmente entre mediados de diciembre de 2017 y el detenimiento de la crisis cambiaria a mediados de mayo del corriente año, el tipo de cambio aumentó un 39,5%, los precios al consumidor lo hicieron en un 12,5% y la tasa de interés capitalizada en 11,4%.

Estos movimientos de los precios relativos del dinero, de la moneda extranjera y de la canasta de bienes de consumo denotan, así, fuertes traslados tanto patrimoniales como de ingresos entre los diversos agentes económicos que interactúan en la sociedad argentina.

Particularmente la fuerte devaluación que produjo la severa crisis cambiaria de fines de abril y primera quincena de mayo última, conduce a interrogarse acerca de sus efectos -diferentes a los relativos a la performance fiscal ya señalado más arriba- muchas veces contradictorios entre si.

La devaluación genera un primer impacto de mejora de la competitividad internacional del país, especialmente por vía del abaratamiento de los costos locales medidos en moneda extranjera, tales como los salarios y otros insumos de producción doméstica. En consecuencia, en una primera instancia, se incrementará la rentabilidad en moneda local de los sectores o actividades exportadoras, que servirá de estímulo a las mismas.

Al mismo tiempo, se producirá un encarecimiento las importaciones y una tendencia a su contracción. Muy posiblemente la combinación de ambos factores produzca una primera corrección positiva sobre la balanza comercial.

cuadro IV

Sin embargo, dada la estructura económica argentina y la historia de formación de expectativas gestada a través de más de 74 años de inestabilidad de precios (incluida la cambiaria)6 , en una dosis no menor la devaluación se abrirá paso -en mayor o menor medida y con mayor o menor velocidad, según las políticas que se adopten- a través de un traslado al nivel general de precios.

La experiencia histórica muestra claras evidencias de que la devaluación de la moneda no es suficiente para asegurar una mejora continua de la competitividad internacional de la economía argentina. Poder romper este “nudo gordiano” sigue siendo un desafío cada vez más dramático para las dirigencias de nuestra sociedad.

Es muy probable que, como consecuencia de la magnitud de la devaluación, el PBI medido en dólares termine reduciéndose al cabo del corriente ejercicio, lo cual desmejorará los indicadores que denominamos de “deuda pública ácida”7
.
La devaluación mejora el balance del BCRA, ya que le permite arrojar una importante utilidad como resultado del fuerte incremento del valor en pesos de sus activos en moneda extranjera (reservas) en relación a sus pasivos, casi totalmente conformados en pesos. En el pasado, ganancias de este tipo eran “aprovechadas” para financiar al Tesoro vía transferencias de utilidades, que se incluyen en el rubro “rentas de la propiedad” dentro de los ingresos corrientes del gobierno nacional. El actual gobierno ha usado muy limitadamente este recurso y, posiblemente, en el marco del futuro acuerdo con el FMI el mismo no sea utilizado. Pero aún es prematuro afirmar esto categóricamente.

En particular, tal como se observa en el Cuadro V de la Tercera Sección, ha permitido licuar parcialmente la relación entre los pasivos remunerados del Banco Central (Lebac + Leliq + Pases pasivos) respecto de las reservas internacionales brutas.

En efecto dicha relación, de representar un 179% en mayo del año pasado, se redujo a un 103% al presente. De todos modos debe tenerse en cuenta que, debido a las turbulencias cambiarias que se iniciaron en el pasado mes de febrero y que se acentuaron entre la segunda quincena de abril y la primera de mayo recientes, el stock nominal de Lebac, desde el mes de febrero, se mantuvo prácticamente en los mismos niveles.

A su vez debe señalarse que, si la tasa de interés que la autoridad monetaria paga por ese pasivo volviera a ubicarse por encima de la tasa de devaluación, la relativa licuación apuntada quedaría

nuevamente desactualizada. Al respecto resulta importante apuntar que entre los instrumentos que utilizó el Banco Central para frenar la corrida cambiaria estuvo la fuerte elevación de la tasa de interés pagada por las Lebac de menor plazo al 40% anual a 35 días. Ello equivale a una tasa mensualizada del orden del 3,3%. Esta tasa equivale prácticamente a la proporción en que continuó devaluándose el peso entre la suspensión de la crisis y fin del mes de mayo

TERCERA SECCIÓN – Stock de Lebac y Otros Pasivos Remunerados del BCRA vs Reservas Internacionales Brutas
El Cuadro V muestra la evolución comparativa de los pasivos remunerados (Lebac+Leliq+Pases pasivos) del BCRA respecto de las reservas internacionales brutas.

Después de más de dos años durante los cuales el stock de Lebac se multiplicó 3,5 veces y la duración media se ha ido reduciendo sistemáticamente desde comienzos de año, el BCRA ha reconocido que la dimensión alcanzada por este pasivo remunerado –originado en propósitos de regulación monetaria y cambiaria- genera una muy alta inestabilidad monetaria y cambiaria8 . En razón de ello ha anunciado que propondrá un canje voluntario de activos para extender los plazos, cuyas características aún no se conocen.

cuadro V

CUARTA SECCIÓN – Evolución de los Principales Agregados Monetarios
El Cuadro VI exhibe la evolución de los principales agregados monetarios expresados en términos reales. La misma da muestra de dos fenómenos concomitantes: a) la fuerte reducción de la base monetaria en moneda constante –representativa de la oferta primaria real de dinero- en los primeros cinco meses del corriente año, que está exhibiendo el sesgo contractivo que ha tenido la política monetaria en dicho lapso y b) la importante caída en términos reales que han experimentado de las tenencias de activos financieros en moneda local por parte del sector privado no financiero, representativa de la demanda de dinero en sentido amplio.

Puede afirmarse que esto último da muestra de una tendencia a la baja en la demanda de activos financieros líquidos por parte del público. Al respecto no puede dejar de observarse lo señalado en la segunda sección, donde se da cuenta de que, en lo que va del corriente año la tasa de interés pasiva ha sido negativa en términos reales y también ha corrido muy por detrás de la evolución del tipo de cambio.

cuadro VI

Los depósitos en moneda extranjera del sector privado, por su parte, han mostrado una importante estabilidad. Al cierre de mayo del corriente su volumen ascendía a u$s 25.978 de los cuales un 74% lo constituían depósitos a la vista y en caja de ahorros
El mencionado stock resultó inferior en sólo u$s 659 millones ( -2,5%) respecto de fines de 2017 y superior en u$s 2.723 millones (12%) que el saldo a fines de mayo de 2017.

cuadro VII y anexos

Por Lisandro Barry y Carlos Quaglio
Mayo/Junio 2018

4 “Monitor Semanal”, Quantum Finanzas, 24 de mayo de 2018

5El cálculo se realizó suponiendo la reinversión de $1 al inicio, a la tasa vigente a cada vencimiento para las Lebac
más cortas (28 a 35 días, según el mes).

6 Entre 1944 y 2018 (74 años) sólo hubo 14 con inflaciones por debajo del 10% anual, de modo que los argentinos
hemos vivido el 81% de este período en condiciones de alta inflación. Por su parte, desde 1952 nuestro país soportó

catorce recesiones, 7 crisis cambiarias, 2 crisis bancarias y 3 crisis de deuda. Y desde 1930 a la fecha experimentó la vigencia de 26 regímenes cambiarios, entendidos como sistemas legales regulatorios del funcionamiento del
mercado de cambios. Ello significa que, en un plazo de 87 años, rigió un régimen diferente cada 3 años y medio.

7 Entendemos por deuda pública ácida a la deuda en moneda extranjera en poder de acreedores privados, que está
distribuida globalmente entre tenedores locales y externos. En este contexto el concepto no tiene una connotación
vinculada al perfil de vencimientos de la deuda en el tiempo.

8 Al respecto debe añadirse, además, que las Lebac cuentan con una liquidez muy elevada, ya que en 24 hs. pueden hacerse efectivas a la tasa de descuento vigente en el mercado en cada momento.

 

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