STURZENEGGER NO ES EL ÚNICO CULPABLE

El BCRA no puede frenar la disparada del dólar.

Federico Sturzenegger en la presentación del Informe de Política Monetaria del Banco Central, en enero. (German Garcia Adrasti)

Tardío, un poco desprolijo, pero finalmente cantado: Federico Sturzenegger pagó los platos rotos acumulados detrás de una crisis cambiaria que parece interminable y que desparrama inquietudes y consecuencias bien gravosas. Pagó por los platos propios y también por unos cuantos ajenos.

Fue una decisión política tardía, porque la crisis ya llevaba unos cuantos kilómetros recorridos y fue un poco desprolija, porque en papel de jefe del Banco Central Sturzenegger acababa de firmar el llamado Memorandum de Entendimiento con el Fondo Monetario. O sea, las metas y compromisos que deberán cumplir otros y no él.

Y hablando de la crisis, ¿cuánto tiempo hace que el dólar ha vuelto a ocupar el centro de la escena y cuánto que el BCRA lo persigue sin alcanzarlo?

Podría decirse, en un caso: hace ya 62%, esto es, el aumento que el precio del billete suma desde principios de diciembre cuando arrancó esta carrera. Y en el otro caso: hasta ahora US$ 14.000 millones, esto es, las reservas que el Central ha gastado para frenarlo sin lograr frenarlo.

El paquete canta seis meses largos de vida, una devaluación fortísima y una pérdida de divisas igual de considerable. Preguntas de un analista con respuestas de hecho incluidas: “¿Es justo cargarle semejante fardo y otros de la misma especie a un solo funcionario, por más responsabilidades que hubiese tenido y por más esquemática que haya sido su estrategia. De paso,¿ dónde estaba la conducción política?”.

Recuperar parte del atraso cambiario fue un objetivo que la Jefatura de Gabinete se impuso hacia fines de diciembre, el famoso 28 del replanteo de las metas de inflación. Fue una movida bastante difusa, pues nunca quedó ni siquiera más o menos claro a qué dólar se apuntaba y una movida carente, a la vez, de articulaciones con algo que pudiese ser asimilado a un programa.

Para colmo, el Banco Central intervenía y dejaba de intervenir en el mercado sin que tampoco se supiera cuál era la estrategia. Hace un par de semanas, cuando la corrida había llevado el dólar a 25 pesos, Sturzenegger resolvió el dilema con el argumento de que ese era el precio que pedía el mercado. Pura salida de ocasión y de intramuros: pronto el pedido se elevó a 26 pesos, después a 27 y sigue para arriba sin que se sepa si alguna vez tocará para abajo.

Parecía que el nombramiento de Luis Caputo, las cualidades que se le atribuyen en el mundillo financiero y el hecho de que hubiese renovado la cúpula del BCRA iban a ser suficientes para bajar la fiebre cambiaria. Y parecía más todavía, computando lo que se esperaba de la reunión que el viernes bien temprano, antes de que arrancaran las operaciones, había mantenido con banqueros de primera línea.

Sólo presunciones: luego de un tibio repliegue al comienzo, el billete volvió a las andadas y cerró al borde de los 29 pesos. Así acumuló un aumento de casi el 11% en una sola semana.

Al cierre de la ronda del jueves, funcionarios importantes del área económica pretendían bajarle el precio a la turbulencia: “El monto de las operaciones es pequeño, poco representativo”, decían. El viernes el comentario ya estaba gastado.

Hay un dato en el medio que manejan algunos especialistas y estaría explicando por qué el Central no interviene. Según el Memorandum con el Fondo, dicen, el Gobierno debe aumentar su stock de reservas en US$ 5.500 millones y sostenerlo en principio hasta fines de marzo próximo. Ayudarían los US$ 7.500 millones que el FMI prestará, claro que el neto dejaría US$ 2.000 millones disponibles para cubrir contingencias durante diez meses, una cifra que sola luce limitada.

De cumplimiento riguroso, la cláusula corre pareja al compromiso de dejar flotar al dólar o de intervenir únicamente en situaciones graves. ¿Cómo sería posible, entonces, clavar el tipo de cambio noventa días, tal cual aconsejan los banqueros de primera línea que se reúnen con Caputo?

Sería útil que dijesen de qué manera o, mejor, que fuesen parte de la operación, porque es evidente que el dólar ha subido demasiado rápido y que sacude golpes hacia todas partes.

La cuestión es que el Gobierno no tiene ningún derecho al pataleo, ni en el punto de la flotación ni en ningún otro: el acuerdo dice una y otra vez que las metas han sido fijadas por la Argentina. Un formato que le permite al FMI despegarse de cuestionamientos que con sobrados motivos lo han acompañado casi desde el día de su fundación, el 27 de diciembre de 1945.

Claro que si el macrismo no comprometía un ajuste riguroso no habría crédito del Fondo y menos uno de US$ 50.000 millones. Puesto así, significa llegar al mismo lugar solo que por un camino diferente.

El dólar a 28 ya es un ajuste importante, pero es parte de un ajuste en toda la línea y compartido con las provincias.

Basta para el caso un ejemplo sacado del Memorandum: entre dos hipótesis de crecimiento económico, una del 1,4 y otra del 0,4%, el Gobierno eligió la del 0,4%. Eligió no dejar ninguna duda sobre su decisión de achicar el déficit fiscal, que es como jugar todas las fichas a bajar la inflación al 17% el año próximo: diez puntos o más de diez puntos por debajo de la que se proyecta para este año..

Los gobernadores no ignoran el tipo de ajuste que les espera; más bien lo ven venir. Pegará en las transferencias de la Nación para obras públicas; en aquellas que financian gastos corrientes, empezando por los salarios, y en otras donde existen plata de un lado y del otro o duplicaciones.

Y si el sacudón pinta generalizado, será mayor entre las provincias que el kirchnerismo privilegió siempre. “Simplemente, porque se acostumbraron a vivir con recursos ajenos y nunca se ocuparon de crear los propios”, dicen cerca de Nicolás Dujovne.

Las negociaciones con los gobernadores ya comenzaron y apuntan a definir ciertas cuentas del Presupuesto de 2019. En realidad, apuntan a apretar gastos del gobierno nacional,transfiriéndolos al interior.

Hacia adentro, la consigna común para la mayoría de los ministerios consiste en aplicar un recorte del 15% real, aunque cada ministro decidirá donde pone las cargas.

Dentro de ese tren también va la posibilidad, o más que la posibilidad, de alterar los programas de reducción de impuestos, como algunas rebajas o pagos a cuenta en Ganancias. ¿La movida tocará finalmente a las retenciones a la soja o a -las que parecen ir sobre otros bienes exportables que no son del palo agropecuario?

Previsible, la economía ya empezó a entrar en zona de recesiónsin que se sepa hasta cuándo. Pero si la gran apuesta política del macrismo es a la remontada del año que viene, el crecimiento debiera ser bastante mayor al 2% puesto en el memo con el FMI.

Por Alcadio Oña

Clarín,

16 de Junio de2018

 

Se el primero en comentar en "STURZENEGGER NO ES EL ÚNICO CULPABLE"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*