UN FUTURO MEJOR PARA LOS NIÑOS POBRES

Nuestro sistema escolar enfrenta dos problemas: bajo nivel de conocimientos de los alumnos, y grandes diferencias entre escuelas privadas y escuelas públicas, íntimamente vinculadas a las diferencias en los niveles socioeconómicos de las familias. El bajo nivel de conocimientos de nuestros alumnos viene siendo puesto en evidencia desde hace ya varios años, por pruebas internacionales.

Si prestamos atención a nuestro país, tenemos que los últimos Operativos Aprender (2016 y 2017) nos indican que el nivel de conocimientos de nuestros alumnos es bajo, pero además desigual, con gran influencia del nivel socioeconómico de las familias, ya que los alumnos con familias con bajos ingresos saben menos que los alumnos de familias con más ingresos.

En la Prueba Aprender 2016 el porcentaje de alumnos de escuelas secundarias estatales con nivel bajo de conocimientos es nada menos que el doble que en las escuelas privadas (49% versus 25%). Un ejemplo de esta desigualdad lo tenemos cuando comparamos el nivel de conocimientos de los alumnos del Conurbano bonaerense. En las escuelas secundarias estatales del municipio de José C. Paz el 62% de los alumnos tiene conocimientos por debajo del nivel básico, mientras que esta proporción se reduce a apenas 11% en las escuelas privadas de Vicente López. Esta desigualdad es un serio llamado de atención. Algo similar ocurre en todo el Conurbano.

Nuestro sistema educativo no corrige la desigualdad sino que la consolida, ya que los alumnos de escuelas privadas siempre tienen más días de clase efectivos que los alumnos (muchos de ellos pobres) de escuelas estatales, con muchos menos días de clase por huelgas u otros motivos. Cada vez que se cierra una escuela pública y luego no se recuperan los días de clase perdidos se perjudica directamente a los niños más pobres y se les niega un buen futuro laboral. Nuestras escuelas tienen muchas menos horas reales de clase que las de toda América Latina.

Es hora ya de sacudirnos la indiferencia complaciente con que miramos nuestro panorama educativo y arribar a consensos urgentes, ineludibles. La educación nos debe importar primordialmente a todos, ya que su situación actual conspira contra la posibilidad de desarrollarnos en forma integral. Nelson Mandela dijo: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Muchos pueblos han entendido la idea. De nosotros depende que la Argentina protagonice ya el rescate del sistema escolar. Eso sí, no hay demasiado tiempo si no queremos vivir atrasados y marginados, en una sociedad injustamente desigual, en el difícil mundo globalizado del siglo XXI, el siglo de la ciencia y la tecnología.

 

Infobae,

22 de junio de 2018

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