LA MUERTE ESPERABA A LA SALIDA

Hoy se cumplen 50 años de la tragedia en la tristemente célebre Puerta 12 de la cancha de River. El 23 de junio de 1968 el Superclásico terminó 0-0 y en el egreso del público visitante se produjo un terrible accidente, cuyo saldo fue de 71 muertos y más de 60 heridos. Nunca se pudo definir cuál fue el detonante de lo sucedido.

 

¡Murieron 68 personas en la cancha de River!. ¡Las víctimas del trágico suceso son en su mayoría menores de edad!. Los titulares del diario La Prensa de aquel 24 de junio de 1968, no hacían más que reflejar la magnitud de la tragedia vivida una vez finalizado el Superclásico del fútbol argentino jugado entre el local y Boca. Allí, en la salida de la parcialidad visitante, que ocupaba la tribuna que da a la avenida Figueroa Alcorta, una avalancha que se produjo en las escaleras del acceso número 12, dejó un saldo final aún mayor de muertos, en total 71, y más de 60 heridos.

Las causas nunca quedaron claras. Se habló de que la puerta de salida estaba cerrada; de que los molinetes no habían sido retirados a tiempo y que ello motivó los apretujones que sufrieron los espectadores y la posterior avalancha que terminó con la vida de los simpatizantes xeneizes. Mientras que algunos otros, los primeros en salir, dijeron que fueron arremetidos por la Policía Montada y que fueron ellos mismos quienes cerraron las puertas que finalmente desataría el triste desenlace.

Lo cierto es que los testimonios de los presentes entraban en permanentes contradicciones, las pericias realizadas no arrojaban los mismos resultados, cada día que pasaba una nebulosa aún mayor envolvía este caso y así se hizo prácticamente imposible encontrar a los verdaderos responsables de esta masacre. Pero vale realizar el recorrido de los acontecimientos para tratar de desentramar este ida y vuelta de confusa información que mantuvo en vilo a todos los argentinos.

LA TRAGEDIA

Una vez que el árbitro Miguel Comesaña pitó el final del clásico que terminó igualado en cero, el grueso de la parcialidad de Boca se dispuso a retirarse por la tristemente célebre Puerta 12, que según las primeras versiones estaba cerrada. Lo cierto es que la multitud se agolpó a medida que descendían por los escalones produciéndose avalanchas que en segundos, ya dieron la cabal impresión de un grave accidente. Comenzaron a escucharse gritos de dolor mezclados con voces que pedían calma. La presión duró varios minutos y muchas de las víctimas fueron aplastadas contra los escalones de cemento.

A los pocos instantes, las ambulancias se hicieron presentes. Al mismo tiempo, lo hicieron el director y el subdirector de la Policía Federal, inspector general Roberto O. Schuller y el inspector mayor José P. Barlaro. Las víctimas fatales en su mayoría eran trasladadas y depositadas en el patio posterior de la Comisaría 33. Allí se sucedieron imágenes de intenso dramatismo.

En dicha dependencia policial, comenzaron a conocerse los primeros detalles de lo sucedido, pero las versiones eran innumerables y algunas de ellas, hasta sin sentido. Personas allegadas a las víctimas aseguraban que la causa principal del accidente había sido que los molinetes se hallaban colocados y que impedían el paso de las personas, y que, algunas de ellas, se salvaron porque lograron pasar por encima de los mismos. Otros hicieron hincapié en que la puerta plegadiza no estaba abierta o totalmente rebatida, y los menos, mencionaban que la causa había respondido a una supuesta represión policial, aunque ésta teoría, fue una de las primeras que se desvaneció (ver recuadro).

LA VOZ DE RIVER

Si bien se puede tomar como una declaración de compromiso, por no conocer las verdaderas causales de dicha tragedia, las primeras palabras del propio presidente del Club Atlético River Plate, Julián William Kent, dejaron mucho que desear.

“Luego de la finalización del primer tiempo, los controles destacados en esa puerta procedieron a plegar las puertas extensibles, dejando libre las escaleras para la evacuación del público. No se han determinado las causas que ocasionaron la tragedia pero se presume que una avalancha fue la que originó el desborde con las consecuencias conocidas. Este hecho desgraciado se debe a que el resultado del partido fue indefinido, por lo cual todos los espectadores se retiraron a un mismo tiempo. En ese sentido todos somos culpables, ya que todas las puertas del estadio estaban habilitadas”, señaló el mandamás riverplatense.

Lo cierto es que en una inspección ocular realizada por un periodista de La Prensa, en el acceso a la Puerta 12, se observó, hacia un costado de la misma, dos molinetes desplazados de su lugar, apoyados contra una pared. Dos agentes de Policía que custodiaban el lugar dijeron que los mencionados molinetes, sujetos al suelo por medio de tornillos y que dividen la salida, se encontraban en su posición normal, o sea, en funcionamiento, en el momento de la tragedia. Personal de la Intendencia de River, se mostró perplejo al enterarse que esos molinetes se encontraban allí. De a poco se iba recorriendo el camino indicado.

VERSION POLICIAL

Aquellos dichos más que elocuentes que recogió el cronista de aquellos dos agentes apostados al costado del lugar de los hechos, fue finalmente la versión aportada por la Policía Federal. Tal institución, basándose en declaraciones y pericias oculares, llegó a la conclusión que en el acceso número 12 habían sido colocados molinetes para controlar la entrada de los espectadores, como se realiza en otros estadios y que los mismos no fueron retirados a tiempo.

Asimismo, los policías también indicaron que los primeros espectadores en dejar el estadio, encontraron las rejas cerradas y que las mismas fueron abiertas a último momento por los encargados que no llegaron a correr los molinetes.

¿TEORIAS EMBARROSAS?

El subcomisario Manuel García, segundo jefe de la sección Pericias de la Dirección de Bomberos, llegó al lugar de los hechos con el objeto de efectuar una inspección. En cuanto a si las puertas estaban abiertas o no y a si los molinetes se encontraban colocados, García dijo que después de la inspección podía asegurar, con leve margen de error, en qué posición estaban. Hizo alusión a la fragilidad de la puerta, que era de malla metálica corrediza, y a la de los molinetes. Además señaló que los sostenes de las puertas son frágiles y que un grupo de personas que empujara, podría romperlos con facilidad. Cabe señalar que tanto las puertas, como los molinetes, no mostraban manchas de sangre, ni rastros de haber sido forzados o de que sobre ellos se haya efectuado una presión considerable.

Por otra parte, Luis Alvarez, Jefe de Espectáculos y Diversiones de la Municipalidad, dijo que de la inspección realizada en el lugar, pudo comprobar que no se hallaban colocados los molinetes, atribuyendo los causales del accidente a una avalancha incontenible.

Continuando con esta teoría, se sumó la opinión del ministro del Interior de aquella época, doctor Guillermo Borda, quien aseguró que “las puertas estaban abiertas. No cabe ninguna duda al respecto. Los molinetes no se encontraban puestos, por lo que el accidente resulta sin una explicación lógica”.

Mientras tanto, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), dispuso ayudar a los familiares de las víctimas con una suma cercana a los 30.000.000 de pesos. Por esos días, más precisamente el 3 de julio, el Juez Hermelo declaró la clausura del estadio de River, el que abriría 14 días después.

PERICIAS CONCRETAS

Estas fueron aportadas a la causa por una comisión de ingenieros que integraban los señores Pedro Pisan, Ernesto Augusto Aguirre y Federico B. Camba, todos ellos enviados por el juez Hermelo. El informe llegó a manos del magistrado el día 8 de agosto y significó un punto de partida de los más acertados para llegar a la conclusión de qué era lo que había sucedido aquel 23 de junio en River.
Los expertos señalaron que si bien hubo causas indirectas que desencadenaron los hechos, no se puede obviar que en la boca de salida del acceso, hubo un obstáculo material e irremovible, el cual pudo consistir en que la puerta plegadiza estuviera parcial o totalmente cerrada, o bien en que estuviese replegada pero no rebatida contra la pared lateral y que, a la vez -en esta segunda hipótesis- todos o algunos de los molinetes se hallaran colocados en el lugar de la salida.

EL PRIMER FALLO

Tomando estas pruebas, el 26 de septiembre, pasados casi 90 días del incidente, el juez Oscar Hermelo decretó la prisión preventiva de Américo Di Vietro, intendente de River Plate, y Marcelino Cabrera, capataz de la misma institución, en orden a los delitos de homicidio y lesiones culposas múltiples y trabó embargo sobre los bienes de cada uno de los nombrados por la suma de 100.000.000 de pesos. En un extenso fallo, destaca que a juicio de los peritos, la causa física desencadenante de la tragedia fue un obstáculo material irremovible que impidió la libre y total circulación del público que salía por la Puerta 12. En cuanto a la responsabilidad por tan grave suceso, estimó que los encargados de disponer de los medios de seguridad para evitar todo riesgo para quienes asisten confiados a un espectáculo, habían incurrido en negligencia.

Además, en otra resolución, Hermelo decidió trabar embargo preventivo por la suma de 200.000.000 de pesos sobre bienes del tercer responsable, la Asociación Civil Club River Plate.

LA APELACION

En el mes de octubre, la defensa de los millonarios, se presentó ante la Cámara Penal para apelar dicha medida. En el estrado estaban los jueces Raúl Munilla Lacasa y Ventura Estévez, con la actuación del secretario doctor Felipe Mario Liporace.

Abierto el acto, el doctor Hardy pidió al tribunal la confirmatoria de las prisiones preventivas. La defensa de los acusados pidió la revocatoria de la prisión preventiva por considerarlas prematuras y que no se hallaban reunidos los requisitos de ley para dictarlas.

EL SOBRESEIMIENTO

A finales de noviembre, la sala VI de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional revocó la prisión preventiva contra Américo Di Vietro y Marcelino Cabrera, intendente y capataz del club River Plate y los sobreseyó definitivamente. En los fundamentos señálase que no aparece claro e indudable el vínculo de causalidad que ligue a los acusados con el delito que se les imputa. Los jueces sostienen que habían sido removidos los obstáculos que podrían entorpecer la salida. Por lo demás, la puerta estaba abierta, aunque no rebatida, pero esa no fue la razón que determinó la tragedia.

No aparece clara e indudable la relación de causalidad que vincule razonable y directamente a los encartados con el deplorable episodio que se les imputa. Así se fue apagando la llama de poder encontrar en la Justicia, un poco de alivio para aquellas víctimas. A menos de un año, la causa fue cerrada sin encontrarse a los culpables. La AFA y River pagaron algunas indemnizaciones, pero a cambio de ellas, según trascendidos de la época, exigían una firma para desistir de cualquier otra acción futura contra el club millonario. Dos años después, ambas instituciones fueron condenadas a pagarles 14.000.000 de pesos a Nélida Oneto de Gianolli y a Diógenes Zúgaro.

Cumplidos 50 años de aquellos tristes sucesos, no fueron muchos los cambios realizados. Sí se cambió la numeración de los accesos por letras… Muy poco para semejante tragedia..

Por Rodolfo Saile

La Prensa,

23 de Junio de 2018

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