A LOS 80, MURIÓ LA CANTANTE VIOLETA RIVAS, LEYENDA DE LA CANCIÓN MELÓDICA

Mucho más que la pertenencia a un club

Se hizo famosa en El Club del Clan, pero su carrera abarcó 50 años y más de 30 discos, participaciones en cine, radio y televisión.

Rivas aprendió a hablar y cantar al mismo tiempo; a los cinco años debutó en el Teatro Metropol de Chivilcoy. 

Violeta Rivas se llamaba Ana María Francisca Adinolfi, pero casi nadie sabía eso. En cambio, casi todos supieron que fue una de las voces que marcaron toda una época con El Club del Clan. Fue una época en la que la música se convirtió, decididamente, en algo más: se convirtió en entretenimiento, en gancho para las masas. La cantante murió ayer al mediodía a los 80 años. Hacía varios días que estaba internada, por una patología en los riñones y en la sangre. Además, padecía desde hacía unos años de Mal de Alzheimer.

Violeta Rivas nació el 4 de octubre de 1937 en Chivilcoy (provincia de Buenos Aires), y su biografía oficial asegura que aprendió a cantar al mismo tiempo que aprendió a hablar. Cuando todavía era Adinolfi su público era su propia familia, y su repertorio, las canzonettas italianas de gran divulgación en la época. Pero desde muy temprano quedó bastante claro que la niña tenía un “algo” artístico que la hacía especial: su debut en los escenarios fue a la corta edad de 5 años, en el teatro Metropol de su ciudad natal. Con el tiempo empezó a entrenarse y tomó clases de canto lírico y de piano. Participó en un programa muy famoso de entonces, La pandilla de Marilyn, destinado a descubrir talentos infantiles (por ahí pasaron también nombres que serían grandes, como la actriz, cantante y locutora Nelly Prince y Alberto Migré, leyenda de la telenovela argentina). Para 1960 la niña del Metropol ya era toda una artista, contratada por dos radios de peso en la época, El Pueblo y Radio Argentina.

En 1960 grabó una prueba para la compañía discográfica RCA, con dos temas cantados en italiano: “Anima e cuore” y “Vorrei”, que buscaban seguir la senda del éxito de cantantes como Mina y Rita Pavone. Ni bien firmó su primer contrato discográfico, comenzó a utilizar el nombre artístico con el que sería conocida. Su primer simple fue con “La luna, el cielo y tú” y “Billy”, ya editados bajo el seudónimo de Violeta Rivas. Pronto llegó a la televisión: fue en el programa El hit de sus favoritos, en 1962.

El salto definitivo a la fama llegó con El Club del Clan, el programa con el que las compañías discográficas impusieron en el gusto popular “la nueva ola”, una música que representaba una forma “entretenida” de ser joven, una rebeldía domesticada, o en todo caso bastante más inocua que la que se presentaba en los tiempos que corrían. Allí brillaron también Raúl Lavié, Jonny Tedesco, Palito Ortega y Chico Novarro; estos últimos fueron los autores de “¡Qué suerte!”, que fue uno de los grandes éxitos de Rivas, y que la cantante presentó durante una gira en Uruguay junto a los dos artistas. La figura de Rivas quedó entonces ligada de manera inevitable al Club del Clan (que en rigor era un invento del productor discográfico ecuatoriano Ricardo Mejía), pero luego supo trascender en otros géneros, especialmente el melódico.

Rivas fue así mucho más allá de esa marca original de la juventud nuevaolera: durante sus más de cincuenta años de carrera editó más de treinta discos, participó de decenas de programas televisivos y comedias musicales. También actuó en el cine, en películas como ¡Viva la vida!; Buenas noches, Buenos Aires; Fiebre de primavera (con Palito Ortega) y Nacidos para cantar. También protagonizó Mi secretaria está loca, loca, loca. Como impronta y marca personal, se la recuerda usando siempre vestidos llamativos, muy coloridos y floreados, tal vez demasiado “osados” para la pacatería de la época.

Como parte de la “colonia artística” vernácula, también su matrimonio con el cantor de tangos Néstor Fabián fue bien conocido. Cuando se casaron por iglesia –en 1967– hicieron una gran fiesta en el Hotel City que ocupó primeras planas y varios días de noticias. También el nacimiento de su hija Analía y hasta su primer corte de pelo fueron registrados por las cámaras de Sábados Circulares, el popularísimo programa de Pipo Mancera;  como signo de tiempos en que lo televisivo podía alcanzar ribetes de bizarría, este último y capilar suceso fue seguido en vivo por millones de espectadores. El matrimonio permaneció unido –y lejos de escándalos y programas de chimentos– hasta el día de la muerte de la cantante.

Página 12,

24 de junio de 2018

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