10.000 PUESTOS EN JUEGO

De papelón en papelón: Lagarde no autoriza construcción de represa Chihuido

Como Argentina decidió pedir un programa de política monetaria y financiación al Fondo Monetario Internacional, serán reiteradas las veces que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne tenga que llamar a Christine Lagarde para saber si se puede o no realizar tal o cual gasto. Según trascendidos periodísticos, eso mismo pasó con el proyecto de represa Chihuido I.

En el último brindis con Macri, Merkel definió a la Argentina como “un socio muy importante”

El ajuste comenzó por las grandes obras. Se trata de la represa hidroeléctrica que Mauricio Macri decidió quitarle a los rusos por los intereses del financiamiento -quería 4,5 en vez de 6,5 como firmó Cristina Fernández de Kirchner- para relicitarla y dársela a los alemanes. Pero ni una cosa ni la otra.

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Chihuido I un proyecto para la construcción de una presa y central hidroeléctrica denominada Aprovechamiento Multipropósito Chihuido I que se ubicará sobre el río Neuquén, a 5,5 km aguas abajo de su confluencia con el río Agrio y a 155 km desde la ciudad de Neuquén, que data de 1970 y requiere de una inversión de 2200 millones de dólares.

Según lo pactado con la canciller Angela Merkel durante su visita a Buenos Aires, el 85% debía ser aportado por proveedores alemanes e italianos y garantizado por Euler Hermes, la agencia de exportaciones de la administración Merkel, y el gobierno de Italia.

3.000 nuevos puestos laborales directos y 7.000 indirectos. El plan era muy ambicioso. Era.

La reconstrucción del diario La Nación es un recorte espectacular de cómo se maneja la administración:

“Anteayer, a las 16, tres ejecutivos de Voith llegaron sonrientes desde Alemania a una reunión en la Casa Rosada con Gustavo Lopetegui, vicejefe de Gabinete, para comunicarle que Merkel había tomado una medida que no ocurría desde 1999: Euler Hermes había aprobado la posibilidad de garantizar un préstamo de unos 1600 millones de dólares para la construcción de la represa sobre el río Neuquén. Los acompañaban el embajador alemán en la Argentina, Jürguen Mertens; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, y representantes del resto de las empresas del consorcio, como Juan Manuel Collazo, de Helport (la constructora de Eduardo Eurnekian), y Gustavo Weiss, de Eleprint y presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. La otra integrante es Panedile, de Hugo Dragonetti, que no estuvo en la reunión.

El entusiasmo les duró poco. Porque, apenas entraron, Lopetegui los recibió con malas noticias. “No podemos empezar ni una sola obra nueva”, les dijo, y se explayó en las razones: como los préstamos para la central serán pagados finalmente por el Estado argentino, el país no está en condiciones de sumar gasto público a su compleja situación fiscal.

Lopetegui no es hombre de circunloquios cuando la realidad es amarga. Lo afirman muchos de los empresarios que lo frecuentan y varios de sus compañeros macristas. Anteayer volvió a ser directo. Por eso sorprendió a sus interlocutores, que no terminan todavía de comprender cómo no se les pudo anticipar el panorama para, al menos, evitar el viaje desde Alemania.

El origen del enredo es el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En un principio, algunos funcionarios involucrados en el proyecto habían pensado que tal vez se pudiera incluir la deuda contraída por la represa en lo que en la administración pública se conoce como pasivo “por debajo de la línea”. Es decir, no contabilizarlo como gasto ordinario en las cuentas nacionales.

Pero las conversaciones con el staff de Christine Lagarde, directora ejecutiva del Fondo, fueron precisas al respecto: esa obra es gasto, guste o no.

Lopetegui empezó pidiéndoles disculpas. “Ustedes entenderán que tengo que ser responsable”, les dijo. “Van a tener que explicárselo a nuestro ministro de Finanzas”, contestó uno de los ejecutivos alemanes. “Seguramente él sabrá entender”, insistió el funcionario, que les propuso a todos buscar alternativas financieras. Una de ellas, dijo, sería que los préstamos queden en cabeza de Neuquén y que la provincia encuentre algún esquema de repago, como podrían ser las regalías de Vaca Muerta. O incluirla entre los proyectos del programa de participación público-privada (PPP), la única expectativa fundada que queda en pie en el sector de la construcción cuando se habla de obras públicas.

Macri, junto a Xi Jinping.

Esta obra también trajo problemas con el gobierno chino, pues se le había asegurado su participación pero luego se diluyó. Es evidente que el presidente Macri deberá poner los pies sobre la Tierra cuando antes para lograr la confianza en el mundo que tanto promete.”

Por Dr. Gregorio Reynoso

Buenos Aires, 13 de julio de 2018

 

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