LUCIO CORREA MORALES


Lucio Correa Morales (1852-1923)

Nació en la estancia paterna, en el partido de Navarro, Prov. de Buenos Aires, el 3 de julio de 1852, hijo de Salustiano Correa Morales y de Francisca Navarro de Olivera. Hizo sus primeros estudios en Buenos Aires en la escuela inglesa dirigida por el señor Reynolds (1), para luego emplearse en la casa de comercio de Correa y Larrazábal.

Desde niño sintió pasión por modelar figuras en madera, valiéndose de un cortaplumas. Guiado por su vocación, comenzó a practicar dibujo con su primo Eduardo L. Holmberg (2), y el famoso naturalista Florentino Ameghino también le dio otros conocimientos rudimentarios.

Aficionado a la escultura, obtuvo una beca por intermedio de Rufino Varela -prominente hombre público-, para perfeccionarse en Europa. En 1874, viajó a Italia, donde ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Florencia, incorporándose al taller del escultor Urbano Lucchesi, con quien estudio seriamente. Aprendió a dominar las técnicas y a cumplir las tareas de modelado. Tuvo allí por compañeros a los pintores José Bouchet, Angel Della Valle, Augusto Ballerini y al escultor Francisco Cafferata. En Europa realizó algunos trabajos que llamaron la atención por su factura artística.

En 1882, regresó a Buenos Aires provisto de una rica experiencia. Vinculado por su parentesco y amistad con Holmberg y Ameghino, formó parte de las expediciones organizadas por ellos a la Sierra de la Ventana y al Chaco Austral. Estos viajes le sirvieron para recoger una valiosa documentación de los tipos autóctonos. Conocedor también de la fauna regional, ejerció durante muchos años la administración del Jardín Zoológico de Buenos Aires, en una de cuyas dependencias tuvo instalado su taller de escultor (3). Aquí se consagró a su profesión y a la enseñanza.

En 1893, fue profesor de escultura en la Academia de Dibujo y Pintura fundada por la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, y nacionalizada por el doctor Joaquín V. González durante su ministerio.

Es autor de “La Ondina del Plata” (1880), en el Jardín Botánico; “La Cautiva” (1905), en el Paseo Colón; “La Arquitectura” y “La Agricultura” (1895), en los jardines de la Universidad Nacional de La Plata; el monumento al negro Falucho, inaugurado el 16 de mayo de 1897, el primero que se ejecutó y fundió en el país, hoy ubicado frente a los cuarteles de Palermo, en Luis María Campos y Fitz Roy; la estatua a Fray Justo Santa María de Oro, erigida en 1897, en la ciudad de San Juan, cuna del prócer; el monumento al doctor Ignacio Pirovano, en 1900, en el hospital que lleva su nombre; la estatua de bronce del doctor Francisco Narciso de Laprida, erigida en San Juan (1904); la del presbítero doctor Manuel M. Alberti, levantada en las Barrancas de Belgrano; estatua del Déan Gregorio Funes, en el Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba. En 1913, se inauguró su monumento a Olegario V. Andrade, en Concepción del Uruguay.

Entre otros monumentos ejecutados por Correa Morales figuran el del doctor Carlos Tejedor, emplazado en 1909, en el Parque 3 de Febrero de esta ciudad; el doctor Adolfo Alsina, en Viedma, Río Negro; el de Juan Madero, erigido en 1900, en la Biblioteca de San Fernando (Prov. de Buenos Aires) y el de Santiago de Liniers, inaugurado en 1910, por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. En 1908, realizó la estatua de Bartolomé Mitre emplazada en el museo de su nombre.

Largo sería enumerar el centenar de mármoles, bronces, terracotas y yesos que constituyen su obra a través de figuras, retratos y cabezas, algunas de tipos indígenas, con las que propulsó esculturas de carácter eminentemente nacional. Por eso, citaremos lo más representativo: “La Pintura Argentina” (1895), bronce para la tumba del pintor Julio Fernández Villanueva; retrato del escultor Francisco Cafferata, en el Museo Nacional de Bellas Artes; “Abel”, bronce, en el mismo museo; “Melpómene” (1900), mármol en el Museo Provincial de Bellas Artes, de Paraná; “Petrona”, india chaqueña (1904), en el Museo Etnográfico de Buenos Aires; “Veritas Vincit” (1905), grupo en mármol, en el Museo Nacional de Bellas Artes; “Los señores de Onaisin” (1912) grupo en bronce en el Museo Municipal de Bellas Artes “Eduardo Sívori”; “Florentino Ameghino” (1915), yeso, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”; “Caballo herido” (1916), bronce, en el Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino”, de Rosario; “Ubi Justitia Libertas” (1907), bronce, en el mismo museo, y “La Educación” (1900), mármol, detalle de un monumento funerario.


“La Primavera”, obra de Lucio Correa Morales, en el Jardín Botánico de Buenos Aires.

Expuso en los Salones Nacionales de 1912, 1914 y 1915. Sus obras obtuvieron importantes premios y figuraron en exposiciones internacionales. Ejerció también la docencia en la Escuela Normal de Profesoras Nº 1, de esta capital, y en la Facultad de Arquitectura, de la Universidad de Buenos Aires. Fue maestro de varios escultores argentinos, entre ellos, Rogelio Yrurtia, Pedro Zonza Briano y Pablo Curatella Manes. Además, fue fotógrafo de calidad (4), guitarrista y flautista; cantaba con mucho gusto y prefería la música italiana.

Falleció en Buenos Aires, el 30 de junio de 1923. Era alegre y ocurrente, pronto de genio, sumamente fuerte. En 1948, la Academia Nacional de Bellas Artes realizó una exposición de sus obras en el Museo Nacional, como un homenaje en el 25º aniversario de su muerte. Figuraron sus obras en las exposiciones “Un Siglo de Arte en la Argentina” (1936); “La Pintura y la Escultura Argentina en este siglo” (1952-53).

Estaba casado con Elina González Acha, quien nació en Mercedes el 20 de enero de 1861 y falleció en Buenos Aires el 13 de agosto de 1942. Fue una destacada educadora y pintora. Tuvieron una hija, Lucía.

Una calle de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre, al igual que una escuela rural del Distrito Cuchilla, Gualeguay, Provincia de Entre Ríos.

Referencias

(1) Anglo Argentine Seminary de Reynolds, escuela inglesa abierta para todo tipo de alumnos.
(2) Eduardo Ladislao Holmberg (1852–1937) médico, profesor, naturalista y escritor.
(3) A Lucio Correa Morales se le atribuye la ornamentación de algunos albergues para animales, como las estatuas y bajos relieves, similares a los de monumentos religiosos hindúes, del Templo de los elefantes y el de los cebúes.
(4) Payró en su libro dedicado al escultor, comenta que Lucio Correa Morales poseía una importante colección de fotografías de aborígenes que él mismo había tomado en diversas expediciones en las que acompañó a los naturalistas por la región del Chaco y por Sierra de la Ventana, entre otros lugares. También cuenta el crítico de arte que el escultor solía recibir en su estudio a indios recién llegados a la ciudad a quienes tomaba como modelo para algunas de sus obras.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1971).
Díaz, Marcela Liliana y otros – El Jardín Zoológico de Buenos Aires: Historia y Cultura.
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Payró, Julio E. y otros – Correa Morales – Buenos Aires (1949).
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