ALCIDE D’ORBIGNY

Alcide D’Orbigny (1802-1857)

Alcide Charles Victor Marie Dessalines D’Orbigny, nació en Coüeron, Loire Inferior (Francia), el 6 de setiembre de 1802. Era hijo del médico Charles Marie Dessalines D’Orbigny y de Marie Anne Pipat. Desde joven mostró notable inclinación por el estudio de las ciencias naturales, que se desarrolló por el apoyo que le prestó su padre y su hermano Charles a través de variadas excursiones. Hizo en La Rochelle sus estudios humanísticos, y los completó al lado de M. de Ferrusac, profesor del Museo de París, a quien le ofreció su colaboración en diversos trabajos. Después de siete años de prolongados estudios, resumió sus descubrimientos en el “Tableau Méthodique de la Clase des Céphalopodes”, que presentó a la Academia de Ciencias, en 1826. Los “céphalopodes” los distinguió de otros, a quienes les dio el nombre de “foraminíferos”. Partidario decidido de Cuvier, sus trabajos científicos se orientaban bajo su égida.

Encargado por la Academia de Ciencias de realizar una misión científica a la América del Sur, recibió antes de partir, lecciones de los profesores del Museo: Cuvier, Ferussac, Brougniart, Geoffroy St. Hilaire, Cordier, Blainville, botánicos y arqueólogos en su mayoría. El 29 de julio de 1826, D’Orbigny se embarcó en Brest a bordo de la corbeta “La Meuse”. Traía una dotación de 6.000 francos anuales suministrados por la administración del Museo de París, y 3.000 francos adicionales por el duque de Rivoti hasta el año 1830.

Iniciada la travesía al mes siguiente estaba en las islas Tenerife y Canarias, donde arregló los cronómetros, y en su derrotero después de tocar el Cabo Frío llegó a Río de Janeiro. Allí se quedó unos cuantos días admirando la vegetación, las flores y los árboles novedosos. El 14 de octubre partió hacia la Banda Oriental, pero tuvo dificultades para descender en Montevideo. Luego de su llegada consiguió explorarla hasta el Maldonado, a pesar de encontrarla en plena guerra civil.

El 19 de enero de 1827, arribó a Buenos Aires, procedente de Las Vacas, y tuvo oportunidad de presenciar el júbilo de la población al tener noticia del triunfo del almirante Brown sobre la escuadra brasileña, que consignara luego en su obra. Describió con minuciosidad detalles de la vida de Buenos Aires, las costumbres y los hombres.

Tuvo trato con Rivadavia, a quien visitó con frecuencia, pasando –dice- una parte del año en su casa de recreo, fuera de la ciudad. Se ocupó también en su libro de la presidencia de Rivadavia, señalando su gobierno a través de la Ley del Olvido, la libertad de culto, la inviolabilidad de la propiedad, fundación de la Universidad y de escuelas de instrucción primaria, la libertad de prensa, la abolición de los derechos a la importación por tierra, tratados comerciales y creación de la Sociedad de Beneficencia.

El 14 de febrero partió D’Orbigny en un viaje de exploración a lo largo del Río Paraná hasta Corrientes, prolongando la navegación hacia el Chaco. Visitó toda esa región, donde estuvo expuesto a serios peligros y a los ataques de bestias feroces, salvando todas las dificultades. Obtuvo colecciones maravillosas, contando más de 4.000 especies de insectos, 150 crustáceos y otro tanto de animales y reptiles. Todo un mundo considerable de seres desconocidos, a quienes estudió con una paciencia extraordinaria.

Después pasó por las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, preocupado en recoger numerosas plantas. A su regreso a esta ciudad, el gobierno argentino le encargó la búsqueda de lugares para el establecimiento de centros de población. Embarcado para la Patagonia llegó por tierra a Carmen de Patagones, el 7 de enero de 1829. Esta fue la primera exploración verdaderamente científica a la Patagonia, situada entre los 35º y 53º de latitud en el hemisferio austral. Exploró Río Negro, San Blas, Salinas de Andrés Paz y después de conocer a sus pobladores detalla sus costumbres, usos y armas.

De vuelta a Buenos Aires pasó a Montevideo donde se embarcó el 10 de diciembre de 1829, dirigiéndose por mar a Chile doblando el Cabo de Hornos. Permaneció allí durante poco tiempo porque atraído por la antigua civilización altoperuana pasó a Bolivia en 1830, donde pudo admirar los restos de aquélla. Descubrió vasos, estatuas, momias, realizó el relevamiento de los planos y conservó la descripción de numerosos monumentos antiguos. Entre las ruinas que visitó figura Thiaguanaco, sobre las márgenes del Lago Titicaca. Recorrió la parte oriental de Bolivia, la región comprendida entre los afluentes del Amazonas y del Paraná, donde encontró numerosas tribus de indígenas a quienes estudió pacientemente. Realizó el mapa de Bolivia, trazando los cursos de ríos navegables en una extensión de 200 leguas.

De regreso a La Paz, se preocupó de preparar sus colecciones reunidas en los tres años de su viaje. La falta de medios de transporte lo retardó bastante, hasta que en junio de 1833, repasó la Cordillera por las rutas terrestres que ya conocía. Numerosas mulas cargadas con sus colecciones lo llevan hacia la costa del Océano Pacífico, donde lo tomó una fiebre intermitente. Después de llegar a Lima se dirigió hacia Arica embarcándose en el navío francés “Philantrope”, el 23 de julio de 1833. Que se demorará en partir, pues hizo escala en varios lugares. Partió de regreso a Francia el 18 de octubre, pero debió sufrir los embates de grandes tempestades en las costas de Chile.

Volvía con un importante material de objetos, provisto de notas, dibujos y documentos. Pronto se contrajo a redactar su monumental Voyage dans l’Amerique Meridionale, publicación ordenada por el gobierno con el consentimiento de la Academia de Ciencias, siendo dedicada al rey Luis Felipe, y completada con la ayuda de los naturalistas más distinguidos. Sus principales colaboradores fueron: Gervais, para los mamíferos; Bibron, especialista en los reptiles; Valenciennes lo ayudará en los peces; Brulle y Emilio Blanchard, en los insectos; Lucas y Enrique Milne Edwards, en los crustáceos.

El viaje que llevó a cabo en la América Meridional es sin duda alguna, un verdadero monumento a la ciencia del siglo XIX. Sus resultados produjeron gran satisfacción en los ambientes científicos franceses. La obra la terminó después de trece años de intensa labor. Auxiliado en su intento por el ministro Guizot, entre los años 1834 a 1847, inició la publicación de Voyage dans l’Amerique Meridionale en 9 volúmenes, con un atlas de 500 estampas coloreadas. Ofrece en esta obra un panorama integral, casi enciclopédico de los países que visitó. Además de la enorme importancia científica, contiene descripciones y comentarios sobre diversos aspectos de la vida y costumbres de esos países como el relato de acontecimientos históricos de indudable valor que permiten reconstruir hechos y apreciar los personajes de entonces, con extraordinaria fidelidad de detalles.

Mientras redactó su monumental obra, D’Orbigny trabajó en colaboración otras obras. Publicó de 1834 a 1847, con Ferussac, una Historia Natural de los Céphalopodes; con Webb y Bertheloti, la Historia Natural de las Canarias; con Ramón de la Sagre, Historia Natural de Cuba y las Antillas. Publicó además otros libros: Galerie Ornithologique des Oiseaux d’Europe (París, 1836-38), con láminas coloreadas; Historie Naturelle des Crenoides; una serie de memorias paleontológicas entre las que sobresalen la Paléontologie du voyage de M. Homnaire de Helle dans le mer Caspienne, le Caucase et la Crimée; la Paléontologie des terrains secondaires et tertiaires de la Russie d’Europe et des montagnes de l’Oural; la Mémoire sur les Foraminiféres de la Crai Blanche du Bassin de París.

Subyugado D’Orbigny por los estudios de los antiguos mundos, comenzó su Paléontologie française ou description zoologique et géologique de tous les animaux mollusques et rayonnés fossiles de France, obra que fue su principal ocupación en los último años de su vida, y que no concluyó,

Mereció de la Sociedad Geológica de Londres el premio Wollaston, por dos veces consecutivas. Estuvo vinculado a la empresa naviera que lleva el nombre familiar y que sirve aún hoy diversos puertos de América. En 1853, fue nombrado titular de la cátedra de paleontología creada por él, por la dirección del Museo de Historia Natural.

Absorbido por sus trabajos de colección, por la publicación de sus numerosas obras, D’Orbigny no se dio tregua en sus últimos años. Enfermo del corazón, con un cortejo de sufrimientos y angustias, falleció en Pierrefitte, cerca de Saint Remis (Francia), el 30 de junio de 1857.

Fue caballero de la Orden Royal de la Legión de Honor, oficial de la Legión de Honor de la República Boliviana, y miembro de numerosas academias y sociedades francesas y extranjeras. Estaba casado con Pamela Matignon, y en segundas nupcias con Marie Gaudry. Una calle lateral del Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, en el Parque Centenario. Lleva su nombre. También una localidad del Partido de Coronel Suárez, en la Provincia de Buenos Aires.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1969).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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