EL PARO O LA ECONOMÍA DEL PARO

La lucha contra el paro ha sido una constante de las reivindicaciones sindicales. El paro es una de las medidas del fracaso de la generalización del bienestar a las que está obligada toda economía en democracia.
Horas antes de ser designado ministro, Dante Sica escribió “El primer mandamiento para un gobierno es generar empleo” (Clarín 16/6/18) aclarando que “hoy tenemos 3,4 millones de personas con problemas de empleo (desocupados y subocupados) y casi diez millones … en situación precaria”. Sica descorría el telón intelectual que velaba la capacidad de comprensión de la realidad por parte de ese ministerio. Ventana de aire fresco.
Tibor Scitovsky señalaba que tasas de desempleo forzoso más allá del friccional, eran, a la economía, lo que el fracaso, a través de la compulsa electoral, a la democracia.
Un gobierno fracasa toda vez que en lugar de aumentar el nivel de empleo, en relación a la fuerza de trabajo, lo mantiene estanco o disminuido.
Las movilizaciones sindicales han sido crecientes a medida que aumenta el paro. La movilización sindical es un síntoma de un futuro fracaso en orden al bienestar generalizado. Funciona como un sistema de alerta para quienes estén conectados.
En escenarios de pleno empleo, las demandas sindicales sectoriales aumentan por una mayor participación en los frutos del crecimiento que el pleno empleo produce.
La mayor parte de los avances sociales distributivos estuvieron asociados a la movilización sindical.
Sin embargo no hay en este objetivo distributivo, de pleno empleo y de participación en los beneficios del crecimiento, una ley de hierro que hagan de la movilización o del enfrentamiento, la única vía de acceso.
Es más los acuerdos tripartitos han realizado los procesos más ricos y estables, de avance social y económico.
Los exitosos han sido los acuerdos para el desarrollo de derechos y de la acumulación que los sostenga.
La esencia de la sustentabilidad es que los derechos deben ir asociados a los procesos de acumulación. La ausencia de acumulación los convierte en efímeros.
La economía argentina es en este sentido, una economía del desacuerdo con certificado de origen hace 40 años.
Por un lado el descomunal fracaso de acumulación productiva – incluida la destrucción de capital (Ej. FFCC) – de los últimos 40 años no tiene parangón en la historia nacional ni en ninguna de la que tengamos referencia estadística.
Por el otro lado el descomunal fracaso en materia de derechos que implica que, en los últimos 40 años, el número de personas que viven bajo condiciones de pobreza, medida por ingreso, haya crecido a la tasa acumulativa anual del 7,1 por ciento.
La cara y ceca de esa misma realidad, en una fotografía de hoy: cara, 400 mil millones de dólares del excedente generado por esta economía, así de precaria, están fuera del sistema y son propiedad de residentes argentinos; ceca, 12 millones de argentinos viven en la pobreza y de los menores de 17 años la mitad son pobres.
Derogación de derechos, ¿qué otra cosa es la pobreza? Desacumulación, ¿qué otra cosa es la fuga de capitales?
Esta economía con tantas carencias sociales que, además, año tras año acumula un déficit de intercambio comercial externo de la industria de más de 30 mil millones de dólares anuales, no se puede permitir no tener ni por un minuto parte de sus recursos desocupados.
En la Argentina hay millones de hombres y mujeres sin trabajo, con bajísima productividad, con ocupación parcial o precaria; y hay una enorme capacidad instalada sin utilizar.
Un PBI que pudiendo realizarse no se realiza.
La economía argentina opera drásticamente por debajo de su Producto Potencial con la consecuencia que, mientras esa incapacidad de utilizar los recursos productivos se extiende en el tiempo, el Producto Potencial disminuye; y el estancamiento deja de ser un problema coyuntural para convertirse en un problema estructural. Estructural pérdida de derechos y de acumulación.
Dos o tres generaciones de pobreza y empleo precario, hacen cada vez más inalcanzable el potencial de incorporarse productivamente al futuro.
Lester Thourow señalaba, al principio de la desindustrialización americana, que el envejecimiento o muerte prematura de un sector productivo inhibía de estar presente en el ciclo tecnológico que le sucedería. Ejemplos nacionales sobran.
Exportábamos locomotoras y las primeras máquinas electrónicas de calcular. Destruimos ambas actividades. Y ahora, para poder importar, tenemos que primarizarnos y tender al monocultivo, bajamos de la proteína animal a la vegetal: menos valor agregado.
Llegamos aquí justamente porque ésta, la recientemente expuesta, es la consecuencia de la economía del paro. Lo contrario de la economía del pleno empleo.
La reflexión la ha suscitado el ministro Nicolás Dujovne quién refiriéndose al Paro decretado por la CGT estimó que el mismo había “costado” al conjunto 1000 millones de dólares.
Seguramente el cálculo es correcto y significa que el día del Paro se dejó de agregar valor como consecuencia de la ausencia de trabajadores y establecimientos productivos paralizados. Una pérdida, en principio, irrecuperable.
Ahora bien – dejando de lado el desempleo friccional – y con las tasas de desempleo que conocemos, el “paro” , el no decretado por la CGT, es decir, los recursos ociosos de trabajadores desocupados y la capacidad productiva ociosa- con la misma base de cálculo del ministro Dujovne – nos permiten establecer que cada año, la perdida de valor agregado no realizado por el “paro” cotidiano, el no decretado por la CGT, causado por la falla del sistema o de la política económica representa aproximadamente 15 veces la pérdida de valor agregado por el paro sindical decretado.
El cálculo y la crítica implícita de Dujovne son correctas. Pero cálculo y crítica deben ser evaluados a la luz de la economía del paro.
La protesta sindical – más allá de los aderezos políticos partidarios que son injustificables, innecesarios e inconveniente al conjunto – se trató de un paro para denunciar , llamar la atención, poner en blanco y negro, lo que representa para la sociedad el paro cotidiano no decretado por la CGT. El paro generado por las falencias del sistema y de la política económica.
En términos de Dujovne la CGT generó una pérdida de valor agregado de 1000 millones de dólares. Y la CGT sostiene haberlo hecho para advertir, y para que Dujonve haga la cuenta, que en el presente, en la actualidad, este año se deja de agregar valor por 15 mil millones de dólares como consecuencia de la economía del paro.
Esa cifra, que los cálculos de Dujovne habilitan, es suficientemente importante como para advertir lo gravoso que es para la sociedad la economía del paro frente a la alternativa de la economía del pleno empleo, que debería ser el primer mandamiento.
La CGT y por coincidencia cronológica en la Pastoral Social, el Obispo J. Lugones – suficientemente formado y adulto como para tener opiniones propias y no ser tenido como un repetidor del pensamiento del Papa Francisco – han definido el último Paro Nacional como una denuncia de la situación social presente, que es más grave que lo que vemos en primera plana, y como una advertencia de las consecuencias del proceso de recesión con más inflación que los propios voceros gubernamentales anuncian como única alternativa.
La CGT en voz alta, la Iglesia en tono pastoral, los empresarios en voz baja, la realidad a gritos, llaman a que el gobierno convoque a un acuerdo sobre el enfoque global de la política económica, un acuerdo que es incluso inevitable para poder cumplir razonablemente los compromisos con el FMI y evitar un colapso mayor.
Después viene la mezquindad política. El paro del 20 de noviembre de 2012, como éste, se hizo para llamar la atención a un gobierno que no quería discutir de la política cuando la economía caía, la pobreza se ocultaba y la inflación castigaba al salario.
Entonces – para no creer – Hugo Yasky líder de la CTA hiper K decía “no estamos de acuerdo”. Pero con Mauricio Macri en el gobierno, el Paro le parece bien.
Del otro lado “Estamos de acuerdo con los reclamos de los trabajadores” dijo Miguel Etchevere, presidente de la SRA y hoy ministro. (Pagina 12, 20/11/12)
El cálculo de Dujovne ha servido para muchos menesteres. Por ejemplo el aquí expuesto acerca del costo económico de la economía del paro, hoy en aplicación; y el aplicado por el editor de la Revista Criterio que dice que el costo de este Paro (y no el de la economía parada) equivale a un siglo y medio de la colecta de Cáritas y Más por Menos. ¿Cuántas colectas se pierden con la economía del paro, cuantas se perdieron con los 12 mil millones de dólares para aquietar sin en menor éxito la suba del dólar, o cuántas con el corte de la cadena de pagos del récord de cheques rechazados, o cuantas con los 55 mil millones de pesos pagados a los especuladores de dólar futuro donde los kirchneristas y macristas comparten responsabilidades?
Tampoco Criterio tuvo la misma respuesta editorial al Paro del 20 de noviembre de 2012 y los sindicalistas eran mas o menos los mismos. No hay una catequesis de juicio a las personas sino a las acciones.
Finalmente son, somos, muchos los que consideramos enorme la herencia recibida del desastroso gobierno kirchnerista que coincidimos en que esta política económica nos lleva a una “marcada recesión y que ahora los más importante es un pacto de precios y salarios” (Guillermo Calvo).
Para evitar la recesión y lograr un pacto de precios y salarios, se hizo el Paro. No evitar la recesión y no acordar una política de contención de la inflación vía un acuerdo de precios y salarios, es la consecuencia de la economía del paro. Y lo peor es que es la consecuencia de una ideología que vela la realidad: el primer mandamiento es generar empleo ahora. Qué difícil una sociedad que necesita un paro para llamar la atención sobre el costo de la economía del paro.

Carlos Leyba

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