ABORTO: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE NO HAY TÉRMINO MEDIO

Además de ir en contra de tratados internacionales a los que la Argentina adscribió, si se legalizara el aborto, el aumento en el número de prácticas sería inevitable y perjudicial.

Manifestantes en contra de la despenalización del aborto cuando se debatía el proyecto de ley en Diputados (Lucía Merle).

Santiago de Estrada

Hace diez años el Poder Legislativo de Uruguay sancionó un proyecto de ley que habilitaba el aborto. Remitido al Poder Ejecutivo para su promulgación, el entonces (y actual) Presidente, Tabaré Vázquez, decidió vetarlo, con argumentos muy consistentes, que vale la pena reproducir.

Comienza señalando que “hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España”.

Las imágenes fuera del Congreso, cuando se debatía el proyecto de despenalización del aborto en Diputados (Lucía Merle).

A continuación entra en el meollo del tema: “La legislación no puede desconocer la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios como la fecundación in vitro y el ADN, con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser”.

“Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro-, el ADN se ha transformado en la prueba reina para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea, cuando ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo”.

Más adelante, Tabaré Vázquez impugna la constitucionalidad del proyecto, que contraviene los mismos tratados internacionales a los que nuestro país ha adherido, y objeta la calificación “de manera forzada, contra el sentido común, del aborto como acto médico, desconociendo declaraciones internacionales como las de Helsinki y Tokio, que han sido asumidas en el ámbito del Mercosur (…) y que son reflejo de los principios de la medicina hipocrática que caracterizan al médico por actuar a favor de la vida y de la integridad física”.

Agrega, además, otros argumentos en defensa de la objeción de conciencia, tanto personal como institucional, y sobre la necesidad de establecer mecanismos de protección y asistencia a la mujer.

En síntesis, el Presidente Tabaré Vázquez, médico y agnóstico en el plano religioso, pone en evidencia la verdadera disyuntiva que plantea el aborto, la vida o la muerte, por encima de aspectos que también son importantes y que hay que tener en cuenta: la salud, la protección, el bienestar de la mujer y las consideraciones de orden social, entre otros.

Entre la vida y la muerte no hay término medio.

Estrada Santiago

Clarín,

18 de Julio de 2018

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