LA BANDERA, ¿SÍMBOLO DE INDEPENDENCIA O DE BALCANIZACIÓN Y DOMINIO?

20 de JUNIO DIA DE LA BANDERA NACIONAL

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Una pregunta sobre la enseña nacional que me estoy haciendo en estos días de tantas conmemoraciones en medio de eternas frustraciones argentinas, con prudencia y respeto por todo lo que hemos sangrado en Malvinas en 1982 y en la Operación Independencia en Tucumán bajo el manto de nuestros colores, pero que no puedo evitarla si quiero entender lo que nos ha pasado en estos doscientos años de calamidades sin destino. Los símbolos son importantes para determinar territorios, estados y culturas. Por eso les pregunto como una inquietud personal, mis estimados lectores, ¿no creen que los ingleses celebraron en sus ánimos internos la nueva bandera de Manuel Belgrano en 1812?, dado que la anterior, la borgoñona de los Austrias que nos gobernaron en América, que todavía hoy portan el Regimiento 1 “Patricios”, el estado de Chuquisaca en Bolivia, el puerto de Valdivia y el archipiélago de Chiloé en Chile y los estados de Alabama y Florida en los Estados Unidos, los había derrotado cientos y cientos de veces en las Indias y en Europa durante los dos siglos anteriores. La borgoñona, más conocida como Aspas de Borgoña, había resultado invencible; nuestros enemigos no pudieron contra ella.

Y era una bandera muy querida por nuestros pueblos. Posiblemente el sentido de sus victorias esté en el significado de la cruz de San Andrés que la adorna. Este apóstol murió crucificado en Patras, antigua Grecia, sobre una cruz con forma de equis y allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban. Mientras agonizaba, no cesaba de transmitir el Evangelio. Allí radicó la victoria del santo que perdura hasta hoy, pues Grecia se mantuvo cristiana.

Me planteo que los ingleses tal vez la festejaron, porque a partir de ella hubo una bandera rival contra España en América, levantada por españoles americanos que luchaban contra otros españoles americanos. Ambos creían en lo mismo, que peleaban por su rey. Una creencia que impulsó una guerra civil donde a aquellos, a los británicos les salió todo redondo; se lograron los propósitos ingleses. Dividirnos en múltiples estados, aunque compartiésemos tierra, rey, moneda, administración, fondos situados, comercio interno y asiático, rutas navegables, caminos, defensa, leyes, universidades, lengua y religión para, al dividirnos, poder manejarnos mejor al perder todos esos elementos de unión. A partir de nuestra bandera, salió la misma idea de crear banderas en toda América y ese símbolo disparó la balcanización, pues ni siquiera fue una enseña para toda Hispanoamérica, solo para el Río de la Plata. Entonces cada territorio que pretendía convertirse en un nuevo estado hizo la suya, la mayoría sin gran valor vexilológico. Incluso, las centroamericanas, son copias de la argentina. Nuestra bandera es hermosa y simboliza por lo que luchamos en 1982 y en la Conquista del Desierto y unificó a criollos con inmigrantes, lo que digo y me pregunto, es sobre un momento político al comienzo de nuestra historia. Las cartas luego quedaron echadas.

Recuerdo que el rey Jorge III de Inglaterra le regaló un reloj al general Manuel Belgrano, aquel con el que le pagó los cuidados de su salud en sus últimos momentos de vida a su médico personal, el dr. Redhead, un escocés que operaba como agente británico en el norte argentino. Junto a San Martín también actuaba otro médico inglés como espía a favor de Gran Bretaña, el famoso dr. James Paroissien. La bandera, e incluso el proyecto de monarquía incaica favorecían a Inglaterra, aunque Belgrano en su inocencia política no lo supiese. Nuestros próceres estaban cercados por agentes extranjeros y pecaron por ignorancia política. No entendieron que se gestaba a sus espaldas. Bastaba con que rompiésemos la unidad para que la banca de Londres viniese en “auxilio” a sepultarnos y a dominarnos financieramente; como al fin lo hicieron con el Tratado de comercio y navegación de 1825 que firmaron todos los nuevos estados americanos con Inglaterra. Y esa situación de postración financiera con un permanente endeudamiento, se mantiene hasta el día de hoy.

Manuel Belgrano estuvo en Londres con Rivadavia en 1814, curiosamente dos años después de crear la bandera argentina con los colores borbónicos, los colores de quien el consideraba su rey, cuando fueron a Europa a buscar un príncipe europeo para que reinara en América y como opción, a pedirle a Carlos IV°, lo que podemos leer en las “Súplicas de Belgrano y Rivadavia como vasallos de S.M.C. el rey Carlos IV°”; para que intercediera ante Fernando VII° y este nos permitiera poder volver a la unidad con España. Belgrano veía que se había abierto una caja de Pandora con todos sus males desparramándose en América, que todavía sigue abierta hasta nuestros días y que mantiene al continente empobrecido, con gobiernos que van de un extremo al otro, en un péndulo que nunca presenta soluciones. Pero el rey emérito residente en Roma los sacó carpiendo, pues es posible que Carlos IV° supiese que Bernardino Rivadavia tenía instrucciones secretas del Directorio para conseguir un príncipe europeo e independizar a las Indias. O tal vez por torpezas reales de Carlos IV° y de Fernando VII°. O por las intrigas de algún cabildante palaciego malintencionado. No es seguro. Quizás nos merecíamos nuestro destino. Probablemente no íbamos a poder evadirnos de la decadencia de occidente que ya se vislumbraba en Europa desde el 14 de julio de 1789. Es imposible escapar del abismo al abandonar la tradición. Cosa que lamentablemente sucedía en ambas orillas de la monarquía española.

Lo que es concreto, es que con el derribo del imperio en América, se cayó el último katehón político, el último obstáculo contra el Mal de este mundo. Y hoy parece no haber potencia cristiana que pueda impedir el sombrío futuro que acecha a la humanidad. Hoy siento inquietud y preocupación al ver flamear las banderas indigenistas que portan un sentido secesionista para separar las Patagonias de Argentina y de Chile y convertirlas en un nuevo estado dependiente de Londres. Sería la continuación inglesa de balcanizarnos nuevamente y perder definitivamente nuestro sur, nuestras islas y nuestra Antártida y Mar Argentino. Y no digamos que esas cosas no ocurren; recordemos que la Unión Soviética, Yugoslavia y Sudán, al separarse, se convirtieron en veintiseis estados nuevos; la destrucción de las naciones, todavía ocurren. Primero se las carcomen por dentro, luego les cambian los símbolos y después ya nada es como era antes.

¿Habrán sentido nuestros pobladores americanos la misma inquietud a partir de 1812 al tener que enarbolar banderas distintas a la de Borgoña que siempre habían portado con orgullo y con honor? ¿Habrán visto que las nuevas nos separaban a unos de otros en nuevos estados? Si aquellas banderas nos dividieron, ¿es alocado tener la misma inquietud ante las ya numerosas banderas indigenistas?

Pero tengo una esperanza, nuestra bandera azul y blanca ganó legitimidad al enfrentar al cíclope anglicano en 1982, ese monstruo que solo tiene un ojo para verse a sí mismo, haciéndole sentir que éramos bravos cachorros criollos y que todas las naciones de la hispanidad, incluyendo a España donde se anotaron millares de voluntarios civiles y militares para venir a pelear junto a nosotros, salieron en defensa nuestra mostrando las fibras vivientes de nuestro pasado común como imperio y las posibilidades de una fuerte unión para enfrentar todo poder extranjero en los acontecimientos por venir en este espeso siglo XXI. Si tomamos conciencia de nuestra civilización común y de nuestro lugar reservado en la historia, podremos enfrentar airosos los conflictos de los próximos tiempos. Y en ese momento y espacio, nuestras banderas americanas unidas y al amparo de las imperiales Aspas de Borgoña, como señal histórica de unidad entre nuestros pueblos hermanos, adquirirán todo su valor como definitivos símbolos de independencia.

ENTRE NEUTRALIDAD MORAL E IGNORANCIA

Con pena en el alma pude leer que el Concejo Deliberante del municipio de Malvinas Argentinas del Gran Buenos Aires, aprobó una insólita ordenanza; resolvió el 5 de mayo en una doble torpeza intelectual que podría tildarse de traición a la patria, que la bandera wiphala flamee en los establecimientos educativos estatales y privados en el distrito de Malvinas Argentinas, para que generaciones venideras supuestamente descubran que existía otra cultura, reconociendo la preexistencia étnica y cultural de los pueblos originarios. Además, la ordenanza propone colocar todos los 12 de Octubre la bandera a media asta en recordación a los originarios fallecidos en la Conquista de América.

Es penoso, triste y da vergüenza, que ediles municipales de una ciudad que porta tan glorioso nombre, el de nuestras islas irredentas, desconozcan la historia del descubrimiento y la conquista y repitan ad nauseam la leyenda negra que ha sido aclarada hasta el hartazgo. Se sabe bien y se comprueba al caminar las calles de la América Española, que el color de piel de nuestros compatriotas denota la sangre aborigen preponderante en nuestras sociedades.

El Nuevo Mundo estaba habitado por un sinfín de tribus que no tenían conciencia de continente, ni de nación, donde las más débiles eran sometidas por los imperios azteca e inca que se destacaban por su crueldad para con otras tribus. Incluso, algunas que no llegaban a imperio como los indios caribes, se destacaban por su canibalismo ejercido sobre tribus más débiles como los indios taínos que, cuando Colón llegó, estaban al borde de su extinción. Hernán Cortés y luego otros Adelantados, organizaron a cientos de tribus pequeñas para enfrentar y derrotar al poderoso y sanguinario poder azteca.

¿Acaso nuestros honorables ediles creen que cuatrocientos españoles al mando de Cortés, por muy bravos que fuesen y lo eran por cierto, hubiesen podido derrotar a cuarenta mil guerreros aztecas, si no hubiesen contado con la ayuda de decenas de miles de nativos indígenas que se querían liberar del yugo también indígena? Y no hablen de los arcabuces españoles que, donde se humedecían en el Caribe, no servían más que de garrotes.

Lo que si hubo fue un choque virósico, como se produce aún hoy en día cuando se encuentran numerosos grupos migratorios con sus nuevos anfitriones. Incluso en viaje a lugares lejanos, mucha gente se vacuna preventivamente, eso no es culpa de nadie, la naturaleza es así. Ese choque produjo la muerte de numerosos indios y de españoles también.

Pero, ¿acaso saben que en el sur del continente las poblaciones indígenas eran poco numerosas y las que había convivieron pacíficamente con la civilización española? Era natural que, en algún momento las poblaciones de un lado y de otro del océano se encontraran, las antípodas se equilibraban y estaban destinadas a conocerse. Y en ese encuentro, la población más retrasada era lógico que quisiera avanzar y adoptar el progreso que le ofrecía la más adelantada. Y tan es así, que España les aportó a los pueblos amerindios el noventa por ciento de la dieta cárnica y cerealera y estos pueblos le aportaron al español el chocolate, el tabaco, el tomate y muchas cosas que hoy se disfrutan en Europa y el mundo.

Gran sorpresa se llevarían nuestros ediles si supiesen que el impulso evangelizador español, que es motivo de orgullo para mentes inteligentes, fue posible gracias a la receptividad de los indígenas que se acercaban a las capillas asombrados porque el Dios que había llegado no exigía sacrificios humanos, es más, se había sacrificado El por nosotros. Para los indios, Jesús era el Dios bueno que no necesitaba satisfacerse con la sangre de doncellas y guerreros derrotados. La aceptación de esa simple novedad, obligó a los misioneros a construir templos más grandes y luego catedrales, para lo cual, miles de indios aprendieron gustosos el arte de la albañilería. Y estos mismos misioneros les rescataron sus lenguas y las pasaron a idiomas escritos, ya que en su mayoría eran ágrafas, no tenían escritura. Lenguas que en muchos casos, fueron perseguidas tras las independencias.

Por último, sería interesante que los ediles averiguasen tres o cuatro cosas más antes de pretender imponer unas banderas sin historia. En primer lugar, los indios no tenían telas de flameo y nunca usaron banderas, como mucho y tal vez, algún estandarte en alguna tribu, estas banderas son modernas y quisiera saber quién las diseñó. En segundo término, deberían averiguar que detrás de toda esta acción indigenista hay un claro interés británico en provocar una secesión territorial en el sur argentino y chileno para crear un estado ficticio seudo mapuche, que luego dependería económica y militarmente de Inglaterra, es decir, Londres extendería su usurpación desde Malvinas hasta el Pacífico, adueñándose definitivamente de la Antártida.

Lo pueden comprobar en este sitio: http://www.mapuche-nation.org/espanol/nosotros.htm Y nuestros ediles serían cómplices de esta entrega. Creo que se llama traición a la patria, no sé qué pensará ud, querido lector, pero me gustaría saber su opinión sobre cómo usted mismo podría perder la mitad del país, en una clara continuación inglesa de la guerra del Atlántico Sur, cuya voluntad es someter a todo nuestro país, como lo viene haciendo desde sus acciones de apoyo al separatismo revolucionario en 1810, que terminó dividiéndonos en más de veinte estados debilitados y por dos siglos sometidos a sus intereses hasta el día de hoy. El tercer aspecto a considerar es que los indígenas no sufrieron una invasión sino que al asimilarse a la monarquía católica, sumaron beneficios que los protegieron a unas tribus de otras y a todas de un eventual exterminio como el que sufrieron las tribus del norte del continente en la América anglófona.

En cuarto lugar, me gustaría hacerles saber a los honorables ediles, que los indios del sur bonaerense, que ya participaban del protocolo real en todas las celebraciones que organizaban las autoridades virreinales, se ofrecieron bajo el mando de dieciséis caciques a luchar en la segunda invasión inglesa de 1807. A los pocos días de la Reconquista de Buenos Aires ocurrida el 12 de agosto de 1806, estos caciques pidieron hablar en el cabildo y dijeron: “REPROCHAMOS A NUESTRO BUEN SEÑOR Y SOBERANO, DON CARLOS IV, EL QUE NO NOS HAYA CONVOCADO PARA ECHAR A LA BASURA INGLESA. TENEMOS 30 MIL LANCEROS Y CIEN MIL CABALLOS PARA PELEAR”.

Liniers los organizó y sumó otra cuenta que los ingleses le cobraron cuando lo fusilaron en Cabeza de Tigre por orden de Mariano Moreno y de la Junta de Buenos Aires. Como podemos leer, los aborígenes no planteaban un nuevo estado separado, concepto por demás que desconocían. Los indios, en su estructura cultural eran monárquicos, por lo tanto, les resultó natural firmar tratados de mutuo reconocimiento con la corona española, por lo cuales, el rey de España era su rey y ellos eran dueños y custodios de las pampas y la Patagonia. No pretendan volver a separarlos de la identidad nacional fabricándoles un símbolo de reciente diseño, porque esa no es perteneciente a su historia.

Cuando vino la guerra de la independencia en América, lo primero que hicieron los revolucionarios fue quitarles sus tierras a los indios, que eran conocidas como “Repúblicas de indios”. Por esta causa y por rechazar el liberalismo antirreligioso de la revolución, las tribus se sumaron al ejército realista, con caciques que llegaron incluso al grado de general y que, cuando se les ofreció pasarse al ejército revolucionario o ser fusilados, optaron con valentía y dignidad por el paredón.

Los indios fueron exterminados no por los españoles, sino por los revolucionarios en un proceso que se mantuvo hasta principios del siglo XX, cuando sicarios recibieron órdenes de asesinar a los indios patagónicos del sur argentino y del sur chileno. En Uruguay los acorralaron y casi exterminaron en una batalla por 1830. Y ya no había autoridades españolas, gobernaban los revolucionarios o sus hijos.

Por eso, quiero explicarle al honorable Concejo deliberante, que la verdadera bandera indígena en toda la América española es y era la conocida como Aspas de Borgoña, por la cual lucharon y murieron en cada guerra y batalla contra Inglaterra, Holanda y Francia a lo largo de los siglos XVII y XVIII, también contra oficiales españoles que pretendieron traicionar al rey en sus dominios de América y luego como soldados voluntarios del ejército realista. La resistencia indígena en defensa de la unidad de América y de esta con España, duró hasta 1842.

Esa es la verdadera historia, lo otro es un cuento inglés bien armado para enfrentarnos y luego, a río revuelto, sacar ellos su ganancia para volver a separarnos y completar su viejo y nunca detenido plan de balcanizarnos.

Con gusto me ofrezco a explicárselos, pues tomar decisiones de este tipo de daño para la Argentina, sin saber bien lo que están provocando, es poner en juego el futuro de sus propios hijos. Y no es un tema para mirar a un costado. Hago mías las palabras de Dante Alighieri cuando escribió: “Los lugares más oscuros del infierno, están reservados para aquellos que se mantienen neutrales en tiempos de crisis moral.” Y elegí no ser neutral. Para mí como argentino hay solo dos banderas, la azul y blanca con el sol y las Aspas de Borgoña, que me une con toda Hispanoamérica y que porta el glorioso Regimiento Uno de Infantería “Patricios”, aquel que luchó por nuestra patria en 1807 y también en 1982.

Patricio Lons

Periodista e Historiador

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