REINGENIERÍA

En la búsqueda de la oportunidad pendiente, sin partidos políticos

“Los argentinos hoy, mayoritariamente, no tenemos color político, salvo algunas minorías. Tenemos cuestiones pendientes irresueltas que día a día aceleran nuestro estancamiento, que es una forma de decadencia que también es una clara evidencia que ninguna sociedad puede movilizarse sin dirigencias idóneas”, afirma el autor. Aquí el texto completo:

¿Qué valor real tendría hoy un acuerdo político firmado entre los partidos reconocidos o con representación legislativa y el gobierno? La respuesta es sencilla: Ninguno.

Días pasados Jorge Giacobbe le decía a Roberto Garcia en su programa “La Mirada” (Canal 26) que la UCR fue un gran partido, pero que hoy solo hay un 5% de radicales, en una palabra diríamos -con realismo- que está en proceso de disolución; y con algo de optimismo, en proceso de transformación.

Tal vez la misma idea sea válida para el peronismo, ya que ha comenzado lentamente a dispersarse, en algunos casos escindiéndose, como lo es el “kirchnerkristinismo”, por ahora“Unidad Ciudadana”, antes FpV; en otros buscando nuevos liderazgos y nuevas alianzas lo que significaría que el peronismo dejó de ser mayoría, pese a que paradójicamente, según decía Juan Perón, todos somos peronistas o tenemos algo de peronismo en nuestro ADN ciudadano.

Si vamos a las encuestas veremos que no se refieren a partidos políticos sino a hechos, situaciones y personas. No se pregunta si el encuestado votaría a Cambiemos, la UCR o el Justicialismo, se pregunta por personas concretas, Mauricio Macri, Kristina, Marcelo Tinelli o Felipe Solá, por dar algunos ejemplos.

En cierto modo, lo mismo está pasando en el mundo: los partidos tradicionales han dejado de serlo o reconvertidos sólo mantienen nombres de referencia teniendo en cuenta que en España, el Partido Socialista Obrero Español es muy diferente a lo que podría haber sido 70/80 años antes, sin embargo “Podemos” es una expresión caricaturesca y populista del viejo socialismo. Seria según Karl Marx, su propia “farsa”.

En la mayoría de los países europeos aparecen los “outsiders”, difíciles de definir pero que llamaría representantes de los descontentos, como contrapeso y más bien como muestra de una romántica rebeldía perdida, los “neonazis” y otros pintorescos personajes como Beppe Grillo o el propio Silvio Berlusconi, que provienen de la “comedia teatral o el negocio televisivo” que conciben el gobierno de un país como un espectáculo continuado para masas donde vale más el “gag político” que los problemas de las sociedades o de la gente. Seria la expresión de la política totalmente líquida.

Palito Ortega, antes; y Marcelo Tinelli, ahora, serian la versión criolla de la pintoresca como expresión estrafalaria o extravagante de lo que queda de la política.

Con esto quiero decir que vivimos tiempos de degradación de la política como oficio y más como arte, es como si la Medicina regresara a la época del “miasma” o el Derecho a una cuestión de fortaleza y poder o de simple gestoría de procedimientos.

Pasa que las sociedades han cambiado de modo fundamental en los últimos años y las formas institucionales de gobierno son las mismas de antaño que hoy lucen como ficticias aunqueChina y hasta quizás Rusia podrían ser una excepción.

El sistema institucional chino férreo en lo político y “capitalista/liberal” en lo económico, en verdad parecería ser un nuevo sistema de gobierno legitimado por la sociedad para lograr el bien común.

¿Será una contrademocracia institucional? Lo que significaría concretar en realidad una aporía política, tal como sería un régimen democrático sin elecciones abiertas. Si concebimos a la política como “espacios de experiencias” esa “aporía” no nos debería sorprender.

Me preguntaría: los gobiernos representativos ¿lo son realmente?

Pierre Rosanvallon nos habla de una politización negativa, hay una participación de la gente en la vida pública esencialmente hostil, “…el compromiso es a favor de un rechazo…o de la desaprobación”. Asimismo se ha vertebrado un “consentimiento negativo” que disfraza la imposibilidad de estructurar una crítica a decisiones no solo políticas de los gobiernos sino cuestiones tan simples como la de impugnar las calificaciones puestas a los alumnos en las escuelas, colegios y universidades.

Tal como lo explicó Giovanni Sartori, el epíteto sustituye a la razonabilidad y la crítica que viene a ser uno de los rasgos esenciales “de la persona masa” que José Ortega y Gassetdescribió diciendo que es el conjunto de personas no especialmente cualificadas que se sienten “como todo el mundo”. No se trata de una división de clases sociales sino de personas.La “persona masa” puede tanto ser un analfabeto como una profesional o sabio, lo define su incultura que nada tiene que ver con poseer algunos “saberes”.

El Gobierno de Macri en su mayoría está configurado con “personas masa”, algunos podrían ser quizás buenos técnicos pero culturalmente “bárbaros”, otros ni siquiera son buenos técnicos…

En la sociedad actual se considera que hay democracia cuando las masas logran imponer institucionalmente sus aspiraciones y gustos.

Por eso, los debates sobre temas trascendentes -tal como ocurrió con el matrimonio igualitario, con las tarifas, el sistema previsional y ahora con el aborto- transitan sobre vulgaridades y claros prejuicios; son más bien “debates agonales” y ciegos.

Por eso hoy nos sentimos dominados por la cultura de lo vulgar; y Venezuela podría ser un ejemplo extremo y presente de ello.

La sigla FMI se ha convertido en un epíteto que, como si fuese un oximorón, expresa cualidades opuestas, puede ser sinónimo de perversidad criminal como de salvación, pero pocos o ninguno se anima a usar ese formidable medio de poder financiero en beneficio del bien común, ni los que aportan los recursos ni los que lo solicitan.

El gobierno de Macri fue un claro ejemplo de ineptitud negociadora al proponer metas económico-financieras muy severa s, sin saber si la sociedad podría aceptar y cumplirlas.

Lo más grave decisión, tal como lo explicó Walter Graziano, fue la de endeudarse en dólares para parcialmente financiar gastos corrientes en pesos que la inflación no logrará licuar y la moneda de pago la emiten los propios acreedores según sus intereses.

Tampoco se explicó porque el déficit debería ser de un máximo del 1,3 del PBI. Este necesario límite debió haber sido fruto de un debate político.

Pienso que la Carta de Intención es fiel reflejo de la “cultura trader” que, en definitiva, se especializa en administrar flujos y riesgos.

Una cosa es administrar flujos de dinero privado y especulativo y otra muy diferente administrar los recursos de la sociedad que es lo que el hombre del emoticón jamás podrá entender.

Hemos visto que la Argentina tiene personas que intentan introducirse en la política careciendo de oficio, que debe tener un doble saber: idoneidad profesional y la sabiduría para actuar y decidir con creatividad en la experiencia diaria de una sociedad pluralista.

Pienso que esta carencia se debe a la virtual extinción de los partidos políticos que, al margen de su tarea partidaria, cumplían, mal o bien, un rol de intermediación social con los gobiernos; y de orientación política para la gente común.

¿Qué valor real tendría hoy un acuerdo político firmado entre los partidos reconocidos o con representación legislativa y el gobierno? La respuesta es sencilla: ninguno.

Es probable que la ausencia de dirigencias o de una clase con vocación dirigencial, sea una de las causas de la lenta pero inexorable extinción de los partidos políticos. Por eso la representación se traspasa a los “reales factores de poder”, como lo explicábamos la vez pasada en este mismo portal que son las organizaciones sociales o piqueteras, los sindicatos, los gremios empresarios y otras ONG que se atribuyen representaciones sectoriales.

Es otro tipo de representación dado que es sectorial y, por lo tanto, más difícil de tratar ya que la visión del bien común, se confunde con la del bien sectorial.

Por eso en este punto el gobierno debe actuar con vocación docente y de persuasión además debe dar con el sentido de la “gobernanza”.

La representación del partido político era más integral dado que hace suponer que su objetivo era o es el bien común.

Podríamos decir que hoy la política es paritaria, todos los días se deben escuchar y resolver reclamos y de no ser así el piquete o los paros, muchos sorpresivos, ocupan el lugar del diálogo.

Sin embargo esa forma de protesta tiene algo positivo; no es violenta. Es, reitero, molesta y, a veces, es bueno que las personas padezcamos molestias sociales que nos debería ayudar a comprender una realidad social compleja que debería avergonzarnos y que hipócritamente ocultamos y descalificamos.

El piquete o el paro, verdaderas molestias para la gente, en ese sentido tiene el valor de un aplazo a la dirigencia y al resto de la sociedad.

Esta situación del país acreditaría que los argentinos hoy, mayoritariamente, no tenemos color político, salvo algunas minorías. Tenemos cuestiones pendientes irresueltas que día a día aceleran nuestro estancamiento, que es una forma de decadencia que también es una clara evidencia que ninguna sociedad puede movilizarse sin dirigencias idóneas.

En este proceso político queda a la vista que Mauricio Macri y su gente no plasmaron lo que llamaría nuestra oportunidad pendiente.

No sé si lo podríamos calificar como “fracaso” por haber carecido de lo que Blas Pascal llamó “esprit de finesse” o “espíritu de sutileza”.

El desafío de 2019 será que, como sociedad, no optemos por retroceder y elijamos por nuevas ficciones populistas.

Tenemos que insistir en encontrar nuestra oportunidad y, para ello, debemos saber distinguirla de la simple ficción.

Por LUIS ALEJANDRO RIZZI

Buenos Aires, 13 de julio de 2018

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