CAMBIEMOS YA ES ZAFEMOS

Imagen: Jorge Larrosa

Mauricio Macri quiere tres cosas que no siempre son fáciles de lograr al mismo tiempo: ganar, durar y seguir en la propia.

No se trata, en su caso, de morir con las botas puestas. Tampoco busca forma alguna de inmolación. Se trata de durar para seguir cambiando la Argentina de modo regresivo y garantizar los beneficios de los dos sectores que más avanzaron en los últimos dos años y medio: las empresas distribuidoras de energía y los operadores que garantizaron la fuga de divisas.

Los aumentos en electricidad llegaron al 1700 por ciento desde el 10 de diciembre de 2015. Desde ese período la fuga de divisas llegó a los 90 mil millones de dólares. Son cifras del Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, que dirige Arnaldo Bocco. Los números son de abril. Bocco prepara un nuevo informe que mostraría, según pudo saber PáginaI12, una situación aún más miserable del sector externo.

Los ministros de Macri están a la vez para representar intereses sectoriales y, como todo ministro de cualquier gobierno y en cualquier época, para actuar de fusibles. Deben saltar cuando todo el circuito está en riesgo.

En el segundo sentido, el del circuito y los fusibles, Macri es un político pragmático. Su amor personal e ideológico por Federico Sturzenegger no alcanzó para que lo mantuviera al frente del Banco Central, y lo mismo acaba de suceder con Juan José Aranguren. La semana pasada PáginaI12  publicó una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública que ilustraba la caída de imagen del Presidente  –su aprobación no pasa del 33 por ciento–, mostraba un 70 por ciento de rechazo al acuerdo con el FMI e indicaba otra franja de casi el 70 por ciento de disgusto por el aumento de servicios públicos. Al 69,2 por ciento de los consultados el tarifazo le parecía, sencillamente, “excesivo”.

Si Macri fuera solo un presidente oportunista y sin rumbo ni intereses que cuidar hubiera cambiado de objetivos. No lo hizo. Pero tal vez haya captado que su capital político disminuyó y no puede hacer todo al mismo tiempo. No puede desafiar a los ciudadanos, incluidos sus propios votantes, afectados por el tarifazo como el resto, y reforzar el camino de las ganancias rápidas en finanzas.

No es que Luis Caputo y Nicolás Dujovne carezcan de cuestionamientos. Los dos son ministros offshore con bienes en el exterior. En el caso de Dujovne, además, Macri le amplió sus jurisdicciones mientras un equipo de periodistas de Tiempo Argentino informaba que su casa en Belgrano está registrada como un baldío y paga impuesto inmobiliario en esa categoría. Es decir que, al menos por ahora, el puesto de interlocutor del Fondo resulta superior, a ojos del Presidente, que cualquier chispazo. De Caputo ni hablar: Macri lo consagró en el Banco Central y le agregó poder aunque está denunciado por negocios incompatibles con la función pública. En las páginas 4 y 5 de esta edición el análisis de la letra chica del acuerdo con el Fondo completa esta visión. Con un agregado: parte de las denuncias contra Caputo por el manejo de sus empresas en el exterior apuntó justamente a maniobras relacionadas con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de los jubilados. Exactamente una base provisional que corre riesgo de desaparecer a medida que se profundice el vínculo con el Fondo. Así se cumplirá lo que anunció Marcos Peña en diciembre: la poda de jubilaciones, tan criticada popularmente como el tarifazo, no era la reforma jubilatoria sino solo un service. La reforma será aún peor porque será eso, reforma.

¿Hará Javier Iguacel lo mismo que Aranguren? No tiene sentido hacer pronósticos. Lo obvio es que hará lo mismo que viene pensando Macri. El Presidente acaba de echar a Aranguren después de vetar las limitaciones al tarifazo sancionadas por las dos cámaras del Congreso por iniciativa de la oposición unificada. Hasta la medianoche, al menos, la Presidencia no había anunciado que retrotraía las tarifas a diciembre de 2015. Ni siquiera a noviembre de 2017 como establecía la norma que no llegó a nacer. Si las cosas siguen de este modo, Iguacel será un Aranguren sin su cara ya tan conocida. La verdad, suena improbable.

El nuevo ministro, por otra parte, fue un soldado de Macri en la escenificación del relato sobre la herencia recibida. Su primera misión en Vialidad Nacional fue encargar un estudio sobre las obras en las carreteras de Santa Cruz. Nada sobre los otros 23 distritos del país. En los últimos meses Iguacel fue uno de los funcionarios más elogiados por Elisa Carrió, la encargada de ocupar el espacio de la disidencia sin plantear ninguna diferencia de fondo. Una de las bases de la política energética es la dolarización del precio del gas en boca de pozo, que influye también en el componente gasífero de la electricidad. El Gobierno dejó de subsidiar usuarios mientras amplió la ganancia de las empresas y fijó un precio de casi siete dólares por millón de BTU, la unidad con la que se mide el flujo de gas, sin que nadie haya explicado el porqué.

La Justicia tiene dormida una denuncia presentada por Mariano Lovelli, presidente del Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad, Cepis e integrante del Observatorio de Tarifas de la Umet, según la cual Aranguren adelantó irregularmente un mes, de mayo a abril, el aumento de tarifas. Otro test para medir si la presencia de Iguacel en el nuevo mejor equipo de la historia es un cambio de fondo o un recambio que concreta un Presidente desesperado. Desesperado y con una gran suerte: no hay elecciones en 2018. Por eso juega todas sus fichas ahora. Estos meses es el líder de Zafemos.

Granovsky, Martín

Página 12,

7 de Junio 2018

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