CHARLES POWELL: “EN EUROPA YA NO TENEMOS ESTADOS-NACIÓN; EL RESULTADO ES LA INCERTIDUMBRE Y EL POPULISMO”

El futuro de la Unión Europea y el auge de los nacionalismos, en una charla con Charles Powell, historiador y director del “think-tank” de estudios internacionales Real Instituto Elcano. “Los griegos saben que no importa a quién voten: al final tienen que aceptar políticas económicas diseñadas en Bruselas”, apunta.

“Olvidamos lo recientes que son nuestros Estados. El estado-nación, tal como entendemos el fenómeno, nació en el siglo XIX”, expresó el historiador Charles Powell (EFE/Paco Campos).

Con ese nombre, Charles Powell podría ser el protagonista de una novela de espionaje de John Le Carré, maestro británico del género. Sus andanzas por el mundo podrían confirmarlo: a fines de mayo, mientras recorría universidades y fábricas de Corea del Norte, Air China canceló sus vuelos a la tierra de Kim Jong-un. Charles Powell logró salir de Pyongyang en el último vuelo de la aerolínea local Air Koryo.

Pero, a pesar del nombre y la genética británica -su padre era inglés-, Charles Powell es un profesor universitario español, enseña historia contemporánea y dirige el Real Instituto Elcano, centro de estudios cuyo presidente de honor es Felipe VI, rey de España, y que tiene como objetivo principal “analizar la política internacional desde una perspectiva española, europea y global, además de servir como foro de diálogo y discusión”.

Señas particulares. Charles Powell es director del Real Instituto Elcano. Nació en 1960, es licenciado en Historia y Literatura y se doctoró en Historia en la Universidad de Oxford. Enseña Historia Contemporánea en la Universidad CEU, San Pablo. En Oxford fue profesor de Historia en Corpus Christi College y profesor investigador en St. Antony’s College. Además, fue profesor visitante en la Universidad Católica de Portugal y Universidad Hebrea de Jerusalén. Publicó Europa después de Europa (2010) y ¿Tiene futuro el orden liberal internacional? (2017), entre otros libros.

 

-De acuerdo al panorama internacional, hoy podríamos decir que la idea del estado como nación estaría en crisis. ¿Considera que es así?

-A veces olvidamos lo recientes que son nuestros estados. El estado nación, tal y como entendemos ese fenómeno, nació en el siglo XIX. Tenemos en Europa dos estados muy jóvenes: Italia y Alemania, de 1870 y 1871. Los tres estados fascistas, las tres potencias del eje -Japón, Alemania e Italia- son tres estados nación muy recientes. En el fondo, en la Segunda Guerra Mundialestaban dando expresión a esa nacionalidad recién creada. Dani Rodrik, profesor de Harvard, dice que todo estado moderno tiene que enfrentar cómo hacer compatible la globalización económica, la soberanía nacional y la democracia parlamentaria. Concluye que es casi imposible acomodar los tres fenómenos.

-¿Por qué?

-Porque la globalización económica erosiona las otras dos. Por un lado, la globalización salta por encima de nuestras fronteras, erosiona al estado nación. Y, por lo mismo, debilita a la democracia. Por ejemplo, los griegos se dan cuenta de que no importa a quién voten: al final tienen que aceptar políticas económicas diseñadas desde Bruselas.

-Si la globalización jaquea al estado en tanto nación, pareciera no haber futuro para ese sistema de organización política…

La globalización, que se aceleró después de la caída del Muro de Berlín y con la incorporación de los países ex soviéticos al mundo de la economía de mercado, está produciendo una erosión del estado-nación en el sentido convencional. La Unión Europea es nuestra respuesta a este fenómeno. Nuestros pequeños estados-nación son débiles, incapaces de enfrentar estos retos. Nuestra respuesta ha sido la integración económica y política que encarna la Unión Europea.

¿Cómo explica entonces que hoy cobren énfasis intenciones nacionalistas como las de Cataluña, en España, o en Córcega, que quiere separarse de Francia?

-Porque, al mismo tiempo, la globalización genera esta incertidumbre, erosiona las tradicionales certezas sobre el sistema económico y social. Pensábamos que nuestros hijos hoy vivirían en un mundo mejor que nosotros. Pero existe una enorme incertidumbre sobre el futuro. Muchos ciudadanos ya no miran hacia el estado-nación, sino hacia lo más concreto: apego a la religión o sentimientos identitarios de comunidad. En Europa ya no tenemos estados nación sino miembros estados.

Banderas de la Unión Europea frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas (Bélgica) (EFE/ Stephanie Lecocq).

-¿Es decir que pertenecer a la Unión Europa es lo que constituye a las naciones en estados?

-Es decir que, en la Europa actual, es la pertenencia a la Unión Europea lo que conlleva la estatalidad. Por ejemplo, Bélgica hubiera dejado de existir como estado si no fuera, por un lado, Bruselas la capital de la Unión Europea, y si Bélgica no estuviera dentro de la Unión. Paradójicamente, la integración europea es un paraguas que algunos pensaban que iba a debilitar nuestras identidades nacionales. Y, sin embargo, ha permitido la supervivencia de nuestros estados nación. No siento un gran apego por el estado nación como ente pero evidentemente la mayoría de los ciudadanos sí. El salto a una Europa federal, sin estos componentes de identidad nacional, todavía no están dispuestos a contemplarlo. Estamos aún en el camino de una Unión Europea intergubernamental hacia una Unión Europea súper nacional, pero la crisis ha roto un poco ese proceso. Hoy en Europa no hay ningún apetito por una Europa federal.

-¿Encierra eso una contradicción?

-La Unión Europea es contradictoria porque también está alimentando a estos nacionalismos periféricos como el catalán. ¿Por qué? Porque en Cataluña y en el País Vasco, en los años ’70, ’80, cuando España presentó su solicitud de adhesión, muchos catalanes y vascos que sentían cierto desapego a una España democrática se reconciliaron con ella porque era esa pertenencia a España lo que les iba a permitir acceder a Europa. Aspiraban a que triunfara el modelo federal, a que desapareciera el estado nación tradicional y apareciera la llamada “Europa de las regiones”.

-Pero eso no sucedió.

-Es cierto, no ha ocurrido. Estamos en un momento muy extraño. No existe la Europa de las regiones, a pesar de que a mucha gente le gusta la idea de que el gobierno esté cerca del gobernado. Eso no acaba de tomar cuerpo como realidad europea y, al mismo tiempo, el estado-nación también está en crisis. Los tres niveles, el local, el nacional y el europeo están en cuestionamiento. Y el resultado es el populismo, la incertidumbre, la búsqueda de cosas nuevas que todavía no sabemos qué son. Como decía Ortega y Gasset: “No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa”.

Por Marina Artusa

Clarín,

24 de Junio de 2018

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